19 de junio de 2024
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FIN DE SEMANA

El empresario nació un 11 de abril de 1931 y falleció con 84 años dejando una familia dividida y millones de euros desaparecidos en paraísos fiscales

José María Ruiz-Mateos cumpliría este 11 de abril 92 años: Auge y caída de Nueva Rumasa

El Cierre Digital en José María Ruiz Mateos
José María Ruiz Mateos
El empresario José María Ruiz-Mateo nació un 11 de abril de 1931. Y tras batallar contra la enfermedad de Parkinson y demencia senil fallecía el 7 de septiembre de 2015 a los 84 años. Era un hombre que gustaba de contar en su entorno con consejeros procedentes de la literatura, el arte y la política, a los que llevaba a comer al restaurante Zalacaín o en un avión privado de alquiler a visitar Jerez, Briviesca o Rota. Junto a su esposa la jerezana Teresa Rivero tuvo a 13 hijos, hoy divididos.

Un 11 de abril de 1931 el empresario jerezano José María Ruiz-Mateos y Jiménez de Tejada venía al mundo en la localidad gaditana de Rota. Hubiera cumplido 92 años.

Pero el fundador del holding Rumasa fallecía a los 84 años, el 7 de septiembre de 2015, tras una larga batalla contra la enfermedad de Parkinson y demencial senil. El final de la vida de Ruiz-Mateos estuvo a la par de lo que fue su existencia, rodeado de polémica. Hay que recordar que solo un par de meses antes de fallecer fue detenido por no presentarse ante un juzgado mallorquín, lo que obligó a su ingreso en la cárcel madrileña de Soto del Real en junio de 2015. Entonces el empresario se había negado a presentarse ante el titular de este juzgado, el mismo que luego encarceló a sus hijos varones, que dieron con sus huesos en la prisión madrileña de Aranjuez.

En ese verano de 2015, José María Ruiz-Mateos solo estuvo unas horas en la cárcel, a diferencia de otros episodios de su vida, para ser ingresado directamente en un hospital, dando lugar a una imagen emblemática del empresario gaditano en una silla de ruedas empujada por su abogado, el fiel letrado Marcos García Montes. La imagen provocó una cierta indignación en la sociedad española, en general, y muy en particular en su hija Begoña, que acusó a sus seis hermanos varones de no asumir sus responsabilidades y dejar que su padre lo hiciese por ellos.

El empresario de Rota

José María Ruiz-Mateos Jiménez de Tejada nació el 11 de abril de 1931 en Rota, Cádiz, tres días antes de ser proclamada la II República. Marqués de Olivara, marqués de Montemayor y marqués de Campo Nublo, títulos aristocráticos que ostentaba cuya posesión era puesta en duda por los expertos en genealogía. Ruiz Mateos comenzó su vida empresarial exportando vino a Inglaterra. 

A principios de la década de los sesenta surgió su holding, el imperio Rumasa (1961-1983), que contaba con casi 700 empresas, 21 bancos y 65.000 empleados en nómina. Eran años en los que el patriarca compraba todo y no hablaba con nadie. Aquel empresario tímido, entre piadoso y yuppie, impecable e impertérrito, estrenaba unas nuevas formas de hacer empresa en la última década del régimen franquista. 

Por entonces, Ruiz-Mateos celebraba sus reuniones en la primera planta de una de las rutilantes torres de Colón recién inauguradas. Era un hombre que gustaba de contar en su entorno con consejeros procedentes de la literatura, el arte y la política, a los que llevaba a comer a Zalacaín, en Madrid, o en avión privado de alquiler a Jerez, Briviesca o Rota, donde él había nacido. De su voracidad empresarial había hasta chistes complacientes, como éste que reproducía en 1975 el periódico Arriba del Movimiento Nacional: "Va a terminar comprando hasta la viña del Señor".

Su historia con Teresa Rivero

En esos años que vieron nacer su emporio empresarial ya había creado una numerosa familia junto a que fue su única esposa, la jerezana Teresa Rivero. María Teresa Rivero y Sánchez Romate nació el 19 de mayo de 1935 en Jerez de la Frontera (Cádiz) en el seno de una familia acomodada. Su padre era abogado y su madre, como era habitual en esa época, no trabajaba. Ella es la menor de ocho hermanos. Su adolescencia fue la de una chica normal, sin lujos ni excesos.

Teresa Rivero junto a José María Ruiz-Mateos.

Aunque le hubiese gustado estudiar medicina, el peso de su educación familiar la llevó a prepararse para ser una buena esposa. En su biografía actualizada figura como actividad profesional: “labores caseras”. Tuvo un novio marino mercante y otro militar, pero a los 21 años conoció al que se convertiría en el hombre de su vida. 

"Yo solía ir a estudiar a casa de una amiga y esta chica tenía un hermano -José María- que de vez en cuando nos venía a ver. Lo típico, vamos. Él me piropeaba mucho y a mí al principio no me gustaba. He sido muy práctica en todos los aspectos de mi vida; no soy idealista ni fantasiosa, y cuando José María me decía alguna cosa bonita yo pensaba `menuda tontería'. Pero poco a poco me fue ganando. Es una persona con un gran sentido del humor y, sobre todo, un galán, un perfecto caballero”, contaría en una entrevista la propia Rivero. Tras dos años de noviazgo, en 1958 contraía matrimonio con el empresario jerezano José María Ruiz-Mateos Jiménez de Tejada. Desde ese señalado día se convirtió en una fiel ama de casa y en supernumeraria del Opus Dei.

Tuvo un niño por año y cuatro abortos naturales. Trece son los hijos fruto de este matrimonio, seis varones y siete chicas: Socorro, Zoilo, Begoña, José María, Rocío, Patricia, Almudena, Alfonso, Paloma, Pablo, Javier, Nuria y Álvaro. La casi totalidad de sus descendientes, a medida que iban terminando sus carreras universitarias, entraron a trabajar con su padre en la expansión de Nueva Rumasa, el holding que construyeron paso a paso tras la expropiación de Rumasa y que tuvo bajo su control más de 100 empresas radicadas en los más diversos campos de la vida social, económica y deportiva española. 

La tenacidad, perseverancia, capacidad de resistencia y espíritu de sacrificio, fueron los factores que Teresa Rivero y José María Ruiz-Mateos inculcaron en sus descendientes. Fue un 23 de febrero de 1983 cuando el PSOE de Felipe González, con Miguel Boyer al frente de la cartera de Economía, expropió el holding estrella de los Ruiz-Mateos, conocido por Rumasa, que aglutinaba a más de 700 empresas.

La entrevista en que cambió todo

El 18 de febrero de 1983 fue cuando saltó por primera vez la alarma. El entonces súper ministro de Economía y Hacienda, en una reunión con los periodistas, ya indicaba la posible negativa de Ruiz Mateos a autorizar a los auditores de Arthur Andersen una investigación sobre Rumasa que conllevaría la entrada en acción de los inspectores del Banco de España

Todos los periódicos se hicieron eco de las palabras de Boyer. Aquello fue como la campana de meta dando la señal de salida. Uno de ellos, Diario 16, al día siguiente tituló a grandes caracteres su portada con una frase manifiesta y premonitoria: “Boyer amenaza a Rumasa”, y con un antetítulo que decía: “Si no permite que continúe la auditoría de Arthur Andersen”. 

Ese mismo día, en un largo comunicado escrito, habitual en el proceder de Ruiz Mateos, el empresario aseguraba que la situación de su holding era de total solvencia y liquidez y responsabilizaba a Miguel Boyer de las consecuencias que podrían derivarse de sus palabras. Desde entonces, y con este ambiente tan caldeado, los acontecimientos se precipitaron.

Cuentan personas próximas al empresario gaditano, que Boyer sólo se entrevistó en una única ocasión con Ruiz Mateos para tratar el tema personalmente. Y que ésta fue dos días antes de producirse la expropiación. Fue entonces cuando el ministro de Economía propuso al propietario del holding de la abeja llegar a un acuerdo pactado.

La célebre “soberbia satánica” de Boyer, fue sustituida por una postura de acercamiento que les condujera a cerrar un acuerdo. Este cambio se debía a las presiones que había recibido de, entre otros, su amigo, el entonces subgobernador del Banco de España, Mariano Rubio, que no era muy partidario de la expropiación bancaria, como tampoco lo eran los principales despachos financieros de la capital de España. Meses antes, el propio Ruiz Mateos había escrito una carta al presidente Felipe González, felicitándole por su triunfo electoral y exponiéndole la importancia tenía el grupo Rumasa para la economía española, dicen que manipulando los resultados. 

La reunión se celebró en el propio Ministerio de Economía, en la calle Alcalá, y cuentan que Boyer, nervioso y aparentemente descompuesto y colérico, no paraba de fumar un cigarro tras otro. Por entonces, el ministro fumaba tres paquetes diarios de cigarrillos rubios al día. Contaba el propio Ruiz Mateos que Boyer sudaba como si en vez de ser el mes de febrero fuera el pleno agosto andaluz y el ministro padeciera el rigor de los cuarenta grados al sol. 

Sin embargo, a pesar de sus sudores, mantenía el rostro hermético, hierático, sin apenas quebrase, una de las características que le acompañaba siempre. “¿Cómo puede fiarse alguien de una persona que jamás se ríe?”, pensaba para sus adentros el empresario gaditano. Dicen sus allegados que era una especie de coraza protectora y defensiva, que le permitía aislarse del tímido crónico que era. Por eso el ministro no quería oír ni hacer caso a los argumentos y razones que esgrimía en su defensa el empresario jerezano. Sólo seguía al pie de la letra las instrucciones que llevaba aprendidas.

Escasos minutos de iniciada la reunión le advirtió muy seriamente: “Escúcheme, don José María, la única solución es que firme usted esta carta, en la que se compromete a aminorar su política expansiva y, en cambio, sí acelere la auditoría que la firma Arthur Andersen intenta llevar a efecto sobre los bancos y empresas de Rumasa. Y que cuando estén terminadas serán entregadas por éstos directamente al Banco de España en lugar de que las reciba primero Rumasa. El Fondo de Garantía de Depósitos debe conocer de primera mano la marcha de los resultados sin la presencia intimidatoria de sus directivos”, le espetó. 

Pero Ruiz Mateos, siguiendo el consejo de sus asesores, no firmó la carta que le habían puesto sobre la mesa, escrita de antemano por los asesores del Ministerio y dirigida en su membrete a la persona de Miguel Boyer. “Querido ministro, yo no legitimo mi sentencia de muerte. Las auditorías debe recibirlas primero Rumasa, que para eso es la que paga y además ha hecho el encargo. Por otro lado, han sido encargadas hace muy poco tiempo y pueden tardar años dada la complejidad y variedad de las compañías y sectores”, le respondió con firmeza el empresario gaditano.

El tiempo pasaba, la reunión se alargaba y nada se conseguía. Sólo fortalecer las posturas contrarias. Hasta que en un momento determinado Ruiz Mateos le dijo a Boyer: “Déme veinticuatro horas y le daré una contestación definitiva” “No. De eso nada. ¡Ahora!… o no hay nada que hacer”, replicó vehementemente Boyer. La suerte estaba echada y el holding Rumasa se expropiaría

Volviendo a empezar

La Nueva Rumasa. Todo se comenzó a fraguar en la primera penitencia del cabeza de familia en la prisión alemana de Frankfurt, en 1984 (éste fue el principio de un rosario de prisiones, hasta 12 penales). Allí, en Alemania, en una misiva escrita entre rejas, Ruiz Mateos animaba a sus hijos a levantar un nuevo holding.

Y comenzaron y lo hicieron a partir del negocio del vino, como había hecho en su día el abuelo, don Zoilo, que llegó a ser alcalde de Rota (Cádiz), y en cuyo honor Ruiz Mateos abrió en febrero de 2005 un Museo Histórico en esta localidad y a quien quería beatificar al coste que fuera. Para ello, inició los trámites necesarios aportando al obispo de Jerez, monseñor Juan del Rio, testimonios de su caridad y “milagros”, como también lo hizo con el arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela. A pesar de sus problemas con la Obra de Escrivá de Balaguer durante la expropiación de Rumasa, los Ruiz Mateos siguen perteneciendo hoy al Opus Dei.

La familia Ruiz-Mateos.

Pero para arrancarles, por entonces, a los hijos del empresario jerezano cómo comenzó todo y cómo se desarrolló la historia de esta segunda etapa, había que sacarles las palabras con sacacorchos. Estaban quemados de su etapa anterior, de lo que sufrieron y soportaron. Por eso, de las cifras, ni hablaron. Argumentaron que, tras la expropiación, no les cabía más estrategia de comunicación que el silencio y la prudencia. Sólo confirmaron que eran propietarios de alguna nueva empresa cuando la noticia trascendía por alguna razón ajena a sus deseos. Si no es así, callaban. Ora et labora. «La otra vez, por la boca murió el pez», acudía al refrán Rocío Ruiz Mateos, la entonces encargada mediática de la familia.

En este viaje los Ruiz Mateos no tenían una gran sede empresarial, como la tuvieron con Rumasa en las famosas Torres Jerez que todavía coronan la madrileña Plaza de Colón. Lo que sí que mantuvieron fue el anagrama de la abeja, que presidía las fachadas de más del centenar de empresas entre gestionadas y adquiridas. Sus adquisiciones eran múltiples y diversas. Lo principal de la familia era comprar. Se convirtieron en especialistas en el reflote de empresas en apuros. La Nueva Rumasa parecía tener vocación negociante de séptimo de caballería. Cada ejercicio cerraba con una media de más de 10 incorporaciones al nuevo grupo.

Negocios que iban desde la compra de una bodega en el Penedés (Cavas Hill), que se dice que adquirieron por unos cinco millones de euros, hasta la venta de Caves Montesquius (vendida por 9,7 millones). Fue en 1997 cuando los Ruiz Mateos volvieron a la zona catalana del cava después de haber sido desposeídos de Freixenet (una de las grandes firmas expropiadas), marca que fue a parar a manos del empresario Josep Ferrer i Sala, patriarca de otra importante saga familiar, que por tan sólo 350.000 pesetas se quedó con la bodega cuando su valor era por entonces de 15.000 millones.

Pero el lanzamiento familiar, su Renacimiento -nombre que lleva también el brandy más caro del mundo que lanzaron en la Navidad de 2004 al mercado, al precio de 240 euros la botella-, fue anterior a su incursión en el negocio del cava y se asentó sobre sectores tan diversos como las viñas (con las empresas Sandeman y Grupo Garvey, sociedad que les perteneció y recompraron en 1996, cuando la firma jerezana pasaba por una profunda crisis); el negocio de los huevos (con Dhul y las granjas vallisoletanas Hibramer); los chocolates (Trapa y Elgorriaga); los helados (Flash y Neiss); los dulces y turrones (Imperial); los caramelos (los riojanos de Aldusa); las cervezas (la asturiana Águila Negra); los azulejos (Trevi); las industrias conserveras (Hijos de Nieto Sáinz); las fábricas de muebles (Claucama); las aseguradoras (Unión Condal e Iberia); sociedades inmobiliarias (Que te pego Leche y Velázquez); o medios de comunicación como la emisora Radio Libertad, por citar algunos de los más diversos campos sectoriales. También las hubo referidas al sector hotelero (Hotasa, con hoteles por toda la geografía española), al negocio de la confección de camisas a medida (Jarrater), a los servicios de pedagogía y ocio para niños (Todo Niños), etc.

Los vinos de Ruiz Mateos

Y, sobre todo, siempre al lado de los Ruiz Mateos, no podía faltar el vino, hasta siete denominaciones de origen (Rioja, Toro, Ribera del Duero, Rueda, Penedés, Oporto, La Mancha). Así, en La Rioja poseían las bodegas Campo Burgo y Marques de Campo Nuble; en Toro, las de Valdeví y Marqués de Olivara; en Oporto, la bodega Dlava; en el Penedés, Cavas y Vinos Hill. Y en Argentina tuvieron las bodegas Graffigna. Por eso, para que todo funcionara dentro de un mismo engranaje, Nueva Rumasa adquirió en el 2004 la distribuidora de vinos y licores Los Conejos, la primera empresa de este sector en España, con un fuerte poder de venta en la hostelería y restauración y con unos ingresos de más de 65 millones de euros.

Ingeniería financiera

Pero para constituir la Nueva Rumasa e introducirse en todos estos negocios, Zoilo y sus hermanos, que como buenos economistas y consultores manejaban muy bien la llamada ingeniería financiera, crearon una multitud de empresas instrumentales, muchas de ella fuera del alcance de la legalidad, donde figuraban los llamados testaferros o empresas ad hoc, como Ardevins, Inversiones Ruiz- Mateos, Berlax, Ferre, etc.., así hasta un sinfín de pequeñas empresas que aparecían como fantasmas en el entramado montado. 

Y aunque el negocio inmobiliario no es lo que más les preocupaba por entonces, sí que se introdujeron en la especulación del ladrillo para aprovechar el boom inmobiliario que vivía España. Primero de la mano de la quebrada Jotsa, antes propiedad de la conocida familia García Obregón, de la que consiguieron su cartera de clientes y, más tarde, constituyendo la empresa constructora Velázquez Internacional, con la que pretendían llegar a ser lo que en su día fue la constructora Hispano Alemana para la vieja Rumasa.

Sin embargo, esta compañía arrastró serios problemas que obligaron a los Ruiz Mateos a esconderse detrás de supuestos testaferros. Hay que significar que en este su cuartel constructor madrileño de la calle Velázquez también se encontraba la sede del partido político “Agrupación Ruiz Mateos”. 

Pero no todo el monte fue oro y los hijos de Ruiz Mateos mantenían un importante lastre empresarial, debido, entre otras cosas, al no saneamiento de las empresas de la Fundación General Mediterránea, un grupo de cien empresas ligadas a la obra del Opus Dei que, en teoría, José María Ruiz Mateos debería haber "saneado o liquidado ordenadamente" en su día por orden directa de la Obra, fundada por el santo José María Escrivá de Balaguer.

Los miles de personas que en su día confiaron en los Ruiz-Mateos sus ahorros, luego les denunciaron ante los Tribunales de Justicia por apropiación indebida y constituyeron la “Asociación de Damnificados de Ruiz-Mateos”.

Estos avatares judiciales y extraempresariales hicieron que la familia jerezana se dividiera. Esa unión familiar, de clan, de la que siempre hablaban y hablaban, la trasladaran a sus negocios se rompió por completo. Un concepto que, en términos empresariales, se suele denominar sinergias: huevos vallisoletanos de Hibramer viajaban a Granada para hacer flanes Dhul; y el brandy Espléndido de Garvey se utilizaba para relleno en chocolates Trapa... se fue al limbo. O, mejor, hacia algunos paraísos fiscales, donde se perdieron muchos millones de euros.

Ahora, que el patriarca de la saga hubiera cumplido los 92 años, esa unión que durante muchos años hizo la fuerza se rompió definitivamente. Y la Justicia aún les espera a muchos de ellos.

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