15 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

En plena Semana Santa de 1977, la formación que lideraban Santiago Carrillo y La Pasionaria fue inscrita en el Registro de Asociaciones Políticas

Carmen Díez de Rivera, la mujer que amainó a los militares: Se cumplen 46 años de la legalización del PCE

Sede del PCE y Carmen Díez de Rivera.
Sede del PCE y Carmen Díez de Rivera.
Sucedió el lunes 11 de abril de 1977, dos días después del Sábado Santo rojo. La legalización del Partido Comunista fue una realidad. Una decisión fraguada en una cena en Barcelona en la que Carmen Díez de Rivera intercedió. Logró amainar a la cúpula militar que se puso en pie de guerra contra el entonces presidente de Gobierno y fundador de UCD, Adolfo Suárez. El político abulense tuvo que lidiar con el silencio del rey Juan Carlos I y el rechazo total por parte del general Alfonso Armada.

"He tenido que negociar con los militares hasta las cinco de la mañana y, a pesar de la calma, la situación es muy peligrosa. Todavía no me he acostado. Pepe, pide al PCE máxima prudencia, que traten de evitar reacciones contrarias. Me preocupa especialmente la Marina".

Son las diez de la mañana del lunes 11 de abril de 1977, dos días después del Sábado Santo rojo. Cuando José Mario Armero, enlace secreto de Suárez con Carrillo, descuelga el teléfono. Poco después, se hace pública la dimisión del ministro de Marina, almirante Pita de Veiga, quien muestra así su profundo desacuerdo con la decisión tomada por el Ejecutivo de legalizar al Partido Comunista de España.

El país al borde de un golpe de Estado

Entre el 11 y el 15 de abril, el país está al borde de un golpe de Estado. La tormenta levantada tras la legalización no sólo es política, sino que afecta, sobre todo, al Ejército. Los "sempiternos enemigos de España" -así tildaba a los comunistas la propaganda de la dictadura- se convertían ahora en adversarios que, tras las elecciones generales previstas para junio, podrían ocupar sus escaños en el Congreso de los Diputados. "Intolerable", concluirá una cúpula militar anclada en los principios del 18 de Julio y cada vez más distanciada de un Gobierno al que considera traidor, débil e incompetente.

Suárez lo preveía, pero constata que la tormenta militar no tardaría en caer cuando el 10 de abril, al día siguiente de legalizar a los comunistas, se reúne en la Zarzuela con el Rey, el general Alfonso Armada (secretario e íntimo consejero del Monarca) y el marqués de Mondéjar, jefe de su casa militar. Airadamente, Armada pone de manifiesto que considera la decisión un serio error.

Los Reporteros | 40 años de la legalización del PCE - YouTube

Portada de periódico con la noticia sobre la legalización del PCE.

Suárez, sin ambages, le contesta que no está dispuesto a que se cuestione su autoridad y que la legalización del PCE es estrictamente necesaria para legitimar la reforma hacia la democracia. Sin el concurso del principal partido de la oposición antes de las primeras elecciones, las libertades habrían sido simple juego de artificio sin contenido real, pura fachada, inasumible para las potencias europeas occidentales.

El rey Juan Carlos de Borbón calla. Suárez lo ha mantenido informado, aunque al margen de la decisión final de legalizar al PCE, pues se trata de una operación cuyo riesgo asume el presidente en solitario, implicando lo menos posible a la Jefatura del Estado. Armada insiste en que la aceptación de Carrillo y los suyos es tan injusta como improcedente, lo cual hace concluir a Suárez que la brecha entre el Gobierno y el Ejército es cada vez más insalvable. Habrá que prepararse para sortear la tempestad

Pero la lluvia de críticas, procedentes del Instituto Armado, no cesa. En la prensa o en privado, muchos militares acusan a Suárez de traidor, pues en la reunión mantenida con la cúpula del Ejército el 8 de septiembre de 1976 aseguró, por activa y por pasiva, que, "con sus actuales estatutos", el PCE no sería legalizado. Es cierto, lo dijo, y también es cierto que, ese mismo día, su enlace, José Mario Armero, estaba reunido en el Hotel Commodore de París con Santiago Carrillo para negociar la posible concesión del pasaporte al líder comunista. Sin embargo, el presidente no mintió en septiembre de 1976, y el archivo personal de Armero lo demuestra, pues a lo largo de todo ese año, Suárez niega sistemáticamente el pasaporte a Carrillo y, desde luego, no quiere la legalización del PCE antes de las elecciones de junio del 77.

Ello no es óbice para que, al mismo tiempo que cierra la puerta a los comunistas, pulse la actitud de su líder de cara al cambio político en curso, sopesando las posibilidades de que, en un futuro más o menos próximo (desde luego, Suárez prefiere después de las elecciones de junio), el PCE pueda ser aceptado si asume las reglas de juego de la democracia. Por eso, insiste ante los militares: "Con sus actuales estatutos, el PCE no entrará".

'La Musa de Transición' y el PCE

En esa guerra cruel de opiniones aparece en escena una mujer libre y solitaria. Así definían los que conocían a Carmen Díez de Rivera. La política de melena rubia y ojos azules se convirtió en uno de los mitos de la Transición española. Aunque todos parecían conocerla, muy pocos sabían quien  fue la mujer que reivindicó su propia voz en una política dominada por las figuras masculinas y que pasó a la posteridad como un personaje de la trastienda de la historia. La vida de la mujer a la que el escritor Francisco Umbral apodó como la Musa de la Transición estuvo marcada por la tragedia y las mentiras.

Su belleza y su inteligencia cautivaba a la clase política masculina, que la consideraba una "pija progre". Entabló una estrecha amistad con don Juan Carlos, que hizo de intermediario para que entrara a trabajar con Adolfo Suárez durante su época como director de RTVE, al lado de quien se mantuvo hasta la muerte de Franco.  

Su ambición política la convirtió en la primera mujer directora de gabinete de un gobierno y de su llegada a la Moncloa se recuerda la frase: “no quiero ni un papel sobre la mesa, aquí hemos venido a hacer política”. Dimitió en 1977, justo cuando Adolfo Suarez se estaba preparando para participar en las elecciones como UCD, y se afilió al PSP (Partido Socialista Popular) que entonces lideraba Tierno Galván. Su labor política dejó huella, destacando su implicación en la legalización del partido comunista que fue aplaudida en los corrillos.

Uno de los hitos más importantes de su carrera política junto a Suárez fue el ahínco por la legalización del PCE en abril de 1977. Todo ello se fraguó en enero de ese mismo año. Adolfo Suárez recibía el Premio de Español 1977 en Barcelona, la revista Tiempo y organizaba una cena para el evento en la que estaba presente gran parte de la sociedad civil y política de la época. Las conversaciones entre Carrillo y el político abulense aún no se habían iniciado.

Portada de Diaro16, donde se ve a Santiago Carrillo con Carmen Díez de Rivera.

A través de la escritora Rosa Regás, amiga de Carmen y cercana al PSUP, la aristócrata había sido avisada de que el líder comunista acudiría a esa cena. Aunque en un principio, Carmen se sentía reticente a entablar cualquier tipo de conversación con Santiago Carrillo, la complicidad entre ambos acabó siendo mutua y fue la hija de Ramón Serrano Suñer quien apostó finlamente por la pluralidad política y allanó el camino para la posterior legalización de la formación comunista en España. 

Eduardo Regás, fotógrafo de la ceremonia e hijo de la escritora, se encargó de inmortalizar la imagen de los dos que apareció en una de las portadas de 'Diario 16'. Y los medios de la época recogieron frases tan célebres como la que le espetó Díez de Rivera a Carrillo: “A ver si nos tomamos un Chinchón”, por no saber que decir contó luego ella, ya que la política de la UCD pensaba que decir un whisky sonaba mal, y el vodka mucho peor. 

Primer comité central del PCE

Lo más grave de la situación vivida fue que la publicación de este comunicado de apertura democrática coincidió con la celebración del primer Comité Central del PCE en la legalidad. Reunidos en el Hotel Meliá Castilla de Madrid, Carrillo y sus correligionarios reciben del presidente Suárez una noticia demoledora: el Gobierno no puede garantizar la seguridad del cónclave comunista, pues en las próximas horas puede producirse un golpe militar de imprevisibles consecuencias.

Fue entonces cuando José María Armero habla por teléfono con Suárez desde la cafetería del Meliá Castilla y, apresuradamente, toma nota en una servilleta de papel de las recomendaciones -casi exigencias- de Adolfo a Santiago: "Aceptar la Bandera Nacional, la monarquía, la unidad de España y renuncia a la violencia".

HISTORIA DE ESPAÑA AL DÍA: LEGALIZACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA  (1977)

Primer Comité Central del PCE.

Al día siguiente, 15 de abril, en una multitudinaria rueda de prensa pronunciada en el gran salón de reuniones del Meliá Castilla, el secretario general del PCE se dirige solemnemente a los periodistas en los siguientes términos: "Nos encontramos en la reunión más difícil que hayamos tenido hasta hoy desde que terminó la guerra. En estas horas, no digo en estos días, digo en estas horas, puede decidirse si se va a la democracia o se entra en una involución gravísima [...]. No dramatizo: digo en este minuto lo que hay". La bandera rojigualda, junto a la comunista, está desplegada a la espalda de Carrillo, que con este gesto espectacular, solicitado por el Gobierno, pretende sortear el malestar militar y conjurar el peligro de golpe.

Aquél día los militares no se movieron, pero la herida seguiría supurando. Suárez se convirtió en el objetivo a batir para buena parte de la cúpula del Ejército y, con el tiempo, también para una considerable proporción de una clase política que, tanto dentro como fuera del Ejecutivo, comenzaba a conspirar contra el presidente. Aquél 15 de abril de 1977, la tempestad desencadenada con la legalización del PCE parecía disiparse, pero una nueva tormenta -casi perfecta- se incubaba al combinar el malestar militar, el azote de ETA, el acelerado desgaste del presidente durante el tránsito político, la dura oposición, las disensiones en el seno de UCD y la emergencia de planes que preveían un gobierno de concentración, con militar al frente (al estilo De Gaulle) para sacar al país del marasmo en que, a la altura de 1980, se encontraba.

Las zozobras provocadas por la legalización del Partido Comunista se habían superado, pero aquél terremoto agrietó sin remedio la relación entre Suárez y las Fuerzas Armadas. Y el 23-F vendría a corroborarlo.

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