07 de diciembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Analizamos los cinco procesos que ha habido en nuestro país al hilo de las palabras del actual Ministro de Justicia sobre la "crisis constituyente"

La historia de los procesos constituyentes en España: Cuatro guerras civiles y cuatro presidentes asesinados

La coronación del Rey Juan Carlos I.
La coronación del Rey Juan Carlos I.
El actual ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, realizó hace una semana unas polémicas declaraciones sobre la "crisis constituyente", lo que ha llevado a recordar el proceso constituyente de 1978 y las elecciones del 15 de junio que, no fueron por cierto convocadas como constituyentes, sino como generales. A propósito de esta posible crisis nuestro colaborador Julio Merino, periodista y miembro de la Real Academia de Córdoba, recuerda los cinco procesos constituyentes de la Historia de España

Dicen,  y yo no voy a discutirlo aquí, que la Historia no se repite, pero hay hechos ciertos que sí se repiten en la Historia de España. Un hecho cierto es que España vivió una Guerra Civil entre 1833 y 1840; otra entre 1846 y 1849; otra entre 1872 y 1876 y otra, de momento la última, entre 1936 y 1939… Y otro hecho cierto es que en 1870 cayó asesinado el Presidente del Gobierno (el General Prim), y que en 1897 cayó asesinado otro Presidente del Gobierno (Antonio Cánovas del Castillo), y otro Presidente del Gobierno en 1912 (José Canalejas) y otro, en 1921 (Eduardo Dato) y no cito al asesinado Almirante Carrero Blanco porque fue mucho más tarde… Y otro hecho cierto es que entre 1812 y 1978 se produjeron cinco Procesos Constituyentes. Pues bien, de estos Procesos Constituyentes, y al hilo de las peligrosas declaraciones de hace unos días del Ministro de Justicia, les quiero hablar hoy.

El 28 de marzo de 1978, cuando ya se estaba gestando la Constitución de la Democracia, pensada un año antes, la que está en vigor, el Presidente del Club "Siglo XXI" de Madrid me invitó a dar una conferencia sobre "Los procesos constituyentes de la España Moderna" y ello me obligó a estudiar a fondo lo que fueron las Cortes Constituyentes de 1812, 1868, 1876 y 1931...y hoy, tras saber que el Ministro de Justicia, don Juan Carlos Campo, ha dicho que estamos viviendo una “crisis constituyente”, miren por dónde, he abierto mi Memoria Histórica y he releído lo que entonces escribí y leí ante un selecto público (en la primera fila aquella tarde tuve el honor de ver a Manuel Fraga, Ramón Serrano Suñer, Santiago Carrillo, Fernández Miranda, Fernández Ordóñez, Joaquín Garrigues, entre otros).

Por su actualidad, 42 años después, y ante la posibilidad o el deseo de algunos de abrir el melón, o sea, un nuevo proceso constituyente, me complace reproducir un resumen de aquella conferencia... y aunque la Historia no se repita "ojo al dato", que diría mi admirado José María García.

Primer Proceso: 1812

¿Qué salió de aquellas Cortes de Cádiz? ¿Qué querían sacar de aquel gran “Proceso constituyente los Diputados reunidos casi en la clandestinidad?

Está claro que los representantes del pueblo español que pudieron reunirse en Cádiz consiguieron dar a luz, no sin dificultades, una Constitución ejemplar. España atravesaba una “situación límite”. Los mariscales de Napoleón y el “Gran Ejército” se habían adueñado del suelo patrio y amenazaban el ser de España.

Las primeras Cortes de 1812 en Cádiz

Los Reyes, padre e hijo, Carlos IV y Fernando VII, rendían honores al entonces amo de Europa… Y la nobleza… Y las clases dirigentes. Todos, menos el pueblo llano y sencillo, inculto o analfabeto, zaragatero o triste que da el do de pecho y se enfrenta al invasor a sangre y fuego para salvar la dignidad nacional pisoteada. Con razón años más tarde diría Ortega que “en España lo ha hecho todo el pueblo, y lo que el pueblo no ha hecho se ha quedado sin hacer”.

Fue aquel pueblo, fueron aquellos políticos, los que dieron a Europa un texto constitucional moderno. Porque de Cádiz salieron aprobados varios puntos fundamentales: Que la nación española es libre e independiente y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia o persona ; que la Soberanía reside esencialmente en la nación y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho a establecer sus leyes; la libertad de expresión y de reunión; que el Gobierno de la nación española es una monarquía moderada y hereditaria  y que la religión de la nación española es y será perpetuamente  la católica, apostólica y romana.

Y sin embargo, el desenlace no pudo ser más triste.

Porque a no tardar mucho aquella alegría de Cádiz se trastocó en llanto. El llanto de miles de españoles que, nada más volver el Rey de su exilio dorado, dieron con sus huesos en la cárcel o tuvieron que huir al extranjero o, lo que es más grave, pagar con la vida sus veleidades liberales.

Y es que –como diría años más tarde el propio Carlos Marx- de Cádiz salió ya España dividida en dos: En la isla de León había ideas sin actos y en el resto de España actos sin ideas.

Por eso llega la Guerra Civil (la primera de las muchas que se iban a vivir). Como colofón de un enfrentamiento visceral, como consecuencia de la radicalidad de dos ideas, como confirmación de que este pueblo no sabe ceder si no es por la fuerza. Fue la llamada primera “guerra carlista” (1833-1840) y antes de que cantara el gallo la segunda (1846-1849).

 Segundo Proceso: 1868

Otra vez España se debatía entre dos frentes. A un lado la España oficial que defiende sus privilegios y a una Monarquía desprestigiada y manipulada y a otro lado, la España real, con sus ambiciones personales, que quiere a toda costa un cambio radical. Se trata de sustituir un Régimen por otro… y eso, en este país ya se sabe a lo que conduce.

     Las Cortes de 1868.

Corre el verano de 1868 y en el ambiente se respira algo anormal. De norte a sur y de este a oeste se ha ido extendiendo una calma rara que presagia tormenta inminente. En los cuarteles se manejan, abiertamente, las listas de los generales que están a favor, las de las que están en contra y hasta la de los “indecisos”. Era como si todo el país se hubiera convencido de que el choque era inevitable, de que de todo lo que se tenía que hablar ya se había hablado y de que había llegado el momento de las armas. Como en tantas ocasiones más.

Por eso no sorprende a nadie el redoble del tambor y las salvas de los cañones en aquel amanecer del 18 de septiembre. El paso lo dan los generales Prim y Serrano y el almirante Topete y otra vez las dos Españas van al encuentro fatal. Triunfan los revolucionarios que se han sublevado contra el poder establecido y se inicia un nuevo “proceso constituyente”. Un proceso que va a derramar ríos de tinta y que sume a los Padres de la Patria en el combate dialectico más extraordinario que conocieron los siglos. Llegado a este punto me van a permitir que les adentre  en el salón de plenos del Congreso y escuchen conmigo algunas de las intervenciones de los señores diputados.

El general Prim a caballo.

Tiene la palabra el diputado señor Romero Girón: “Señores diputados, Señorías, en presencia de esta llamada por algunos pavorosa cuestión de Monarquía o República, que verdaderamente ha dividido al país no temáis que yo penetre en el terreno estéril de la personalidad y que venga aquí a levantar ninguna tempestad en esta especie. Les adelanto que yo defiendo la Monarquía. Porque estoy convencido de que por encima de los Partidos tiene que haber un Poder moderador, un Poder que sirva de contrapeso a un lado y a otro y nivele las ansias revolucionarias o los criterios demasiados conservadores. Y ese Poder moderador no puede ser otro que el Poder del Rey. He dicho”.

Tiene la palabra el Diputado Señor Castelar: “Señorías, y perdónenme que vaya directo al grano, la Monarquía es para mí la injusticia social y para mi Patria la reacción política. Pero, sé, señores Diputados, que la Monarquía va a vencer. En cambio, la República, y perdonadme que no pueda pronunciar esta palabra sin conmoverme profundamente, es para mí la justicia social y para mi Patria la libertad política. Sin embargo, sé que la República va a ser vencida.

Ahora bien, decidme: ¿qué es la democracia?... Y yo os digo: la democracia es el poder de todos… y decidme ¿Qué es la Monarquía?... Y yo os digo: la monarquía en el privilegio de uno y yo os digo ¿qué quiere decir el privilegio de uno, o el privilegio de algunos, si no que no ha llegado la hora del derecho de todos?. ¿Qué quiere decir vuestra Monarquía, sino que no ha llegado la hora de nuestra democracia?... Yo, entre las grandes ventajas que encuentro en la Monarquía, la principal es lo mucho que corrompe, y lo mucho que envilece al pueblo… Permitidme señorías, que diga aun más, y con esto termino: todas las Monarquías, absolutamente todas, acaban en la corrupción”.

                            El diputado Castelar.

Tiene la palabra el señor Ríos Rosas: “Señores diputados: su Señoría el Señor Castelar acaba de hacer un parangón entre los republicanos y los monárquicos. Para su Señoría todas las monarquías que se han sucedido en la Historia, todas son detestables… para su Señoría, sin embargo, todas las Republicas son admirables… y yo pregunto señorías: ¿es esto verdad? ¿es esto verdad en la Historia?... ¡un respeto para la Historia!, señores diputados, ¡un respeto para la verdad! Y todavía más: si las republicas han errado poco es porque han vivido poco… la Monarquía que nosotros queremos, la que está llamando a nuestras puertas, la que desea la nación, la que es esperanza de España, ha de ser una Monarquía liberal, ha de ser una Monarquía de conciliación y de paz..  donde todos podamos vivir y convivir sin trincheras ni fusiles”.

Tiene la palabra el Señor Presidente del Gobierno, General Prim: “Señores diputados… confieso que no pensaba tomar parte en este debate, pues me conozco de sobra y sé que me gusta más escuchar que hablar…, pero ahora creo que debo intervenir. Su Señoría, el señor Castelar, ha dicho cosas que merecen contestación. Mejor dicho: lo que quiero es decir a la mayoría que no se confunda con las palabras del señor Castelar… Que el seños Castelar quiera la República a toda costa- y rechace cualquier otra forma de Gobierno- me parece respetable. Pero la mayoría no debe dejarse llevar por este empeñamiento del señor Castelar. La mayoría debe tener su criterio propio…, y sería dar un mal paso político si se dejara llevar por los deseos manifestados por el señor Castelar. Nosotros no podemos ir a la República porque no puede ser, por una razón muy sencilla: porque en España no hay bastantes republicanos para plantearla, porque la inmensa mayoría en España es monárquica, y mientras así sea, el señor Castelar debe considerar la imposibilidad que hay de establecer la República”.

Y ahora tiene la palabra don Antonio Cánovas del Castillo: “Señorías, por lo que he escuchado hasta ahora la mayoría quiere una Monarquía, y eso en mi criterio es bueno… y me complace comprobar que queréis una Monarquía con todas las prerrogativas que conlleva la Monarquía y eso yo no puedo menos de aplaudirlo… Pero el Rey es algo más que las facultades que se le dan, el Rey ante todo es un prestigio, un grande honor, una gran representación. Creo que la Monarquía, ciertamente, es la forma más perfecta del Estado, ahora y siempre, y principalmente atendiendo al desarrollo legitimo de la personalidad humana y a la consagración histórica de los derechos individuales, que es la propiedad, la herencia, el principio propio de una sociedad que guarda en depósito el caudal de las generaciones pasadas para las venideras, que es la atmosfera moral de su progreso, de su desenvolvimiento histórico y por eso no puede ser otro que la Monarquía hereditaria… y digo más, y no temo decirlo, y lo diré cien veces, aquí dentro de mi corazón, aquí, dentro de mi espíritu, dentro de mi conciencia, no hay más que una simpatía y un Rey posible, el principie Alfonso de Borbón”.

      Cánovas del Castillo.

¿Y en qué quedó aquel “proceso constituyente”? Primero en un clima de tensión y miedo, de atentado y asesinato, que culminó, precisamente, con la muerte violenta del propio Presidente del Consejo de Ministros, el general Prim.  Después, en un monarca extranjero de ida y vuelta  y un Gobierno de concentración y luego, a un República anárquica que destroza la Unidad Nacional y a un Gobierno de salvación que implanta al ejército tras arrojar por las ventanas del Congreso a la flamante democracia… y por último, al Golpe de Estado de Sagunto, no sin tener que soportar otra vez el drama de la Guerra Civil (1872-1876).

Tercer Proceso: 1876

Está suficientemente demostrado que Cánovas no quería una Monarquía restaurada por la fuerza y todo lo tenia preparado para que Alfonso XII no tuviera que venir de la mano de los militares. Y, sin embargo, a su pesar, es el general Martínez Campos quien se adelanta y se pronuncia a favor de don Alfonso y quien restaura la Monarquía Borbónica.

Alfonso XII hace su entrada triunfal en Madrid el 14 de enero de 1875, aunque a renglón seguido Cánovas lo envía al Frente Norte donde sigue la Guerra Civil para ganar tiempo y organizar bien la maquinaria política de la Restauración, la que daría paso al Turno de los Partidos.

Cánovas sabe muy bien que la nueva Monarquía está como cogida con alfileres y que urge apuntalar el entramado para que este no se venga abajo al primer soplo. En consecuencia, aleja la convocatoria de las elecciones y se decide a gobernar por decreto. Con lo cual se confirma otra de las constantes políticas españolas. Durante un año, todo un año, el país no conoce otra forma de gobierno que la del decreto. “¡Viva don Decreto!” exclama el pueblo llano, mientras ve cómo se recorta  las libertades y sus derechos.

Porque la realidad es que en el trascurso de 1875 los españoles de a pie ven como:

-   Se destituyen todas las diputaciones, por decreto.

-   Se nombra, para sustituir a los destituidos, personas de absoluta confianza de la nueva situación, por decreto.

-   Se limita la libertad de imprenta y se cierran periódicos, por decreto.

-   Se declaran inviolables la Monarquía, la persona del Rey y la de cualquier persona de la familia real, por decreto.

-   Se prohíbe la discusión de cualquier tema constitucional planteado por el gobierno, por decreto.

-   Se disuelven todas las asociaciones de carácter político, por decreto.

-   Se declaran nulos los matrimonios civiles celebrados en años anteriores, por decreto.

-   Son puestas al margen de la Ley todas las organizaciones obreras, por decreto.

-   Son arrojados al destierro político los que – como Ruíz Zorrilla -- no comulgan con la nueva situación , por decreto.

-   Se prohíbe a los catedráticos cualquier explicación o enseñanza que redunde en menoscabo del régimen monárquico, por decreto.

En líneas generales puede decirse que la Constitución de Cánovas o de la Restauración que es igual, es un refrito de todas las anteriores, y, por tanto, ni más liberal ni más reaccionaria que las otras. “En fin de cuentas –dice Eduardo de Guzmán- la Constitución de 1876 no pasa de ser una fachada liberal que oculta una de las más habilidosas y antidemocráticas maquinarias políticas”.

         En 1876 la Regente tuvo que jurar la Constitución.

Si bien hay que decir en su descargo, y en el del propio Cánovas, que es la Constitución que más juego ha dado en toda la historia de España, ya que –aunque con anomalías- aguantó cincuenta y cinco años en vigor. Es decir, desde 1876 hasta 1931… y en su cargo que durante su vigencia fueron también asesinados los Presidentes del Gobierno  Canalejas (1912) y Dato (1921).

Cuarto Proceso: 1931

Se trata, otra vez, de sustituir un régimen por otro. En este caso una Monarquía por una República.  Naturalmente porque así lo ha querido el pueblo. Quien lo niega. Si aquí todo se hace por el pueblo y para el pueblo.

El 14 de abril ha sido como una explosión de alegría popular y democrática. El Rey se ha marchado libremente. La clase política del régimen anterior se ha cambiado la chaqueta libremente… y el pueblo ha elegido libremente… ¿Qué más se puede pedir?

Y, sin embargo, una vez más, la alegría de ayer se tornó en llanto y en desilusión, y es que el “parto” constitucional no ha satisfecho a todos. Como siempre, y, como siempre, por no saber ceder todos un poquito. Porque los vencedores del 14 de abril imponen sus condiciones triunfales a los vencidos Hoy por mí, mañana por ti.

Clara Campoamor se dirige al pueblo en 1931 para pedir el voto para las mujeres.

Y España va a conocer cinco años de desconcierto, de sobresaltos, de enfrentamientos callejeros, de disturbios e incendios, de asesinatos y, por fin, la Guerra Civil. La más cruel de las guerras civiles. La más absurda. La más triste. La del millón de muertos.

¿Quiere esto decir, sin embargo, que necesariamente todo “proceso constituyente” ha de terminar en España en Guerra Civil? ... No, por supuesto. Sería un disparate afirmarlo. Un disparate matemático y un error histórico. Pero como diría Galileo Galilei a pesar de todo la Tierra se mueve. La realidad es la realidad… y nuestra realidad, la realidad de España es que cada vez que entramos en un “procesos constituyente" corremos el peligro de Guerra Civil, o en su defecto el asesinato del Jefe del Gobierno.

Quinto proceso: 1978

En este caso no voy a tocar una coma de lo que escribí y dije aquel ya lejano 28 de marzo en el Club Siglo XXI.

"¿De dónde viene este Régimen? ¿Qué queremos los españoles? ¿Qué puede pasar tras este quinto “proceso constituyente”? He aquí un puñado de interrogantes que, seguramente, están en el ánimo de todos. Para unos este régimen viene del Régimen de Franco. Para otros, este Régimen no debe venir del Régimen de Franco, puesto que el Régimen del 18 de julio no era democrático y sólo había sido un inmenso paréntesis.

De ahí las dudas y de ahí la confusión de muchos ante dos palabras: Instauración o restauración. La Monarquía ha sido el motor del cambio, dicen unos. La Monarquía no debe hacer política, dicen otros. Y todavía hay quienes hasta defienden la obligatoriedad de que el pueblo se manifieste al respecto.

En algunas cosas, al menos, parece que hay “consenso”, como se dice ahora: en que todas las fuerzas políticas (salvo raras excepciones) desean la Democracia. Una Democracia a la europea; que ampare y defienda todas las libertades y todos los derechos del ciudadano. Una Democracia en la que exista un Poder arbitral, el Rey; un Poder Ejecutivo elegido por el pueblo y controlado o vigilado por un parlamento también libremente elegido; un Ejército profesionalizado que respalde las instituciones democráticas; unos Partidos libremente organizados y varios etcéteras que doy por referidos.

Sin embargo, existe algo intangible en lo que parece no haber “consenso”: en la cuestión del ritmo. Porque mientras unos quieren ir muy deprisa, otros lo que desean es ir muy despacio. Los primeros esgrimen razones convincentes: cuanto antes se llegue a la Democracia antes se resolverán los problemas. Los segundos también afinan y dicen: mientras más rápido se vaya más riesgos corremos, si nos precipitamos podemos echarlo todo a rodar. Y en esta disyuntiva estamos.

La Constitución de 1978.

Bien es verdad que cada cual saca provecho a la situación actual. Porque unos dicen: el angustioso problema económico no tendrá arreglo hasta que no se hayan democratizado todos los estamentos de la sociedad. El terrorismo es consecuencia de los “residuos” del pasado… Pero otros responden: Resolvamos antes los problemas angustiosos y después seguiremos el “proceso democrático”. No se puede luchar contra la inflación si no hay un “pacto” previo. Pero así podríamos seguir diez horas más.

Es lo que les está pasando a ellos. Es decir, a los políticos. Es un círculo vicioso. O al menos así nos lo están haciendo creer.

Yo mientras tanto, quiero preguntarme y me pregunto:

¿Terminará este “proceso constituyente” como los otros? ¿Están ya aquí esas "constantes" que llevan inevitablemente al enfrentamiento?... De verdad, de verdad ¿a dónde va España? ¿Cuál puede ser, va a ser, el desenlace de este proceso constituyente?"

Bien, pues ya estamos, por lo que ha dicho el Señor Ministro de Justicia, al final del trayecto... ¿Y ahora qué? ¿Se abre otro melón a ver cómo sale? ¿Está el patio político actual como para "consensuar" un cambio amplio de la vigente Constitución o para hacer una de nuevo cuño, teniendo en cuenta que con los independentistas corre peligro la Unidad de España y con las Izquierdas, marxistas o chavistas, la Monarquía y en jaque las Autonomías?... This is the question. To be or not to be.

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