23 de septiembre de 2020
|
Buscar
FIN DE SEMANA

El periodista Julio Merino relata en esta segunda entrega cómo se sirvió de una picante argucia para relajar una entrevista con el Rey Emérito

La anécdota de la publicación de las tetas de Sofía Loren y el encuentro con el Rey Juan Carlos

Sofía Loren en
Sofía Loren en "Era Lui sí si"
El periodista Julio Merino relata su segundo encuentro con el Rey Juan Carlos y cómo los pechos de Sofía Loren hicieron de bálsamo ante lo que se preveía un difícil encuentro por el error garrafal en un titular de portada de El Imparcial, periódico que dirigía Merino.

Hoy retomo de nuevo mis conversaciones con Juan Carlos de Borbón que ya he comenzado a escribir y a contar para elcierredigital.com. Volví a encontrarme con el Rey el día 28 de abril de 1979. Y lo hice de manos de Sabino Fernández Campo, a la sazón Secretario General de la Casa del Rey y el hombre que se había ganado la confianza plena de los Reyes.

Aquella entrevista fue motivada por la difícil situación que pasaba España. Se acababan de celebrar las segundas elecciones generales de la democracia y en realidad las primeras constitucionales, pues meses antes había entrado en vigor la Constitución de 1978. La Economía iba de mal en peor. El terrorismo aumentaba como una flecha (de los 12 atentados del año 1977 se había pasado a los 84 y de las 18 víctimas mortales a las 81, con más de 1.000 heridos graves). Lo que estaba creando un malestar general en las filas del ejército y de las Fuerzas de Seguridad del Estado (Guardia Civil y Policía Nacional). Y esos fueron los temas de los que hablé con Sabino Fernández Campo en la comida a la que me invitó en el restaurante “José Luis” del Bernabéu.

Sabino quería saber más sobre los “ruidos de sables” que sonaban en el Ejército y sabía que “El Imparcial”, el periódico que yo dirigía en esos momentos, tenía la mejor información militar de la prensa española. Al finalizar y después de darle un repaso a la situación estuvimos de acuerdo en que si no se frenaba el terrorismo y los conatos ya importantes de independencia de Cataluña y del País Vasco, “aquello” podía terminar como el rosario de la Aurora. En un momento dado, me dijo:

- Merino, ¿tú estarías dispuesto a decirle al Rey todo lo que me has contado a mí?

- Por supuesto que sí, querido Sabino. Creo que el Rey debe conocer a fondo lo que está pasando para tomar las cautelas necesarias.

- Bueno, pues te preparo una entrevista.

- Sí, pero con dos condiciones: Que no sea una audiencia de rutina y que no sea a las nueve de la mañana.

- Vale, te llamo y te lo confirmo. Al día siguiente me llamó y me citó en La Zarzuela para el sábado 28 de abril. Sin protocolos y a las doce de la mañana.

Juan Carlos I y Sabino Fernández Campo.

Pero, como dice el refrán, el hombre propone y Dios dispone, porque cuando ya estaba fijada la audiencia-entrevista con Su Majestad sucedió algo que pudo costarme la vida de un infarto. Curiosamente el día 26 se celebraba el Día del Discapacitado y ese mismo día el Rey acudía a la Escuela Superior del Ejército a imponer los fajines de general a los miembros de una nueva promoción y pasó algo terrible.

Por esos “duendes” de la imprenta famosos, en las páginas de “El Imparcial” del día siguiente hubo un trueque en las informaciones de los dos actos y las fotos que acompañaban las informaciones se publicaron cambiadas: La foto del Rey salía debajo del titular del entonces denominado como Día del Subnormal (afortunadamente cambido por Día del Discapacitado en 1992) y las fotos de los actos de ese día también salían con los títulos dedicados al Rey. ¡Tremendo! Porque Madrid, las radios, las televisiones y la clase política, estallaron y se produjo un verdadero terremoto, ya que algunos consideraron aquello como un atentado contra la figura del Rey.

Tanto que a las nueve de la mañana se presentaron en la sede del periódico unos cuantos jeeps de la Policía con órdenes tajantes de secuestrar la edición (al parecer, y según me confirmaría horas más tarde el propio Sabino, la orden había sido dada en directo por Adolfo Suárez, el Presidente del Gobierno). Pero, rápidamente se comprobó que no había sido ningún atentado ni nada intencionado, sino una simple cadena de errores en los distintos departamentos del periódico... redactores, administrativos, técnicos reunidos con urgencia juraron y acabaron llorando de rabia por el garrafal fallo.

La actriz Sofía Loren en la película 'Era luis...si, si' (1.951). 

Pero la cita se mantuvo y a las once y media ya estaba yo tomando un café con don Sabino y con el Marqués de Mondéjar, el Jefe de la Casa Real desde la proclamación de Don Juan Carlos. Y a las doce en punto me subió hasta la primera planta, donde de pie me esperaba el Rey. Sin embargo, y antes de entrar de lleno en la conversación que entablé con Su Majestad, no tengo más remedio que hacer referencia a la “pillería” que utilicé, como conocedor de todos los monarcas españoles de la Casa de Borbón para paliar los negativos efectos de “lo de los Discapacitados”. Porque sabido es que los Borbones y las Borbonas han tenido una “excesiva” inclinación por las mujeres y el sexo. Todos y todas tuvieron más de una mujer y más de un amante.

Sofía Loren en 'Matrimonio a la italiana' (1.964).

Y explico mi “pillería”. Aquella semana del mes de abril de 1976 “El Imparcial” estaba publicando un serial sobre la vida de Sofía Loren y por consejo del abogado del periódico no se habían publicado algunas fotos en las que la actriz italiana mostraba medio cuerpo al desnudo. Preocupado por el gran error de lo de los Discapacitados, y temeroso de que eso me restara libertad para hablar con el Rey con toda franqueza del problema militar, se me ocurrió publicar en la portada del periódico del día 27 una foto de Sofía con los pechos al descubierto, aunque cruzados por una raya ancha y negra que cubría los pezones. Foto que repetía en la página del capítulo de ese día sin rayas negras. Pues bien, en cuanto entré en el despacho de Su Majestad y se cerró la puerta, el Rey me dijo con una gran sonrisa:

- ¡Vaya tetas que has publicado hoy, Señor Merino!

- Pues sí, Majestad, ya sabe que hay que vender ejemplares para subsistir.

- Sí, pero las has dado “censuradas”.

- Bueno, Señor, es lo que obliga la Ley, pero dentro van sin censura.

- ¡No me digas, ahora mismo pido el periódico! (y sin más se dirigió a la puerta con la intención de reclamar el periódico).

– No hace falta, Señor, tengo aquí un ejemplar (y abrí mi maletín de ejecutivo, saqué el periódico y busqué la página donde se veían en grande, a seis columnas, los pechos de Sofía Loren). Entonces el Rey se sentó, me cogió el periódico y se recreó mirando la foto.

- ¡Qué barbaridad! ¡Qué tetas!

Y de las tetas y del cuerpo de la actriz italiana estuvimos hablando casi diez minutos. Pero, el Rey no pudo evitar una carcajada cuando le dije que el título del pie de foto que había puesto en un principio y que luego cambié era “¡LAS TETAS DE SOFIA!”.

- ¡Jo, macho! ¡Jo, macho! (esta exclamación la repetiría muchas veces durante la larga entrevista, como pude comprobar era como un tic del monarca, que decía “Jo” cuando quería decir “joder”). Lo que se va a reír “la Griega” (así se refería a la Reina). Naturalmente esa conversación y esos minutos distendieron el pesar que yo llevaba y hasta el perdón con el que entré en el despacho. Y ya en franca camaradería entramos en materia.

La bella actriz italiana en 'La sirena y el delfín'(1.957). 

- Señor –e inicié mis palabras- hace unos años usted me recordó “El error Berenguer” de Ortega y yo quiero recordarle hoy lo que le pasó a su abuelo (Don Alfonso XIII) cuando en 1923 España vivía una situación tan desastrosa como la de hoy.

- Ni hablar, querido Merino. La situación de hoy es totalmente distinta a la de ayer. Vivimos una Democracia plena y en el mundo de hoy ya no hay espacios para las Dictaduras militares.

- Señor, malo es pecar de pesimismo pero también lo es pecar de un optimismo excesivo. Como usted debe saber ahora mismo hay un grandísimo malestar entre los altos mandos del ejército. La terrible escalada del terrorismo y los incipientes amagos independentistas de Cataluña y el País Vasco tienen a los generales inquietos, pues aunque han aceptado de lleno la Constitución aprobada el año pasado ponen sobre la mesa el artículo 8, el que les obliga por mandato expreso mantener la Unidad de España y defenderla de los enemigos externos o internos.

- Sí, Señor Merino, pero es que aquí y ahora la Unidad de España no está ni mucho menos en peligro.

- Majestad, pero ellos consideran que sí, si no se ataja desde el principio los amagos de los nacionalistas por la independencia y además están que se suben por las paredes con el trato que el Gobierno Suárez les está dando a las víctimas del terrorismo. Señor, no entienden que los muertos, en su mayoría de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad del Estado, sean enterrados casi a escondidas.

El Rey Juan Carlos como Capitán General de los ejércitos.

- Mira, Merino, yo como Rey y como Jefe del Estado soy también Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas y sé y me consta que los militares españoles son fanáticos, como debe ser, de la disciplina.

- Majestad, eso lo sabemos  todos, pero ellos piensan que la disciplina no puede ser un dogma de fe cuando está en peligro la Unidad de la Patria y antecedentes hay en la historia reciente.

- ¡”Aquello” a lo que tú te refieres fue totalmente distinto.

- Pues, Majestad, eso habría que explicárselo mejor que lo hizo Adolfo Suárez cuando la famosa reunión del 3 de septiembre del 1976 en la Presidencia del Gobierno. Usted sabe muy bien que aquel día Suárez, reunido con la Cúpula de todas las Fuerzas Armadas, se comprometió a no legalizar al Partido Comunista mientras él fuera Presidente del Gobierno... y ya sabe lo que pasó. “Aquello” no se lo perdonaron los generales a Suárez y siguen sin perdonárselo, porque –según ellos- el que les engaña una vez puede engañarles cientos. Y además está lo del “Guti” (me refería a don Manuel Gutiérrez Mellado, a la sazón Vicepresidente Primero de Gobierno y Ministro de Defensa).

- ¿Y qué pasa con el “Guti”?

- Señor, ¡qué lo odian!. Le consideran un traidor y están totalmente en contra de las Reformas que está haciendo en el ejército y con sus modos y maneras. Muchos le comparan con el Azaña de la “trituración” del ejército. Le recuerdo “El caso Atarés” de Cartagena.

- Vamos a ver, vamos a ver, querido Merino. Es verdad, y así se lo hice saber al propio Suárez en su momento, que en aquella reunión de la Presidencia Suárez fue más lejos de lo que debió ir e incluso le sugerí antes de la legalización del PC que volviera a reunirse con ellos para justificar su cambio de política. Pero, como sabes, la función del Rey, según la Constitución, artículo 56, no le permite ir más allá de lo que expresamente aprobaron las Cortes y el Pueblo español. En cuanto a lo del “Guti” creo que no tienen razón. El General Gutiérrez Mellado es un excelente militar que está entregado a España desde su juventud y que en estos momentos sólo desea readaptar las Fuerzas Armadas a la Democracia que vivimos.

- Pues, Señor, a pesar de todo yo le digo, por la información que tengo, que en el Ejército hay un gran malestar.

- No pasará nada. Te aseguro que todo está controlado y que de esta difícil situación también saldremos en paz y en libertad.

- Esperemos que así sea, Majestad, por bien de todos y más que por nadie por España. - ¿Y qué me dices de la República? ¿Hay republicanos en los altos mandos y en el ejército de hoy? –preguntó el Rey cambiando de tercio.

- Pues... si le digo la verdad yo creo que entre los generales no, pues casi todos ellos tienen una imagen desastrosa de la República y aunque no todos sean monárquicos, están hoy con la Monarquía. Otra cosa sucede en los mandos intermedios, como sucede tal vez en el campo civil. Los más jóvenes, los que nacieron después de la Guerra e incluso mucho después ya no le tienen miedo a la palabra República. No sé qué pasará en el futuro, pero sí se oyen ya muchas voces que piden un Referéndum para elegir la forma de Estado.

Juan_Carlos_y_Gutierrez_Mellado

El rey emérito Juan Carlos I y Julio Merino

(En esos momentos, cuando ya eran casi la dos de la tarde, sonó el teléfono que tenía sobre su mesa y el Rey se levantó para atender la llamada).

- Era el pesado de mi cuñado (se refería a Constantino de Grecia, el hermano de su Majestad la Reina), quiere que juguemos un poco al tenis antes de comer. Que espere. Y la conversación duró casi otra media hora más. Porque aquella mañana el Rey estaba muy hablador y hasta dicharachero. Cosa rara en él. En un momento dado el Rey se levantó y me estrechó la mano, y ya cuando nos dirigíamos a la puerta de salida, de pie, se volvió hacia mí y me dijo:

- Pues, ¿sabes lo que te digo?, querido Merino, que si las cosas ocurren como tu temes a mí... ¡¡Plim, Plim, Plim!!... porque yo cojo el primer avión y me marcho con mi familia fuera de España. (Y mientras decía sus tres “plim” se dio otros tantos golpes en el pecho con el dedo corazón)

- Señor, -le respondí yo a bote pronto y sin pensarlo- eso no sería de extrañar, pues en su familia hay antecedentes.

- ¡Cómo! ¿A qué antecedentes te refieres?

- Señor, usted debe saber que su bisabuela o tatarabuela Isabel II se marchó al exilio, incluso sin maletas, en cuanto supo que una parte del ejército se había sublevado en Cádiz... y usted sabe que su abuelo, don Alfonso XIII, se marchó de España “antes de que se pusiera el sol” e incluso dejando atrás a su familia sin saber lo que les podía pasar aquella noche revolucionaria del 14 de abril de 1931.

- ¡¡Jo, macho, tú disparas con balas!!.

- No, Majestad, yo le recuerdo la Historia.

Y ahí terminó aquella entrevista. Pero, aquella noche me invitó a una copa Sabino Fernández Campo para decirme que al Rey le había encantado mi sinceridad y que acordase conmigo otras entrevistas.

Volví a verle la noche de San Juan, el 24 de junio, de ese mismo año, en el cóctel que ofreció en el Palacio de Oriente a todas las fuerzas vivas, incluida la prensa, con motivo de la celebración de su santo. Eso sí, al pasar por el corrillo donde yo estaba me saludó con gran afecto.

Después, justo cinco días después de San Juan, el 29 de junio, cesé como Director de “El Imparcial” y ya no volví, ni he vuelto a verle ni a hablar con él. Aunque tuve una relación indirecta a través de don Sabino en tres ocasiones: Cuando dimitió Adolfo Suárez como Presidente, tras el golpe del “23F” y en 1983 cuando le envié el libro que escribí con Santiago Segura titulado “Jaque al Rey”.

En las tres ocasiones Sabino Fernández Campo me dijo las mismas palabras:

- Merino, me ha dicho el Rey que te diga “que tenías razón”.

De todo aquello han pasado ya muchos años y don Juan Carlos ya no es Rey de España y está jubilado, como yo.

COMPARTIR: