20 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA

Más País pretende ocupar el espacio menguante de Unidas Podemos, que podría perder fuerza tras las próximas elecciones madrileñas

Errejón sueña con "sorpassar" a Iglesias tras el 4-M y cambiar el populismo por el capitalismo verde alemán

/ Errejón. Foto: RTVE.
Íñigo Errejón quiere vivir su momento político tras haberse quedado fuera de la foto de Podemos a inicios de 2017. El líder de Más País quiere que el 4M insufle fuerzas a su formación, en la lona tras la derrota de Carmena en mayo de 2019 y su fracaso en las generales de noviembre de ese mismo año.

Pablo Iglesias ha encarado la puerta del escenario político tras renunciar a la vicepresidencia del Gobierno y haber anunciado que no se presentará a liderar Podemos en Vistalegre IV. Y ese espacio morado menguante, por mucho que las encuestas valoren muy bien a Yolanda Díaz, podría fragmentarse.

Y previsiblemente lo harán gracias a la resurrección de Íñigo Errejón, que en la primavera de 2016 no consiguió lograr que Podemos no se 'fusionase' con Izquierda Unida y en febrero de 2017 se quedó fuera de la foto de los regeneracionistas tras caer en Vistalegre II.

Errejón en aquellos momentos compartía el discurso latinoamericano de Ernesto Laclau, filósofo que teorizó sobre el nacional-populismo chavista que el entonces número dos de Podemos intentaba implantar en España robándole el concepto de patria o de orden a la derecha.

Fase alemana

El actual diputado de Más País está hoy en otra fase: ya no mira a Latinoamérica, cuyas izquierdas se han replegado o socialdemocratizado. Y es que Errejón está más pendiente de adaptar el modelo de 'los Verdes' alemanes.

Esta formación, que sueña con convertirse en la primera fuerza del país teutón, ha abandonado la retórica propia de la II Guerra Mundial. Y es que estos progresistas, conscientes de que los obreros votan a lo que en España es el PSOE, prefieren hablar para los votantes neocomunistas: clases medias y funcionariales ilustradas.

Es por ello que Errejón, tan obsesionado con conseguir la hegemonía a través del discurso, plantea debates que difícil combate para la derecha: Más País apuesta por el Medio Ambiente, reducir las jornadas laborales a cuatro días para facilitar la conciliación o reforzar la Salud Mental en plena época de ansiedad y suicidios.

Errejón pretende liderar un núcleo irradiador, tal y como decía su famoso tuit, que acompañe a los 'convencidos' con otros votantes centristas atraídos por su discurso amable (hace tiempo que cambió tuits de Gramsci por 'OT', tal y como le recordó Jordi Évole).

Esa nueva izquierda es menos conflictiva que el neoleninismo de Unidas Podemos. Eso sí, Errejón sabe que su retórica amable puede contaminar el estanque comunista convirtiendo a Más País en un partido de la izquierda pop malasañera que, en vez de discutir la hegemonía capitalista, se convierta en una especie de PSOE con dirigentes más jóvenes y proclives del capitalismo verde.

Hegemonía

Errejón fracasó en las municipales y autonómicas de mayo de 2019 con Más Madrid (Carmena se quedó sin la alcaldía y su lista autonómica no sumó por la izquierda) y fracasó en las generales de noviembre de 2019 (Más País consiguió unos números discretos y no se convirtió en el árbitro entre PSOE y Unidas Podemos, que se unieron en Gobierno).

Errejón. Foto: RTVE. 

Es por ello que sabe que la 'última oportunidad' para Más Madrid puede ser conseguir un gran resultado de la mano de Mónica García, que según todas las encuestas superará a Pablo Iglesias. Este hecho, según desea Errejón, podría ser el inicio de la expansión estatal de Más País.

Para ello Errejón seguirá estudiando a Laclau, que según el diputado entendía la hegemonía como "la capacidad de un grupo de presentar su proyecto particular como encarnando el interés general (un particular que genera en torno a sí un universal), una relación contingente, siempre incompleta, contestada y temporal".

Y remataba: "No se trata sólo de liderazgo ni de mera alianza de fuerzas, sino de la construcción de un sentido nuevo que es más que la suma de las partes y que produce un orden moral, cultural y simbólico en el que los sectores subalternos e incluso los adversarios deben operar con los términos y sobre el terreno de quien detenta la hegemonía, convertida ya en sentido común que no puede quebrarse desde la absoluta exterioridad que condena a la irrelevancia".

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