27 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

Mediante la adquisición de empresas con problemas económicos el clan reconstruyó su imperio aunque pronto volverían los problemas judiciales

La verdad de Ruiz Mateos (IX): Así construyeron Nueva Rumasa los hijos del empresario jerezano

José María Ruiz Mateos ante un cartel de Nueva Rumasa.
José María Ruiz Mateos ante un cartel de Nueva Rumasa.
Tras los años posteriores a la expropiación de Rumasa se produjo el relevo generacional en el clan familiar. Los hijos de José María Ruiz Mateos levantaron Nueva Rumasa mediante la compra de empresas con problemas económicos. Sin embargo, su peculiar forma de entender los negocios mediante la ingeniería fiscal y la emisión de pagarés les pasarían factura y la familia acabaría de nuevo en los tribunales.

Todo se comenzó a fraguar en la primera penitencia del cabeza de familia en la prisión alemana de Frankfurt, en 1984 (éste fue el principio de un rosario de prisiones, hasta 12 penales). Allí, en Alemania, en una misiva escrita entre rejas, Ruiz Mateos animaba a sus hijos a levantar un nuevo holding. Y comenzaron y lo hicieron a partir del negocio del vino, como había hecho en su día el abuelo, don Zoilo, que llegó a ser alcalde de Rota (Cádiz), y en cuyo honor Ruiz Mateos abrió en febrero de 2005 un Museo Histórico en esta localidad y a quien quería beatificar al coste que fuera. Para ello, inició los trámites necesarios aportando al obispo de Jerez, monseñor Juan del Rio, testimonios de su caridad y “milagros”, como también lo hizo con el arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela. A pesar de sus problemas con la Obra de Escrivá de Balaguer durante la expropiación de Rumasa, los Ruiz Mateos siguen perteneciendo al Opus Dei.

Pero para arrancarles a los hijos del empresario jerezano cómo comenzó todo y cómo se desarrolló la historia de esta segunda etapa, había que sacarles las palabras con sacacorchos. Estaban quemados de su etapa anterior, de lo que sufrieron y soportaron. Por eso, de las cifras, ni hablaron. Argumentaron que, tras la expropiación, no les cabía más estrategia de comunicación que el silencio y la prudencia. Sólo confirmaron que eran propietarios de alguna nueva empresa cuando la noticia trascendía por alguna razón ajena a sus deseos. Si no es así, callaban. Ora et labora. «La otra vez, por la boca murió el pez», acudía al refrán Rocío Ruiz Mateos, la encargada mediática de la familia.

Volviendo a empezar

En este viaje los Ruiz Mateos no tenían una gran sede empresarial, como la tuvieron con Rumasa en las famosas Torres Jerez que todavía coronan la madrileña Plaza de Colón. Lo que sí que mantuvieron fue el anagrama de la abeja, que presidía las fachadas de más del centenar de empresas entre gestionadas y adquiridas. Sus adquisiciones eran múltiples y diversas. Lo principal de la familia era comprar. Se convirtieron en especialistas en el reflote de empresas en apuros. La Nueva Rumasa parecía tener vocación negociante de séptimo de caballería. Cada ejercicio cerraba con una media de más de 10 incorporaciones al nuevo grupo. Negocios que iban desde la compra de una bodega en el Penedés (Cavas Hill), que se dice que adquirieron por unos cinco millones de euros, hasta la venta de Caves Montesquius (vendida por 9,7 millones). Fue en 1997 cuando los Ruiz Mateos volvieron a la zona catalana del cava después de haber sido desposeídos de Freixenet (una de las grandes firmas expropiadas), marca que fue a parar a manos del empresario Josep Ferrer i Sala, patriarca de otra importante saga familiar, que por tan sólo 350.000 pesetas se quedó con la bodega cuando su valor era por entonces de 15.000 millones

Pero el lanzamiento familiar, su Renacimiento -nombre que lleva también el brandy más caro del mundo que lanzaron en la Navidad de 2004 al mercado, al precio de 240 euros la botella-, fue anterior a su incursión en el negocio del cava y se asentó sobre sectores tan diversos como las viñas (con las empresas Sandeman y Grupo Garvey, sociedad que les perteneció y recompraron en 1996, cuando la firma jerezana pasaba por una profunda crisis); el negocio de los huevos (con Dhul y las granjas vallisoletanas Hibramer); los chocolates (Trapa y Elgorriaga); los helados (Flash y Neiss); los dulces y turrones (Imperial); los caramelos (los riojanos de Aldusa); las cervezas (la asturiana Águila Negra); los azulejos (Trevi); las industrias conserveras (Hijos de Nieto Sáinz); las fábricas de muebles (Claucama); las aseguradoras (Unión Condal e Iberia); sociedades inmobiliarias (Que te pego Leche y Velázquez); o medios de comunicación como la emisora Radio Libertad, por citar algunos de los más diversos campos sectoriales. También las hubo referidas al sector hotelero (Hotasa, con hoteles por toda la geografía española), al negocio de la confección de camisas a medida (Jarrater), a los servicios de pedagogía y ocio para niños (Todo Niños), etc.

Los vinos de los Ruiz Mateos

Y, sobre todo, siempre al lado de los Ruiz Mateos, no podía faltar el vino, hasta siete denominaciones de origen (Rioja, Toro, Ribera del Duero, Rueda, Penedés, Oporto, La Mancha). Así, en La Rioja poseían las bodegas Campo Burgo y Marques de Campo Nuble; en Toro, las de Valdeví y Marqués de Olivara; en Oporto, la bodega Dlava; en el Penedés, Cavas y Vinos Hill. Y en Argentina tuvieron las bodegas Graffigna. Por eso, para que todo funcionara dentro de un mismo engranaje, Nueva Rumasa adquirió en el 2004 la distribuidora de vinos y licores Los Conejos, la primera empresa de este sector en España, con un fuerte poder de venta en la hostelería y restauración y con unos ingresos de más de 65 millones de euros.

Ingeniería financiera

Y para introducirse en todos ellos, Zoilo y sus hermanos, que como buenos economistas y consultores manejaban muy bien la llamada ingeniería financiera, crearon una multitud de empresas instrumentales, donde figuran los llamados testaferros, como Ardevins, Inversiones Ruiz- Mateos, Berlax, Ferre, etc.., así hasta un sinfín de pequeñas empresas a las que salvaron de la suspensión de pagos.

Zoilo Ruiz Mateos. 

Y aunque el negocio inmobiliario no es lo que más les preocupaba, sí que se  introdujeron en la especulación del ladrillo para aprovechar el boom inmobiliario que vivía España. Primero de la mano de la quebrada Jotsa, antes propiedad de la familia García Obregón, de la que consiguieron su cartera de clientes y, más tarde, constituyendo la empresa constructora Velázquez Internacional, con la que pretendían llegar a ser lo que en su día fue la constructora Hispano Alemana para la vieja Rumasa. Sin embargo, esta compañía arrastró serios problemas que obligaron a los Ruiz Mateos a esconderse detrás de supuestos testaferros. Hay que significar que en la calle Velázquez, de Madrid, se encontraba también la sede del partido político “Agrupación Ruiz Mateos”.

Pero no todo el monte es oro, y los hijos de Ruiz Mateos mantenían un lastre empresarial debido al no saneamiento de las empresas de la Fundación General Mediterránea, un grupo de cien empresas ligadas a la obra del Opus Dei, que José María Ruiz Mateos debería haber "saneado o liquidado ordenadamente" por orden directa de la Obra que creó el santo José María Escrivá de Balaguer. Los miles de personas que en su día confiaron en él sus ahorros, luego le denunciaron ante los Tribunales de Justicia por apropiación indebida y constituyeron la “Asociación de Damnificados de Ruiz-Mateos”.

Estos avatares judiciales y extraempresariales hicieron que la familia jerezana se uniera más y que esa idea de unión familiar, de clan, de la que siempre hablaban y hablaban, la trasladaran a sus negocios. Es lo que, en términos empresariales, se suele denominar sinergias: huevos vallisoletanos de Hibramer viajaban a Granada para hacer flanes Dhul; y el brandy Espléndido de Garvey se utilizaba para relleno en chocolates Trapa. La unión hace la fuerza. Hasta que se rompió. 

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