03 de marzo de 2021
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FIN DE SEMANA

Desde Abogados Cebrián explican que a menudo los casados desconocen su propia situación y que el derecho de familia puede ayudarles

Cómo detectar si usted tiene un "matrimonio asintomático": Ausencia de síntomas de felicidad

Los recién casados son felices desde el inicio.
Los recién casados son felices desde el inicio.
El abogado experto en derecho de familia, Alberto García Cebrián, explica en este artículo lo que es, según bautiza él mismo, un "matrimonio asintomático". Es decir, matrimonios que están juntos, pero que no tienen ningún síntoma de felicidad, amor o cariño. "En estos casos, podemos hablar de matrimonios que no tienen síntomas de felicidad en la esfera interna y externa", explican desde Abogados Cebrián.

¿Conocéis algún matrimonio que a pesar de estar juntos no se soporta? ¿Qué haríais si vuestro matrimonio se convierte en un matrimonio feliz asintomático? ¿Luchariáis por arreglar la relación? ¿Os divorciariáis? ¿Por qué llegamos a tener matrimonios felices asintomáticos, pero los normalizamos y tendemos a aguantarlos de manera estoica?

Es algo muy difícil, que parece sencillo cuando afecta a los demás, pero que es complicadísimo cuando lo vivimos en primera persona.

Las personas solemos tener comportamientos diferentes en la esfera íntima y en la relación social. Normalmente los matrimonios que se muestran a los demás sin ningún tipo de reparo en una relación contenciosa y desagradable, en la intimidad suele ser más insufrible e insoportable para ambos.

Detección de matrimonios felices asintomáticos

La detección de los matrimonios felices asintomáticos es muy complicada pero muy importante. Debemos de realizar un análisis profundo y reflexivo, pues el problema es que muchos matrimonios con el paso del tiempo normalizan su infelicidad, y lo que es peor, la generalizan en la sociedad.

La detección de la infelicidad es la conciencia de que no tenemos una relación matrimonial tal y como queremos o necesitamos.

Las personas evolucionamos y las relaciones también, pero el hecho de que las personas de nuestro alrededor mantengan matrimonios infelices no debe suponer que nosotros también lo tengamos que hacer.

Un problema añadido se produce cuando nuestro entorno no nos ayuda. Socialmente, aún sigue estando mal visto el divorcio y muchas personas que nos quieren, inconscientemente nos animan a mantener nuestro matrimonio sin reparar en si eso nos está haciendo bien, o si al contrario, ha llegado el fin y la mejor opción sería el divorcio.

No es una enfermedad a la que haya que tenerle miedo, la detección precoz de matrimonios felices asintomáticos permite que muchos de ellos se puedan reconducir y salvar el matrimonio o, en su defecto, permitir una separación a tiempo menos traumática y con menor desgaste para los cónyuges y todos sus seres queridos.

Cuando un matrimonio entra en declive solemos ser conscientes de ello, pero está en nuestra mano tomar la decisión de tratar de superar las dificultades o ser valientes y optar por la separación. Por el contrario, en los matrimonios felices asintomáticos, la actitud mayoritaria es mantener el matrimonio en el tiempo, estirándolo como un chicle, con el riesgo de que se parta en cualquier momento cuando se le someta a más presión de la que pueda aguantar.

Tratamiento de matrimonios felices asintomáticos

No hay ningún tratamiento secreto o mágico, la clave es la detección y la decisión a tiempo. La vida de un matrimonio debe de cuidarse día a día para que las pequeñas dificultades se superen y ninguna de ellas se cronifique.

Evidentemente si esperamos a tomar la decisión de divorciarnos cuando nuestro matrimonio está en cuidados paliativos poco se podrá hacer, más que intentar darle el final más digno posible reduciendo la agonía a la mínima indispensable.

Muchos matrimonios son felices pero otros solo lo aparentan.

El tratamiento más eficaz es la conciencia y el sentido común. Debemos ser conscientes de lo que queremos y de lo que tenemos y ser coherentes con ello, manteniendo sólo lo que queremos y dejando aquello que no queremos o que antes queríamos pero hemos dejado de querer.

Es cierto que la teoría es muy fácil pero la práctica muy complicada. Por eso, la mayoría de los matrimonios infelices asintomáticos no se separan al preferir mantener la estabilidad aparente y una zona segura de confort.

Nos da miedo dar el paso cuando tenemos claro que no queremos mantener nuestra vida matrimonial pero, en cambio, de lo que no somos conscientes en muchos casos es del hecho que nuestra opción por mantener nuestro matrimonio no implica que nuestro cónyuge no opte por pedir el divorcio en otra ocasión, cuando quizá para nosotros sea peor momento.

Un matrimonio feliz asintomático se hace más largo

Los años compartidos se acumulan y vamos creando vínculos comunes como si nuestro matrimonio y nosotros mismos fuéramos para siempre. Pero cuando una relación no funciona lo que estamos haciendo al mantenerla, es sobrecargar una estructura matrimonial con problemas de cimentación.

Si un matrimonio no funciona, lo que deberíamos hacer, en la medida de lo posible, es ir desvinculándonos para evitar que en una previsible ruptura no nos podamos separar totalmente de la vida de nuestro cónyuge al mantener nexos comunes.

- Cuando tenemos problemas de pareja, un error muy frecuente es tratar de ocultarlos casándonos.

- Cuando nuestro matrimonio no funciona, el mayor error es decidir tener un hijo para que “nos una”, lo que supone la utilización egoísta de una persona para un fin irresponsable.

- Cuando un matrimonio está en declive nos complicaremos mucho la vida si decidimos comprarnos una propiedad hipotecada a 20 ó 30 años con nuestro cónyuge.

- Cuando en un matrimonio no nos soportamos, cubrir las carencias con cuestiones materiales como vehículos de alta gama, viajes, cenas lujosas, joyería y cuestiones similares, sólo significa compartir algo que nos gusta hacer con alguien con el que no somos felices. No es que nos guste ir de vacaciones al Caribe con nuestro marido o mujer en un matrimonio feliz asintomático, lo que nos gusta es ir de vacaciones y optamos por el viaje que nos gusta, aunque se comparta con la persona con la que ya no somos felices o estamos a gusto.

Lo peor de todo, puede ser el efecto de imitación que haga que los matrimonios felices asintomáticos proliferen y se reproduzcan,  llegando a normalizarse en la sociedad.

Un matrimonio feliz asintomático no te mata, todo lo contrario, puede hacer que la vida se te haga más larga. No por vivir más años, sino por vivir de manera decadente, con tendencia a la insatisfacción y monotonía.

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