21 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

De esta manera queda descartada la vía penal, aunque se podría continuar por la vía civil con la petición de responsabilidades

El juzgado confirma que la explosión de la calle Toledo, que provocó cuatro muertos, fue accidental

Edificio del arzobispado en la calle Toledo.
Edificio del arzobispado en la calle Toledo.
El Juzgado de Instrucción número 35 de Madrid ha acordado el archivo de la investigación sobre la explosión en un edificio parroquial de la calle Toledo de Madrid, donde murieron cuatro personas, al concluir que las causas de la explosión fueron accidentales. De esta manera no se puede establecer responsabilidad penal a la espera de que se diriman las responsabilidades civiles.

El Juzgado de Instrucción nº 35 de Madrid ha acordado el sobreseimiento libre de las diligencias incoadas en virtud de los daños ocasionados el día 20 de enero pasado en el nº 98 de la calle Toledo, al concluir las diligencias de investigación de la Policía Judicial que la “etiología de la explosión fue accidental, sin que haya podido establecerse otra causalidad distinta, habiendo sido provocada la explosión por un escape de gas natural, que se desarrolló de forma lenta, continua y prolongada en el tiempo”.

“Esta circunstancia –continúa la resolución, que puede recurrirse en el plazo de tres días ante la Audiencia Provincial de Madrid-, motivó que las referencias de olor a gas fueron discontinuas, no llegando a generar alarma entre los residentes en el edificio hasta momentos antes de la explosión. El escape, según consta en el informe, se situó entre la primera caldera del edificio y la acometida de suministro, no habiendo influido en la causa de la explosión las posibles irregularidades administrativas o no de la instalación”.

El informe también descarta que “la posible manipulación que hubiera realizado David Santos y Rubén Pérez coadyuvara a la causa de la explosión; constatándose la existencia de roturas de agua que socavaron el subsuelo del edificio en alguna medida, lo que influyó directa o indirectamente sobre la conducción y la acometida de gas natural”.

En parecidos términos, el informe de la Brigada provincial de Policía Científica concluye que el accidente “se debió a la desconexión del tubo de suministro de gas natural de la llave de acometida, debido a un movimiento de terreno en el lugar, que habría afectado a la misma. Producido el escape de gas natural, compuesto en su mayor parte de pro-metano, procedente de las conexiones de la válvula de acometida, instalada a unos 50-60 centímetros bajo la superficie de la vía pública y desde donde se habría infiltrado al interior del inmueble, bastó para producir la deflagración de una mezcla de aire-gas, generar una chispa eléctrica como las que se producen en el acto de accionar un interruptor de luz, al ponerse en funcionamiento un electrodoméstico o ante la presencia de una llama abierta”.

El pasado 20 de enero una fuga de gas originó este suceso en el número 98 de la calle Toledo, en un edificio que es propiedad del Arzobispado de Madrid. A causa de la explosión fallecieron cuatro personas: El sacerdote Rubén Pérez Ayala, de 36 años; su amigo David Santos, un feligrés que fue al edificio a intentar ayudar después de que la calefacción dejara de funcionar y detectaran olor a gas; Javier, un albañil de 45 años de La Puebla Amoradiel (Toledo) que trabajaba en el edificio de enfrente, y Stefko Ivanov, de nacionalidad búlgara y 46 años que en ese momento estaba en la calle.

 Tal y como adelantamos en elcierredigital.com los primeros informes periciales descartaban responsabilidad penal, aunque sí civil, que recaería en la compañía Naturgy. David Santos, el joven fallecido en la explosión, no llegó a intervenir en las calderas de el edificio. Para los agentes de la policía científica era necesario conocer exactamente dónde se había producido el fallo, si en una caldera, en una tubería dentro del edificio o fuera de él. Parece ser que la borrasca Filomena también intervino en el accidente pues la nieve caída habría impedido que el gas saliese a la calle en su totalidad y buscase hacerlo hacia el edificio, hasta acumularse en las plantas más altas.

La investigación de la Policía Científica ha concluido que una rotura de una tubería en el exterior fue la causante del escape de gas, que se coló en el edificio probablemente por la acometida que une unas tuberías con otras. Canalizaciones externas de gas que están bajo el control de la compañía Naturgy.

Sede de Naturgy en Madrid.

Por otro lado, según el informe policial, también se descubrió una filtración de agua bajo el edificio, por un tubería rota que provocó un socavón, por lo que todavía se investiga la posible responsabilidad del Canal de Isabel II.

Este informe era uno de los tres encargados por el Juzgado que investiga el suceso, uno a cargo de bomberos del Ayuntamiento de Madrid, otro de la Brigada de Policía Científica de la Jefatura Superior de Madrid y el tercero por el grupo de policía judicial de la comisaría de Policía Nacional del distrito de Centro. Los tres documentos coinciden en una explosión accidental lo que ha llevado al juzgado a concluir su investigacion.

En las calderas no fue

Pese a las primeras informaciones que ponían en el punto de mira las calderas del edificio, las primeras impresiones de los bomberos y especialistas policiales ya inclinaban la balanza hacia una fuga en la instalación (tuberías y demás componentes del suministro) más que un fallo en las calderas, debido al volumen del embolsamiento de gas que se produjo en las plantas superiores del edificio, demasiado gas para solo unas calderas.

La tarea de la Policía Judicial se ha centrado en reconstruir los hechos hablando con el mayor número de testigos y víctimas, interrogando a los técnicos de las compañías suministradoras y comercializadoras (Naturgy) del gas, y por supuesto, averiguando el estado y las revisiones realizadas de la instalación del gas y las calderas del edificio.

Los policías tomaron declaración a más de 15 testigos confirmando que David Santos, el electricista de 35 años fallecido y feligrés de la congregación de neocatecumenales que ocupaba los edificios parroquiales de Virgen de la Paloma, no pudo tener tiempo de manipular la instalación del gas en su segunda y última visita al edificio.

David acudió el lunes 18 de enero a las instalaciones parroquiales para echar una mano con los problemas que presentaba la calefacción del edificio y el miércoles 20 regresó de nuevo para intentar averiguar qué problema había en las instalaciones parroquiales. Pero, según los testigos, iba sin herramientas ni intención de manipular la instalación, sólo pretendía seguir el rastro del fuerte olor a gas que habían percibido media docena de religiosos que se hallaban en el inmueble.

Así quedó la casa parroquial de La Paloma.

David, junto al joven padre Rubén, se dirigió a la estancia de la planta baja donde se hallaba la llave general del gas pero no tuvo tiempo de mucho más, ambos fueron alcanzados por una primera explosión que tuvo lugar en ese lugar y a la que siguió una segunda, mucho más potente, en las plantas superiores. Una mínima chispa, pulsar un interruptor de la luz o cualquier otra nimiedad pudo desencadenar la primera deflagración que dio paso a la segunda, responsable del derrumbamiento de las alturas del inmueble.

Consecuencias nefastas

En total, media docena de edificios resultaron afectados de consideración por la deflagración y la lluvia de cascotes. En las inmediaciones hay una residencia de ancianos, Los Nogales La Paloma, donde en un primer momento se situó por error el suceso. Sin embargo, los ancianos de la residencia desde el principio fueron reubicados en otras residencias del grupo y ninguno se vio afectado.

Los destrozos fueron numerosos.

La explosión llegó a lanzar escombros a 500 metros de distancia. En la comisaría de Centro decenas de afectados presentaron las correspondientes denuncias, la mayoría por daños en sus hogares o en los vehículos aparcados en las inmediaciones del suceso.

 

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