16 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

El de Burgo de Osma consiguió evitar que el padre del popular locutor de radio acabará en al cárcel por un problema inmobiliario

Así consiguió Jesús Gil llegar a la presidencia del Atlético de Madrid con el apoyo de José María García (IV)

Jesús Gil y José María García.
Jesús Gil y José María García.
Tras el desastre de los Ángeles de San Rafael, Jesús Gil intenta levantar su carrera como empresario y ve en el Atlético de Madrid una forma de limpiar la imagen de su macrourbanización. Sin embargo, pronto su objetivo se centró en querer hacerse con la presidencia del club colchonero. Una sorprende campaña electoral con el apoyo mediático de José María García. Finalmente, se hizo con la presidencia colchonera en 1987.

El soriano quería relanzar a toda costa la imagen de su complejo residencial Los Ángeles de San Rafael tras la tragedia y su paso por la cárcel, y, aprovechando su creciente amistad con Vicente Calderón, organizó una comida de hermandad entre las juntas directivas del Atlético del Madrid y del Real Madrid, con la presencia de sus máximos mandatarios. Este y otros actos estuvieron organizados por el nuevo encargado de relaciones públicas del complejo, el popular locutor Bobby Deglané.

Para la promoción de su macrociudad Gil, junto a su mano derecha el abogado José Luis Sierra, no dudó en ofertar chalés o terrenos a artistas de la época que así promocionaban la urbanización como era el caso de Massiel o Lola Flores, vecina de Gil en la calle Povedilla de Madrid a la que le unía una gran amistad. Las actuaciones musicales o las veladas de boxeo eran habituales en Los Ángeles de San Rafael. Así, el 29 de octubre de 1976, la ciudad de Segovia acogía uno de los acontecimientos deportivos más esperados de este año: el combate de boxeo para el título mundial de los superligeros, entre el campeón continental, el español Manuel Velázquez, y el tailandés Saensak Muangsurín.

La expectación despertada era enorme. Para evitar el acoso de las masas, el púgil decidió fijar su cuartel general en Los Ángeles de San Rafael. Acabado el combate Jesús Gil y José María García, que se había desplazado a Segovia para cubrir el combate para la cadena SER, volvieron juntos a Madrid. “Nos quedemos hablando hasta las 6 de la mañana. Desde entonces somos amigos a muerte” dijo Jesús Gil en su día.

Lola Flores y Jesús Gil fueron vecinos en los años sesenta y mantuvieron su amistad hasta la muerte de la artista. En la foto en Marbella en 1993. 

Tras ese encuentro el periodista visitó en varias ocasiones Los Ángeles de San Rafael donde se concentraba otro ídolo pugilístico, José Legrá. La amistad entre el empresario y el periodista se estrechó en el invierno de 1982. En estas fechas, el padre del popular locutor, José García Méndez, atravesaba graves problemas inmobiliarios que podían llevarle a la cárcel. García Ménez, como secretario general de la cooperativa de viviendas de La Familia Española, fue acusado por los cooperativistas de estafa, apropiación indebida y falsedad en documento mercantil.

El proyecto La Familia Española, en la población madrileña de Tres Cantos, se había vendo abajo afectando a unos mil propietarios, la mayor parte de muy humilde condición, que habían pagado una entrada de quinientas mil pesetas sin recibir nada a cambio.

La amenaza que pesaba sobre su padre hizo que José María García acudiera al despacho de Jesús Gil en busca de asesoramiento para solucionar el problema. El de Burgo de Osma, avezado profesional en el sector inmobiliario, no dudó en ofrecerle su ayuda.

El primero paso urdido por Jesús Gil fue el de infiltrarse entre los afectados en la crisis de la cooperativa. Consiguió el contrato de propiedad de una de las viviendas, y convocó una reunión de los portavoces de los damnificados en su sede del Club Financiero Inmobiliario. Hasta allí acudieron, en diciembre de 1982, algunos de los más activos cooperativistas de La Familia Española. La tensión se palpaba en el despacho de Príncipe de Vergara. Gil asumió rápidamente el protagonismo de la asamblea. “No os alarméis. La situación no es tan grave. Fijaos, yo también soy propietario de una vivienda, y estoy aquí, tan tranquilo” les dijo para apaciguar los ánimos.

Miriam García con José Luis Sierra, la mano derecha de Jesús Gil. 

Roto el hielo, Gil, para liberar de responsabilidades a los anteriores gestores, intentó convencer a los cooperativistas que solicitaran la suspensión de pagos de La Familia Española; figura jurídica ya conocida por el constructor soriano, pues su empresa matriz se había visto envuelta en una situación similar años antes. “Quiero evitar a toda costa que mi amigo García vaya a la cárcel. Lo mejor es pedir una suspensión de pagos y que la soporten los proveedores. De esto sé un rato”, dijo Gil al abogado Enrique Olmedillas, portavoz de los afectados.

Esta propuesto no fue aceptada, aunque sí se llegó al acuerdo de renovar la junta directiva de La Familia Española. José García Méndez desapareció de la escena y otros gestores se hicieron cargo de la cooperativa. La transferencia de poderes fue controlada personalmente por el abogado de Gil, José Luis Sierra, que pasaría a defender al padre del periodista en la querella interpuesta contra él por su gestión en cooperativa.

A finales de 1989, la sección sexta de la Audiencia Provincial de Madrid absolvió a José García de todos los delitos que le imputaron. Desde entonces, Gil siempre tuvo un espacio en los programas de radio de García para promocionar sus negocios inmobiliarios y sería fundamental para ascender a la presidencia del Atlético de Madrid.

El fútbol llega a su vida 

Gil empezaba ya a vislumbrar la posibilidad de que el Atlético de Madrid fuera el trampolín de sus ambiciones de poder. Tras este último encuentro, propuso a Calderón y Santos Campano que el club rojiblanco realizara la pretemporada de 1978 en su complejo residencial.

Vicente Calderón. 

La temporada 1979/1980 significó el ingreso de Gregorio Jesús Gil como socio del Atlético de Madrid. El día 1 de agosto de 1980, Alfonso Cabeza, único candidato a la presidencia del Atlético de Madrid, se convertía en el nuevo mandatario rojiblanco. El forense logró que el equipo, de la mano del malogrado técnico José Luis García Traid y del astro brasileño Dirceu, estuviese a punto de conquistar el campeonato liguero de aquel año. Los incidentes ocurridos en el Vicente Calderón durante el encuentro con el Real Zaragoza, con recordado arbitraje del sevillano Álvarez Zaragoza, le privaron de alcanzar el sueño frustrado de tantas generaciones atléticas.

Tras este descalabro deportivo, el peculiar estilo de gobierno de Cabeza hizo que el club rojiblanco atravesara una de las mayores crisis económicas que ha vivido esta entidad desde su fundación.

En las navidades de 1981, Gil y Gil recibió en su complejo de Los Ángeles de San Rafael la visita de su amigo el doctor Ibáñez, al que acompañaba el entonces vicepresidente primero del Atlético de Madrid, el abogado del Estado Antonio del Hoyo.

El día 18 de marzo de 1982, Alfonso Cabeza tenía encima de su mesa un amplio informe de Gil y Gil para solucionar los acuciantes problemas económicos de la entidad colchonera. El soriano sólo puso una condición: “Cabeza, yo te arreglo la quiebra económicamente de la entidad, pero me dejas las manos libres durante seis meses. En ese tiempo no debes ni aparecer por el club”.

Ante la rotunda negativa de sus directivos, Cabeza comunicó a Gil que no aceptaba sus condiciones. El forense duró poco tiempo. Las deudas del Atlético de condujeron a presentar la dimisión, quedando el club en manos de una gestora dirigida por el exministro Agustín Cotorruelo.

En la directiva de Calderón

Con la vuelta de Vicente Calderón a la presidencia, Jesús Gil entró como vocal en su junta directiva. El soriano deseaba encargarse de la construcción de la futura ciudad deportiva del Atlético de Madrid, en la que se levantarían viviendas de alto poder adquisitivo. Gil quería sacar provecho de un medio que conocía a la perfección y que había sido su principal motivo para entrar en el club colchonero.

José María Garcia fue un gran apoyo para llegar Gil a la presidencia Atlética. 

Las habituales maniobras de Gil fueron aprovechadas por Vicente Calderón para que renegociara una deuda de 231 millones de pesetas de la entidad colchonera con el Banco de Levante, que había hipotecado estadio del Manzanares. De esta forma, Gil iba adquiriendo poco a poco un protagonismo especial dentro del organigrama del poder rojiblanco. Una relevancia que cayó mal entre los restantes miembros de la junta directiva. Las discrepancias que tuvieron su culminación en un escrito facilitado por el constructor soriano a los medios de comunicación. En él se denunciaban diversas irregularidades en la concesión del bingo del club, así como la presunta comisión recibida por algunos directivos en la compra de un cerebro electrónico. Gil tan solo duro cinco meses como directivo rojiblanco. Su amistad con Calderón quedo truncada.

Meses después los acontecimientos cambiaron. Calderón, antes de fallecer el 24 de marzo de 1987, quiso dejar atada su sucesión en el club del Manzanares. Al no encontrar a la persona ideal en su entorno para avalar económicamente el levantamiento de una sociedad que había tocado fondo, volvió a pensar, aun a pesar de sus rencillas, el Gil y Gil.

Una campaña electoral peculiar

Gil comenzó una campaña electoral espectacular. Debía hacer frente a cuatro grupos que aspiraban también a regir el club del Manzanares: el del ex ministro Cotorruelo, que llevaba en su candidatura a Lázaro Albarraicín y Enrique Cerezo; el del también ex ministro Sánchez de León; el del veterano Santos Campano, y el del peletero Manuel Herrero.

Al final, Sánchez de León, Cotorruelo y Santos Campano no lograron unirse en una solo candidatura, a pesar del intento realizado una noche en casa del inspector de Hacienda José María Sánchez Cortés. No hubo acuerdo sobre la persona que debía encabezar la lista única. De esta división, Gil salió reforzado en sus aspiraciones.

Para reforzar su operación, Gil contrató los servicios del intermediario alicantino y de los ex jugadores colchoneros Pepe Navarro y Rubén Cano. La campaña presidencial resultó muy costosa para sus arcas, pues se gastaron cerca de doscientos millones de pesetas. Gil se lanzó a proclamar una serie de promesas electorales como fletar un barco casino para el Manzanares o crear una escudería de Fórmula Uno, que sorprendió a la masa de socios atletista. "Quien no vote a Gil no es atlético. Está a 25 años luz de todos los demás” llegó a decir el periodista José María García.

El fichaje de Paolo Futre fue la gran baza de Gil en la campaña electoral. 

Sólo restaba un golpe de efecto. Sus asesores de imagen le hicieron ver la necesidad de fichar a una estrella del fútbol. Con tal fin el abogado Francisco Bermejo se trasladó a la Ciudad Condal para intentar fichar al alemán Schuster pero este se negó a ser trasladado ya que quería terminar sus contrato en el F.C. Barcelona.

Tras este fallo los consejeros deportivos de Gil intentaron el fichaje del portugués Paule Futre, a quien el club rojiblanco tenía en mente desde los tiempos de Alfonso Cabeza. Futre era el hombre ideal para decantar las elecciones a favor de Gil. Una noche del mes de mayo, el constructor soriano y el abogado Bermejo decidieron trasladarse a Portugal. Gil decidió usar toda su picaresca para conseguir que el mandatario portugués cambiara de opinión. Tras varias horas de conversaciones, Nuno de Lima, presidente del equipo donde jugaba Futre, dio su palabra de que el jugador acabaría en el Atlético de Madrid. Así, tres días antes de las elecciones, Gil anunció que aportaba el fichaje del portugués si accedía a la presidencia.

El 26 de junio de1987 Jesús Gil fue elegido presidente del Club Atlético de Madrid entre aclamaciones. Su sueño se había hecho realidad. A las pocas horas de finalizar el recuento, Gil, ya como presidente, partió hacia Zaragoza en uno de los tres trenes que había prometido fletar gratuitamente para sus socios. El Atlético de Madrid disputaba esa tarde en la ciudad del Pilar la final de la Copa del Rey ante la Real Sociedad. El club rojiblanco se jugaba su futura participación en competiciones europeas, y la victoria podía suponer un balón de oxígeno para las maltrechas arcas rojiblancas. Al final no pudo ser. El Atlético salió derrotado del estadio de La Romareda.

Gil tomó su primera decisión como presidente, destituir al técnico Luis Aragonés que no dudó en denunciar al club por despido improcedente. El litigio entre Aragonés y Gil se solventó tras llegar a un acuerdo respecto al pago de sus honorarios. Jesús Gil hizo una exhibición de fuerza y demostró sus intenciones cuando aseguró a sus colaboradores: “Ir tirando las urnas al Manzanares porque nunca más se va a votar”. Lo cumpliría. Gil ya había logrado su objetivo. El Atlético de Madrid era su trampolín hacia la fama.

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