23 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

La inauguración de la Alta Velocidad Española el 21 de abril de 1992 desveló los millonarios contratos gestionados por empresarios vinculados al PSOE

La corrupción del AVE: Se cumplen 30 años de las comisiones al ex embajador alemán Guido Brunner

/ Guido Brunner, ex embajador de Alemania en Madrid y ex consejero de Siemens.
El 21 de abril de 1992 la marca comercial Renfe inauguraba el servicio de Alta Velocidad Española (AVE) con su línea Madrid-Sevilla. Sin embargo, detrás de este hito para la historia española se tejió un entramado de comisiones con empresarios vinculados al régimen socialista de la época. Con su inauguración se desvelaban los millonarios contratos gestionados por empresarios vinculados al Partido Socialista, como el de la compañía Siemens, de la que el ex embajador alemán Guido Brunner fue socio

El 21 de abril de 1992 la marca comercial Renfe inauguraba el servicio de Alta Velocidad Española (AVE) con su línea Madrid-Sevilla. Aunque en un principio fue pensado como parte del proyecto Nuevo Acceso Ferroviario a Andalucía –entre Getafe y Córdoba– hace 30 años salía la primera línea completa entre Madrid y Sevilla –compatible con el ancho de las del resto de Europa– muy similar a la que ya existía en Francia de TGV.

Sin embargo, detrás de este hito para la historia española se tejió un entramado de comisiones con empresarios vinculados al régimen socialista de la época. Entonces, el empresario inmobiliario Antonio Van de Walle estaba intranquilo. Era mucho lo que estaba en juego aquella tarde de mediados de marzo de 1988. El ex asesor económico de la Unión de Centro Democrático (UCD) se encontraba inmerso en la adjudicación del 'negocio del siglo' por 85.533 millones de pesetas,​ convocado por Renfe para modernizar su material rodante mediante la adquisición de 24 trenes de alta velocidad y 75 locomotoras de gran potencia. El Gobierno de España –presidido por el socialista Felipe González– decidió entonces repartir el contrato entre varias sociedades vinculadas a empresarios socialistas, como la compañía francesa Alsthom, la alemana Siemens y la japonesa Mitsubishi.

Este contrato incluía acuerdos para la fabricación en España de al menos el 80% del material, la reordenación de la industria ferroviaria nacional y el mantenimiento de las factorías y talleres de Barcelona, Valencia, Madrid y Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Alsthom se haría con el control de los fabricantes españoles Macosa, MTM y Ateinsa –los dos últimos propiedad del Estado a través del Instituto Nacional de Industria (INI)–. Además, debía mantener un nivel de subcontratación con el fabricante privado CAF por un valor de unos 15.000 millones de pesetas. Siemens logró 100.000 millones en contratos del AVE.

Las comisiones a Guido Brunner

Apenas un mes antes, el 14 de febrero de 1988, la empresa pública Renfe había convocado un concurso para la adjudicación de trenes de alta velocidad y locomotoras de gran potencia. El montante global de la operación se aproximaba a los 262.000 millones de pesetas –primer presupuesto del AVE aprobado por el Gobierno–. Un negocio suculento.

Van de Walle era amigo, socio y vecino del periodista e intermediario Germán Álvarez Blanco. Los dos compartían vivienda y despacho en el número 1 de la calle de María de Molina, de Madrid. Van de Walle contaba con que Álvarez Blanco era íntimo amigo del secretario de Organización del PSOE, Jose María "Txiqui" Benegas, quien, a su vez, mantenía amistad con el entonces embajador alemán en España, Guido Brunner. Brunner y Álvarez Blanco también se conocían a través de un amigo en común, el fallecido Juan Garrigues Walker.

Guido y Felípe González en una reunión.

Esa tarde era la cita esperada. Su despacho iba a convertirse en lugar de encuentro de los responsables de la multinacional alemana Siemens con Txiqui Benegas, Guido Brunner y Álvarez Blanco. El ex asesor de Adolfo Suárez venía jugando el papel de introductor de ambas partes, lo que le reportaría la consiguiente recompensa económica.

La multinacional alemana quería ese contrato y Van de Walle sabía que tenía medios para conseguirlo. De Siemens solía decirse que si era necesario compraba hasta el mercado para llevarse el negocio. Además, la legislación alemana no sólo amparaba el pago de comisiones en países extranjeros sino que permitía a sus empresas desgravar por las mismas, lo que suponía un caso insólito dentro de los miembros de la Unión Europea.

Renfe había fijado el 14 de junio como el día previsto para la apertura de las plicas. Había tiempo suficiente para armar una oferta y mover los hilos adecuados. Guido Brunner, el "alemán de Chamberí", era la persona adecuada. Su poder de influencia en los ambientes políticos, económicos y sociales de la vida española eran manifiestos desde que en 1982 ocupara la embajada alemana en España – que dejó tras diez años ininterrumpidos en agosto de 1992–. A su salida fue recompensado con tres puestos de consejero en las empresas alemanas, Deutsch Bank, Mercedes Benz y Siemens. Fue nombrado consejero de Siemens el 1 de octubre de 1992. Pero los escándalos de tráfico de influencia y sobornos que pesaban sobre él le obligaron a dejar casi todos sus cargos de representación.

Brunner constituyó, junto a su segunda mujer, la periodista Elena Abreu, dos sociedades de asesoramiento: Germmaconsulting y Datoconsulting, con las que adquirió varias propiedades inmobiliarias en Madrid y en la Costa del Sol. Conocía perfectamente la mecánica de la financiación paralela de los partidos de la Internacional Socialista y mantenía buenas relaciones con el "aparato" Ferraz.

Primer viaje del AVE Madrid-Sevilla./ El País.

La construcción del tren de alta velocidad había supuesto una victoria del vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, sobre las tesis neoliberales del ministro de Economía, Carlos Solchaga, y su secretario de Estado de Hacienda, Josep Borrell, luego convertido en ministro de Obras Públicas y Transportes. Guerra veía vital la construcción del AVE Madrid-Sevilla como un importante complemento a la Exposición Universal que se iba a celebrar en la capital hispalense en 1992. Era un premio a la fidelidad electoral de sus paisanos.

El contrato de Renfe y Siemens

El contrato entre Siemens, Renfe y el Ministerio de Transporte no era un contrato modelo. Suscrito el 12 de diciembre de 1989, en su punto 5 se decía: "Siemens se responsabiliza de la gestión de todas las expropiaciones precisas. Estas expropiaciones serán pagadas por Renfe".

La empresa pública Renfe delegaba en la multinacional la capacidad de expropiación, avasallando todo el ordenamiento jurídico en esta materia y dejando en manos de la multinacional alemana los intereses del contribuyente español. En total se pagaron 5.648 millones de pesetas en expropiaciones. Se llegaron a pagar 26 millones de pesetas por hectárea, como ocurrió en la finca 1.558 dedicada a la subestación eléctrica de Lora del Río.

La multinacional alemana también suscribió otro jugoso contrato para el mantenimiento de la señalización de la línea de alta velocidad por un período de 15 años y un montante global de 13.396 millones de pesetas. En el informe que el Standford Reserach Institute elaboró para Renfe en mayo de 1990 se dice que este coste es desorbitado. También se adjudicaron a Siemens, sin ningún tipo de concurso, una serie de partidas con un montante global de 9.830 millones de pesetas.

Pero, aparte de los contratos del tren de alta velocidad y del contrato de cercanías de Renfe por valor de unos 100.000 millones de pesetas, Siemens también resultó beneficiada con la adjudicación de un sistema de telecomunicaciones de transmisión de datos del aeropuerto de Barcelona. Dos contratos, uno por 60.678.793 pesetas y el otro de 17.342.615 pesetas. Y los escáneres comprados para los acontecimientos de 1992 por el Ministerio del Interior y el Ente Público Aeropuertos Nacionales y Navegación Aérea (AENA), que presidía Manuel Abejón Adámez.

Así mismo Siemens, asociada a SEL Señalización, obtuvo otro contrato destinado a la electrificación, señalización y seguridad de las estaciones de Barcelona, Oropesa, León y El Escorial (Madrid), que ascendía a unos 1.000 millones de pesetas, y donde intermedió la firma GMP Consultores, del militante socialista Juan Carlos Mangana Morillo. También hubo otros militantes del PSOE que se favorecieron con contratos del AVE, uno de ellos fue el ex director general de RTVE y expresidente de Telefónica, Luis Solana Madariaga. El Gobierno adjudicó a su empresa, Redes de Telecomunicación S.A. (Retesa), un contrato por valor de 233 millones de pesetas para la instalación de telefonía en las oficinas centrales del AVE, en Avenida de Barcelona, 4, Madrid; y otro de 650 millones para diversas instalaciones telefónicas en Madrid, Valencia y Málaga.

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