27 de noviembre de 2020
|
Buscar
FIN DE SEMANA

En sus últimos años de vida dirigió un hospital gratuito y se convirtió al cristianismo debido a los cargos de conciencia de sus experimentos

Shiro Ishii: El científico japonés que experimentó con humanos en la Segunda Guerra Mundial

El Mengele Japonés, Shiro Ishii.
El Mengele Japonés, Shiro Ishii.
Shiro Ishii fue un científico japonés obsesionado con la guerra biológica que dirigió una de las organizaciones más infames en la historia del país nipón. El Escuadrón 731 se encargó de hacer todo tipo de experimentos con sujetos humanos vivos a quienes deshumanizaban con amputaciones sin anestesia, intercambio de lugar de distintos órganos, sometimiento a calor y frío extremo y enfermedades de todo tipo como la peste negra. Shiro Ishii evitó ser juzgado por crímenes de guerra gracias a EEUU.

La Segunda Guerra Mundial trajo consigo horrores de los que Hollywood lleva años se hace eco. Abundan las películas que exploran las hazañas de los soldados americanos durante este conflicto. Abunda la sangre, como en la escena inicial de Salvar al Soldado Ryan que retrata con gran precisión el desembarco de Normandía que marcó el final de esta guerra. Abundan las grandes explosiones y retratos de momentos históricos como el ataque a Pearl Harbor. Sin embargo, hay aspectos que ni siquiera el afán de capitalizar un conflicto bélico de estas dimensiones se ha animado a retratar: los horres llevados a cabo por el escuadrón 731 en Japón, guiados por el infame doctor Shirō Ishii.

A Ishii se le compara con el doctor nazi Joseph Mengele, de hecho, es conocido como “el Mengele japonés”, debido a la crueldad de sus experimentos, cuya finalidad representa aún un misterio para la humanidad y hace dudar de la vocación ciéntifica de este hombre, que parecía más bien experto en tortura.

Ishii en su juventud en el Ejército Imperial Japonés.

Los experimentos perpetrados por su unidad en una base secreta en la ciudad de Harbin, al norte de China jamás serán olvidados por los habitantes del continente asiático. Entre los más reconocidos: amputaciones sin anestesia, inetercambio de lugar entre órganos y exposición a enfermedades como cólera, disentería, ántrax y tifus.

El científico loco

El Mengele japonés se graduó de la Universidad Imperial de Kyoto como microbiólogo. Durante toda su vida había estado interesado en la guerra biológica. En 1925 quedó aprobado el Protocolo de Ginebra, por el cual se dictaba la prohibición del uso de agentes bacteriológicos durante el desarrollo de armas químicas. Ishii pensó que, si había sido prohibido por la comunidad internacional, los efectos de estos debían de ser devastadores, no se equivocaba.

Motivado por su interés en la guerra química viajó a Europa para estudiar los efectos que este tipo de armas produjeron en la Primera Guerra Mundial. A su regreso a Japón, en 1932, fue puesto a cargo del laboratorio de “Prevención Epidémica”, un término que solo servía para enmascarar un proyecto secreto para la investigación y desarrollo de armas biológicas. Más tarde este proyecto se convertiría en el Escuadrón 731.

Instalaciones del Escuadrón 731.

Ishii se encargaba sobre todo de la investigación con enfermedades y parásitos. No hacía distinción entre bebés ni ancianos a los que inyectaba distintas sustancias para provocarles peste bubónica, cólera, fiebre tifoidea, tuberculosis, sífilis, gonorrea, disentería y viruela. Engañaba a sus victimas diciendo que las inyecciones eran vacunas.

El Escuadrón 731

Operó desde 1936 hasta 1945 con base en Harbin. Se dedicaban a realizar experimentos con prisioneros de guerra chinos, coreanos y rusos que eran sometidos a incontables pruebas con las que pretendían descubrir los límites del cuerpo humano y la resistencia de este a factores como el calor y frio extremos y a agentes bacteriológicos. Llamaban a sus víctimas “troncos” y buscaban deshumanizarlos lo máximo posible, solo eran sujetos de prueba.

Las instalaciones estaban disfrazadas como una depuradora de agua y departamento científicos. Durante mucho tiempo fue el eje centrar de la investigación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. Sus más altos miembros a parte de Ishii fueron el doctor Masaji Kitano, Yasuji Kaneko y Yoshio Shinozuka, este último se confesaría años más tarde un criminal de guerra y aportaría sus testimonios personales de los horrores cometidos por la unidad de investigación de armas químicas.

Las atrocidades cometidas por el Escuadrón 731 fueron plasmadas en la película Men Behind the Sun.

Shinozuka confesó que había criado pulgas infectadas con tifus, ántrax, peste y cólera para usar contra el ejército soviético. El equipo de científicos japoneses jamás practicaba disecciones, todas las pruebas y procedimientos se llevaban a cabo con los pacientes vivos, un término denominado vivisección.

Según un artículo de El Español las pruebas realizadas incluían congelar y descongelar extremidades, dosis letales de rayos X, quemar a los prisioneros con lanzallamas, exposición a gases, deshidratación e incluso transfusiones de sangre de animales. Todas estas torturas quedaron retratadas de manera gráfica y explícita en la película china Men Behind The Sun de 1988.

Ataques contra la población china y última jugada

Una vez las pruebas de laboratorio dieron los suficientes resultados, Ishii decidió que era hora de realizar pruebas de campo. En 1942 desató una serie de ataques biológicos a China mediante un bombardeo de proyectiles que no contenían pólvora ni uranio, sino pulgas con la bacteria de la peste. Los soldados que transportaban la carga se aseguraron de contaminar las aguas y los cultivos e incluso ofrecieron comida envenenada a la población civil sin recursos económicos.

Después de la rendición de Japón en 1945 los miembros del escuadrón decidieron destruir las instalaciones de experimentación y borrar todas las huellas del proyecto. De esta manera buscaban evitar un juicio por crímenes de guerra. No obstante, la crueldad de estos sujetos no terminó en el momento que decidieron que la mejor opción era cancelar los experimentos y destruir el edificio, sino que continuaron ejecutando al resto de prisioneros y dejaron en libertad a los animales infectados para que esparciesen las enfermedades con las que habían estado trabajando. En años siguientes muchas personas murieron como consecuencia de esto. El historiador Sheldon Harris sitúa las la cifras de muertes causadas por el Escuadrón 731 entorno a las 200.000.

Como último ataque a el Escuadrón 731 liberó a todas las ratas y pulgas infectadas con enfermedades como la peste.

Con miedo de ser atrapado y condenado por los crímenes de guerra el responsable de las atrocidades perpetradas por este equipo de investigadores japoneses decidió fingir su propia muerte y huir. Sería atrapado en 1946 pero logró escapar al juicio y la condena gracias a Estados Unidos. El Mengele japonés logro un acuerdo con el país norteamericano para conseguir la inmunidad a cambio de los informes y secretos que descubrieron los japoneses durante sus experimentos. Esta necesidad de conocer los resultados de los experimentos vino propiciada por la Guerra Fría, en la que los norteamericanos deseaban superar a los regímenes comunistas en todos los ámbitos que pudiesen para establecer el capitalismo como el sistema económico por antonomasia.

Según la hija del doctor, Harumi Ishii, este vivió sus últimos años en Japón, donde dirigió una clínica gratuita. Al parecer le preocupaba especialmente la salud de los niños. Antes de morir de cáncer de garganta a los 67 años se convirtió al cristianismo.

COMPARTIR: