10 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Las relaciones sentimentales fuera del matrimonio forman parte de los episodios más oscuros de su reinado cuya jubilación se hace efectiva hoy

La mujeres de la Corte de Juan Carlos I: María Gabriela, Olguina, Marta, Bárbara y Corinna

Juan Carlos I se retira de la vida pública en la Plaza Real de Aranjuez, plaza real por excelencia. Así el Rey Emérito dice adiós asistiendo a una corrida de toros, una de sus actividades favoritas. A raíz de esta despedida del hombre que reinó durante 39 años repasamos la influencia en su vida de las relaciones extramatrimoniales. María Gabriela, Olguina, Marta, Bárbara y Corinna protagonizaron algunos de los momentos más oscuras de su vida pública.

El Rey Juan Carlos ha anunciado su retirada de los actos oficiales mediante una carta a su hijo Felipe VI. En su biografía hay varias amantes reales que han ocupado distintos papeles a lo largo de su vida y su reinado. Estas son las que han trascendido, y que merecerán un retrato individual para cada una de ellas.

María Gabriela de Saboya

 

María Gabriela de Saboya durante su noviazgo con Juan Carlos I. 

La hija del último Rey de Italia, Humberto II, fue el primer gran amor del joven al que entonces llamaban Juanito. Ambos vivían exiliados con sus familias en Estoril (Portugal).

"Juan Carlos era muy simpático. Yo lo quería mucho. Íbamos al cine y al casino los domingos. Él no pasaba mucho tiempo en Portugal porque estudiaba en el Palacio de Miramar (San Sebastián), pero nos escribíamos muchas cartas", llegó a declarar Gabriela de Saboya.

Entre don Juan Carlos y la joven italiana se estableció una relación típica de la época. Intercambiándose misivas. Durante sus años en la Academia Militar de Zaragoza tenía la foto de la italiana en su cuarto. Era joven, guapa y de sangre real, pero tenía un problema. No le gustaba a Franco. Fue el dictador el que ordenó cortar con esa relación. Hasta tal punto que la efigie de la italiana desapareció del cuarto de Juanito. Años más tarde, el Rey en la polémica biografía que escribió José Luis de Vilallonga declaró: “Sí es cierto que yo pude haberme casado con Gabriela”.

La relación se rompió por estrategia política en favor del compromiso con doña Sofía. María Gabriela ha mantenido hasta hoy su amistad con el Rey Emérito, al que perdonó que durante su noviazgo éste se viera con Olguina de Robilant.

Olguina de Robilant

 

Olguina de Robilant en su juventud. 

Esta Condesa italiana mantuvo un tórrido romance con el Emérito entre 1956 y 1962. Mujer escandalosa y siempre polémica, llegó a participar en La dolce vita de Federico Fellini y un cumpleaños suyo a principios de los 60 acabó en una fiesta cuyas fotos se filtraron a la prensa y se convirtió en piedra de escándalo ya que la acusaron de haber organizado una orgía.

Con 25 años fue madre soltera lo que la enfrentó en los tribunales italianos con su madre por la custodia de la criatura que finalmente acabó en manos de la abuela de la niña. En esos años Olguina alternaba a Juanito con otros hombres. En su libro Reina de corazones explicó que “suurgió un flechazo entre compañeros de mesa. Me enamoré como una colegiala. Era una relación alegre, simpática, sin pretensiones, sin compromisos”.

Este libro se publicó después de que intentara poner en venta las cartas de amor que se intercambió con el Rey Emérito. Fueron adquiridas por el periodista Jaime Peñafiel que en esos años dirigía La Revista para el grupo Z. Cuatro años más tarde, en 1988, Interviú publicó parte de estas misivas.

Marta Gayá, la ‘Reina de Mallorca’

 

Marta Gayá. 

Si ha habido una relación extramatrimonial del monarca que ha sido profunda esta ha sido la de Marta Gayá. La mallorquina formaba parte del núcleo duro de amistades que rodeaban a don Juan Carlos en la isla. Durante años disfrutaron de una relación que era un secreto a voces. El rey, recién entrado en la cincuentena, empezó a perder la cabeza rápidamente por ella: pasaban muchos fines de semana juntos y otros períodos no vacacionales. Ese amor le llevó a descuidar las obligaciones familiares e, incluso, las oficiales. En un principio, sus encuentros eran protegidos con gran cautela, pero no duró mucho.

La reina Sofía fue una las primeras personas en enterarse. En una cena con unos 200 comensales, en honor al multimillonario Aga Khan, llegaron el rey, la reina y sus invitados ilustres. Sin embargo, todavía había una mesa vacía. Ya casi en los postres, se presentaron el escritor José Luis de Villalonga y Marta Gayà, así como el príncipe Tchokotua junto a su mujer, Marieta Salas. En lugar de enfadarse, el Rey se levantó de la silla y fue a saludarles efusivamente, gesto que denigró a la Reina. Fue una presentación relativamente pública de la relación de Juan Carlos I con Marta Gayà, pero también un golpe muy duro para doña Sofía.

La relación sentimental fue más seria de lo habitual. Una relación que por entonces hizo temblar seriamente la estabilidad del matrimonio real. Marta llevó aquello muy discretamente a pesar de que era vóx pópuli. De hecho, siempre intentó no dañar a doña Sofía. Los encuentros tenían lugar preferentemente en Mallorca, en Gstaad (Suiza) o en París, donde ella se instalaba en casa de José Luis de Vilallonga a la espera de ser llamada por el rey. Pero para don Juan Carlos no había, de nuevo, mesura alguna. En un momento muy duro para la vida de Marta Gayà, el Rey no dudó en dejar sus obligaciones como monarca y acudir junto a ella a Suiza, donde Marta se había recluido con un estado de gran ansiedad en la finca del príncipe georgiano Zourab Tchokotua, el gran confidente de don Juan Carlos durante esos años. El rey quería animar a la decoradora, que había sufrido un shock tras vivir in situ la muerte accidental del propietario de la compañía Spantax, Rudy Bay, y de su compañera, Marta Girod.

Todo ello provocó una pequeña crisis política, ya que el rey, que no tenía ningún viaje previsto en la agenda oficial, dejó incluso de sancionar algunas leyes publicadas en el BOE. El entonces jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, que siempre intentó aplacar las decisiones muchas veces impetuosas del monarca, recomendó a don Juan Carlos que volviera rápidamente a España.

Don Juan Carlos regresó el sábado 20 de junio por la mañana, despachó a Felipe González antes del mediodía y comió en privado con el presidente de Sudáfrica, Fredierik De Klerk, que estaba en Madrid de visita oficial. Por la noche ya estaba de nuevo en Suiza. Dejó plantada a doña Sofía, entre lloros, en la celebración familiar del último aniversario de don Juan Carlos, que cumplía 69 años, y que se celebró en el Club Financiero de la calle Génova de Madrid. La Reina, al día siguiente, sustituyó al monarca en la apertura de la Cumbre Iberoamericana. La desaparición del rey desde el 15 al 23 de junio levantó por primera vez en España todo tipo de especulaciones sobre una supuesta relación extramatrimonial.

El escándalo continuó, primero con informaciones de medios extranjeros y después con publicaciones en medios españoles como El Mundo o Época. La confirmación pública de esta supuesta amistad provocó un terrible abatimiento en la reina Sofía.

Los servicios secretos españoles acusaron al exbanquero Mario Conde de la filtración. También en el caso de Bárbara Rey estuvo, supuestamente, involucrado, aunque queda claro que el propio CESID (hoy CNI) hacía un seguimiento y grababa conversaciones sobre las relaciones de don Juan Carlos.

Además de doña Sofía, el chivo expiatorio de la relación con Marta Gayà fue Sabino Fernández Campo, que acabó siendo sustituido como jefe de la Casa Real por Fernando Almansa, acólito de Mario Conde. Después de ese verano tumultuoso, Marta Gayà dejó de aparecer en las primeras planas de la prensa. Ella vive actualmente a medio camino entre su piso madrileño, su apartamento en Palma y sus viajes por América y las Islas Griegas. Le gusta mucho el mar, como a don Juan Carlos, con el que nunca ha perdido la amistad.

Bárbara Rey, el Rey y la Corista

 

La actriz Bárbara Rey. 

La relación con Juan Carlos I comenzó a principios de la Transición. Se hicieron amigos por medio de Adolfo Suárez, otro amigo de la actriz en una etapa en la que apoyaba al líder de UCD. La relación, iniciada a comienzo de los 80, continuó de manera intermitente a lo largo de muchos años. Hasta que un buen día, en junio de 1994, don Juan Carlos de manera sutil le hizo saber que la historia había acabado. Sin embargo, no iba a ser todo tan fácil. La murciana había supuestamente grabado varias conversaciones con el monarca.

La discreción nunca ha sido nunca uno de los mejores atributos de Juan Carlos de Borbón, y con su supuesta amante hablaba sin tapujos de todos sus problemas, incluyendo aspectos íntimos sobre la Reina y el golpe militar del 23-F. Durante esos años, parece que Bárbara Rey recibía de los fondos reservados del Ministerio del Interior unas atribuciones de entre uno y dos millones de pesetas, pero según algunas fuentes podrían ser más. Más tarde, los agentes del CNI le abrieron una cuenta bancaria en el Kredietbank de Luxemburgo, donde ingresaron 26'3 millones de pesetas, según publicó Ok Diario en enero de 2017. Sin embargo, los ingresos se cortaron cuando la relación se interrumpió. Fue cuando ella intentó llegar a un acuerdo indicando que tenía material gráfico y audiovisual que podía comprometer al Rey.  Una historia que no ha sido explicada aún del todo y que la actriz nunca ha querido develar. 

Corinna, la mujer que vino del frío

 

Corinna y Juan Carlos I en 2006. 

Corinna zu Sayn-Wittgenstein, de soltera Corinna Larsen, conoció al Rey en una cacería en Ciudad Real, en 2004. Ella, aunque aún no se había divorciado de su segundo marido el príncipe Johann Casimir zu Sayn-Wittgenstein, hacía ya vida separada. Desde entonces mantendría una larga relación con el Rey Emérito no exenta de altibajos hasta hace poco. Don Juan Carlos la introdujo en los círculos de la buena sociedad madrileña, presentándola en cenas, acudiendo a monterías e incluso formando parte de la comitiva real en viajes de Estado.

La relación fue como una montaña rusa. Al menos dos veces Corinna quiso romper con don Juan Carlos por no tolerar supuestamente las infidelidades del monarca. Tras ello, en 2009, Juan Carlos I vivió la época más intensa con la princesa alemana. Mantuvo contactos periódicos con ella hasta 2012, en un dúplex del complejo de lujo Domaine Rochegrise en los Alpes, que después vendió Corinna en 2013.

El dúplex era un lugar de mucha más privacidad que la casita del recinto real en el monte del Pardo habilitada para Corinna zu Sayn-Wittgenstein y su hijo. Esa casita, situada a menos de dos kilómetros del palacio de La Zarzuela, conoció una ingente actividad social: desde el director del CNI, Félix Sanz Roldán, hasta el exministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo. El dúplex en Suiza, sin embargo, era su refugio más íntimo. Don Juan Carlos pasó allí casi una semana en febrero de 2012, coincidiendo con el décimo cumpleaños del hijo pequeño de Corinna. Fue entonces cuando se comprometió con el niño a llevarlo a su primera cacería en África, en Botsuana. Y así lo hizo en abril de 2012, cuando todo se torció. La madrugada del 14 de abril de 2012, un avión trasladó de Botsuana a España al rey: tenía la cadera rota y había que ingresarlo en el hospital San José de Madrid. Ese día estalló todo.

Corinna abandonó su residencia de El Pardo, pero no se fue muy lejos del rey, tan solo a 10 kilómetros de Zarzuela. Allí, al parecer, adquirió un chalé en una exclusiva zona residencial de Somosaguas, con 500 metros cuadrados distribuidos en dos plantas, y 2.915 de terreno destinado a zonas ajardinadas y aparcamiento. Pero los acontecimientos se desbordaron.

La opinión pública se abalanzó sobre el monarca, que tuvo que entonar el mea culpa. Tras décadas de intento de un aparente disimulo, conocido por muchos, el monarca quiso acabar de golpe con esa pantomima, divorciarse de doña Sofía y casarse con Corinna. Pero esto no se produjo por dos razones. Por un lado, la propia Corinna no quiso, según fuentes próximas a ella. Prefería ser “reina en la sombra” antes que exponerse directamente a la opinión pública. Por otro lado, fue determinante el papel de uno de los amigos más fieles del rey, el General del CNI Félix Sanz Roldán. El jefe de los servicios secretos españoles visitó a la princesa consorte en Londres en junio del 2012, en el hotel Connaugth, para pedirle que, por el bien de España, terminara con la relación con rey y se apartara definitivamente de él.  En los últimos tiempos el nombre de la princesa germana ha aparecido uno a la de un personaje siniestro como es el caso de José Manuel Villarejo. Una grabación en la que supuestamente sin darse cuenta acusaba al Emérito de usarla como testaferro. Un escándalo que, como todos los que rodean a esta rubia peligrosa, tiene efecto champán. Explota y se apaga pronto. Los más agoreros aseguran que Corinna aún puede dar más quebraderos de cabeza al jubilado monarca. 

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