21 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA

La Guardia Civil necesita pruebas contundentes no solo basadas en restos biológicos y en declaraciones inconsistentes del novio de su amiga Celia

Las claves del asesinato de Miriam Vallejo: El precedente del crimen de Almonte puede invalidar la prueba de ADN contra Sergio Sáez

Sergio Sáez, presunto autor del asesinato de Miriam Vallejo
Sergio Sáez, presunto autor del asesinato de Miriam Vallejo
La prueba de ADN será fundamental para la resolución del crimen de Meco. Por un lado, el ADN indirecto que pudiera existir en la ropa requisada al presunto asesino de Miriam Vallejo, Sergio Saéz. Por otro lado, los restos biológicos hallados en las uñas de Mimi al intentar defenderse del ataque y que, en principio, corresponden con Sergio Sáez Medina. Pero el precedente del caso del crimen de Almonte puede servir para que la defensa del acusado consiga invalidar la prueba del ADN de la ropa.

La defensa del detenido por el brutal crimen de la joven Miram Vallejo, Sergio Sáez Medina, intentará invalidar la prueba de ADN de la ropa que la Guardia Civil requisó en su domicilio tras el arresto del sospechoso por matar a la chica toledana en las inmediaciones de la localidad madrileña de Meco.

Los investigadores cogieron esta ropa (la que llevaba Sergio el día en que murió Miriam) para comprobar, aunque analizada meses después de que se cometiera el crimen y probablemente lavada, la posibilidad de aun quedaran restos biológicos de la víctima. Los agentes confiscaron las prendas del presunto asesino ante la sospecha de que podría haber todavía algún resto de sangre determinante en ellas.

Expertos criminólogos señalan a elcierredigital.com que la probabilidad de que la defensa del acusado logre anular el valor de esta prueba es alta, por el precedente que ha supuesto en el caso del crimen de Almonte, donde la prueba de ADN se descartó. Y es que, en ambos casos el argumento principal es que la ropa del acusado se mezcló con la de la víctima en la lavadora. Y que ambos vivían juntos.

Así lo sostiene la defensa de Sergio Sáez, asegurando que en la casa donde vivía Miriam Vallejo también era compartida por este joven de 29 años y con quien fuera su novia, Celia, la gran amiga de Mimi y pieza fundamental en el sospechoso triángulo.

Los tres convivieron durante tres meses en la localidad de Villanueva de la Torre (Guadalajara) y hacían la colada de manera colectiva, así como el resto de las labores de la casa. Por ello, la defensa argumenta que si aparecen restos de ADN de la víctima en la ropa de Sergio sería lo más lógico.

En este sentido, el precedente del doble crimen de Almonte (Huelva) será fundamental para la defensa, si no para invalidar la prueba de manera absoluta, por lo menos para sembrar la duda sobre si es válida a la hora de determinar la culpabilidad del detenido. En cualquier caso, el ADN vital y fundamental para esclarecer este caso puede ser el encontrado en las uñas de Miriam tras defenderse de su asesino y no el de su ropa.

Hay que recordar que el doble crimen de Almonte se produjo el sábado 27 de abril de 2013. cuando Miguel Ángel de 39 años y María, de 8 años, estaban en sus casa. Padre e hija se disponían a salir juntos a cenar una pizza. El padre se metió en la ducha y la niña se quedó esperando en el salón, seguramente viendo la televisión. Ambos vivían junto a Marianela Olmedo, esposa y madre, en una vivienda unifamiliar a la que se accedía por 21 escalones. La madre no se encontraba en la casa. Todo apuntó a Francisco Javier Medina, que desde hacía un tiempo mantenía una relación sentimental con ella. El ADN encontrado coincidió con él, pero la prueba no sirvió. Estaba viciada. 

Contradicciones en sus declaraciones

Además, Sergio Saéz llegó a declarar hasta en cuatro veces ante las autoridades policiales. Todo en medio de una investigación secreta por esclarecer el crimen ocurrido en Meco. De las cuatro veces que fue, solo colaboró en tres, un comportamiento que hizo sospechar de él a los agentes encargados de la investigación.

La Guardia Civil le detuvo el pasado 13 de agosto en la casa de sus padres en Azuqueca de Henares (Guadalajara). Allí registraron la vivienda y se incautaron de un machete militar que el detenido solía utilizar para la pesca, uno de los pasatiempos que más le gustan practicar en su tiempo libre.

El arma perteneció a su abuelo que, tras su fallecimiento, pasó al padre de Sergio que luego se lo regaló. El análisis de esta arma también puede ser vital para la resolución del caso, por las esquirlas encontradas de arma blanca en el cuerpo de Miriam.

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Miriam Vallejo recibió hasta 24 puñaladas en su cuerpo.

Se trata de la misma arma que los investigadores hallaron en el primer registro realizado durante la noche del asesinato de Mimi en la vivienda de Villanueva de la Torre. Un registro que llevaron a cabo porque, tanto Celia como Sergio, accedieron de forma voluntaria a ello. Pero en ese momento la Guardia Civil no incautó sorpresivamente el machete debido a que "el crimen acababa de ocurrir y no sabían muy bien qué es lo que estaban buscando", justificaron así esta decisión inaudita.

Sí que lo hicieron en el último registro practicado, donde también se incautaron del material informático que se sigue analizando junto con la ropa del detenido y el machete. Entre ese material se encuentra la ya famosa play station de Sergio Saéz, sobre la que se basa su hasta ahora perfecta coartada.

El que fuera novio de la mejor amiga de Mimi, Celia, sostiene que durante los momentos en los que se produjo el asesinato él se encontraba jugando a la play station de manera online, además de estar hablando por teléfono con su hermano. Pero los investigadores descubrieron que, durante un período de diez minutos, aunque la consola estaba conectada, el perfil de jugador de Sergio estuvo inactivo, un plazo que creen suficiente para cometer el asesinato, además coincidiendo con las horas de la muerte de Miriam.

Se negó a declarar ante la Guardia Civil

Después negarse a declarar ante la Guardia Civil tras su detención, Sergio pasó a disposición judicial. En cambio, a la jueza instructora del caso sí que explicó que él no había tenido nada que ver con el asesinato, alegando que las heridas de las manos, la cara y el brazo que se le vieron días posteriores al crimen tenían que ver con su trabajo (es técnico de mantenimiento en una empresa de pilas).

Sin embargo, el abogado de la familia de Mimi, Vicente Sánchez, no cree convincente la justificación que dio para las heridas de la cara. Del mismo modo, Sergio mantuvo su inocencia a través de su coartada y aseguró que se enteró del asesinato cuando Celia regresó del gimnasio. Tras preocuparse por su amiga, vieron a la Guardia Civil en el descampado donde fue hallada muerta finalmente Miriam.

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Miriam junto a su amiga Celia

Tras el crimen, Saéz regresó sorpresivamente  a vivir con sus padres. Fue justo después de los trágicos hechos, ya que había parece ser que en ese periodo también habría roto con su pareja Celia, aunque hasta el día de hoy se han seguido viendo. La línea de investigación ha arrojado luz sobre la supuesta relación de compañeros de piso que compartían acusado y víctima.

Las investigaciones han confirmado que entre Sergio y Miriam no se mantenía una buena relación y que el mismo día del crimen se produjo una fuerte discusión entre ellos, mientras Celia se encontraba en el gimnasio.

Celia y Miriam compartían pasión por los animales

Los tres: Celia, su novio y Miriam, vivían desde octubre de 2018 en el chalé de Villanueva de la Torre (Guadalajara), donde convivían con sus perros, dos de Mimi, uno de Celia y otro de un tercer amigo al que cuidaban entre las dos.

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Miriam  era una amante de los animales

La pasión por los animales es algo que compartían las dos amigas, algo que queda patente en sus redes sociales donde muchas de sus publicaciones están relacionadas con perros. “Creando un mini zoo, enamorada de mis bichitos”, tiene como lema Celia, quien es también profesora de equitación.

Miriam era conocida como una persona solidaria. Estuvo durante ocho años como voluntaria en Protección Civil en el municipio de Villalbilla, aunque estaba empadronada en la localidad de Alovera, donde viven sus padres, a unos seis kilómetros de su lugar de residencia.

Ahora las incógnitas sobre su brutal asesinato perduran y la Guardia Civil busca pruebas concluyentes que cierren de una vez este secreto de sumario judicial que les trae de cabeza.

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