09 de diciembre de 2023
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FIN DE SEMANA

El físico y militar Guillermo Velarde, fallecido en 2018, contó en sus memorias todas las presiones que se recibieron desde EEUU para que fracasara

'Operación Islero': La historia de cuando la España de Franco quiso tener la bomba atómica

El Cierre Digital en Entre los años sesenta y setenta el franquismo quiso construir su propia bomba atómica.
Entre los años sesenta y setenta el franquismo quiso construir su propia bomba atómica.
En los años sesenta, el físico y militar Guillermo Velarde elaboró el 'Proyecto Islero' cuya finalidad era que España contara con su propia bomba atómica. Un empeño del Gobierno de Franco que contó con varios enemigos, empezando por Estados Unidos. A lo largo de casi veinte años, Velarde llegó a tener dos apoyos fundamentales: Luis Carrero Blanco y Adolfo Suárez. Sin embargo, las presiones exteriores e internas pudieron más.

Guillermo Velarde es uno de esos nombres desconocidos de la historia de España que, sin embargo, podrían haberla cambiado. Este físico y militar recibió en los años sesenta el encargo de desarrollar para nuestro país la bomba atómica. En el contexto de la Guerra Fría, el papel de España en el tablero geopolítico habría cambiado. La editorial Almuzara sacó a la luz, Proyecto Islero, el libro en el que el propio Velarde, fallecido en 2018, desvelaba los secretos de un proyecto que nació con esperanzas pero que se iría llenando de trabas en función de la evolución de la política nacional e internacional. Una parte de la historia que se nos había hurtado hasta ahora. 

En 1955 España entra en un pacto que impulsó Estados Unidos, Átomos para la paz. La hasta entonces aislada España de Franco recibía así el plácet de la gran potencia occidental para incorporarse al proyecto nuclear. Dos años antes ya habían firmado los tratados que permitieron a la dictadura sobrevivir a cambio de dar un viraje a su economía y a algunos aspectos de su política. 

La guerra con Marruecos a finales de los años cincuenta y el convencimiento de Luis Carrero Blanco de que el papel de España, entre África y Europa, la convertía en un territorio demasiado interesante para las grandes potencias políticas fue lo que animó del todo al Gobierno español a desarrollar su propia bomba atómica. 

El libro con los secretos de la creación de la bomba atómica española. 

Guillermo Velarde recibió el encargo en 1963, el mismo año en el que la censura prohibía El verdugo de Luis García Berlanga y se ejecutaba al disidente Julián Grimau. Velarde puso al proyecto el nombre de Islero "en recuerdo al mihura que mató a Manolete, ya que presentía que terminaría matándome a disgustos". 

Cinco años antes Franco había inaugurado el Centro de Energía Nuclear Juan Vigón, en la Ciudad Universitaria, desde el que trabajaría Velarde en el máximo secreto, de modo que ni siquiera los personas elegidas para ayudarle sabían del todo qué estaban haciendo. 

El proyecto tendría dos fases: una, el desarrollo en sí de la bomba y la otra, la construcción de un reactor nuclear. Su proyecto se enfocó desde el principio como una bomba de plutonio y no de uranio. 

Primer frenazo: Palomares

En 1966 el proyecto se encontró con el primer parón fuerte. Fue tras el incidente de Palomares. Nunca del todo aclarado. En plena Guerra Fría, Franco cedió el espacio aéreo a aviones militares estadounidenses y, como consecuencia, el 17 de enero de 1966 se produjo el desastre: dos aviones colisionaron, dos de ellos con cuatro bombas termonucleares. Tres cayeron en tierra y una en el mar, provocando que los elementos radioactivos de dos de ellas se diseminaran por el municipio.

Estados Unidos se comprometió a hacerse cargo de cualquier consecuencia del desastre, según informan los papeles desclasificados que fueron publicados en el portal Datadista, aunque la realidad no fue tan ideal como se plasmó sobre el papel.

Manuel Fraga en Palomares con el embajador estadounidense. 

Velarde estuvo allí para recoger muestras que serían analizadas en la Junta de Energía Nuclear. Sin embargo, el proyecto Islero seguía sin el apoyo de las Fuerzas Armadas. En un encuentro de Velarde con Franco, el dictador le mostró sus reticencias a que el proyecto se hiciera público y a la reacción de Estados Unidos. A pesar de esa cautela, España ya dio pistas cuando en el 1968 se negó a firmar el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares que fomentaba Estados Unidos. 

El proyecto vivió un nuevo impulso en 1971 con el apoyo de Francia. La bomba se desarrollaria en la central de Vandellós y se probaría en el Sahara. En junio de 1973 el almirante Luis Carrero Blanco fue designado presidente del Gobierno por Franco. Carrero Blanco no era proamericano y no estaba de acuerdo con parte de la política exterior que había llevado hasta entonces el régimen. 

Segundo parón: El asesinato de Carrero Blanco

El 19 de diciembre de 1973 el todopoderoso Secretario de Estado Henry Kissinger visitaba España. En una reunión con Carrero Blanco que fue tensa, los términos no fueron amistosos. Estados Unidos no garantizaría la seguridad de España si se seguía adelante con la bomba atómica. Carrero estaba dispuesto a seguir adelante. Veinticuatro horas después, el almirante moría en un atentado reivindicado por ETA. 

En 1975 fallece Franco y asciende al trono Juan Carlos I. Las relaciones con Estados Unidos habían vuelvo a su cauce tras la muerte de Carrero Blanco. Sin embargo, este cambio en las posiciones no supuso el final de la Operación Islero. 

Luis Carrero Blanco jurando el cargo de presidente ante Francisco Franco. 

En junio de 1977 tuvieron lugar las primeras elecciones libres en cuarenta años que se saldaron con el triunfo de la UCD de Adolfo Suárez. Suárez tampoco tenía especiales simpatías por la política nuclear marcada por Estados Unidos. En esas fechas se conocía el alcance proyectado para el Centro de Investigación Nuclear de Soria: 140 kilos de plutonio al año, suficiente para fabricar 23 bombas anuales. Algo que no era visto con buenos ojos desde Washington. 

El Ejecutivo de Jimmy Carter presionó lo suyo para que se cortara el proyecto, pero Guillermo Velarde contaba con el apoyo del ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún y del vicepresidente, Manuel Gutiérrez Mellado. Sin embargo, un nuevo giro en la historia de España iba a afectar al proyecto. 

La OTAN y el fin del proyecto

En enero de 1981 Adolfo Suárez anunció su dimisión como presidente del Gobierno a través de Televisión Española. Fueron muchos los factores que le llevaron a tomar esa decisión y las malas relaciones con Estados Unidos no ayudaron. El 23 de febrero de 1981 se produjo la intentona golpista con la toma del Congreso por parte del teniente coronel Antonio Tejero. Los días siguientes fueron vertiginosos en España y coincidieron con la llegada de Leopoldo Calvo-Sotelo a La Moncloa. 

Guillermo Velarde es el tercero por la izquierda. 

El segundo presidente de la democracia estaba mucho más cercano a la política estadounidense que su predecesor y en abril de 1981 hizo que España ingresara en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) lo que acercaba a nuestro país a los intereses en política nuclear de Estados Unidos. Es decir, fue Calvo Sotelo quien puso punto y final al proyecto español de tener nuestra bomba atómica. 

En 1982 el gobierno de UCD decidió que España entrara en la OTAN. Cuatro años después el PSOE de Felipe González celebró el famoso referéndum en el que los socialistas viraron su inicial postura antialiancista y se saldó con un sí por parte de la sociedad española al ingreso en la Alianza Atlántica. Un año después Felipe González tomó la decisión de firmar el  Tratado de no Proliferación Nuclear, lo que acababa con toda posibilidad de desarrollar armas nucleares en nuestro país. 

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