23 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

El empresario utilizó la repercusión mediática de la segunda esposa de Miguel Boyer para que la sociedad no olvidara lo sucedido con Rumasa

La verdad de Ruiz Mateos (VII): Su guerra contra Isabel Preysler, tartazos, pintadas y 'Villa Meona'

Ruiz Mateos en uno de sus performances.
Ruiz Mateos en uno de sus performances.
José María Ruiz Mateos no quería que se olvidara la expropiación de Rumasa. Para ello utilizó la repercusión mediática de Isabel Presyler, la segunda esposa de su archienemigo Miguel Boyer. La filipina fue víctima de algunos de sus shows: recibió tartazos, sus casas se llenaron de pintadas, delante de su propiedad arrojaron gallinas y retretes y tuvo que ver cómo una mujer aseguraba tener una hija de Miguel Boyer y a una modelo china parecida a ella anunciar bombones con Ruiz Mateos.

Tan sólo dos semanas más tarde del famoso "¡Que te pego, leche!", la familia Ruiz Mateos volvió a la carga. Esta vez contra su mujer. Fue el 22 de mayo de 1989. Ese día, Isabel Preysler acudió al elitista restaurante Jockey, en la calle Amador de los Ríos, como miembro del jurado que debatía la entrega del premio 'la aguja de oro', otorgado por la conocida boutique madrileña Dafnis que regentaba su íntima amiga, ya fallecida, María Rosa Salvador.

Isabel descendió de su vehículo Mercedes, pagado por Julio Iglesias, y subió a uno de los reservados. Isabel era asidua a este premio. Mientras hablaba con Enrique Loewe, el maitre del restaurante le pasó una nota firmada por los hijos de Ruiz Mateos. “Queremos hablar con usted, son cinco minutos”. Abajo, en el comedor principal de Jockey, se encontraban Paloma, Rocío, Alfonso y José María Ruiz Mateos hijo que celebraban el cumpleaños de éste último. Al recibir la nota, la mujer de Boyer guardó silencio, entre el asombro y la indignación.

Pero los vástagos de Ruiz Mateos ya habían decidido cuál iba a ser su castigo. La venganza estaba al alcance de su mano. Intuían que la filipina no les iba a hacer ni caso y que les iba a ignorar. Cuando la vieron salir del reservado decidieron, sin pensárselo dos veces, comprar una tarta en una pastelería cercana de la cadena Mallorca y seguirla en moto hasta el número 91 de la calle Velázquez, donde pasaba consulta su ginecólogo, García del Real. Cuando bajó del automóvil, en pleno barrio de Salamanca, Paloma Ruiz Mateos, una de las trece descendientes del empresario, la encargada de seguirla en moto, se abalanzó sobre ella y le arrojó la tarta comprada, de bizcocho, nata y crema.

Sin embargo, la actuación del guardaespaldas de Isabel Preysler que vio el peligro y la avisó, salvó a la mujer de Boyer de recibir de lleno el impacto de la tarta, que fue a parar a sus pies y sólo le salpicó las piernas. Mientras que Paloma Ruiz Mateos le arrojaba con fuerza la tarta, le gritó: “Como le pase algo a mi padre te vas a enterar, porque somos muchos a perseguirte. No vamos a descansar hasta que te marches de España”.

El tartazo de Paloma Ruiz Mateos a la Preysler. 

Isabel no dijo nada. La miró y se limitó a entrar apresuradamente en el portal, mientras el guardaespaldas iba contra la hija de Ruiz Mateos. Eran ya demasiados sustos, demasiadas emociones, e iban provocando en el matrimonio un efecto de temor, inesperado para la densa y compleja personalidad de Boyer, donde no tenía cabida la palabra miedo. Pero las estrambóticas operaciones de acoso público llevadas a efecto por la familia Ruiz-Mateos (pintadas, disfraces, tartas, bofetadas, etc.) iban logrando su objetivo en casa de los Boyer, donde el ambiente se cargaba de incertidumbre y de malestar.

Los toros de Osborne y los retretes 

Sin embargo, Ruiz Mateos no cesó su operativo propagandístico. Los guerrilleros proseguían con su labor y el estratega familiar, el profesor Sainz Moreno, persistía en poner nuevas ideas sobre la mesa. Otra de sus creativas obras fue pintar todos los toros publicitarios de Osborne que aparecían en las laderas de las carreteras españolas, con la palabra en mayúsculas de “BOYER”, dando a entender que era “un cornudo”. Las autoridades decidían a continuación taparlos y mantenerlos así hasta que siete u ocho meses después se limpiaban, pero Ruiz Mateos tenía un equipo de personas que se recorría todas las carreteras nacionales en busca de los famosos toros y cuando se encontraban uno limpio, lo volvían a pintar.

En otra ocasión, el estratega de Ruiz Mateos decidió alquilar un chalé en Marbella pegado al que tenía alquilado el matrimonio para su veraneo. El dueño de Rumasa contrató a varios paparazzis que estuvieron todo el periodo estival haciendo guardia desde las ventanas del chalé anexo, con grandes teleobjetivos, para ver lo que sucedía en el interior de la heredad alquilada de los Boyer, pero no consiguieron nada, salvo amargarles el descanso.

En su lucha, llegó incluso a publicar esquelas mortuorias con una gran cruz, como la aparecida el día 22 de abril de 1990 en el diario El Mundo, que rezaba así: “Rogad a Dios en caridad por Rumasa, SA, primer holding privado de España, hecho desaparecer a los 22 años de edad víctima de la prepotencia socialista. Su desconsolado viudo, José María Ruiz Mateos y el resto de su familia, así como sus 700 empresas filiales y asociadas, sus 65.000 empleados directos y 300.000 indirectos y sus 26 actividades sectoriales diferentes ruegan una oración para que la justicia actúe de una vez para siempre. El acto piadoso que se celebrará un día de estos en las torres de Jerez no será oficiado por Luis Valls Taberner, opus ominum, ni asistirán seguramente Rafael Termes, opus ominum, ni Felipe González ni Miguel Boyer de Preysler, Mariano Rubio ni otros muchos coautores beneficiados y afines.”

Ruiz Mateos y su 'obsesión' por la Preysler. 

Tras las esquelas, llegaron los ataques a las residencias de los Boyer: Puerta de Hierro, las residencias veraniegas, avionetas sobrevolando las playas de Marbella con el lema “Justicia para Ruiz Mateos”, pintadas en muros, anuncios televisivos, etc... Así, en una ocasión mandó comprar a su gran amigo y socio, el empresario granadino Jesús Solana, un camión entero de gallinas que fue arrojado a las puertas de la mansión de Isabel Preysler en Puerta de Hierro, mientras se extendía un cartel de grandes dimensiones donde se leía: “Más….que las gallinas”. Los fotógrafos habían sido avisados con el fin de que inmortalizaran el momento y que apareciera en sus medios de comunicación.

Otro día, mandó comprar a su secretaria Pino Riesco más de cien retretes de marca para que se colocaran formando una gran pirámide frente a la mansión de la pareja en Puerta de Hierro. Se trataba de hacer una burla a la cantidad de cuartos de baños que tenía la propiedad. Pero Isabel Preysler dio una orden rápida a los vigilantes de seguridad de la urbanización que los quitó inmediatamente, por lo que cuando llegaron los fotógrafos, en esta ocasión, ya habían desaparecido de la fachada y no pudieron realizar su trabajo informativo. Precisamente, había sido José María Ruiz Mateos quien había filtrado a determinados medios de comunicación los planos de la famosa vivienda de puerta de Hierro, que pasó a ser conocida popularmente como 'Villa Meona' por la gran cantidad de aseos.

Los planos de 'Villa Meona'

Los planos de 'Villa Meona' hicieron correr ríos de tinta. Fueron filtrados al periodista Julián Lago, entonces director de la revista Tribuna, por el empresario Ruiz Mateos, que se hizo con ellos tras pagar una importante cantidad de dinero a una persona próxima a los arquitectos. Todo era excesivo y ostentoso. Hasta sus 44 habitaciones, con trece cuartos de baño (alicatados con azulejos de Porcelanosa), quince lavabos, siete bidés, siete bañeras, seis duchas, nueve dormitorios, tres cocinas e incluso, las casetas de los perros que estaban dotadas de calefacción solar. La nueva mansión fue bautizada por el escritor Alfonso Ussía como “Villa Meona”.

La reacción de Boyer tras la publicación de los planos de la nueva casa del matrimonio fue impropia de él. Un personaje que no era capaz de soportar humillaciones, que no tenía paciencia alguna, que carecía de perseverancia en su actitud docente, que no se tomaba la menor molestia en explicar sus decisiones o propuestas, compareció, sin embargo, ante los periodistas desmintiendo y matizando toda suerte de detalles sobre la mansión. Parecía un experto arquitecto hablando con minuciosidad sobre el propio plano. Pero lo que más irritó al ex ministro socialista fue el dato publicado de que tenía dieciséis cuartos de baño, “cuando en realidad sólo tenía trece”, y que su dormitorio tenía más de cuatrocientos metros.

La doble de Isabel Preysler

Otras actuaciones todavía perduran en las retinas de muchos españoles, como la que organizó con motivo de la Semana Santa de 1992. Durante esa fiesta religiosa, Ruiz Mateos montó frente al Ministerio de Economía una parodia de procesión religiosa con varios empleados suyos ataviados con trajes morados de nazareno, que cargaban un féretro en cuya superficie se leía una sola palabra en grandes letras blancas: “BOYER”.

La obsesión de Ruiz Mateos comenzó a llamarse: Miguel Boyer. Un personaje al que de entrada no culpaba de sus males, “y que le importaba un pimiento”, pero que luego se convirtió en un objetivo muy rentable para sus fines, tanto personales, como políticos y económicos. Tal fue su persecución, que compraba todo tipo de documentos y pagaba por lo que fuera. Muchas de las personas vinculadas en algún momento al exministro acudían a las oficinas de Ruiz Mateos, ubicadas en su propia mansión de Somosaguas, para entregar o vender documentación sobre el exministro, su mujer y sus amigos de la beautiful people.

Por ejemplo, hasta Somosaguas se acercó una señora que decía ser la madre de una hija secreta del exministro socialista. Le entregó al propietario de Rumasa cartas y fotos acreditativas. Se trataba de una vedette de un conocido teatro de variedades que decía haber sido su amante y que aportaba para ello una fotografía suya sentada en las piernas de Boyer mientras éste la abrazaba durante una de sus actuaciones. Esa información salió en diferentes medios de comunicación auspiciada por el propio Ruiz Mateos pero Boyer, siguiendo una táctica inteligente para no dar más publicidad al hecho, nunca interpuso una demanda contra ella ni contra el empresario por haber mancillado su honor.

También Isabel Preysler tuvo que soportar la aparición de mujeres que se hacían pasar por ella. Así, Ruiz Mateos contrató para ello a la china Li Liu Yan, nacida en Wuhan y graduada en Hostelería y Turismo, que dada su gran similitud con la filipina la suplantaba en distintos lugares. Incluso rodó con ella un spot publicitario para su firma de bombones Trappa, donde la china aparecía junto a Ruiz Mateos y éste le decía: “Que te atrapo, leche”.

De esta forma, sin prisa pero sin pausa, José María Ruiz Mateos fue ideando su venganza con el objeto de que la opinión pública no olvidara nunca la expropiación de Rumasa. Y a ello dedicó muchas horas de su vida y también la de sus seguidores, por entonces muy fieles. Y todo sin poner reparos al gasto económico, en una venganza que rayó el fanatismo y que llegó a atemorizar al matrimonio Boyer, al que logró perturbar su vida.

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