27 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA

Utilizaba una máscara de El Zorro mientras abusaba de sus víctimas inconscientes y además llevaba un diario de sus ataques sexuales

Joji Obara: El empresario japonés que violó a 400 mujeres y las grabó con producción profesional

Obara solía esconder sus ojos siempre tras gafas de sol.
Obara solía esconder sus ojos siempre tras gafas de sol.
Se trata de uno de los representantes del crimen serial en Japón. Obara era un empresario de orígenes humildes con algunos complejos debido a su fisionomía. Gustaba de las mujeres occidentales altas y bellas que con frecuencia aparecían por sus locales nocturnos favoritos. Aprovechó su situación económica de alto poder adquisitivo para asegurarse una producción audiovisual profesional a la hora grabar a las más de 400 mujeres de las que abusó, entre ellas Lucie Blackman quien fue asesinada.

Dicen que el dinero no da la felicidad. Algunos están de acuerdo con esta afirmación, otros en desacuerdo. Todo depende del cristal con el que se mire, pero la realidad es que el dinero no suele satisfacer a los poderosos, hay muchos que siempre quieren más. Un caso claro sería el actual presidente de los EEUU, Donald Trump, quien ya era multimillonario antes de ingresar a la presidencia. Pero hay otros empresarios adinerados cuyas ambiciones son mucho más oscuras.

Joji Obara fue uno de estos niños que nacieron para estar destinados a grandes cosas y formar parte de la élite. Educado en los colegios privados más prestigiosos de Japón, creció para convertirse en un rico y poderoso empresario, pero el dinero eventualmente dejaría de satisfacerle.

Joji Obara en su juventud.

Obara se convirtió con el tiempo en un asesino y violador que utilizaba una máscara para abusar de sus víctimas y después de asesinarlas las descuartizaba. Siendo consciente de los problemas que acarrearía su doble vida, Obara siempre hizo uso de su dinero para mantener el anonimato y evitar que sus fotos fuesen publicadas en los medios.

Infancia y juventud del monstruo

Nació en 1952 en Osaka, Japón, aunque sus padres eran coreanos. A pesar de que su familia empezó de manera humilde, la adicción de su padre al juego los hizo, irónicamente, amasar una fortuna. Fue así como Joji recibió la mejor educación que el dinero podía pagar en Japón.

A los 17 años la desgracia llegó a la familia de los Obara cuando el padre falleció en Hong Kong. Joji y sus hermanos heredaron las propiedades de su padre tanto en Osaka como en Tokio. Eventualmente el futuro asesino se nacionalizó japonés e incluso cambió de nombre, pero poco después decidió volver al antiguo.

La ciudad portuaria de Osaka en la década de los 60.

Los consejos de su padre surtieron efecto en el joven que decidió usar su parte de la fortuna para invertir en propiedades. El negocio de la especulación con inmuebles le hizo multiplicar su patrimonio. La cifra llegó a alcanzar los 45 millones de dólares. Su habilidad para los negocios era innegable.

Comienzos en el mundo del crimen

A pesar de su habilidad, la crisis económica en la década de los 90 le hizo perder mucho dinero, por lo que Obara empezaba a ser acosado por los acreedores. Algunas personas dicen que para solucionar su situación económica empezó a lavar dinero para las organizaciones criminales.

Las pocas fotos que existen muestran a un Obara joven, puesto que más adelante este decidiría operarse los ojos para hacerlos más redondeados. Debido a su inseguridad utilizaba siempre gafas de sol, amén de evitar todas las cámaras que podía.

Lucie Blackman.

Empezó a frecuentar las zonas turbias de la ciudad de Tokio. Esos donde las mujeres que servían el alcohol en los bares eran bellas mujeres occidentales. Fue en esta zona donde el monstruo salió por primera vez. Los crímenes se cometieron sin que nadie se diese cuenta, hasta la llegada de Lucie Blackman.

La chica llegó a japón en un o de sus viajes organizados con sus amigas para conocer el mundo, el año 2000. A pesar de que había llegado con una visa turística, Lucie encontró trabajo en el bar Casablanca. Era rubia, alta y blanca, el tipo de mujeres que le gustaban a Obara. El primero de julio dijo a una amiga que saldría del bar con un cliente. Desapareció sin dejar rasro.

A la mañana siguiente la amiga de Lucie, Louise Phillips, recibió una llamada de un sujeto que decía que su amiga se había unido a una secta religiosa y que no deseaba ser contactada. Una excusa bastante absurda que no convenció a nadie.

La familia de la víctima fue avisada y la hermana de Blackman decidió viajar a Japón para hacer la denuncia correspondiente. No obstante, las autoridades decidieron desestimar la denuncia alegando que “las jóvenes como Lucie se iban frecuentemente de vacaciones a Tailandia o a Bali”.

La búsqueda de Lucie

Tim Blackman, padre de la víctima, decidió que no se iba a quedar de brazos y también voló hacia Japón para denunciar la desaparición de su hija. Dio la casualidad de que Secretario de Asuntos Exteriores británico, Robin Cook, estaba de visita en Tokio acompañando al Primer Ministro inglés, se aproximó a ellos para pedir ayuda.

El asunto llegó rápidamente a los altos cargos y cuando el primer ministro japonés se enteró de la situación todo el país estaba en alerta. Las autoridades japonesas se pusieron manos a la obra y cuando llegó una carta que decía ser de Lucie pidiendo que la dejaran en paz, nadie tomó en serio el mensaje.

Robin Cook fue de gran ayuda para insistir en el caso.

Los testimonios de mujeres preocupadas no tardaron en llegar. Tres mujeres extranjeras afirmaron haber vivido situaciones muy extrañas con un hombre llamado Joji Obara. Las jóvenes explicaron que se habían despertado doloridas y enfermas en la cama de ese hombre. No recordaban nada del día anterior. Sus casos también habían sido denunciados, pero fueron desestimadas como la que se hizo al desaparecer Blackman.

Cuando iniciaron las investigaciones los agentes llegaron a un nombre más, un tal Nishida había pagado los gastos hospitalarios de una recepcionista llamada Carita Ridgway, que había muerto en 1992, ocho años antes en circunstancias extrañas. Las facturas no tardaron en demostrar que Nishida era un pseudónimo utilizado por Obara.

Fue entonces cuando allanaron su casa y encontraron la horrible evidencia. Joji utilizaba su poder y estatus para adquirir sedantes con los que drogaba a las mujeres y abusaba de ellas, además grababa las violaciones. De todos esos videos, al menos unos 400 eran de producción profesional. En las grabaciones se apreciaba a Obara usando una máscara de El Zorro.

Encontraron el diario personal del abusador, en el cual documentaba sus vivencias sexuales y ofrecía su visión personal de las mujeres. “...las mujeres son solo buenas para el sexo… buscaré venganza. Venganza contra el mundo… Las camareras extranjeras son todas feas. No por su apariencia, sino por su mentalidad”. En otras de las entradas del diario se hacía referencia a Carita junto a la frase “demasiado cloroformo”. Cuando los peritos forenses se aproximaron al hospital que la había tratado y revisaron las muestras de su hígado descubrieron altos niveles de cloroformo.

El monstruo es atrapado

Para octubre del año 2000 Obara fue culpado de la muerte de Lucie y Carita y la violación de otras ocho mujeres. Los investigadores pudieron descifrar su modus operandi. Escogía a sus víctimas, la mayoría mujeres occidentales altas y bellas y las llevaba a su piso, donde les suministraba altas dosis de sedantes. Era entonces cuando empezaba a su oscuro ritual. Las mujeres eran violadas durante horas mientras estaban inconscientes, una vez se despertaban, Obara sencillamente las atacaba con cloroformo y seguía abusando de ellas.

Cuando las víctimas se despertaban desorientadas y sin recordar nada, Obara les contaba la misma historia: que se había desmayado al pasarse con la bebida. Las mujeres estaban tan afectadas por las drogas que creían la historia sin rechistar y hacían caso de sus consejos de descansar y no volver al trabajo hasta encontrarse mejor.

Carita Ridgeway.

El 9 de febrero de 2001 el cadáver descuartizado de Lucie Blackman fue finalmente encontrado al sur de Tokio, en la zona de Miura. A tan solo unos metros del departamento de Obara. Los restos estaban tan descompuestos que no pudieron

El juicio comenzó el 4 de julio de 2001, durante la sesión se descubrieron más detalles sobre el asesino. Su primer encontronazo con la ley había sido en 1998 cuando lo atraparon travestido en los servicios de las mujeres tratando de filmarlas. Uno de los detalles que más perturbó a la audiencia es que cuando registraron la vivienda del acusado también encontraron el cuerpo de un pastor alemán congelado. Obara quería tanto a su mascota que al morir esta decidió preservar el cadáver.

Para el 24 de abril de 2007 fue condenado a cadena perpetua. No obstante, no fue condenado por la muerte de Lucie Blackman debido a falta de pruebas. Esta decisión fue apelada en 2008 y para el 16 de diciembre de ese mismo año, Obara fue encontrado culpable del secuestro, desmembramiento y disposición del cadáver de la joven estudiante.

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