24 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

Bajo el manto de supuestas apariciones marianas cerca de Sevilla en 1968, se ha construido una intrigante religión con una financiación bajo sospecha

Así se fabricó el mito de 'El Palmar de Troya': Cómo Clemente 'La Voltio' se convirtió en Papa cismático

El Papa Clemente de El Palmar de Troya.
El Papa Clemente de El Palmar de Troya.
‘El Palmar de Troya’, la nueva serie documental de Movistar +, llega al canal #0 el próximo jueves 6 de febrero para sumergirse en las profundidades de la controvertida e inexplorada Iglesia Palmariana de Sevilla. La serie, dirigida por Israel del Santo, se basa en una investigación de tres años en torno a la congregación religiosa marcada por sospechas de casos de abusos sexuales, escándalos y anécdotas surrealistas. En elcierredigital.com nos adelantamos y contamos su peculiar historia.

En la primavera de 1968 en la finca La Alcaparrosa en el pueblo sevillano de El Palmar de Troya, cercano a Utrera, cuatro niñas recogían flores para la Virgen María. Como es habitual en todas las supuestas apariciones marianas todo empieza con niños, símbolo de pureza e inocencia, que realizan declaraciones contradictorias.

En un principio las cuatro pequeñas contaron que vieron en dicha finca unos ojos sobre una roca, más tarde hablarían de una cara de mujer para finalmente confesar que vieron a una mujer vestida con una túnica blanca. De ahí a identificar a la mujer supuestamente aparecida con una representación de la Virgen María hubo solo un paso. En los sesenta este tipo de fenómenos eran más o menos tolerados por la Iglesia de Roma, que los veía casi como algo folklórico o pintoresco.

En la prensa de la época se habló de que ya antes de la Guerra Civil se habían producido apariciones marianas en dicho lugar que, rápidamente, se llenó de fieles y también de curanderos, médiums y espiritistas. Entre los muchos que comenzaron a pulular por ahí estaban Clemente Domínguez y su amigo Manuel Alonso.

Clemente, un pícaro homosexual sevillano que estaba en paro después de trabajar como agente de seguros y también en la Agencia Sevillana de Electricidad como revisor de contadores, vio en las apariciones de El Palmar una fuente de negocio. Su presunta homosexualidad le hizo ganarse el apodo de La Voltio en los conocidos bares de ambiente de la ciudad hispalense, 

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Clemente Dominguez mostrando sus estigmas en El Palmar / Archivo

En el primer aniversario de la aparición, ya Clemente sufrió un éxtasis por intervención divina, según dijo. En abril de 1970 comenzó a presentar también llagas y estigmas en su cuerpo. Sin embargo, la competencia era dura ya que tres hermanas también las presentaban y eran más espectaculares.

Las llagas en Clemente se fueron repitiendo en cada aniversario de las apariciones. En 1973 alcanzó el sumun cuando presentó espectaculares marcas divinas en el abdomen, que se asemejaban a las provocadas por las lanzadas del legionario romano sobre el cuerpo de Cristo durante su martirio.

Durante los primeros años el Vaticano veía con condescendida un fenómeno que interpretaba como algo más o menos folclórico. Sin embargo, Clemente se benefició de un clima internacional que fomentaba la aparición de movimientos religiosos ultras, muy contrarios a los intentos de renovación que estaba llevando a cabo la Iglesia Católica tras el Concilio Vaticano II, que clausuró el Papa Pablo VI en los años sesenta.

El movimiento más popular en Europa fue el que dirigía en Francia el polémico cardenal Lefebvre. A Clemente quien más le ayudó fue el arzobispo vietnamita de ultraderecha Nho Ding Thuc, que en 1976 le ordenó sacerdote y de facto oficializó la congregación creada alrededor de El Palmar bajo el nombre de Los Carmelitas de la Santa Faz. Todo ello ante el laissez faire del Vaticano.

Ahí empezó de verdad este negocio religioso. La Congregación recibía inversiones que nadie controlaba, tanto desde España como desde el extranjero. Ese mismo año, tras una noche de juerga, Clemente sufrió un accidente de tráfico que lo dejó ciego. Esto incrementó el morbo hacia su figura y él aseguró que fue acto demoníaco para intentar que no siguiese transmitiendo el mensaje de la Virgen María.

San Francisco Franco en el “Vaticano chico”

En 1978 la Congregación pasa a ser autodeclarada Iglesia Cristiana Palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz. Según comunicó a sus fieles el autocoronado como Gregorio XVII: la mismísima Madre de Dios le había comunicado que él debía ser el nuevo Pontífice tras el fallecimiento de Pablo VI.

Empieza así la historia cismática de El Palmar de Troya. Son los años dorados de eta iglesia. El dinero no deja de encentrar y lo exótico y esperpéntico de su historia atraía a los medios de comunicación de todo el mundo. Televisión Española, entonces única cadena existente, le dedicó varios capítulos de su programa Más allá del mítico doctor Jiménez del Oso, hablando de los supuestos milagros que allí sucedían.

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Clemente convertido el Papa Gregorio XVII / Archivo 

En esos años el Papa palmariano comenzó a crear su propio santoral. Hizo santos a Francisco Franco, Carrero Blanco, Adolf Hitler o el fundador del Opus Dei, Escrivá de Balaguer. En este último religisos se adelantó varios años a la propia Iglesia de Roma que lo santificó dos décadas después.

También celebraba el Palmar su propia Semana Santa sacando a sus tallas en procesión. En esa época se construyó la fortaleza en la que vivirían los fieles de Clemente lejos del mundo real. La Basílica, imitación de la de San Pedro en Roma, se estima que costó 13 millones de euros y se ganó en Sevilla el sobrenombre de “el Vaticano chico”.

La oscuridad de la Iglesia Cristiana Palmariana

Frente al florecimiento económico de estos años estaban las sombras. Nada se sabe de la situación real económica de la Iglesia Palmariana ni de cuántas familias la habitan. Tampoco el número de enterrados que hay detrás de sus muros ya que los fieles son inhumados en la propia “fortaleza”.

En los ochenta nadie hizo nada por parar a la Iglesia Palmariana. De hecho, el PSOE los legalizó como Organización Religiosa en 1987, a pesar de que, a cuentagotas, aparecían varios escándalos en los medios de comunicación. Sobre todo en Interviú. 

En mayo de 1982, Gregorio XVII y sus colaboradores protagonizaron un escándalo en Alba de Tormes (Salamanca) en la tumba de Santa Teresa de Jesús. Varios habitantes acusaron al Papa y sus seguidores de intentar robar las reliquias de la Santa. El hecho acabó a guantazos, tras insultar gravemente el Papa Clemente a la mística de Ávila llamándola “ramera” y “rojo y masón” al entonces Papa Juan Pablo II.

A finales de ese mismo año se hizo público un caso mucho más grave. En Sevilla un joven fue ingresado en un hospital tras intentar quitarse la vida cortándose los testículos y clavándose en los ojos las púas de un cilicio. Era un atractivo cubano de 25 años muy cercano a Clemente. Se empezó a hablar por entonces de las prácticas sexuales y los castigos físicos que se prácticaban en el interior del llamado“Vaticano chico”. Una vez más nadie investigó.

En los años 90 se sucedieron denuncias de casos similares en los medios y el propio Papa reconoció en una misa para purgar su alma haber mantenido sexo con varios sacerdotes y monjas de su Iglesia.

El papado de Clemente duró hasta 2005 cuando le sobrevino la muerte. Pero la historia de El Palmar de Troya continuó llena de silencios y escándalos, tal y como contaremos mañana en Elcierredigital.com.

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