04 de junio de 2020
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FIN DE SEMANA

El exalcalde de Córdoba y excoordinador general de Izquierda Unida se mantuvo fiel en su vida política, personal e intelectual a la ideología marxista

Fallece Julio Anguita a los 78 años: Repasamos los detalles desconocidos de la vida del exlíder del PCE

Julio Anguita.
Julio Anguita.
El histórico dirigente del Partido Comunista de España y ex alcalde de Córdoba, Julio Anguita, ha fallecido este sábado a los 78 años de edad después de que estar ingresado en estado crítico una semana en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Reina Sofía de Córdoba tras sufrir una parada cardíaca. Era la tercera vez que sufría un infarto en su vida. Su amigo y paisano, el periodista Julio Merino, hace un repaso personal a su dilata trayectoria humana y política, fiel al marxismo.

Fuentes sanitarias han informado que el político Julio Anguita González ha fallecido este sábado sobre las 11,00 horas en la UCI del Hospital Reina Sofía, en Córdoba, donde ha permanecido ingresado una semana, desde el pasado 9 de mayo.

Anguita fue atendido sobre las diez de la mañana de ese sábado día 9 de mayo en su domicilio familiar en Córdoba por el equipo de emergencias sanitarias, ubicado en el barrio de La Fuensanta, trsa recibir una llamada de urgencia. Los profesionales del 061 tuvieron que aplicarle "maniobras de reanimación cardiopulmonar al encontrarse al paciente en parada cardíaca".

A continuación, fue trasladado hasta la UCI del Hospital Universitario Reina Sofía, donde ingresó en estado crítico. Anguita había sufrido previamente varios ataques al corazón que le llevaron a ser intervenido quirúrgicamente en dos ocasiones por severos problemas cardíacos. El primer infarto lo sufrió en el año 1993 en Barcelona.  

Los detalles de la vida de Julio Anguita

Intentar meter todas las biografías de Julio Anguita González, 78 años, en un reportaje es como querer meter el agua del mar en la botella de San Agustín. Y digo biografías porque Anguita, en mi criterio, tiene cuatro: la de las fechas y cargos, la humana, la moral y la política.

Con Julio Anguita, mi paisano, amigo y tocayo, he hablado en mi vida mucho, con conocimiento de causa, de Lenin, de José Antonio Primo de Rivera, de Unamuno, de Séneca, de Galdós, de Ortega y Gasset, por citar sólo algunos ilustres nombres. Naturalmente en muchas cosas nunca estuvimos de acuerdo, ni entonces ni seguramente hoy dónde esté. La vida después de muchos años nos hizo que convivieramos en el mismo barrio de nuestra querida Córdoba y que siguieramos discutiendo, ya jubilados, en la última curva del camino.

Julio Anguita González (Fuengirola, Málaga, 1941), maestro, licenciado en Historia Moderna y Contemporánea, ingresó en el Partido Comunista de España en 1972, del que fue elegido secretario general en febrero de 1989. Ese mismo año la I Asamblea general de Izquierda Unida le nombró también candidato a la presidencia del Gobierno de España. Destacó como alcalde de Córdoba entre 1979 y 1986, años en los que fue el único alcalde comunista de una capital española.

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Julio Anguita durante las votaciones en las Elecciones de 1978

Con él, Izquierda Unida obtuvo su mayor techo electoral hasta el momento: 2.650.000 votos. Llevado por una decisión personal, en el XV Congreso del PCE (1998) dimitió de la secretaría general. Dos años más tarde, dejó de ser coordinador general de IU para volver a su actividad docente en Córdoba, en el Instituto Blas Infante, hasta su jubilación en agosto de 2002.

Sufrió un primer infarto el 27 de mayo de 1993, en Barcelona, y de nuevo otro el 28 de agosto de 1998, en Córdoba. Los médicos le realizaron un triple bypass el 16 de diciembre de 1999.

Hasta su muerte ha figurado como dirigente del Partido Comunista Españolmiembro de la dirección federal de Unión Cívica por la República y del colectivo Prometeo. Asimismo ha seguido impartiendo conferencias sobre varios temas: "La III República", "El Tratado de la Constitución Europea", "¿Qué es la izquierda?" y "El Estado Federal", entre otros." (Sobre sus infartos les recomiendo que lean su gran obra "Corazón Rojo", publicado por La Esfera de los Libros, en la que cuenta de una manera magistral lo que vivió y sintió en esos momentos cruciales de su vida).

Ahora, voy hacia al encuentro de la biografía humana. Porque ya estoy deseando decir que Julio Anguita ha sido por encima de todo, incluso de la política, un ser humano, o como se dice por estas tierras "una buena persona".

"Una buena persona"

"Mi recuerdo principal es el de la gente, no podía ser de otra forma, por eso me da igual que se lleven los escombros. La gente está en mí y en mí siguen las voces de la calle del Pozo y los juegos atolondrados con los amigos. Contra la memoria no hay máquinas que la puedan trepar", escribía hace ya años el propio Julio Anguita en una de sus obras singulares "El tiempo y la memoria".

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Con Julio Anguita, Izquierda Unida consiguió su máximo histórico de votos.

"Allí, en mi calle, pasé dieciocho años muy importantes porque son los que más impronta me dejaron. En ese viaje por el pasado presente puedo ver la imagen del niño, del púber, del adolescente, del joven, del estudiante y del opositor. Y, por supuesto las primeras sensaciones que llevaron a descubrir el amor como la realidad más formidable que puede experimentar una persona. También mi religiosidad profunda, la crisis, la rebeldía, el abandono de la fe y siempre con la presencia de las vecinas campanas de la iglesia de la Magdalena en la acera de enfrente, o las del Carmen, situadas en dirección opuesta, como el que tiene a Dios por vecino".

O sea, como se comprueba, un ser humano que siempre fue fiel a sus raíces, incapaz de hacerle daño conscientemente a nadie, un ser humano capaz de darlo todo sin que su mano izquierda sepa lo que hace su mano derecha, un hombre amigo de sus amigos y siempre respetuoso con los adversarios, que no enemigos. Curiosamente Anguita ha sido siempre un hombre respetado por todos, fuesen del color político que fuesen.

"Más allá, en lo que hoy es la Facultad de Derecho, estuvo el sanatorio de tuberculosos; sus internos daban largos paseos por los jardines para recuperar la salud, siempre en grupo y a paso lento. Los veía con mi curiosidad de niño desde la azotea de la casa. Si hay que buscar el ADN de una persona, el mío está aquí aunque pueda sonar a tango: en este espacio de barrio. Hace poco menos de un año me mudé a vivir casi en la misma calle con mi compañera Agustina Martín, la mujer con la que comparto el pasar de los días, unos números más allá están hoy las ventanas de mi casa. Ha sido el regreso, pero no para cerrar un ciclo, porque sigo peleando, sino para detenerse y recapitular. Recapitulo en el mismo sitio donde me formé, por lo tanto paisaje y memoria se alían para ayudarme a transitar por las viejas historias que conoció un niño al que hoy no me parezco, en lo físico, pero sí me considero su heredero espiritual", seguía narrando con pasión el que fuera alcalde de su Córdoba durante diez años consecutivos.

Repito. Un ser humano sencillo, abierto siempre al diálogo, humilde, que vivió y vive todavía de su trabajo y sus esfuerzos y sin traspasar nunca su nivel económico. "No fui una lumbrera en los estudios, pero sí de los que aprobaban todas las asignaturas con buenas notas. Cuando llegaba con ellas mi padre traía un paquetito de tortas con azúcar blanca encima, me las daba y decía de forma ritual: "¡Muy bien, has cumplido con tu deber! (...)

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Ése era el premio y no había otra cosa. Y así entendí que debía ser mi vida en el futuro: por hacer las cosas bien no me tienen que agradecer nada, por eso soy tan reacio a los aspavientos y a los montajes que se hacen a las personas que en realidad sólo han cumplido con su deber. Soy de la opinión de que hay que ser más austero y comedido en la administración de elogios y parabienes", afirmaba en su obra literaria. 

 

En resumen, lo que sería un hombre bueno, "buena gente" y con un gran corazón, tan grande y tan rojo que no es de extrañar que ya le estallara en dos ocasiones anteriores, hasta este tercera que le ha causado desgraciadamente la muerte.

Su biografía moral

En cuanto a su biografía moral sólo puedo decir unas cuantas cosas. Que en un mundo de pícaros, de falsos, de corruptos, de chaqueteros, de ladrones, de traidores, de canallas, de apóstatas, granujas, chorizos, trajinantes, comisionistas, mitineros y de más ralea que haya un hombre íntegro y honesto es casi un milagro.

Y eso es, y ha sido siempre, Julio Anguita, un hombre honesto y honrado. Un hombre que jamás traspasó los límites de la ética, un estoico a lo Séneca, aunque Anguita supera a Séneca, puesto que el filósofo decía unas cosas y hacía otrasa en su vida. Anguita, por el contrario, nunca dijo nada ni hizo nada que contradijera sus pensamientos y sus obras.

O sea, un hombre consecuente, de esos que apenas si quedan en esta España decadente que presuntamente sufre. No hay más que repasar sus años de gestión pura como alcalde de Córdoba para comprobar que allí donde estaba Julio Anguita imperaba siempre la decencia y el control riguroso en la administración: “donde yo esté no habrá corrupción”, decía.

Esa ética, esa moral, es la que le hizo pasar como "un bicho raro" en su recorrido político activo. Aquí eso de la ética no se conoce. Y esa moral es la que le llevó a la pérdida de la fe, cuando comprobó que la Iglesia era la primera que había pisoteado la ética cristiana y la que le llevó a enfrentarse con el obispo de Córdoba siendo alcalde. Por su interés reproduzco parte de la carta abierta que le envió al obispo Infante Florido en 1981.

Le decía entre otras cosas: "No es habitual en esta Alcaldía contestar públicamente a las opiniones, críticas o alabanzas que sobre la gestión municipal hacen los ciudadanos; a las críticas se contesta corrigiendo los errores que denuncian y a las opiniones con el respetuoso silencio. Sin embargo las declaraciones de José Antonio Infante Florido merecen una especial atención porque además de ser ciudadano cordobés es la máxima autoridad sobre los cristianos católicos de nuestra ciudad y presumiblemente portavoz oficial en cuestiones religiosas de un amplio sector de la población cordobesa (...)

Señor obispo: usted valora y juzga (creo que más bien por tendencias inerciales o reflejos condicionados de otras épocas) desde supuestos anteriores a la Constitución de 1978. No sé si sabe que la pequeña mezquita entregada en los jardines del Campo de la Merced (llamada vulgarmente "el morabito") fue mandada a construir para el culto religioso de las tropas musulmanas del ejército de Franco y que, entonces, ninguna jerarquía religiosa protestó por aquello (...)

Su ilustrísima califica de error histórico la cesión de ambas mezquitas a la comunidad musulmana; yo, desde su puesto, desde su responsabilidad, desde la memoria histórica de las institución que representa me tentaría antes la ropa a la hora de hablar de errores históricos, sobre eso, por delicadeza es mejor no hablar. Señor obispo, usted dice:" (...) estas decisiones municipales (...) van más allá del área de competencias que una gestión pública pueda realizar para el bien de una colectividad (...)". Yo quisiera tranquilizar al ciudadano Infantes Florido; no se preocupe usted, la decisión es perfectamente legal y totalmente dentro de las competencias municipales, tranquilícese, se lo dice quien está perfectamente legitimado por el voto de los suyos (cosa ésta de la elección, interesante y conveniente de trasplantar a otras instituciones). Pero lo mismo que ha intentado tranquilizar o argumentar a José Antonio Infante Florido tengo que decirle al señor obispo de los católicos cordobeses, con respeto, con muchísimo respeto, que recuerde aquello de los zapatos del zapatero y las once varas de la camisa. Atentamente. Su alcalde."

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Julio Anguita junto a José María Aznar

O sea, un hombre que nunca se casó ni con su padre, un hombre que le decía las verdades del barquero a quien correspondiera, aunque fuera el obispo de Córdoba. Un hombre que por encima de las conveniencias ha defendido siempre lo justo, aunque ello le crease problemas, enemistades o pérdidas de votos.

Muchos estaban convencidos de que Anguita nunca aceptaría sin protestar la corrupción y las corruptelas. No es de extrañar puesto que los socialistas, con Felipe González al frente, le declararon la guerra cuando denunció una y otra vez la corrupción del caso Filesa o el más grave de los GAL. Entonces se le acusó de cerrar la pinza con José María Aznar para atacar al PSOE, pero no hubo tal pinza, lo que hubo fue una rebelión contra los casos de corrupción.

Eso se llama ética y ético. Y eso era por encima de todo Julio Anguita González, un maestro y político español. Un hombre de Estado. Descansa en paz querido Julio, allí dónde estés. Y hasta pronto amigo.  

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