25 de mayo de 2019
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FIN DE SEMANA

LA FISCALÍA LE PIDE CUATRO AÑOS Y MEDIO DE PRISIÓN POR MALVERSACIÓN DE CAUDALES PÚBLICOS DE LA FUNDACIÓN CAMILO JOSÉ CELA

Marina Castaño, en espera de sentencia: su vida desde las rosas del Nobel con Camilo J. Cela a las espinas de la Justicia

El matrimonio Cela.
El matrimonio Cela.
Se dice periodista y escritora, pero sólo estudió hasta el bachillerato en un colegio de La Coruña. Su fama proviene de ser la segunda mujer del premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela Trulock. Se unía así a la historia que rodea a otros prohombres de las letras, como Moravia, Alberti o Borges,que cuando empezaron a saborear el agridulce gusto de la tercera edad tropezaron con féminas mucho más jóvenes que ellos, atraídas por su popularidad, dinero e inteligencia.

Marina Castaño, viuda de Camilo José Cela, está a la espera de la sentencia por presunta malversación de fondos al despedir al gerente de la Fundación Cela, Tomás Cavanna. al que pagó 150.000 euros de indemnización. Se enfrenta por ello a cuatro años de prisión que le solicita el fiscal. Puede ser un mal final para la mujer que conquistó al Premio Nobel. Esta es la primera de las tres partes del repaso de su trayectoria.

Marina nació un 14 de marzo de 1957 en La Coruña y afirma pertenecer a una familia de clase media de la sociedad gallega. Su padre, Gerardo Castaño Barca, era un empleado de banca que, en sus ratos libres, para ganarse un sobresueldo, llevaba la contabilidad de la Federación Gallega de Fútbol. Éste, cuyos padres eran andaluces –él de Huelva y ella de Écija (Sevilla)- se había casado con María Luz López Rodríguez, una gallega de padre coruñés y madre ferrolense.

El matrimonio vivía en la calle coruñesa de Orillamar. De esta unión nacieron dos hijas. Marina fue la pequeña y llegó al mundo seis años después que su hermana mayor. Sus padres llevaron a las dos niñas a estudiar al mismo colegio: al conocido Liceo “La Paz”, de La Coruña. Ya desde pequeña Marina mostraba dotes de farandulera. Le gustaba tocar mucho la guitarra.

Así con tan sólo diez años, comenzó a intervenir los sábados por la tarde y los domingos por la mañana en los programas musicales de Radio Juventud y de la Cadena Azul de Radiodifusión, ambos medios pertenecientes a la cadena de comunicación del llamado Movimiento Nacional. Gracias a esta efímera popularidad llegó a ser también Reina por un día en aquel legendario programa de Televisión Española con una audiencia millonaria. Sin embargo, la principal característica de su infancia era el hecho de que le gustaba mucho sobar las orejas ajenas: “Nadie me quería coger en brazos porque se las dejaba inflamadas. Todavía conservo esa manía”, ha declarado Castaño en alguna ocasión.

Sus estudios oficiales de juventud se limitan al bachillerato, aunque ella afirma que algún verano fue a estudiar inglés a Newcastle y a Londres. Con tan sólo 18 años, en 1975, se casó con un capitán de marina mercante, el madrileño José Luis Fernández. A su lado viajó por medio mundo visitando puertos y más puertos, desde Nigeria hasta la extinta Unión Soviética, pasando por el Caribe y América del Sur. Después de cuatro años de relación tuvieron una hija, Laura Camila. Tras su nacimiento la pareja se instaló en casa de los padres de Marina en La Coruña. José Luis había dejado la marina mercante para comenzar a estudiar la carrera de Derecho. Y juntos comenzaron una nueva etapa inaugurando muy pronto un establecimiento de marcos y cuadros en el centro de la capital gallega, en la plaza de San Nicolás. Sin embargo, la felicidad compartida sólo duró nueve años. Dicen sus amigos que la vida familiar y doméstica que llevaba la pareja resultaba muy aburrida para ella.

Camilo José Cela y Marina en los primeros tiempos de su relación. 

Con un matrimonio que empezaba a hacer aguas, Marina se lanzó de nuevo a la aventura. Por entonces pasó momentos difíciles buscando su primer trabajo. Su escasa formación técnica y profesional no le ayudó en demasía a lograr su objetivo. Fue gracias a aquellos pinitos infantiles ante unos micrófonos como consiguió incorporarse como locutora en prácticas –no periodista- en una cadena de radio. Primero como aprendiz en la extinta Radio Cadena Española y luego en Radio 80, donde llegó a tener un status de colaboradora. Cobraba en torno a 15.000 pesetas al mes, aunque con sobresueldos por horas extras llegaba a las 60.000. Su labor era mutidisciplinar, desde pinchar discos, grabar cuñas y dar periódicamente la hora, hasta hacer continuidad, programas infantiles e intervenir, como simple voz, en distintos espacios de entretenimiento gracias a sus buenas interpretaciones vocales. Fue en esa época cuando comenzó a tomar clases de declamación en el Conservatorio de la Coruña, junto al profesor Santiago Fernández. También por entonces fallecería su padre con tan sólo 59 años. Fue su primera gran pérdida.

Una periodista sin estudios

Poco a poco, Marina comenzó a despegar profesionalmente. Su primera oportunidad le llegó de la mano del periodista Víctor Cedillo, con quien presentó un programa en Radio 80 titulado “Extraños en la noche”, eso sí, en horario intempestivo, de 1 a 6 de la madrugada. Fue en esa época cuando su matrimonio terminó de romperse definitivamente. Su infelicidad no sólo se plasmaría en el terreno sentimental sino también paralelamente en su vida laboral, ya que tras la compra de Radio 80 por la cadena Antena 3 quedó de nuevo sin trabajo. Marina volvía a deambular por las calles coruñesas en busca de empleo, aunque pronto consiguió que la emisora local Ondas Galicia (luego reconvertida en Radio Minuto) le contratase como locutora fija con un sueldo de 90.000 pesetas. Pero allí también duró muy poco tiempo.

Esta vez, gracias a sus buenos contactos, ya que su padre había sido un destacado militante de Alianza Popular (AP), el partido fundado por Manuel Fraga, consigue que los dirigentes de la cadena pública Radio Televisión de Galicia le contraten. dándole un programa en la emisora institucional Radio Galega. El espacio se llamaba Parladoiro y consistía en una entrevista de dos horas y media a un personaje popular relacionado con Galicia. Corría el año 1985.

Es entonces cuando conoce al escritor Camilo José Cela. Fue durante la celebración del “I Congreso de Folklore de las Comunidades y Nacionalidades Históricas”, organizado a comienzos de ese mismo año en Santiago de Compostela. Con sus presuntos encantos logró que el escritor le concediera meses más tarde una entrevista para la cadena pública. La entrevista se grabó en octubre de 1985 y salió a antena un mes después. Este primer encuentro sirvió para entablar una buena amistad con el Nobel. Luego vendrían más entrevistas, y así fue ganándose su confianza y su confidencialidad. Un año después Marina trasladó su domicilio hasta Santiago de Compostela, por lo que los encuentros con el escritor fueron más constantes y duraderos. Ella quería y deseaba, a toda costa, ser su biógrafa oficial. Y así se lo decía a sus amigos y compañeros de profesión.

Coincidiendo con este acercamiento de Marina a Cela, se produjo otro hecho significativo. El gobierno popular de Fernández Albor fue derrotado en las urnas y se produjo la llegada de los socialistas de González Laxe al puesto de mando de la Xunta de Galicia. Paralelamente a este cambio político, la estrella mediática de Marina Castaño cae en declive. El nuevo director de la emisora institucional, Gerardo Rodríguez, luego nombrado director de la televisión gallega TVG, le retiró el programa radiofónico y situó a Marina de simple reportera de noticias. Este hecho tocó el amor propio de la locutora, que no tardaría mucho en solicitar una excedencia en la cadena pública. Dicen que con la falsa excusa de marcharse a estudiar periodismo a Puerto Rico. Lo que sí es cierto es que a partir de entonces se dedicó por entero a cautivar al escritor. Afirman sus ex compañeros que le seguía allá donde fuera. Lo hacía en cuerpo y alma. Dicen que se coló en la vida del escritor con la tenacidad que emplea una fan.

Marina Castaño y Camilo José Cela en un acto institucional.

Para ella Camilo “era un hombre simpatiquísimo, seductor, que arrollaba…una locomotora… lo peor que nos podía pasar era tener que vivir una noche separados, y creo que en tantos años juntos se pueden contar con los dedos de una mano”. Dice que la caballerosidad del escritor era algo vital y enternecedor. “Los muchachos de hoy apenas tienen en cuenta esa consideración hacia la mujer. El hombre debe ser amable, cordial y caballeroso con la mujer…”.

El salto a las portadas

Fue en la primavera de 1988 cuando se les vio unidos por primera vez en un acto oficial. Ocurrió en la Fundación Camilo José Cela, en Santiago de Compostela. Allí, ante la curiosidad de todas las fuerzas vivas gallegas, el escritor presentó a su entonces novia Marina como su “secretaria particular”. A partir de entonces la locutora pasó a convertirse en objetivo primordial de los flashes. La pareja se refugió secretamente durante los siguientes meses en un chalé que el escritor había alquilado en la urbanización “El Clavín” a las afueras de la ciudad de Guadalajara. Durante 1989 y 1990, Cela y Castaño habitaron en una propiedad situada en la calle Los Robles. Fue en aquel tiempo, en el verano de 1989, cuando el romance saltó oficialmente a la opinión pública, en medio de un gran revuelo. Marina Castaño, con una inicial imagen optimista, vital y decidida, se convertía en un personaje famoso. Dejaba de ser una persona de a pié, una locutora de continuidad, para convertirse en la señora de Cela, la mujer de un señor célebre y rico. Desde esa fecha su presencia en todos los actos públicos acompañando al escritor fue constante.

Marina y el escritor sorprendieron en la ceremonia del Nobel en Estocolmo bailando un estrepitoso pasodoble. 

De hecho, el 10 de diciembre de 1989, acompañó a éste a Suecia para la ceremonia de entrega de los premios Nobel, lo que levantó de nuevo una enorme expectación. Con su espectacular traje de noche se convirtió en la reina de Estocolmo. En las horas antes había cambiado hasta dos veces de peinado. “La primera vez me dejaron horrorosa, menos mal que luego me trajeron a la mejor peluquera de Estocolmo”, dixit. Las fotografías de su baile junto al nuevo Nobel de Literatura, de 73 años de edad, en la fiesta de gala posterior a la entrega, dieron la vuelta al mundo. Un pasodoble bailado con mucho tronío y garbo torero, arrastrado de un extremo a otro de la pista, llevó la apoteosis a la sala azul del Ayuntamiento de Estocolmo y llenó de fogonazos de flashes los habitáculos donde se celebraba la fiesta. Todas las miradas se centraban en la pareja que había roto el rígido protocolo con el que la Corte sueca organiza el Premio Nobel desde 1901.

Su todavía mujer María del Rosario Charo Conde Picabea, un año mayor que él, no apareció esos días por Estocolmo, como tampoco lo hizo el ministro de Cultura del entonces gobierno socialista de Felipe González, el también escritor Jorge Semprún. Charo vio la ceremonia por televisión desde la casa de una de sus tres hermanas. Había abandonado temporalmente su residencia de Palma de Mallorca, la vivienda que compartió con el escritor y su hijo Camilo José Cela Conde, para recalar en Madrid. “Durante muchos años hicimos planes para ir a recogerlo juntos, pero ahora me ha producido una gran tristeza que mi marido haya dicho públicamente que prefiere no tenerme a su lado. Eso me duele mucho más que no estar en Estocolmo junto a él”, llegó a afirmar la primera mujer del Nobel con quien compartió 45 años de su vida.

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