17 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA

Si tienes un problema de pareja, pero lo conoces, lo que realmente tienes es una decisión por tomar, asegura el abogado de familia Alberto G. Cebrián

Se cumplen 25 años del matrimonio entre Rocío Carrasco y Antonio David: Las infidelidades de un fracaso

Rocío Carrasco y Antonio David Flores el día de su boda.
Rocío Carrasco y Antonio David Flores el día de su boda.
¿Se trata de un aniversario a celebrar? No, todo lo contrario, se trata de una pareja y familia rota por dramas emocionales mal gestionados. Supuestas infidelidades silenciadas por la sociedad, pero conocidas y toleradas inicialmente por Rocío. Al parecer, ante las evidencias de infidelidad, Antonio David le decía que estaba loca, que no era verdad y la relación se fue deteriorando hasta que acabó de manera tormentosa.

Cada persona decide lo que quiere aguantar.  El infiel en muchos casos no ha valorado a su pareja, pero la pareja tampoco se ha valorado lo suficiente al optar por aguantar esa situación. La infidelidad es una falta de amor y confianza hacia nuestra pareja pero también puede ser una falta de amor propio de la persona que decide aguantar una infidelidad y mantener una relación que no quiere ni le hace feliz.

El infiel es responsable de romper la relación de confianza, pero quien aguanta una relación de infidelidad e infelicidad se hace cómplice de la misma.

Si tienes un problema de pareja, pero lo conoces, lo que tienes realmente es una decisión por tomar.

 Visión subjetiva de las relaciones de pareja

A continuación, vamos a analizar algunas cuestiones comunes del fracaso matrimonial de Rocío Carrasco y Antonio David Flores sin poner nombres ni etiquetas, para que cualquier lector pueda sacar sus propias conclusiones.

Nos atrevemos a despreciar aquello que ignoramos y nos agarramos a la versión que más favorable nos sea y buscamos la empatía, aprobación y apoyo de nuestro entorno.

En los divorcios, las partes se tienden a quejar desde su punto de vista en relación con aquello que hace el otro cónyuge. Al respecto existen varias cuestiones que nos deberíamos preguntar.

  • ¿Es que antes no lo hacía? ¿Qué es lo que ha cambiado?
  • ¿Nosotros no hemos hecho nada ni tenemos responsabilidad en la situación?
  • ¿Existe relación de causalidad entre acción y reacción mutua, recíproca, insufrible y agotadora?

Nos quejamos mucho de lo que hace mal nuestra pareja pero podemos afirmar perfectamente que nosotros hacemos cosas similares o incluso peores, pero claro, tendemos a justificarnos con respuestas inmaduras como:

  • La otra parte empezó primero.
  • Yo le he hecho una cosa grave, pero la otra parte me lo ha hecho a mí más veces o más grave.
  • Voy a hacer una cosa que está mal hasta que él o ella deje de hacer otra.

Rocío Carrasco en el programa que ha generado tanto debate.

Siempre tendremos algo que decir que refuerce nuestro argumento infantil y nos haga sentir mejor con nosotros mismos y hacia los demás. Culpa, reproches, injusticia… etc. Parece algo impuesto pero realmente, en la mayor parte de los casos, aguantarlo depende de nosotros y debemos de ser más conscientes de ello. Ya somos adultos y no podemos perder el tiempo con juegos de destrucción emocional.

Nuestros hijos están aprendiendo nuestros hábitos y estas situaciones van a más. Si seguimos en esta dirección puede entenderse como normal insultar y faltar el respeto a nuestra pareja y familia. Pueden normalizarse conductas que podrían calificarse de maltrato, pero que para la pareja pueden parecer permisibles y se pueden incluso desarrollar por ambos miembros de la pareja.

Estamos a tiempo si restablecemos nuestro nivel de sensibilidad y permisibilidad. Hay cosas que debemos entender que no se pueden permitir, pero en la práctica no consiste en poner frases “ejemplares” en las redes sociales o estados de whatsapp. Debemos de aplicarlo en primera persona y no criticar lo que hacen los demás pasándonos la vida esperando que las personas de nuestro alrededor cambien mientras nosotros seguimos haciendo cosas iguales o peores. Solo así comenzaremos a tener relaciones de personas que son capaces de entenderse al saber qué quieren y qué no quieren de verdad y poder gestionarlo de una manera educada, considerada, coherente y justa, sin victimización ni agresión sentimental.

Está generalizado dar consejos, pero no dar ejemplo.

Antonio David Flores y Rocío Carrasco.

Estamos normalizando la pérdida de respeto, podemos estar casados o divorciados y, en ninguno de los dos casos, se debe despreciar de ninguna manera a la otra parte con independencia de su actitud.

Cortar una relación insana solo depende de uno mismo, poner excusas para no tomar dicha decisión o culpabilizar de aquello que en su día hemos optado por aguantar, será engañarse. Lo peor, es no ser consciente de que criticar lo que hace nuestra pareja es criticarnos a nosotros mismos, ya que en su día decidimos iniciar la relación y día a día decidimos mantenerla.

Por mucho que consideremos que se equivoca nuestra pareja, que nos hace daño o que tiene un comportamiento injusto, siempre y cuando no supere el límite de los derechos básicos de la otra parte —como sucede con una agresión física o psicológica—, puede comportarse y hacer la vida que considere oportuna.

Es perfectamente legal ser infiel, mentir, tener malos hábitos o ser un mal ejemplo para los demás. Por desgracia, cada vez es más frecuente y normal en la sociedad y lo peor de todo es que existen también personas con tendencia a soportarlo, y es el primer paso que debemos de cambiar, aprender de las relaciones ajenas para no permitir agresiones sentimentales.

Evolución sentimental

Una persona puede comportarse y vivir de una manera totalmente diferente en función de su situación emocional y circunstancias. Las personas y relaciones realmente son muy parecidas en origen, pero la forma de construir y desarrollar las mismas pueden evolucionar de manera muy distinta.

Muchos matrimonios se conforman con una vida infeliz ya que están acostumbrados a ella y no conocen otra posibilidad, pues ni se imaginan lo maravilloso que puede ser el amor del bueno. Hay personas que piensan que su matrimonio a pesar de ser infeliz es lo normal por no haber sido feliz nunca.

Estamos evolucionando hacia una sociedad divorcista e inconformista, o más bien una sociedad que no propicia las relaciones de pareja plenas y satisfactorias que se perpetúen en el tiempo, llegando a un matrimonio contencioso con facilidad, provocando un elevado número de separaciones y divorcios traumáticos.

Normalmente quien está acostumbrado a una relación sentimental de calidad no soportará aquello que no le gusta, mientras que quien está acostumbrado a aguantar una relación sentimental insana, cuando encuentran a alguien que merece mínimamente la pena les parece un mundo nuevo. Cada persona tiene su propia idea de amor y su propia sensibilidad sentimental. No existe un examen de pareja en el que se apruebe o se suspenda por un buen o mal comportamiento. No son buenas las comparaciones de parejas, pero sin darnos cuenta tendemos a hacerlo y eso nos puede perjudicar.

Felicidad individual y compartida

Debemos, en primer lugar, ser felices nosotros mismos y después buscar la felicidad compartida con nuestra pareja: No es correcto el amor por necesidad, aguantar infidelidades por inseguridad, emparejarnos para intentar encontrar la felicidad en nuestra pareja.

Debemos de procurar estar felices dentro del espacio individual, el “yo”, y también el compartido y construido como “nosotros”, sin invadir ni agredir la felicidad individual de nuestra pareja.

Hay personas que esperan al matrimonio para empezar a ser felices y es un error, pues feliz hay que intentar serlo también cuando uno es soltero o antes de casarse pues al considerar que nuestra felicidad depende única y exclusivamente de nuestro matrimonio estaremos arriesgándonos a que cuando hipotéticamente pueda acabar este, nuestra vida entre en un drama inconsolable y en una depresión, pues hemos perdido la felicidad, que para nosotros dependía de nuestro matrimonio.

Además, no podemos esperar a que venga a nosotros la felicidad, pues tal vez nunca venga a vernos y seamos nosotros los que tengamos que conseguirla con independencia de nuestro estado sentimental, pues juntos o separados debemos intentar ser felices. Al matrimonio debemos acudir como personas independientes con capacidad individual para ser felices, pues de no ser tendremos dependencia sentimental y nos arriesgaremos a graves problemas para construir una feliz unión sentimental.

Cada relación nos debe hacer mejores personas con más experiencia y, en definitiva, con más capacidad y habilidad para desarrollar nuestra felicidad individual y compartida con cada una de las relaciones de nuestra vida.

Tenemos que distinguir la persona individual, la pareja y la familia, pues son tres cosas distintas y deben mantenerse y no anularse pues todo es compatible con una tendencia al equilibrio y la armonía. No debemos renunciar a ningún espacio de nuestra vida, solo hay que ir ajustándolos en cada momento y cualquier abuso injusto suele acabar en un desajuste que provoca infelicidad y vacíos que terminan en ruptura por no haber sabido mantener una vida equilibrada y completa, o lo que es peor en infelicidad.

Debemos de evolucionar de una manera sentimentalmente sana sin miedo y reforzando la comunicación y la relación de confianza que en definitiva es la base que permite que todas las esferas de nuestra vida sean compatibles.

El amor propio no debería ser una opción, debería ser una obligación de todas las personas que valoran la oportunidad que tienen de vivir y su capacidad de tomar decisiones que le hagan conseguir objetivos y superar obstáculos. Aprender a decir no es muy importante y cuando un matrimonio no funciona hay que saber terminarlo a tiempo. No podemos acostumbrarnos a un amor rutinario o a las migajas de complacencia que nos da un matrimonio infeliz.

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