10 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

El comisario Ángel Galán organiza un curso para enseñar a profesionales, investigadores y periodistas como abordar estos dramáticos y extraños casos

Desaparecidos, la deuda que tiene la sociedad española con 12.300 casos aún pendientes de resolución

Algunas de las desaparecidas en España en los últimos años.
Algunas de las desaparecidas en España en los últimos años.
Según el registro con datos actualizados, hay 12.300 desaparecidos en España. Muchos han dejado toda su vida atrás de manera voluntaria, sin avisar a familiares ni amigos, pero otros muchos desaparecieron de manera involuntaria. Actualmente las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado buscan a unos cuatro mil. Ahora, un curso organizado por un experto policial, Ángel Galán, pretende enseñar a periodistas y profesionales cómo tratar estas desapariciones.

La sociedad tiene una deuda por resolver con los 12.300 desaparecidos voluntarios e involuntarios recogidos en las estadísticas del Ministerio del Interior. Para llenar y comprender parte de esta deuda, a partir del 30 de mayo comenzará en Madrid el VI Curso de Investigación sobre Desaparecidos, de 25 horas de duración organizado por el conocido y prestigioso comisario jubilado Ángel Galán, actual responsable del Instituto de Probática e Investigación Criminal (IPIC).

El curso, único de esta clase en España, se realizará a través de cinco módulos, con 17 ponencias y cuatro mesas de debate de dos horas cada una, sobre casos reales, que se celebrarán entre el 30 de mayo y el 1 de junio de 2019 en el centro Abalar, de Madrid. Además, entre algunos casos singulares que se analizarán están los de Aurora Mancebo, Diana Quer, los hijos de José Bretón y Piedad Moya, algunos con resolución dramática. 

El comisario Ángel Galán. /Foto: icriminal.org

La Biblia de Aurora

Aurora Mancebo, de 24 años, fue vista por última vez en compañía de Edgar Mauriz, de 18 años el día 27 de febrero de 2004, en Tarragona. Días después, el 11 de marzo un vecino encontró la ropa de Aurora en un descampado. También apareció una Biblia que la joven había pedido prestada a sus padres días antes.

Edgar Mauriz fue detenido en abril de 2005 y acusado de homicidio. El arresto fue posible tras la declaración del otro imputado, Juan José Rico Castaño, quien manifestó que Edgar le había contado que Aurora murió de repente y la había enterrado en una finca de El Morell. El sospechoso principal estuvo en prisión preventiva hasta el 2 de julio de 2005. Las prendas de la joven, sin signos de violencia, habían sido lavadas y estaban perfectamente dobladas en el suelo en un lugar que había sido rastreado intensamente en las horas siguientes a la desaparición, por lo que se supone que el presunto asesino las dejó allí con posterioridad.

Además de limpia, la ropa estaba completamente seca a pesar de las intensas lluvias caídas en la zona los días anteriores. Junto a las prendas apareció un pañuelo en cuyo interior estaban los pendientes de la mujer y una Biblia que Aurora siempre llevaba consigo. El ejemplar tenía algunas páginas rotas y otras arañadas.

La Policía sometió toda la ropa a un análisis científico en profundidad, descubriendo restos de sangre en el abrigo y en el interior de los botines. Los investigadores descubrieron también lo que parecían ser huellas en varias direcciones de los pies descalzos de Aurora Mancebo, todo en el mismo sitio, pero no encontraron rastro del cuerpo.

El 24 de abril de 2005 el caso dio un giro. La Policía detuvo a Edgar y Juan José. Y anunció que habían encontrado pruebas determinantes de su vinculación con el caso tras inspeccionar sus vehículos. Juan José quedó en libertad a las pocas horas, pero Edgar ingresó en prisión provisional acusado de un supuesto delito de homicidio. Esta persona había sido identificada por testigos como el acompañante de Aurora Mancebo en un local de ocio del Puerto Deportivo de Tarragona la noche de su desaparición.

El detenido, con un historial médico que reflejaba haber necesitado ayuda psicológica años antes por consumo de drogas, lo negó todo, aunque admitió haber conocido a la chica cuatro días antes de la desaparición y no haber vuelto nunca a saber de ella. No obstante, su coartada se desmoronó por las versiones de testigos que aseguraron haber visto a la pareja “acaramelada” en el Puerto Deportivo, y por las cuatro llamadas efectuadas desde el teléfono de Edgar al de Aurora el día de autos.

La desaparecida Aurora Mancebo.

Poco después se filtró a la prensa el contenido de las declaraciones ante el juez de Juan José, en libertad con cargos. Dijo que había trabajado con Edgar en un restaurante de Tarragona, y que éste le confesó que la noche de autos había estado con Aurora Mancebo en el puerto, para dirigirse después a un lugar solitario entre los barrios de Camplar y Bonavista.

Según el relato de Edgar a su compañero, cuando estaban manteniendo relaciones sexuales en el interior del coche, la joven perdió el conocimiento y poco después falleció. Entonces, aterrado, trasladó el cadáver hasta una finca de El Morell y lo enterró. Días después, llevó la ropa al lugar donde finalmente aparecería, para despistar a los investigadores. Juan José ofreció a los investigadores datos precisos del lugar donde había aparecido la ropa, aunque nunca había estado allí.

La Policía empleó excavadoras para remover el terreno de la finca donde, supuestamente, Edgar había enterrado a Aurora Mancebo, en un terreno propiedad de la familia de este hombre, pero el cadáver no estaba allí. La familia de Aurora cree que alguien trasladó el cuerpo a otro lugar antes de la llegada de la Policía.

Tras dos meses y medio en prisión, Edgar fue puesto en libertad bajo fianza. El cuerpo de Aurora todavía a día de hoy no ha sido encontrado.

El asesino de Piedad fue condenado

El caso de Piedad Moya sí tiene culpable, Mohamed T. fue condenado a 15 años de prisión, porque el 4 de abril de 2014 mató e hizo desaparecer el cuerpo de la mujer, de quien se acababa de separar. Cinco años después, el cadáver aún no ha aparecido y el hombre recurrió la condena impuesta por la Audiencia de Barcelona, primero, y luego por el Tribunal Superior de Justicia, que ratificó esta condena.

La condena se basó en indicios y demostraron que Mohamed T. citó en su casa a su exmujer, donde "premeditadamente" la mató y, días más tarde, se desplazó hasta la localidad de Dosrius (Maresme), donde poseía una finca, para deshacerse del cadáver. El acusado y su exmujer estuvieron casados durante 20 años y tuvieron dos hijas, que en el momento de la muerte de su madre eran menores de edad.

Piedad Moya, asesinada por su exmarido.

En 2014, la víctima decidió separase y durante los tres meses previos a su muerte el acusado se dedicó a "acosarla", según la sentencia, con el propósito de continuar con su relación, según relataron los familiares de la víctima que testificaron. El jurado consideró probado que Mohamed T. mató a una mujer "de una forma violenta", de la que no se han podido conocer los detalles porque en los siguientes días "hizo desaparecer su cuerpo y limpió el escenario del delito".

En otros casos también muy singulares y mediáticos, como la desaparición de Diana Quer y los hijos de José Bretón, las realidades fueron muy diferentes. En el caso de Quer, el cuerpo fue encontrado después de que José Enrique Abuín, alias el Chicle, confesara donde se encontraba el cuerpo

Y en el caso de Bretón, éste sigue negando haber asesinado y quemado los cuerpos de sus hijos en una finca de su propiedad en Córdoba. Pero en ambos casos, las búsquedas de los desaparecidos se llevaron y trataron de diferente forma y en este curso se pretende explicar el por qué.

Entre Hellín y Pozohondo se gestó la tragedia

Otras desapariciones son igual de inquietantes, aunque quizá menos mediáticas por caprichos del destino. Estas han recibido menos atención de los medios de comunicación, como el caso de Mari Cielo Cañavate, ocurrido cerca de la localidad albaceteña Hellín.

Entre los municipios manchegos de Pozohondo y Hellín se gestó la tragedia de Mari Cielo, un 10 de octubre del año 2007. Aquel día, Mari Cielo Cañavate Valverde, de 36 años, dejó a uno de sus dos hijos pequeños en el colegio y después aparcó el coche cerca de su casa.

Por entonces, Mari Cielo mantenía una relación sentimental con un cerrajero de Pozohondo, un hombre casado de 56 años de edad llamado Francisco Ramírez Gascón. Una relación que se había iniciado el año 2004 y que había evolucionado hasta el punto de que Mari Cielo había exigido a Francisco que dejara a su mujer para irse con ella. También Mari Cielo debía a Francisco una importante cantidad de dinero que no le devolvía, aunque debía tener dinero porque había conseguido varios préstamos de bancos.

Después de dejar al niño en el colegio, Mari Cielo desapareció y la policía nacional de Hellín, tras unos meses de investigación, dejó el caso en manos de la Unidad de Desaparecidos de Madrid. Pero en junio de 2008 la investigación pasó a la Unidad de Homicidios. Durante todos estos años se produjeron varias concentraciones y protestas silenciosas por parte de los ciudadanos de Hellín y Tobarra ante la falta de resultados.

Mari Cielo Cañavate.

El 10 de octubre de 2009, la familia de la desaparecida ofreció una recompensa de 50.000 euros a cambio de una pista fiable sobre su desaparición. Justo cuatro días después se produjo la detención de Francisco Ramírez Gascón por la aparición de nuevos testigos y aunque se observaron indicios, se acordó su libertad provisional sin fianza, aunque se le retiró el pasaporte y debía presentarse cada lunes ante el Juzgado de Hellín.

Los dos testigos declararon haber visto a Mari Cielo en el coche junto a Francisco a las diez y media de la mañana. Francisco dijo que había recogido a un rumano que hacía autosptop y que era rubio.

El 30 de noviembre de 2011, un jurado popular consideró probado -por siete de sus nueve componentes- que Mari Cielo había muerto y que Francisco, el acusado, la había matado. Tras este veredicto, la sección segunda de la Audiencia Provincial de Albacete condenó a Francisco a quince años de prisión. El cuerpo jamás se encontró.

Carolina solo tenía 14 años

Con sólo 14 años, la barcelonesa Caroline del Valle Movilla desapareció durante la madrugada del sábado 14 de marzo de 2015, cuando salía de la Zona Hermética de Sabadell, un área de ocio. A las nueve y media de la noche de aquel día Caroline mandaba a su madre Isabel Movilla Olivera un mensaje en el que le decía que la quería. Desde entonces, no se ha vuelto a saber nada de la niña.

Caroline quedó con sus amigas para ir a una discoteca de Sabadell, el Bora Bora, pero no les dejaron entrar por ser menores de edad. La niña y sus amigos se instalaron en el descampado que está enfrente de la discoteca, haciendo botellón. Sus padres le habían dado permiso para que se quedara a dormir aquella noche en casa de su amiga Silvia, tal y como les había pedido Caroline por whatsapp, pero lo que las chicas planeaban era, en realidad, pasar toda la noche de marcha y no ir a dormir a casa de ninguna.

La policía autonómica catalana pasó por el lugar y la mayoría de los jóvenes huyeron a la carrera de la zona, pero Caroline se quedó sentada con una amiga en el escalón de entrada a una tienda. Después de irse la policía, sobre las seis menos cuarto de la mañana, Caroline estaba de nuevo con sus amigos, enfrente del Bora Bora, esperando a que saliera otra amiga que sí había entrado.

Pero tras presenciar una pelea, todos los jóvenes echaron a correr al ver que por segunda vez se acercaba una patrulla de los Mossos, temiendo que les pidieran la documentación. El caso es que, durante el tumulto, los amigos de Caroline la perdieron de vista y la estuvieron buscando durante una media hora, pero no la encontraron. Después se fueron a sus casas, sin avisar a nadie. Desde entonces no se la ha vuelto a ver. Lo último que se sabe de ella es que llamó por teléfono a una amiga a las seis y cinco de la mañana, no obteniendo respuesta.

La familia de Caroline del Valle.

A las ocho y media de la mañana el rastro de Caroline se encuentra en la barcelonesa Estación de Sants. Fue Justin, uno de los jóvenes con los que Caroline huyó del descampado -y que por su nombre podría ser de origen marroquí-, el último en ver a la niña y fue también el último en llegar a la estación, una de cuyas cámaras captó al joven vistiendo una ropa diferente a la que llevaba al principio de la noche, con una cazadora manchada de barro.

Justin fue el único sospechoso de su desaparición, ya que ambos estuvieron separados del resto del grupo durante un par de horas y el joven no supo explicar dónde había estado ese tiempo, pero los Mossos no pudieron acusarle por falta de pruebas. Solo tenían indicios.

Al ver que Caroline no llegaba a casa, los padres de la niña llamaron a su amiga Silvia. Pero les mintió, diciendo que se había quedado en su casa a dormir. A las dos de la madrugada de aquel día, los padres de Caroline, Isabel y Juan Vicente, fueron a la policía para poner la denuncia por la desaparición de su hija. Dos días más tarde, su amiga Silvia confesó que todas se habían ido de fiesta a Sabadell. El 14 de enero de 2016 se comunicó el levantamiento del secreto de sumario y las investigaciones de la policía hacían considerar la posibilidad de que se tratara de un homicidio. A día de hoy, Caroline no ha aparecido.

Nuevas Jornadas 

 Estas jornadas sobre desparecidos están destinadas a periodistas, investigadores, detectives, criminólogos y psicólogos, "sobre todo, para que sepan como hablar y actuar en estos casos", comenta el comisario Ángel Galán a elcierredigital.com. Contarán con la presencia ya confirmada de la psicóloga Ana Gutiérrez Saliegui, el abogado Gonzalo Galán, la forense judicial Sylvia Lladó, los investigadores Ángel Galán y Luis M. Muñoz Calvo, la detective Eva Grueso, el letrado Raúl Becerra y el periodista Carlos Berbell, director de Confilegal. Falta todavía por confirmar la presencia de Juan Carlos Quer, padre de Diana Quer.

Actualmente las diferentes policías españolas buscan activamente a unos cuatro mil desaparecidos. "Se trata de número muy grande y si pensamos que detrás de uno o de varios de estas desapariciones podría haber un homicidio, llegaríamos a la escalofriante conclusión de que en España hay entre diez mil y once mil presuntos asesinos sueltos", añade Galán.

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