21 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

Los condenados habían recurrido ante el Alto Tribunal para que se considerase que era abuso y no agresión alegando consentimiento de la víctima

El Supremo confirma la pena de 15 años de prisión para tres hombres culpables de una violación grupal en Valencia

Un detenido.
Un detenido.
La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha desestimado los recursos de casación interpuestos por los tres condenados contra la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Valencia que confirmó las penas por un delito de violación de 15 años impuestas por la Audiencia Provincial de Valencia por una violación grupal cometida por los tres hombres en 2017.

Los hechos probados recogidos en la sentencia sostienen que los condenados, Juan David O. G., Brian A. P. y Jorge N. C., mantuvieron relaciones sexuales no consentidas con ella por vía vaginal, anal y bucal, permitiendo que cada uno de ellos pudiera hacerlo mientras los otros impedían que la víctima se defendiese pudiera impedirlo.

Los hechos se remontan al 21 de octubre de 2017, entre las 12 y las 13 horas. La víctima se encontraba aquel día en el interior del local  "El Rinconcito de Deisy", situado en Valencia, "con sus facultades cognitivas intensamente disminuidas debido al consumo abundante de bebidas alcohólicas. Allí se encontró con Juan David O. G., mayor de edad y con antecedentes penales no computables, con quien intimó un rato. Posteriormente, este procesado, aprovechando el estado en que se encontraba la víctima, la llevó fuera del local y se introdujo junto a ella en el portal del edificio de la calle (...) de Valencia, subiendo al piso de contadores con la intención de mantener relaciones sexuales completas. Al mismo tiempo o con poco intervalo de tiempo de diferencia, Brian A. P. -mayor de edad y sin antecedentes penales- y Jorge N. C. -mayor de edad y con antecedentes penales no computables-, se introdujeron en la finca y se subieron hasta el citado piso, donde estaban el otro procesado y la indicada víctima. Una vez allí, tras usar expresiones amenazantes de muerte, así como de que si gritaba la llevarían a la frontera con Francia a ejercer de prostituta", recoge el fallo del Supremo.

Empleo de la fuerza

Tras "emplear la fuerza física para quitarle la ropa y cogerle por las manos, los pies, los pechos, la cadera y otras partes del cuerpo hasta el punto de inmovilizarla, Juan David, Brian y Jorge, guiados por un propósito lúbrico, comenzaron a besarla en los pechos y mantuvieron relaciones sexuales con ella por vía vaginal, anal y bucal, permitiendo que cada uno de ellos pudiera hacerlo mientras los otros no dejaban que la víctima pudiera impedirlo. De los procesados, al menos Juan David y Brian penetraron vaginal y analmente, dado que dejaron restos de esperma en dichas zonas al no usar ningún tipo de preservativo", según la sentencia.

La víctima quedó con lesiones que se han valorado como producto de la agresión sexual múltiple, que junto con su declaración creíble han determinado la condena. Según recoge el resultado de hechos probados los condenados utilizaron con ella expresiones amenazantes de muerte, así como de que si gritaba la llevarían a la frontera con Francia a ejercer de prostituta. Y lo hicieron para que se callara y "emplear la fuerza física para quitarle la ropa y cogerle por las manos, los pies, los pechos, la cadera y otras partes del cuerpo hasta el punto de inmovilizarla y agredirla sexualmente", según la sentencia.

   Protesta contra las agresiones sexuales.

Los controles de alcoholemia efectuados después a la víctima arrojaron como resultado un 1,80 gramos de alcohol en sangre y un resultado de 3,91 en orina, valores considerados cerca del coma etílico.

Ante el alegato de los recurrentes acerca de la actitud previa de la víctima con uno de ellos en el local o cómo vestía, el Tribunal Supremo en su sentencia, con ponencia del magistrado Vicente Magro, señala que “no puede, por ello, hacerse responsables a las mujeres de que por una pretendida “actitud” de la víctima alegada por el autor de una agresión sexual sirva como salvoconducto, o excusa para perpetrar un delito tan execrable como el de una violación, y, además, en este caso grupal. El agresor sexual no tiene legitimación alguna para actuar, sea cual sea el antecedente o la actitud de la víctima, la cual tiene libertad para vestir, o actuar como estime por conveniente. Y ello, dentro de su arco de libertad para llevar a cabo la relación sexual cuando le parezca, y no cuando lo desee un agresor sexual. No puede admitirse en modo alguno que el agresor sexual se escude en una pretendida provocación previa de la víctima para consumar la agresión sexual. Y ello no convierte en consentida la relación, como propone el recurrente”.

Frente al alegato alternativo de los recurrentes de que los hechos pudieran ser constitutivos de abuso sexual, y no de agresión sexual, el Tribunal Supremo lo descarta señalando que “Hay violencia más intimidación en el caso declarado probado. Se le agrede y se le intimida por medio de la amenaza consistente en decirle a la víctima que se callara o la llevarían a la frontera con Francia a ejercer la prostitución, amenaza que el tribunal considera probada. Nunca puede haber abuso en este caso. Hay violación”.

El tribunal afirma que está claro que la frase declarada probada es intimidante, y está claro que la agresión se produce, así como el acceso sexual a la víctima por las pruebas ya referidas. Los hechos de ninguna manera pueden ser constitutivos de delito de abuso sexual, sino de agresión sexual, como es el objeto de la condena. No hay consentimiento de la víctima en modo alguno.

La Sala del Supremo recuerda que el juicio de voluntades es mutuo en el acceso carnal, no unilateral por el propio agresor, ya que esta unilateralidad del acto unido al empleo de violencia e intimidación, como en este caso ocurrió, es lo que determina la existencia de la agresión sexual.

 

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