08 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Su padre tenía en Cuba la empresa 'Central de Azúcar del Golfo' que fue expropiada por el regimen castrista en 1971, tres años antes de nacer ella

Rocío Monasterio, retrato de la lideresa de la ultraderecha española: De su origen cubano a las dudas sobre su licenciatura como arquitecta

Rocío Monasterio.
Rocío Monasterio.
Medio centenar de hombres y mujeres, un total de 52, han desembarcado en el Congreso de los Diputados fruto del espectacular crecimiento del partido ultraderechista Vox. Dos de las más importantes caras visibles de la formación son el matrimonio formado por Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio. Él es el Portavoz del partido de Santiago Abascal en la Cámara Baja y ella es la cabeza de Vox en la Comunidad de Madrid.

Su vida y carrera política va unida a su marido, Iván Espinosa de los Monteros. Los dos se caracterizan por un discurso duro y marcado por el machaque al contrincante. La ideología de género, los derechos LGTBI y la defensa de la familia cristiana son los caballos de batalla del matrimonio.

Ninguno de los dos viene de la clase media trabajadora y, juntos, forman un binomio perfecto. Sin embargo, tras el éxito de la formación ultraderechista en las pasadas elecciones, Rocío Monasterio ha optado por tener un perfil mucho más bajo. Sus intervenciones en la Asamblea de Madrid y como "lideresa" del partido en dicha comunidad ya no generan la cantidad de titulares y comentarios en redes sociales como durante meses fue habitual. Los pocos periodistas que tienen trato con el núcleo duro de Vox, aseguran que Monasterio ha preferido dejar el papel de ‘bocachanclas’ oficial a Javier Ortega Smtih y nuevos nombres que, de la noche a la mañana, han saltado a la palestra.

Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros. 

A pesar de haber sido la cara femenina visible del partido, Rocío Monasterio es una gran desconocida en parte. Nació en Madrid, en 1974, aunque en algunas biografías no oficiales sitúan su origen en Cienfuegos (Cuba). Su padre sí es de origen cubano y dueño de la próspera empresa Central de Azúcar del Golfo, que el régimen castrista le expropió poco antes de nacer Rocío. Por parte de madre tiene raíces asturianas, de las que conserva el gusto por la fabada. Una cocina tradicional y radicalmente opuesta a la que permitió a su progenitor salir adelante tras abandonar Cuba y empezar de cero en España en 1971 con la franquicia estadounidense del pollo frito, Kentucky Fried Chicken.

Su profesionalidad puesta en entredicho

Desde pequeña fue aficionada al dibujo y tal vez por eso, se decidió a estudiar arquitectura. Su título también le ha generado unos cuentos dolores de cabeza cuando decidió entrar en política. Fue el diario El País el que destapó el escándalo el pasado mes de octubre. Según desvelaba el periódico del Grupo PRISA, Monasterio presentó su proyecto de fin de carrera y se colegió como arquitecta en 2009, cuando llevaba ya varios años firmando planos y ejerciendo como tal. Ese mismo periódico aseguraba que incluso firmó la construcción de tres pisos tipo loft en 2003, firmando como arquitecta. Uno de ellos, propiedad del presentador Arturo Valls en el barrio de Lavapiés, polémico también por el procedimiento seguido sobre el cambio de uso industrial a residencial. Monasterio se querelló contra este periódico por “manipulaciones y falsificaciones de documentos” sobre su carrera como arquitecta.

El cómico y actor Arturo Valls ha denunciado a Rocío Monasterio. 

El escándalo que a cualquier otra política habría costado el cargo no acabó con ella. Su carácter empecinado se hizo nuevamente presente y ha aguantado el chaparrón de críticas sin inmutarse.  Hace unos días el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) lanzó una serie de consideraciones generales en relación a las presuntas irregularidades sobre proyectos de reformas realizados por el estudio de la portavoz de Vox en la Asamblea y ha remarcó que la titulación oficial de Grado y Máster es “requisito indispensable” para ejercer la profesión y la colegiación es “exigencia para intervenciones en edificios cuando se acometen cambios de usos”. Por otro lado, manifiesta que los proyectos de arquitectura deben estar visados por un colegio de arquitectos que deben controlar la verificación y habilitación profesional del “técnico firmante y sobre la corrección e integridad formal del documento”.

Rocío Monasterio junto a Santiago Abascal en una reunión. 

En octubre, técnicos municipales comprobaron que el despacho de Monasterio, que por el momento carece de licencia, no tenía ya actividad profesional y por tanto no se clausuró su vivienda, si bien el expediente de disciplina urbanística continúa abierto hasta que no se apruebe una nueva licencia, como ya han solicitado, y se realicen las obras para ajustar la situación de su chalé a la normativa municipal.

“Ante las informaciones aparecidas en medios de comunicación y sus consecuencias tanto en la opinión pública como en el colectivo de arquitectos que ejerce su profesión de forma responsable, el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (CSCAE) y el Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM) rechazamos cualquier comportamiento reprobable, en el caso de que se hubiese producido, y subrayamos que nuestro trabajo y el de todos los colegios de arquitectos del país promueve y garantiza las actuaciones profesionales adecuadas para preservar el interés general de la ciudadanía”, apuntaban ambas entidades.

La comisión odontológica de la organización colegial acordó el archivo la queja formulada por el grupo municipal de Más Madrid para que se investigaran presuntas irregularidades urbanísticas en el caso de reformas acometidas por el estudio de la portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid en diversos proyectos acometidos entre los años 2000 y 2007 cuando no tenía aún el título oficial.

Boda Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros. 

Este carácter estoico de Rocío Monasterio ya le sufrieron Isabel Díaz Ayuso (PP) e Ignacio Aguado (C’s) durante las negociaciones para poder formar el Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Fue en 2013 cuando Rocío Monasterio se unió al partido político Vox junto a su marido Iván Espinosa de los Monteros. Desde entonces hasta hoy su discurso apenas ha variado y es poca amiga de dar su brazo a torcer. Ese mismo año inició sus colaboraciones en Intereconomía atacando al feminismo radical con argumentos como estos. “La dictadura de género (…) No estoy dispuesta a formar parte de ese proyecto totalitario que es la ideología de género y el hembrismo al que todos hemos sucumbido. Estoy cansada de ser utilizada por políticos, por lobbies, por las instituciones que bajo un discurso de aparente reivindicación de los derechos de las mujeres pretenden acabar recortándonos en los derechos fundamentales”

Aficionada al dibujo y la guitarra, le gusta, además, perderse en las imponentes sendas de los Picos de Europa, montar en bici, o surfear en el Cantábrico. Madre de cuatro hijos, presume de que son pocos los que han conseguido descifrar su verdadera personalidad y que su mejor baza es la paciencia. Unas características que, por ahora, le han servido para convertirse en la lideresa de la ultraderecha nacional. Una Marianne Le Pen a la española.

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