30 de marzo de 2020
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FIN DE SEMANA

Tenían que solventar una deuda de 7.000 euros nada más llegar a Sevilla, por lo que tenían que poner el aval de su casa o la de sus padres

Así es el clan de mujeres que captaba a chicas en Nicaragua para su explotación doméstica

La Policía Nacional ha desarticulado el clan que se dedicaba a captar mujeres en Nicaragua para explotarlas laboralmente
La Policía Nacional ha desarticulado el clan que se dedicaba a captar mujeres en Nicaragua para explotarlas laboralmente
Han sido detenidas dos mujeres españolas y otras tres nicaragüenses por delitos de delitos de trata de seres humanos, con fines de explotación laboral, y pertenencia a organización criminal. Las víctimas eran captadas en Nicaragua y después trasladadas desde el País Vasco hasta el barrio de las Tres Mil Viviendas (Sevilla) donde las endeudaban al máximo después de que consiguieran trabajo.

Promesas rotas nada más llegar y un completo infierno posterior. Así han vivido un grupo de mujeres inmigrantes de nacionalidad nicaragüense a las que le prometieron trabajos como empleadas del hogar y que, tras conseguirlo, les obligan a endeudarse al máximo. Un clan de mujeres mandaba sobre ellas y las explotaban laboralmente.

Las chicas no podían hacer frente a la deuda y sólo podían trabajar hasta la extenuación hasta que intervino la Policía Nacional, que calificó al clan como criminal. En concreto, el Grupo III de la UCRIF en Sevilla terminó la investigación el pasado lunes con la detención de cinco personas, dos españolas y tres nicaragüenses.

A todas ellas se les imputan dos delitos de trata de seres humanos, con fines de explotación laboral, y pertenencia a organización criminal. Tras pasar a disposición judicial, las dos supuestas cabecillas fueron enviadas a prisión provisional.

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La Policía Nacional ha sido la encargada de desarticular este clan

Estas dos mujeres, según la Policía, llevaban el peso de la organización, aunque ninguna tenía antecedentes. Una de ellas, una nicaragüense de 47 años, se encargaba de la captación de las víctimas en su país de origen. “Bajo la promesa de venir a España y conseguir un trabajo digno como empleadas de hogar, les compraban un billete de avión y les suministraba dinero en efectivo para realizar el cruce de la frontera, con el fin de garantizar su entrada como turistas”, explica el comunicado policial.

Llegada a Sevilla desde el País Vasco

El avión ponía rumbo a España con destino Bilbao, que era la primera parada dentro de España. Ya estaban listas para devolver todo ese efectivo adelantado, por lo que entregaban su vivienda como aval para hacer frente a los gastos de traslado y manutención. Las que no tenían hogar propio, presentaban las escrituras de la de sus padres.

Nada más aterrizar se les avisaba de que la deuda adquirida llegaba a superar los 7.000 euros, y que en caso de que no fuera solventada, el clan se quedaría con su propiedad. La cantidad no dejaba de aumentar porque desde que las trasladaran desde el País Vasco a Sevilla la cuenta ya iba creciendo.

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Las víctimas vivían hacinadas en pisos de las Tres Mil Viviendas (Sevilla)

Después eran alojadas en pisos de las Tres Mil Viviendas de Sevilla. En estos domicilios convivían en situaciones casi insalubres, pues podrían vivir perfectamente en el mismo piso hasta quince chicas, ocho o nueve de ellas durmiendo en una misma habitación, en unas condiciones de hacinamiento total.

Deuda y explotación laboral

Por el precario alojamiento en el que vivían, el grupo criminal les cobraba 100 euros mensuales. Conceptos como poner anuncios en internet para buscar empleo o por las entrevistas de trabajo que les conseguían, aunque finalmente no consiguieran el puesto, la organización también les pasaba la factura. Las víctimas eran observadas las 24 horas, ya que eran vigiladas completamente por un miembro de la organización, que ejercía de chófer, cuya tarea era trasladar a las trabajadoras a las respectivas viviendas donde estaban de empleadas del hogar.

Tenían prohibido buscar trabajo por cuenta propia y, en el caso de que lo obtuvieran de esa forma, la organización les descontaba 500 euros de su nómina cada mes. Además, aunque estuvieran de interna en una casa, les seguían cobrando la cama que habían dejado libre en las Tres Mil Viviendas.

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Las chicas vivían prácticamente hacinadas 

Ellas aceptaban por miedo a perder su casa o dejar en la calle a sus padres, estaban completamente agobiadas y coaccionadas por el clan. Finalmente, la Policía consiguió liberar a siete mujeres y poner fin así a la explotación laboral a la que estaban sometidas.

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