06 de octubre de 2022
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FIN DE SEMANA

Los documentos del que pudo ser el mayor desastre atómico tras Hiroshima y Nagasaki se desclasificaron en España en 2020, y aún hoy quedan incógnitas

Palomares, aún sin descontaminarse: La historia de radiactividad en Almería tras 56 años del impacto de la bomba

/ Manuel Fraga en Palomares con el embajador americano.
Las amenazas del inicio de un ataque nuclear mundial por parte del Gobierno de Putin rescatan de la memoria el que podría haber sido uno de los mayores accidentes atómicos desde Hiroshima y Nagasaki: el de las bombas de Palomares. Después de 56 años, la localidad almeriense todavía espera que Estados Unidos limpie los terrenos contaminados. Sin embargo, las relaciones de España con la potencia ralentizan el proceso.

El conflicto en el que están sumidos Ucrania y Rusia avanza mientras el resto del mundo se mantiene en vilo ante las amenazas de un posible ataque nuclear. Resulta inevitable pensar en los posibles escenarios que podrían darse si estas advertencias se hicieran realidad en Occidente. En España, esta situación trae a la memoria uno de los accidentes atómicos que pudo haber significado una de las mayores catástrofes nucleares desde la de Hiroshima y Nagasaki: las bombas de Palomares, Almería.

En caso de estallar la guerra nuclear entre la OTAN y Rusia, uno de los misiles rusos estaría dirigido a la base militar naval de Rota, en Cádiz, por ser base permanente de la OTAN.

A pesar de que el suelo español no cuenta con almacenamiento de armas nucleares, sí que ha sufrido los efectos de la radioactividad propia de estos artefactos de guerra. En Palomares, Almería, convive gente con el mayor campo de radioactividad artificial del mundo. En plena Guerra Fría, Franco cedió el espacio aéreo a aviones militares estadounidenses y, como consecuencia, el 17 de enero de 1966 se produjo el desastre: dos aviones colisionaron, dos de ellos con cuatro bombas termonucleares. Tres cayeron en tierra y una en el mar, provocando que los elementos radioactivos de dos de ellas se diseminaran por el municipio. Estados Unidos se comprometió a hacerse cargo de cualquier consecuencia del desastre, según informan los papeles desclasificados que fueron publicados en el portal Datadista, la realidad no fue tan ideal como se plasmó sobre el papel.

Han pasado 56 años desde que Palomares se convirtió en el lugar que alberga kilos de los materiales radioactivos Plutonio PU-239 Y Uranio-235, y todavía hay 40 hectáreas contaminadas, según confirmó el Diario de Almería el pasado año. Esto es así debido a que los juicios para resolver el conflicto continúan vigentes, alargando el momento en el que Estados Unidos finalmente se comprometa a retirar las sustancias contaminadas que permanecen enterradas en el suelo de Palomares.

Zona de la caída de las bombas en Palomares.

Pese a que Ecologistas en Acción sigue luchando por conseguir limpiar el terreno contaminado (unos 50.000 metros cuadrados de tierra), los peligros de las sustancias no parecen ser suficientes comparados con la relación de España y Estados Unidos. Según informaba la directora general del Gabinete del Secretario de Asuntos Exteriores a la Audiencia Nacional en 2018, facilitar información sobre el Plan de Revisión de Palomares: “puede razonablemente dañar o poner en riesgo los intereses políticos, sociales, económicos y comerciales de España, y particularmente las relaciones diplomáticas con EEUU”.

Esto refuerza las preocupaciones que Estados Unidos tenía cuando sucedió el incidente (y que le llevaron a minimizarlo): que se crease un clima antiamericano y que no se pudiesen mantener sus acuerdos con España para mantener sus bases militares.

La desclasificación de los papeles del caso se consideraba vital. Por ello en enero de 2021 vieron finalmente la luz… de forma muy limitada. Solo se aportó en papel, bien custodiado para poder mantener la confidencialidad. Además, prohibía cualquier tipo de reproducción al respecto, como confirmó el portal Datadista.

La última información al respecto data de finales de 2021, cuando la Audiencia Nacional sentenció que el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) no es el que debe de encargarse de ordenar la limpieza. Ecologistas en Acción presentó un recurso, que fue admitido. Ahora queda esperar que estos juicios lleguen a su fin y Palomares se vea, al fin, liberado del terreno contaminado.

 

Un suceso que conmocionó al mundo

El origen de todo lo que ocurrió hay que buscarlo en los años de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Durante esos años, antes de 1966, el Comando Aéreo Estratégico de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos había estado constantemente volando con bombarderos las zonas situadas al borde del Telón de Acero dentro de la ‘Operación Cúpula de Chrome’.

Bomba rescatada del fondo del mar.

Era un operativo para dar al país americano las capacidades de ataque y represalia ante un ataque nuclear de los rusos. Al menos, una docena de B-52 patrullaban ese día 17 de enero de 1966 los cielos sobre el Atlántico europeo. Cada una de esas aeronaves portaba una carga activa de bombas de hidrógeno ubicadas en su vientre.

Alrededor de las 10:20 de la mañana de ese día, un B-52 comandado por el Capitán Charles Wendorf, tras volar sobre la frontera turco-soviética, buscó un reabastecimiento en el aire sobre la costa del sur de España, en el Mediterráneo.

El copiloto, el Mayor Larry Messinger, se encontraba en los controles mientras el bombardero maniobraba debajo de un KC-135 Stratotanker de abastecimiento. El B-52 entró demasiado fuerte y chocó con el KC-135 provocándose una gran explosión. Tanto el comandante Messinger como el Mayor  Wendorf, junto a otros dos hombres, lograron lanzarse en paracaídas antes de la explosión, pero otros tres tripulantes resultaron muertos. Los cuatro aviadores del KC-135 también perecieron después de que su aeronave se viera envuelta en llamas.

Los restos del B-52 y el KC-135 cayeron sobre Palomares, una comunidad agrícola costera de Almería cuyos 2.000 residentes eran conocidos por cultivar tomates. A pesar de los cuantiosos restos de metal quemado que cayeron nadie resultó herido dentro de la población, y los cuatro supervivientes estadounidenses que cayeron con paracaídas fueron rescatados y llevados a un hospital cercano.

Lo que los lugareños no sabían era que entre los escombros que caían, había cuatro armas termonucleares Mark 28. Se trataba de bombas de hidrógeno con un poder destructivo superior en un 70 por ciento al del dispositivo que cayó sobre la población japonesa de Hiroshima en la Segunda Guerra Mundial.

Una de las bombas se lanzó en un paracaídas al Mediterráneo, a pocas millas de la costa, mientras que las otras tres cayeron en la zona de Palomares. Pero ninguna de las bombas produjo una explosión nuclear, sin embargo sí que dos de los explosivos convencionales detonaron al impactar y dispersaron el polvo radiactivo de plutonio por el campo.

Como consecuencia, un grupo especial de militares estadounidenses descendió sobre Palomares para tratar de recuperar las bombas. En veinticuatro horas, los equipos de control de desastres habían recuperado y asegurado las bombas que cayeron en tierra, pero no se encontró la cuarta bomba en ninguna parte. Ni siquiera en los campos de tomate de Palomares, en una búsqueda desesperada.

En busca de la bomba perdida

A pesar de los primeros informes públicos que aseguraban que no se había perdido ningún dispositivo nuclear, el gobierno de Estados Unidos y el régimen del dictador Francisco Franco se mantuvieron firmes sobre las operaciones de búsqueda.

 

Finalmente, el 2 de marzo de 1966, sin ninguna señal sobre la bomba desaparecida, Estados Unidos admitió ante el mundo que estaba buscando una arma de hidrógeno en España. Las autoridades franquistas negaron con vehemencia las afirmaciones soviéticas de que el arma desaparecida amenazaba con contaminar el mar.

Una semana después del truco fotográfico que llevó al embajador de Estados Unidos en Madrid y a Manuel Fraga, entonces ministro de Información y Turismo, a bañarse en otra playa que no era la de Palomares para demostrar al mundo que no había peligro, el submarino Alvin finalmente localizó la cuarta bomba a varios metros de profundidad. Recuperarla resultó una tarea complicada. Un cable se rompió durante un intento de sacarla el 26 de marzo y a consecuencia de ello se perdió el rastro de la bomba. Fue el 2 de abril cuando el Alvin la encontró por segunda vez y pudo hacerse con ella.

Zona restringida en Palomares.

Finalmente, el 7 de abril de 1966, casi tres meses después del accidente, la bomba nuclear anegada fue recuperada con éxito desde las profundidades y llevada a bordo del buque de la Armada USS Petrel. A los periodistas se les permitió fotografiarlo al día siguiente. Según el New York Times, era la primera vez que el Ejército de los Estados Unidos mostraba un arma nuclear al público.

La contaminación nuclear en la zona

Las tropas estadounidenses llevaron a cabo una limpieza y retiraron unas 1.400 toneladas de tierra y vegetación contaminadas, pero aún quedaba el qué hacer con los residentes que habían estado potencialmente expuestos al polvo de plutonio cancerígeno.

Durante años, los Estados Unidos y España financiaron chequeos de salud anuales para los lugareños. Un estudio, publicado por el Gobierno de Francisco Franco, encontró que las tasas de cáncer de Palomares no eran diferentes a las de otra ciudad española de tamaño similar.

Sin embargo, muchos años después, en 2006, el Centro Español de Investigación Energética (CIEMAT) anunció el descubrimiento de caracoles radiactivos en la región. Otros exámenes arrojaron escombros contaminados y niveles de plutonio más altos de lo esperado en el suelo, y ciertas partes de la zona de Palomares permanecieron cercadas y cerradas a la construcción hasta el día de hoy.

En octubre de 2015, después de varios meses de negociaciones, el gobierno americano firmó una declaración de intenciones para ayudar a España a terminar el proceso de limpieza nuclear en la localidad almeriense de Palomares. Algo que, a día de hoy, sigue pendiente.

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