15 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA

Murieron 148 personas en este vuelo diario de Iberia que unía Madrid con Bilbao en una ruta realizada decenas de veces por el comandante Patiño

Tragedia aérea de Monte Oiz: El debate sobre el devastador accidente persiste tras 35 años

Aspecto del monter Oiz tras el accidente.
Aspecto del monter Oiz tras el accidente.
Las incógnitas sobre las causas del accidente del vuelo de Iberia 610 entre Madrid y Bilbao de aquel 19 de febrero de 1985, estrellado en la falda del monte Oiz, todavía persisten, 35 años después. Se cree que un cúmulo de errores pudo acabar con la vida de las 148 personas que volaban a bordo, pero la teoría de un atentado de ETA también persiste a lo largo del tiempo.

El 19 de febrero de 1985, hace 35 años, un Boeing 727 de la compañía Iberia se estrellaba en el Monte Oiz, cerca del aeropuerto de Bilbao. Eran las 9.25 horas cuando el vuelo de Iberia 610 que cubría la ruta Madrid-Bilbao a diario, en este caso bautizado como Alhambra de Granada y pilotado por el comandante José Luis Patiño, chocaba contra una antena de Euskal Telebista instalada en la cumbre del monte.  Hubo 148 víctimas en una de las  tragedias aéreas más graves de la historia de la aviación española.

Nadie ha podido entender cómo el comandante Patiño, un experto piloto con centenares de horas de vuelo y de aproximaciones a ese mismo aeropuerto pudiera haber cometido el error de altura o no haber visto la antena de televisión.

Causas no definidas

Lo cierto es que todavía hoy, 35 años después, no están claras las causas de por qué aquel martes de carnaval el comandante Patiño se desvió de la ruta habitual de aproximación y volaba 400 metros por debajo de lo establecido en la carta de navegación.

El ala de babor del aparato que pilotaba chocó contra la antena y entonces el avión quedó fuera de control durante un kilómetro, estrellándose contra el suelo a 300 kilómetros por hora y deslizándose por la ladera noroeste del monte Oiz, conocida por los lugareños en euskera como Ure Mendi.

El choque provocó una ola de fuego de 300 metros de largo por 50 de ancho, abriendo una brecha de árboles talados y arrancados a su paso, mientras lo motores hacían explosión. La última marca del altímetro fue de 900 metros, justo cuando chocó contra la antena. Entre las causas se estimaron una lectura errónea de este sistema, junto a la niebla imperante aquel día y no haber confiado en los supuestos avisos automáticos emitidos por la aeronave.

El Alhambra de Granada.

La afluencia de periodistas y curiosos fue tanta que incluso las crónicas de la época recuerdan a alguna famosa periodista por la ladera del monte ataviada con tacones y un abrigo de pieles, escandalizada por la hecatombre a su alrededor. Los 141 pasajeros y los siete tripulantes murieron prácticamente en el acto. Se habilitó un cercano cuartel de la Guardia Civil como improvisado depósito de cadáveres y al día siguiente se informó que tan solo seis cuerpos de los recuperados estaban "parcialmente completos".  Paradójicamente, solo se encontró un cuerpo intacto, el de un fallecido que era trasladado en la bodega del avión, dentro de su ataúd para ser enterrado en Bilbao.

Entre los fallecidos había personas conocidas como Gregorio López-Bravo, que fue ministro de Industria y luego de Asuntos Exteriores con Francisco Franco. También falleció el doctor José Ángel Portuondo, pionero de la fecundación in vitro, el empresario teatral y fundador de la cadena Astoria Julián Vinuesa, el ministro boliviano de Trabajo, Gonzalo Guzmán, el directivo de Vidrieras de Llodio Isidoro Delclaux, Miguel Ángel Portillo, exmasajista del equipo de fútbol del Rayo Vallecano y Gabriel Gómez de las Roces, hermano del que fuera presidente de Aragón.

Traslado de los cuerpos.

También murieron personas menos conocidas a nivel nacional, pero mucho más importantes y reconocidas a nivel local como Roberto Albandor, concejal de Euskadiko Ezkerra (EE), Julián Feijoo, ingeniero de Iberduero, Jordi Lluch, agente de Cambio y Bolsa y asesor económico de la Generalitat, África Jaén, presidenta del Fondo de Promoción de Empleo en Bilba o Gonzalo García Anteló, representante del muchos años después tristemente conocido "Babcok Wilcox".

Fernández Ordóñez y Marcos Vizcaya

Milagrosamente salvaron la vida el que sería futuro ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, y Marcos Vizcaya, que era diputado del PNV en aquella época, porque renunciaron a última hora a tomar ese vuelo. Esas renuncias generaron mucho debate y elucubraciones en los periódicos de la época sobre un posible atentado de la banda terrorista ETA.

El juzgado de Guernica que investigó el accidente archivó el caso como tal, pero durante años la teoría del atentado planeó seriamente sobre el vuelo. Los defensores de esta teoría se basaban en varios datos, como la existencia de amenazas previas de bomba y confidencias de que ETA había comprado un misil Strela en Holanda hacía muy poco tiempo. Uno de los mayores exponentes de esta teoría fue Santiago Cid, amigo del comandante Patiño, con su libro "Oiz-85 atentado". Sí se demostró que el avión había sido revisado durante 30 minutos en Barajas por la amenaza de atentado.

La diferencia podría haber sido notable para las víctimas, ya que entonces los herederos sí cobraron de los seguros y de haber sido víctimas de atentado no lo hubieran hecho. Un año más tarde, la Guardia Civil se incautó en la operación Sokoa contra ETA de un tubo lanzamisiles adquirido por los terroristas para derribar aviones, lo que contribuyó a alimentar la teoría del atentado terrorista.

Además, se lograron recuperar prácticamente todos los efectos personales de las víctimas... con la excepción de dos maletas portadas por el militar Gómez de las Roces, donde supuestamente se guardaban los planos y documentos de la central nuclear de Lemóniz. Más alimento para las teorías de la conspiración.

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