17 de enero de 2021
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FIN DE SEMANA

ESTA SEMANA HA FALLECIDO A LOS 74 AÑOS EN RANGUN UNO DE LOS NARCOTRAFICANTES ASIATICOS MÁS BUSCADOS POR LAS AUTORIDADES

Las correrías de Khun Sa, el “Rey del Opio”: De guerrillero rebelde a 'emperador' de Birmania

Khun Sa, “el rey del opio”.
Khun Sa, “el rey del opio”.
Khun Sa fue un destacado narcotraficante que durante 40 años controló el mercado ilegal de opio y heroína en el sudeste asiático. Además de su faceta como contrabandista internacional, se vio implicado en las luchas políticos que le rodearon. En este sentido, apoyó a unos y a otros indistintamente y utilizó las grandes causas sociales del momento como tapadera para su gran imperio criminal, concentrado en el Triángulo Dorado.

Cuando se habla de narcotraficantes, el cerebro nos lleva automáticamente a pensar en los grandes cárteles latinoamericanos. No obstante, este negocio ha llegado a ser tan lucrativo que ha extendido sus tentáculos a lo largo y ancho de todo el globo. Los narcos asiáticos no han tenido una trascendencia mediática comparable a la de sus homólogos en América del Sur, pero eso no significa que su actividad no merezca un análisis pormenorizado. Todo lo contrario.

En ocasiones, los negocios que han levantado son mucho más voluminosos e involucran a un mayor número de víctimas e implicados. En este sentido, el birmano Khun Sa fue claro ejemplo de ello. Guerrillero independentista, señor de la droga y cabeza visible de un vasto imperio criminal, “el rey del opio”, como se le conocía en el mundillo, dominó durante cuatro décadas los bajos fondos del sudeste asiático. Su historia es de esas que merecen ser contadas.

Los primeros años de su vida estuvieron marcados por la tragedia. Sus padres fallecieron y se crio con su abuelo, líder de la aldea de Loi Maw. Durante su juventud, Mao Zhedong y los comunistas habían tomado el poder en China y él, que recibió instrucción militar desde temprana edad, se unió a los nacionalistas de Chiang Kai-Shek que habían huido a Birmania. Estos conocimientos le vendrían bien posteriormente, pero no adelantemos acontecimientos.

Sa pronto vio la inestabilidad política de la zona como una oportunidad de negocio y supo ganarse la confianza de algunos de sus camaradas. Cuando estuvo listo, fundó una banda que se escindió del ejército “nacional” de China. Desde entonces, ofreció su lealtad al mejor postor. En su Birmania natal, la situación no era mucho mejor que en China y las luchas entre el gobierno socialista y los rebeldes asolaban el país. El mestizaje cultural y las fricciones entre diferentes etnias tampoco ayudaba.

Khun Sa empezó como guerrillero del ejército nacionalista chino.

En aquel entonces, era usual que el ejecutivo buscara el apoyo de los señores del crimen para someter a los insurgentes a cambio, eso sí, de ciertas prebendas. Khun Sa encabezaba la llamada “Guardia del Hogar”, una milicia cuya colaboración fue requerida por las autoridades gubernamentales. El “rey del opio” consintió en colaborar y combatió a los rebeldes, cuya causa compartiría años después. Como contrapartida obtuvo tierras y, lo que es más importante, carta blanca para cultivar y distribuir opio.

Con las ganancias, Sa equipó militarmente a sus hombres que, valiéndose del poder de las armas, comenzaron a ganar influencia a nivel nacional. El gobierno birmano fue incapaz de controlar al que había sido su aliado, pues este exguerrillero dominaba ahora el mundo del crimen en el país y había tejido una complejísima tela de relaciones clientelares que le hacían prácticamente imparable.

Este primer auge iba a ser frenado a finales de los sesenta. En una macrooperación de narcotráfico organizada por Sa y los suyos, en los límites de la frontera birmana, los convoyes que albergaban la mercancía fueron interceptados por los restos del ejército nacionalista. En el fragor de la descomunal batalla que se armó, un tercer actor resolvería el conflicto. El ejército de Laos, que también había entrado en el mundo del narcotráfico, acabó con ambos contendientes cuando estaban exhaustos y se hizo con la droga.

Después de este fracaso fue tentado por los rebeldes para unirse a su causa y, al parecer, hubo contactos. De hecho, el gobierno birmano le detuvo por este motivo, sorprendiéndolo al regresar de un viaje de negocios. Le acusaban de alta traición y por este motivo ingresó en prisión, donde permanecería cinco años hasta que sus seguidores consiguieron liberarle gracias a un intercambio de prisioneros en 1974.

Emperador del Triángulo Dorado

Las fronteras de Birmania, Tailandia y Laos esconden en sus escarpadas montañas una de las mayores zonas de producción y distribución de droga de todo el planeta. Es lo que los agentes de la Administración de control de drogas (DEA) conocen como el Triángulo Dorado. Sería allí donde, a su salida de la cárcel, Khun Sa erigió su imperio. La reputación que se había fraguado durante años, así como los contactos que tenía en la región, le permitieron generar “mercancía” a niveles nunca vistos. No solo se hizo con los medios tradicionales de producción, sino que habilitó incontables refinerías clandestinas y pasó a controlar los canales de distribución que unían el sudeste asiático con Estados Unidos, principal importador.

Su nuevo estatus de narcotraficante internacional lo exponía ante los cuerpos estadounidenses antidroga, especialmente ante la DEA. Era consciente de ello y para garantizar su seguridad formó un auténtico ejército integrado por más de 30.000 hombres, así como una guardia personal armada con la última tecnología militar del momento. Acceder a él era prácticamente imposible. Además, dotó a su actividad de un respaldo teórico, sosteniendo que sus tropas, ahora llamadas “Ejército Unido Shan”, actuaban por la autonomía de la etnia Shan respecto de Birmania y destinaban los beneficios de la droga a la alimentación de este pueblo.  

Khun Sa controlaba un negocio que generaba 200 millones de dólares anuales y la mitad de la producción de heroína del Triángulo Dorado. Para mantenerlo, no dudó en permitir que sus tropas actuaran con la violencia que fuera necesaria. En esta línea, los norteamericanos le asociaron con el sobrenombre de “príncipe de la muerte”. Sea como fuere, “el rey del opio” se sentía invencible y llegó a ofrecer a Estados Unidos la venta de toda su producción de opio con la excusa de que, de esta forma, este producto no entraría en el mercado internacional.

Khun Sa fue uno de los criminales más ricos de toda la historia. 

En lo personal, era un individuo con muy carismático, ocasionalmente visceral, violento y vengativo. Siempre gestionó su imperio en primera persona, le gustaba cantar y entre sus grandes aficiones estaban los caballos, las mujeres y las armas, con las que sus seguidores afirman que tenía un apego muy profundo. Sabedor de la crueldad del sector al que se dedicó, quiso apartar a su familia de ello. En este sentido, adquirió para ellos una villa en Bangkok, donde vivieron su vida con toda la normalidad posible.

En 1996, con una fortuna acumulada de más de 5.000 millones de dólares, decidió retirarse y, para ello, se “rindió” ante el gobierno de Birmania. En realidad, pactó con las autoridades birmanas el final de su intervención en el conflicto contra los rebeldes y pasó a dedicarse al mundo de la empresa.

Gozaría de un plácido retiro en Rangún, la ciudad más importante de Birmania, donde viviría hasta el final de sus días, un canto de cisne que llegaría en octubre de 2007. Nadie pudo destruir su imperio antes de su muerte. Ni las descomunales recompensas que se ofrecieron por él, ni las operaciones de la DEA, ni el ejército del gobierno birmano. El legado criminal de “el rey del opio” está en el escalón más alto de los narcotraficantes más célebres de todos los tiempos.

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