28 de noviembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Tras la expropiación de Rumasa fueron muchas las mujeres que se le vincularon al empresario: de Pino Riesco a Cuca García de Vinuesa o Carmen Posadas

La verdad de Ruiz Mateos (IV): Cuando su matrimonio con Teresa Rivero se tambaleaba

Teresa Rivero y José María Ruiz Mateos.
Teresa Rivero y José María Ruiz Mateos.
En la efervescencia de los años que siguieron a la expropiación de Rumasa José María Ruiz Mateos, miembro del Opus Dei, se convirtió en una estrella mediática y su sólida unión con Teresa Rivero se vio amenazada por la aparición en su vida de una serie de mujeres como Pino Riesco (la más importante), Susana Uribarri, Cuca García de Vinuesa o Carmen Posadas. Sin embargo, la que más marcaría a la familia sería la mexicana Patricia Montes de Oca con la que tendría una hija: Adela.

Los años frenéticos tras la expropiación de RUMASA constituyeron una etapa de rumores sobre la posible separación matrimonial de Teresa Rivero y José María Ruiz-Mateos. El matrimonio apenas se veía. Se hablaba de los nuevos amoríos del empresario jerezano, quien siempre iba acompañado por su entonces secretaria personal, Pino Riesco Manrique de Lara, que no se separaba de él ni un solo instante. Las revistas de esa época así lo atestiguan.

Por ejemplo, el ya desaparecido semanario Panorama, en su número 134 de diciembre de 1989 afirmaba: “Pino le despierta, le cuelga la ropa y decide con quién va el empresario, cada vez más alejado de su mujer, de la que es posible que se separe en breve. El alejamiento del matrimonio comenzó en el mes de agosto, tras el presunto envenenamiento que le tuvo ingresado en la madrileña clínica La Luz durante el comienzo del verano. Desde entonces, la separación es un hecho. Primero, las elecciones legislativas; luego, las autonómicas. Los viajes y las estancias fuera del domicilio conyugal, junto a su secretaria, han sido constantes”.

Pino Riesco Manrique de Lara conoció a Ruiz-Mateos en un viaje que realizó el empresario a la Costa del Sol. En Marbella, en una célebre discoteca, esta guapa canaria de nacimiento ejercía de relaciones públicas. El colaborador de Ruiz-Mateos, Carlos Manzano, fue el celestino.

Posteriormente, un viaje que realizó el empresario a Las Palmas de Gran Canaria en el otoño de 1986, poco después de hacer efectiva la fianza de trescientos millones de pesetas que le puso el juez Luis Lerga, hizo el resto. Pino Riesco pasó a formar parte del equipo femenino de Ruiz-Mateos. Desde entonces comenzó una lucha a muerte por sacar de la pista a sus competidoras.

Carmen Posadas en los años ochenta. 

Primero cayó Concha Marina García-Varona a la que Ruiz-Mateos conoció en la primavera de 1983 en Londres. En la misma iglesia donde el empresario iba diariamente a escuchar misa y a rezar el rosario. Luego llegaron las chicas de Francfort: Lucrecia King-Hedinger, exesposa del joyero Aldano, y la escritora Carmen Posadas, la posterior mujer del que fuera gobernador del Banco de España Mariano Rubio. Ambas conocieron a Ruiz-Mateos en el hotel Intercontinental de la ciudad alemana en la primavera de 1985. Pero una vez llegada Pino a Madrid, la influencia de Lucrecia y Carmen desapareció.

También logró echar del ámbito del empresario a Cuca García de Vinuesa, la que fuera relaciones públicas del hotel Miguel Ángel. Otra de sus chicas, bautizadas todas como las reinas de la colmena, fue Lourdes Toral, a la que Pino Riesco descalificó públicamente. Muchas han sido las que han caído en esta carrera de féminas: Eva Huerte de Samaranch, Encarnación Solana de Aguilar, Aureliana de Ibancos, Susana Uribarri y María Asunción Saavedra, entre otras.

Cuca García de Vinuesa. 

La irresistible ascensión de Pino Riesco llegó a tal extremo que era la única persona que podía utilizar la tarjeta bancaria del empresario (una Visa Oro del Banco Español de Crédito). Dicen, incluso, que fue la inductora, junto a Concha Marina García Varona, de la operación de cirugía estética (estiramiento de la piel) que José María Ruiz-Mateos se practicó en julio de 1988 en la clínica Ruber Internacional de Mirasierra (Madrid).

El fin de la ascensión de Pino

Sin embargo, la fidelidad del empresario jerezano hacia la figura de su mujer fue algo notorio en el periodo 1958-1983. Así lo indicaba en una carta-confesión que dirigió –como es obligación en los miembros supernumerarios del Opus Dei- al padre superior Álvaro del Portillo. En esta carta, no sujeta al secreto de confesión, venía a decir que se acusaba de “mirar a las mujeres”.

Sin embargo, el año 1983, fecha de la expropiación del holding de la abeja, fue el revulsivo del cambio total. A partir de ahí, quizá por el golpe tan duro recibido, dicen que las mujeres se convirtieron en una obsesión para José María Ruiz-Mateos. Un hecho que ocasionaba los constantes celos de Teresa Rivero. Finalmente, las aguas volvieron a su cauce y esta situación unió todavía más al matrimonio y a su familia. 

Una hija secreta para Ruiz Mateos

La historia de amor entre la mexicana Patricia Montes de Oca y José María Ruiz-Mateos se remonta a la década de los noventa cuando el entonces propietario de Rumasa y la mexicana se conocieron en Chicago. Meses después ella visitó Madrid junto a varias amigas. Según el testimonio de la mujer, ambos comenzarían una relación sentimental que duró meses, con viajes por toda España, desde Madrid a Valencia. Aunque también se veían en Miami, donde Ruiz-Mateos acudía a menudo ya que tenía negocios hoteleros.

Cuando Patricia se dio cuenta de que estaba embarazada decidió regresar a Estados Unidos para recibir los cuidados de su familia. Durante muchos años el empresario mantuvo relación telefónica con su hija y se hizo cargo de su manutención. Según la denuncia aportada en los juzgados, Ruiz-Mateos enviaba mensualmente unos 4.000 euros, pero padre e hija no se conocieron personalmente hasta que ella cumplió 17 años. Y sería en el año 2010 cuando ambos se verían por última vez, en unos apartamentos de la madrileña calle Jorge Juan. Allí Patricia grabó un vídeo como prueba del encuentro.

Adela Montes de Oca. 

El 7 de abril de 2017 el cadáver del empresario jerezano tuvo que ser exhumado porque los hijos del Ruiz-Mateos se negaron a ceder su ADN para las pruebas de paternidad.  Tal y como la propia Adela contó en muchas ocasiones, su madre, la mexicana Patricia Montes de Oca y el expropietario de Rumasa se conocieron durante una visita de éste a Chicago, en 1989. Adelita declaraba entonces que esperaba heredar cerca de 5.000 millones de euros. Nada más lejos de la realidad. Algo que ella entonces desconocía y nunca atisbó. Lo único heredado fueron deudas y la demanda de un acreedor. Ante las perspectivas, la hija norteamericana de Ruiz-Mateos decidió renunciar a la herencia. Sus hermanos no quieren tener contacto y no la dejaron siquiera despedirse de su padre cuando falleció. El único miembro con quien llegó a hablar fue con Zoilo, el hijo mayor de los Ruiz Mateos-Rivero.

Quien no renunció a la herencia fue Begoña, la hija "díscola" de Ruiz-Mateos que tras su fallecimiento fue la única hija que abrió y aceptó el testamento y pidió a todos sus hermanos coherederos elaborar el inventario de todo el patrimonio familiar.

Adela Ruiz Mateos trabajó en el departamento de marketing del canal Univisión. Actualmente tiene 30 años y ninguna relación con sus hermanos. Son muy pocas las ganas que tiene de volver a España, donde un acreedor le reclamaba el mismo dinero que a sus hermanos españoles: los Ruiz Mateos, una famosa saga hoy en declive, que tras pasar por prisión quedaron en febrero de este año en semilibertad en condición de tercer grado. 

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