18 de junio de 2019
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FIN DE SEMANA

Su familia reniega de Bernardo, asesino confeso de la joven profesora, y no quieren que salga de la prisión de Sevilla

Caso Laura Luelmo: La historia de nomadismo y crímenes de los gemelos Luciano y Bernardo Montoya Navarro

Parte de la familia Montoya.
Parte de la familia Montoya.
La familia Montoya Navarro no quiere que Bernardo deje la cárcel de Sevilla. Es un problema para sus hermanos y su padre en Cortegana. La familia en las Eritas comienza a recobrar la tranquilidad y siguen siendo respetados. Allí viven unos 300 gitanos, todos se conocen y nadie quiere problemas, porque hablar mal de ellos supone también enfrentarse al clan de los Aguilera, emparentados con los Montoya.

El abogado Miguel Rivera, defensor de Bernardo Montoya, asesino confeso de la profesora Laura Luelmo, dijo el pasado 15 de abril que pediría la libertad de su defendido porque  "no se han cumplido" todas las garantías judiciales a las que éste tiene derecho. Se refería Rivera al hecho que la declaración de Montoya ante la jueza en diciembre del mes pasado no se había grabado. Al parecer un fallo del cable que conectaba el equipo de audio con los micrófonos impidió recoger la confesión de Bernardo Montoya.

Sin embargo, la Fiscalía del juzgado de Instrucción número 1 de Valverde del Camino, Huelva, añadió pronto que no habría problemas porque existe una transcripción elaborada por una letrada de la Administración de Justicia que "tiene la misma validez". En esa confesión, Bernardo Montoya reconocía haber abordado por sorpresa a la joven a las puertas de su casa en El Campillo y haberla golpeado hasta dejarla inconsciente para, después, llevarla a un paraje y allí abusar sexualmente de ella.

Bernardo Montoya.

Lo cierto es que nadie quiere ver a Bernardo en libertad y mucho menos su familia en Cortegana. La verdad es que muy pocos vecinos conocen la historia de los Montoya, pero algunos recuerdan que Manuel Montoya y su mujer, Isabel Navarro, eran originarios de la barriada de la UVA (Unidad Vecinal de Absorción) en Badajoz, pero que tuvieron que huir precipitadamente a la localidad gerundense de Lloret de Mar en la década de los 70, y a mediados de los 80 llegaron a Cortegana.

Dicen las malas lenguas que de Badajoz se fueron expulsados por algún incidente con la propia comunidad gitana. Isabel, ya fallecida, y Manuel tuvieron nueve hijos: Jesús, María del Carmen, los tristemente famosos Bernardo y Luciano, Manuela (Manola), Isabel, Emilia, Manuel e Israel.

Los mayores, Jesús, María del Carmen y Manuel, se quedaron a vivir en Lloret de Mar y no tienen mucho trato día a día con el resto de sus hermanos, que emigraron a Huelva. Emilia se casó con un payo y vive en Palos de la Frontera, alejada de Cortegana.

Bernardo, asesino confeso de Laura Luelmo, se casó con una mujer de la familia Aguilera, África, con quien tuvo una hija, Noemí, de la misma edad que la profesora fallecida; pero cuando Bernardo, que ya era politoxicómano, ingresó en prisión tras el asesinato de una anciana, la pareja se distanció y permanece separada actualmente. La mujer y su hija se fueron a vivir a Jerez de la Frontera. Ahora Bernardo se enfrenta de nuevo a la prisión por el asesinato de Laura Luelmo y fue trasladado a la prisión de Sevilla, para garantizar su seguridad.

El otro gemelo, Luciano, continúa casado con Ana Aguilera, otra hija de la familia de Juan Aguilera y Mercedes Martínez. Ana incluso lo acompañó en su primer permiso desde que ingresó en prisión en el 2000, tal y como contamos en elcierredigital.com, ya que fue condenado a cárcel y al exilio de Cortegana por el asesinato de una mujer. La pareja tiene una casa alquilada en Palos de la Frontera, a pesar de que poseen también una vivienda en Las Eritas.

Manuela e Isabel Montoya también están casadas con dos hermanos Aguilera, la primera con Manuel Aguilera Martínez, y el matrimonio no vive en la colonia, sino al otro lado del pueblo, cerca de la Plaza de Toros. Isabel Montoya se casó con Juan José Aguilera Martínez y residen con el patriarca familiar, Manuel Montoya. Isabel, de 46 años, es la hermana que siempre ha salido ante las cámaras de televisión para decir que renegaban de sus hermanos y pedir perdón reiteradamente a la familia de Laura Luelmo.

Manuel Montoya, patriarca de la familia.

Nadie sabe realmente cómo se gana la vida la familia Montoya, aunque han sido beneficiarios de ayudas públicas. El abogado de Luciano en el primer juicio que lo llevó a la cárcel tras cometer un asesinato, cobró en varios plazos, gracias a que su mujer, Ana Aguilera, que entonces tenía 31 años, vendía botes de bebida en la playa. Ahora han puesto a la venta la casa de El Campillo, por solo seis mil euros, aunque la venta se presume difícil.

Fue en casa de Manuel Montoya e Isabel donde se reunió toda la familia este pasado 31 de diciembre para celebrar el año nuevo. Allí unas treinta personas bebieron, cantaron y bailaron hasta el amanecer bajo la atenta mirada de Manuel, el patriarca y lejos de Zamora y la tristeza de la familia de Laura Luelmo, que incineraron y trasladaron sus restos el día 27 de diciembre desde Huelva.

Quemaron su aula del colegio

El primer incidente de los gemelos Montoya, Bernardo y Luciano, ocurrió poco después de su llegada al pueblo, en 1980, cuando incendiarion un aula del colegio donde estudiaban para poder faltar a clase. Poco después Luciano rompió una botella en la cabeza de una mujer durante una discusión.

Luciano Montoya y su esposa, Ana Aguilera.

Muchos años más tarde, en 1995, Bernardo asesinó a su primera víctima, Cecilia, de 82 años, para evitar que declarase por el robo de su casa. “Este Bernardo Montoya no es un gitano criado en el pueblo. Según relatan los propios gitanos, esta familia llegó hace unos diez años y los jóvenes se habían criado en Barcelona. Luego se casaron con gitanas del pueblo y entraron en la familia Aguilera, la de los patriarcas de Cortegana", escribía entonces el cronista de Sucesos del diario ABC. Pero seguiría la estela criminal de su gemelo y en el año 2000 asesinó a Mari Carmen, militante de IU y madre de 36 años, tras entrar en su domicilio, para evitar que lo denunciase por el robo de una cartera y varias tarjetas.

Día negro en Cortegana

El 16 de enero de 2005 Cortegana vivió su día más negro. Aquel año nuevo se había encontrado en la calle el cadáver de Mateo Vázquez, un joven con minusvalía psíquica, asesinado por otros tres gitanos de Las Eritas. El patriarca de la colonia, Vicente Aguilera, defendía entonces la honorabilidad del colectivo: “Quien lo haga que lo pague”, recogía también ABC. Pero la respuesta a este crimen no se hizo esperar y cientos de manifestantes se desviaron del recorrido de protesta contra este asesinato previsto por los organizadores, entraron en algunas viviendas y las quemaron.

Tras los incidentes hubo varios detenidos y finalmente, el Juzgado de lo Penal número 2 de Huelva absolvió al alcalde de Cortegana, Antonio Marín (IU), juzgado como organizador de la manifestación, de los presuntos delitos de desórdenes públicos y de daños con el agravante de racismo tras los incidentes contra la comunidad gitana registrados aquel día.

Sin embargo, otros seis vecinos de Cortegana sí fueron condenados a un año y nueve meses de prisión por un delito de desórdenes públicos y a una multa de 2.160 euros por el delito de daños, además tuvieron que indemnizar con 3.000 euros a cada una de las 12 personas del colectivo gitano en concepto de daños morales.

La vida de los gemelos Montoya fue incluso objeto de estudio en un reportaje publicado por la revista de la Guardia Civil hace unos años. La teoría era si ambos podrían compartir alguna característica genética especial que les predispusiera a cometer actos violentos. La respuesta fue que no.

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