28 de marzo de 2020
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FIN DE SEMANA

El historiador Julio Merino repasa los acontecimientos posteriores al alzamiento de Franco y el comportamiento del entonces rector de esta Universidad

La vida de Miguel de Unamuno en Salamanca tras el golpe militar de 1936 no contada en la película de Amenábar (II)

Unamuno y su familia en Salamanca.
Unamuno y su familia en Salamanca.
El comportamiento de Miguel de Unamuno tras el levantamiento militar del 19 de julio de 1936 en Salamanca es recogido y analizado por el historiador Julio Merino en este artículo, que trata de poner orden en la vida del insigne escritor e intelectual no bien retratado, según él, por el director Alejandro Amenábar a lo largo de su película "Mientras dure la guerra".

No hay más remedio que hablar de “Mientras dure la guerra”, la película que iba a barrer y no barrió en los Premios Goya 2020. No estoy a favor ni en contra de la película. Pero sí me gustaría repasar los hechos ciertos del contexto histórico que se ha intentado recoger en la película.

Creo que antes de hablar de lo que sucedió el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, que es el objetivo principal de la película, conviene repasar lo que sucedió antes, algo que ya hemos examinado en el capitulo anterior publicado en elcierredigital.coml sobre las relaciones desconocidas y sorprendentes de Francisco Franco, Miguel de Unamuno y Millán Astray.

Pero hoy nos vamos a centrar en lo que pasó desde el mismo domingo día 19 de julio de 1936 cuando el Ejército declaró el Estado de Guerra en la Plaza Mayor de Salamanca. Digamos de entrada que don Miguel en cuanto supo que se había proclamado el Estado de Guerra ya salió a la calle aplaudiendo y gritando ¡Viva España! y ¡Viva la República!

Fanco en la pelicula de Amenábar a punto de izar la bandera roja y gualda en Salamanca.

El hecho es que aquel 19 de julio Miguel de Unamuno se puso de parte de los “Nacionales” y frente al “miserable Gobierno de Madrid”, como le confiesa al periodista francés Jerome Tharaud: “Tan pronto como se produjo el movimiento salvador que acaudilla el general Franco, me he unido a él diciendo que lo que hay que salvar en España es la civilización occidental cristiana y con ella la independencia nacional, ya que se está aquí, en territorio nacional, ventilando una guerra internacional. (...)

En tanto me iban horrorizando los caracteres que tomaba esta tremenda guerra civil sin cuartel debida a una verdadera enfermedad mental colectiva, a una epidemia de locura con cierto substrato patológico-corporal. Las inauditas salvajadas de las hordas marxistas, rojas, exceden toda descripción y he de ahorrarme retórica barata. Y dan el tono no socialistas, ni comunistas, ni sindicalistas, ni anarquistas, sino bandas de malhechores degenerados, ex criminales natos sin ideología alguna que van a satisfacer feroces pasiones atávicas sin ideología alguna. Y la natural reacción a esto toma también muchas veces, desgraciadamente, caracteres frenopáticos. Es el régimen del terror. España está espantada de sí misma. Y si no se contiene a tiempo llegará al borde del suicidio moral. Si el miserable gobierno de Madrid no ha podido, ni ha querido resistir la presión del salvajismo apelado marxista, debemos tener la esperanza de que el gobierno de Burgos tendrá el valor de oponerse a aquellos que quieren establecer otro régimen de terror. (...)

Insisto en que el sagrado deber del movimiento que gloriosamente encabeza el general Franco es salvar la civilización occidental cristiana y la independencia nacional, ya que España no debe estar al dictado de Rusia ni de otra potencia extranjera cualquiera”

Luego, ya el día 25, fue uno de los Concejales que tomaron posesión del Ayuntamiento, con el Comandante Francisco del Valle Marín como alcalde, y ayudó a izar la nueva bandera rojigualda.

“Estoy aquí -diría- por una razón de continuidad, pues soy Concejal desde el 14 de Abril de 1931 designado por el pueblo. En todo momento he servido a España por la República y mi posición es bien clara: No quiero extenderme en consideraciones sobre el momento presente que no es pugna de ideas ni de doctrinas, es sencillamente un estallido de malas pasiones, y para que España viva hay que salvar la civilización occidental que está en peligro.

Aquí estoy en lo que lo permitan otras atenciones y la edad. Este espectáculo lamentable y triste es debido no sólo a esas malas pasiones, sino a que se está creando una generación de idiotas con juventudes cuya mentalidad es de chicos de corta edad.

Al ir diariamente a mi despacho de la Rectoral, contemplo y admiro la estatua de Fray Luis de León, una de las mejores que tiene Salamanca, y su gesto admirable, la mano tendida como aconsejando calma y meditación, me parece la encarnación más acertada del consejo que puede darse en los momentos actuales.

Hay que salvar la civilización occidental, la civilización cristiana tan seriamente amenazada; mi posición es de todos bien conocida, consecuencia de ver muchos pueblos regidos de forma tal que puede asegurarse que entre los dirigentes no falta ningún presidiario”.

Retrato de Miguel de Unamuno.

Pero, su situación personal se complica. Porque dos de sus hijos se han incorporado a las filas republicanas y su yerno, José María Quiroga, ha quedado atrapado en Madrid y no se sabe qué ha sido de él… y además la crisis emocional y espiritual que vive desde que murieron su mujer, doña Concha Lizárraga (1934) y su hija Salomé, la preferida (1933) le están haciendo envejecer a marchas forzadas. Según los periodistas que le entrevistan por aquellas fechas “Don Miguel” ya es un hombre físicamente distinto al que había sido, pues sus hombros se han ido hundiendo y sus pies se arrastran.

Justicia y Bienestar

A pesar de ello se sobrepone y entre pesares y angustias sigue escribiendo. Famosos fueron los artículos que escribió durante aquel mes de julio para el “Ahora” de Madrid (el periódico del que fue director Chaves Nogales). Como muestra reproducimos algunas líneas del que tituló "Justicia y bienestar".

 “Antes, y como para hacer boca —mejor, oído— vaya un racimito, amodo de pequeños botones de muestra, de frutos de la tan cacareada revolución.

Pasa por la plaza una muchachita acompañada de un su familiar, cuando un zángano mocetón se divierte en hacerle una mamola. El familiar se vuelve a reprenderle, el mocetón se insolenta y el otro arrecia en la reprensión. Y entonces, ante el grupo de curiosos que se arremolina, ¿qué se le ocurre al zángano? Pues ponerse a gritar: “¡Fascista!, ¡fascista!” Y esto basta para que el reprensor tenga que escabullirse, no fuera que le aporrearan los bárbaros (...)".

Otro retrato de Unamuno ya rector.

"Iba a terminar estas notas al vuelo diciendo algo del propuesto Gobierno nacional republicano. Pero no puedo hacerlo. Y no puedo hacerlo porque empiezo a no saber ya qué es eso de nacional, y cuanto más tratan de explicármelo menos lo sé. Y en cuanto a lo de republicano, hace ya cinco años que cada vez sé menos lo que quiere decir. Antes sabía que no sabía yo qué quiere decir eso; pero ahora sé más, y es que tampoco lo saben los que más de ello hablan. Y como no sé qué pueda ser eso de Gobierno nacional republicano, me abstengo de opinar sobre él. 15 de julio 1936”, escribiría Unamuno.

Pero lo que ya está sucediendo a su alrededor le deprime más, la represión ha comenzado y las detenciones y los fusilamientos, entre ellos los de  algunos de sus amigos (Prieto Castro, el alcalde republicano, José Andrés y Manso, Salvador Vila Hernández, Filiberto Villalobos, José Sánchez Gómez, y el pastor Atilano Coco). Comienza a ver que “aquello” ya no era lo que él había pensado e incluso aplaudido y comienzan las dudas internas.

Sin embargo, a finales de agosto, día 24 y 25, le llega desde el Madrid revolucionario la noticia de la “Gran Matanza” de la Cárcel Modelo y cuando le dan los nombres de los que han sido asesinados su cabeza estalla  (porque entre los muertos figuraban Melquiades Álvarez, ex presidente del Congreso de los Diputados; los ex ministros Manuel Rico Avelló y Ramón Álvarez Valdés; los falangistas Julio Ruiz de Alba y Fernando Primo de Rivera; los generales Rafael Villegas y Osvaldo Capaz Montes; y los diputados José María Albiñana, Tomas Sarort y Rafael Esparza)  y grita contra los asesinos republicanos y especialmente contra el resentido Azaña… y otra vez vuelve a ver a Franco y Mola como únicos salvadores posibles de la tragedia.

Cese como rector de la Universidad

Justo esos días, para más inri, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes republicano decreta su cese como rector de la universidad: “El Gobierno ha visto con dolor que D. Miguel de Unamuno, para quien la República había reservado siempre las máximas expresiones de respeto y devoción y para quien había tenido todas las muestras de afecto, no haya respondido en el momento presente a la lealtad a que estaba obligado, sumándose de modo público a la facción en armas.

En vista de ello, de acuerdo con él Consejo de Ministros y a propuesta del de Instrucción pública y Bellas Artes, Vengo en decretar: Artículo 1.° Queda derogado y nulo en todos sus extremos el Decreto de 30 de Septiembre de 1934, por el que se nombraba a D. Miguel de Unamuno y Jugo Rector Vitalicio de la Universidad de Salamanca, que creaba en este Centro docente la Cátedra “ Miguel de Unamuno” , señalando como titular de ella al mismo señor, y se designaba con dicho nombre al Instituto Nacional de Segunda enseñanza de Bilbao. Artículo 2.° Queda asimismo separado de cuantos otros cargos o comisiones desempeñara relacionados con el Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes. Dado en Madrid a veintidós de Agosto de mil novecientos treinta y seis. MANUEL AZAÑA, Presidente de la República,  El Ministro de Instrucción pública y Bellas Artes, Francisco  Barnés Salinas”.

Esta es la vida real del escritor Miguel de Unamuno durante 1936 en Salamanca, que seguiremos contando en entregas sucesivas en elcierredigital.com, para explicar lo no contado y relatado en la película "Mientras dure la guerra" del director Alejandro Amenábar.

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