24 de mayo de 2024
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FIN DE SEMANA

Con su muerte se lleva a la tumba los secretos de Estado del Gobierno de Felipe González, desde la operacion Sokoa contra ETA a la fuga Luis Roldán

La verdadera vida del espía "Paco" Paesa: El hombre que hizo temblar a España

El Cierre Digital en Francisco Paesa en los años setenta.
Francisco Paesa en los años setenta.
La Agencia Efe ha confirmado la muerte real de Francisco Paesa Sánchez, sucedida hace ya tres meses, el pasado mes de mayo. Con su muerte, el espía se lleva a la tumba los principales secretos de Estado del Gobierno del PSOE de Felipe González, desde la Operacion Sokoa contra ETA a la fuga y fortuna de Luis Roldán. No hay duda de que Paesa se convirtió en uno de los actores principales de la España de esos años, dominador de las cloacas y entresijos del Ministerio de Interior, al que burló.

Ha muerto, esta vez de verdad, según ha confirmado la Agencia EFE, el espía que hizo temblar durante los años ochenta y noventa los cimientos del Estado español. Ha dejado de existir Francisco Paesa Sánchez, "Paco", como era conocido este singular personaje entre los que circundábamos, para bien o para mal, las cloacas del poder español en esos largos años del Gobierno socialista de Felipe González Márquez.

Para muchos, "Paco" era y seguirá siendo un enigma. Otro nombre más en la lista de una España que nada recuerda. Ni quiere. Pero para muchos otros, el apellido Paesa irá siempre unido al hombre que más sabía de los turbios entresijos que salpicaban por entonces al Ministerio de Interior del Gobierno de España. De ese crucial departamento de Seguridad nacional controlado por el PSOE y dominado por personas como José Barrionuevo, José Luis Corcuera, Julián San Cristobal o el omnipresente y todopoderoso Rafael Vera Fernández-Huidobro.

Siempre les digo a mis alumnos de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, donde imparto docencia desde hace ya más de 20 años, que el periodismo es recordar. Hoy más que nunca. El periodismo no es nada si no sitúas la escena. Hay que tener siempre en cuenta las referencias pasadas precisas. Tener memoria. Y quizá, por eso, los periodistas de investigación somos una especie a extinguir en un mundo virtual y rápido donde la contrastación y las referencias no se exigen ni nadie las enseña. Y, apenas, nadie las echa de menos.

Recodar hoy a "Paco" es volver al tiempo mágico del periodismo duro y puro en España. Es reconocer a periodistas como Melchor Miralles, el primero en sacar a la luz pública el nombre de Francisco Paesa como presunto cómplice de los hombres detrás del GAL, José Amedo y Michel Domínguez. Es sacar a la luz nombres y apellidos que han marcado con letras de oro el periodismo de investigación en España, como Antonio Rubio Campaña o Manuel Cerdán Alenda, con sus exclusivas investigaciones sobre este espía en el recordado y querido diario El Mundo de entonces. Es, en definitiva, volver a ese periodismo valiente, con todas sus letras.

La noticia de la muerte, ahora real, de Paesa nos ha conmocionado a algunos. Porque "Paco" ya había muerto, al menos así lo decía su esquela funeraria publicada el 28 de julio de 1988 en el diario El País. Había "fallecido en Tailandia el 2 de julio 1998, donde había sido incinerado", según rezaba por entonces su esquela. En ella también se decía que se iban a ofrecer en su memoria "misas gregorianas" durante todo el siguiente mes de agosto en el monaterio cisterciense de San Pedro de Cardeña. 

Aunque ese año de 1998 fue dado por muerto, "Paco" en realidad seguía vivo. Lo hacía entre Luxemburgo, Suiza y París. Pero este 1 de agosto de 2023 la Agencia EFE ha dado a conocer que, finalmente, el espía y exagente de los servicios secretos españoles sí ha fallecido

Esquela de la muerte falsa de Francisco Paesa.

Su muerte, según la citada agencia, ha sido tan discreta que la noticia no ha llegado a España hasta ahora, aunque sucedió el 3 de mayo pasado. Tuvo lugar a las afueras de París, en el municipio de Bois-Colombes, donde vivía desde hacía años. Él tenía 87. Fue París su verdadero escondrijo, la ciudad donde también escondió a su amigo exdirector de la Guardia Civil, el ya fallecido Luis Roldán, cuando se fugó de España tras su atraco en la caja de la Benemérita. 

Antes y después de esta huída, Francisco Paesa se convirtió en uno de los actores principales de la España de esos años. Fue el principal testaferro de la millonaria fortuna de Luis Roldán, protagonista de una de las fugas más mediáticas de la historia de nuestro país. Tanto que Roldán y Paesa llegaron a ser la base de una película titulada 'Paesa, el hombre de las mil caras' (basada en un libro del mismo nombre de Manuel Cerdán), donde se contaba también la posterior entrega del exdirector de la Guardia Civil en Bangkok, capital de Tailandia, en 1995.

Pero antes de este protagonismo mediático, Paesa ya había asaltado los bajos fondos. Se había convertido en protagonista de algunos de los episodios más provocadores y ruidosos del mundo del espionaje español.

Una vida de película 

Francisco Paesa Sánchez, nacido en 1936, el año que comenzó la Guerra Civil española, empezó a ser conocido por los servicios secretos en la década de los setenta. Su primera intervención, con nombre y apellidos, fue en Guinea, junto a Antonio García Trevijano, el jurista que había elaborado la Constitución del país africano por orden directa de su amigo el dictador Francisco Macías

Así, "Paco", gracias a su amistad con Trevijano, consiguió convertirse en el hombre que iba a dirigir el Banco Nacional de Guinea. Atrás quedaban ya sus primeros negocios de huevos importados desde Argentina a España. Ahora, iba ser el gran director del banco guineano. Sin embargo, a los pocos meses, Paesa ya hizo una de las suyas. Se llevó el dinero que guardaban los guineanos en la caja fuerte del banco nacional y en su lugar dejo una piedra dentro de la caja. Y "Paco" se marchó para Suiza. 

Allí se instaló en Ginebra. Fundó varias empresas bancarias para llevar los ahorros de los emigrantes españoles desplazados al país helvético. Creó la empresa financiera Alpha Bank, por cuya gestión luego fue detenido. Acabo en la cárcel con una condena de 18 meses por estafa.

Pero durante ese primer periodo en esta ciudad suiza conoció a una de sus primeras amantes, Dewi Sukarno, la viuda del conocido dictador Sukarno y primer presidente de Indonesia. Con ella mantuvo un intenso idilio que le abrió las puertas del poder establecido. Y también la de los servicios secretos internacionales. Logró así penetrar en los poderosos círculos de la masoneria mundial. 

Con la llegada del PSOE a España, entabló lazos con los jefes del Ministerio de Interior del Gobierno de Felipe González, en concreto, con Julián San Cristobal,  militante del Partido Socialista Obrero Español, Gobernador Civil de Vizcaya y, luego, director de la Seguridad del Estado desde 1984.  

Francisco Paesa.

Una de sus tareas más importantes para el Estado español, como espía y traficante de armas, fue la "Operacion  Sokoa". En 1986 logró vender armamento a la banda terrorista ETA, en concreto, unos lanzamisiles con sensores y balizas incluidas, que sirvieron a los servicios secretos para desmantelar la cooperativa Sokoa, donde guardaban los miembros de ETA los archivos del impuesto revolucionario que cobraban a los empresarios para financiarse.

Su éxito fue total. Esta operación se convirtió en uno de los hitos del Gobierno de González en la lucha contra ETA. El logro le sirvió a "Paco" para penetrar aún más a fondo en las entrañas y cloacas del Estado español. Pero, tras ser descubierto por el periodista Melchor Miralles en un reportaje para el entonces periódico Diario 16 por su colaboración para amedrentar a testigos problemáticos para la operativa de los GAL, Paco huyó de nuevo a Suiza.

Allí, en Ginebra, se convirtió en Embajador plenipotenciario de la nación insular africana de Santo Tomé. Consiguió de este modo pasaporte diplomático y evitar a la Justicia española, que ya le pisaba los talones con el juez Baltasar Garzón a la cabeza. Logró una vez más escabullirse. Era el hombre no de las mil caras, sino de las mil vidas.

La fuga de Roldán

Fue ya en la década de los noventa donde protagonizó sus papeles más especiales y mediáticos. Paesa pasó al punto de mira de toda la prensa cuando se le vinculó, a mediados de los 90, con uno de los escándalos más llamativos de la España de la época: la fuga de Luis Roldán

El Gobierno socialista destituyó a Roldán el 3 de diciembre de 1993 como director de la Guardia Civil. Meses antes, el entonces ministro de Interior del PSOE, José Luis Corcuera, al que Roldán estuvo a punto de sustituir como titular de esta cartera, le había calificado de “hombre cabal”.

El Fiscal General del Estado también llegó a decir que no había nada que investigar. Pero la jueza Ana Ferrer inició una investigación tras una denuncia presentada por el fallecido empresario jerezano José María Ruiz Mateos, apoyándose en recortes de prensa. Al iniciarse estas investigaciones, Roldán se fugó de España. Lo hizo en abril de 1994. Y tras estar durante meses escondido en un piso de París, con el apoyo de Paesa, se entregó en el aeropuerto de Bangkok (Tailandia) en febrero de 1995.

Más tarde, en 1998 fue condenado a 28 años de cárcel. Pero el Tribunal Supremo aumentó su pena a 31 años. En 2005 pudo salir de la cárcel de Brieva para ir a trabajar, ya con 58 años en su mochila. Pero su fortuna ya no existía. Se había esfumado. Su testaferro, Francisco Paesa, había también desaparecido de la escena pública. El dinero supuestamemente se lo había llevado él, aunque nunca hubo una investigación oficial al respecto.  

Francisco Paesa.

Paesa desapareció de toda la escena pública tras la entrega de Roldan al Gobierno de España. Ya no se le vio más en los ámbitos oscuros del Estado. Eso sí, tras burlar al que por entonces era ministro de Interior del PSOE, Juan Alberto Belloch.

Despues, en 1998, el diario El País publicó la famosa esquela funeraria del espía, anunciando que había muerto de un ataque al corazón en Tailandia. Incluso su familia le encargó varias misas gregorianas, como hemos visto anteriormente. Sin embargo, el CNI nunca se fio de la desaparición de Paesa.  Ni tampoco los periodistas Antonio Rubio y Manuel Cerdán.

"Antonio, si me pasa algo te llegará una caja con documentos muy exclusivos", le dijo Paesa a Rubio en una de las cenas que mantuvieron en la mansión que el espía disfrutaba en Las Rozas, en las afueras de Madrid, donde tenía animales, al estilo del abogado Emilio Rodriguez Menéndez, y hasta un pequeño riachuelo. A Rubio ni a Cerdán les llegó nada de nada en ese periodo de silencio y oscurantismo. "No está muerto", se dijo Antonio Rubio para sus adentros. Y empezó a investigar su extraña muerte y desaparición.

En noviembre de 2004, el entonces periodista de El Mundo logró encontrarlo por fin en Luxemburgo. Paesa estaba vivo. Usaba un pasaporte argentino a nombre de Francisco Pando Sánchez, nacido el 1 de marzo de 1950, y compartía oficina comercial con su sobrina, Beatriz, abogada con despacho también en ese número 13 de la plaza de Armas de Luxemburgo. Rubio contó para ello con la colaboración de Francisco Marco, dueño de la conocida agencia de detectives de Barcelona Metodo 3. 

La misma que utilizó más tarde el entonces director de la revista Interviú, Manuel Cerdán, para realizarle una vigilancia meses después, en 2005, cuando, tras la publicación de su hallazgo en El Mundo, el espía se había fugado de nuevo a su querida París, la ciudad de Europa que mejor conocía y donde finalmente ha fallecido. Cerdán, con su localización y posteriores fotografías en Intervíú, lograba de nuevo la confirmación pública de que Paesa estaba vivo y coleando. Lo encontraron en la capital gala en perfecto estado de revista.  Allí, desde el año 1999, compartía parte de su tiempo con la francesa Martine Buzon.

Ahora, la Agencia Efe ha confirmado la muerte real de Francisco Paesa Sánchez, sucedida hace tres meses, el pasado mes de mayo. Es curioso que ningún medio ni periodista de entonces, como, por ejemplo, Pedro J. Ramírez, haya logrado saber nada durante este periodo de tiempo ni conocer su muerte el pasado mayo, ni publicarla.

Lo que sí parece claro es que Paesa se lleva a la tumba los secretos de Estado claves durante el Gobierno del PSOE de Felipe González. Desde la mencionada Operacion Sokoa contra ETA a la fuga Luis Roldán, así como el destino de su millonaria fortuna nunca encontrada. Se da así el adiós al espía de las mil vidas y caras.  

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