17 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

Autores como JJ Benítez o Raymond Moody y científicos como Roger Penrose y Stuart Hameroff, tajantes en sus investigaciones: el más allá existe

La resurrección: mucho más que una cuestión de fe, las pruebas de que la muerte no es el final

La vida después de la muerte.
La vida después de la muerte.
Es más que una cuestión de fe. Además del rigor histórico de los escritos bíblicos, la resurrección va más lejos de la religión. El escritor JJ Benítez aseguraba que a la ciencia no le interesa investigar el más allá, pero un grupo de setenta médicos holandeses y prestigiosos científicos como Sir Roger Penrose y el Dr. Stuart Hameroff entre otros autores sí tomaron el tiempo y los recursos para probar que, se mire por donde se mire, la muerte no es el final, sino una frontera.

Ha sido la gran inquietud de la humanidad desde la noche de los tiempos. Civilizaciones milenarias dedicaron vidas enteras a intentar asomarse a la puerta de la muerte, convencidas de que el último latido del corazón y el deceso del cuerpo físico terrenal no era el final definitivo, de ahí los rituales, muchas veces extravagantes, con que algunas de estas culturas primitivas preparaban las tumbas y los cadáveres. Hoy en día, en el mundo 3.0 de las redes y los robots, la velocidad no debe impedirnos parar un poco para hacer caso del sentido común. Es la primera intuición de que la conmemoración de la resurrección de Jesucristo es un hecho histórico sobre el que conviene detenerse con fe y, en ausencia de ella, con ecuanimidad y con el mencionado sentido común, porque al final se da uno cuenta de que, como se suele decir ahora, "va a ser que sí".

Corren tiempos laicos y paganos en los que la velocidad se confunde a cada hora con el tocino, como reza nuestro popular refranero, y no resulta fácil convencer al prójimo para que tome unos minutos de reflexión en analizar y sentir desde dentro mensajes tan profundos como los que pueden ahondar de lleno en la vida después de la muerte. Es simplemente darse cuenta de que los dogmas de fe nada tienen que ver con la religión de los hombres y mucho menos que el mensaje de Jesús tenga relación alguna con los casos de pederastia de la iglesia. Abordar el tema de la resurrección sin prejuicios ni temores es un ejercicio que a toda alma debe hacer bien, incluso a aquellas que se aferran al materialismo, a veces mal evolucionado a irreverencia, de su no creer. 

El más allá, algo que ocupó al hombre desde a noche de los tiempos.

Entre las antiguas civilizaciones se puede aludir a los griegos antiguos, que ya hablaban del Hades, aunque no de la resurrección como tal. Era un motivo recurrente en los poemas homéricos. Homero no imaginó que en la realidad fuese posible un regreso desde el Hades. Platón sí había especulado con la reencarnación, pero nunca venía a la mente la idea como tal de una resurrección, es decir, de un regreso a la vida corporal en el mundo presente.

El judaísmo recoge el sheol en el Antiguo Testamento y en otros textos judíos antiguos no se observa una descripción muy distinta del Hades homérico. A diferencia de la concepción griega, hay puertas abiertas a la esperanza. El Señor es el único Dios, tanto de los vivos como de los muertos, con poder tanto en el mundo de arriba como en el sheol. Es posible un triunfo sobre la muerte. Además, los judíos esperaban la llegada del Mesías, confiaban en que el Mesías derrotaría a los enemigos del Señor, restablecería en todo su esplendor y pureza el culto del templo, el dominio del Señor sobre el mundo, pero nunca pensaron de modo directo y taxativo que resucitaría después de su muerte, algo que contradice las manifestaciones continuas de Jesús en el sentido de tener que cumplir la voluntad del Padre y el cumplimiento de la profecía, y de tener por ello que morir cruelmente para resucitar al tercer día. 

Tal es la firmeza con la que Jesús se manifiesta ante sus discípulos en ese sentido, que llega incluso a ser vehemente en un pasaje determinado con el propio Pedro, el hombre que Él mismo eligió para fundar y continuar su iglesia después de su partida, cuando este desaprobaba la idea de que fuera a entregarse y encaminarse a una muerte segura.

La fe cristiana

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”, es el literal de una de las traducciones de la biblia del pasaje de Juan 11:25-27.

La resurrección de Jesucristo es el principal dogma de fe del Cristianismo.

Esta es probablemente la cita bíblica más célebre de la fe cristiana en torno al fenómeno de la resurrección que se conmemora en estas fechas de la Semana Santa de un modo muy particular por todas las confesiones derivadas de la llegada de Jesucristo al mundo. Para los creyentes no se trata solo de un dogma de fe y del pilar principal de su creencia, sino que a lo largo de la historia han defendido también las pruebas documentales que sustentarían la buena nueva de la victoria del Salvador sobre el pecado y sobre la muerte de la carne tal como la concebimos.

Para los cristianos hay pruebas. Entiéndase por cristianos en general a todos cuantos creen en Jesús más allá de las ramas en las que la iglesia original dividió a sus seguidores: ya sean católicos, evangélicos, luteranos, ortodoxos, mormones o cualesquiera otras, ya que en muchas partes de América Latina se ha hecho una errónea traslación del término cristianos únicamente a aquellos que profesan la confesión evangélica.

La resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas y que nos llegó a través de los siglos fundamentalmente en el testimonio de quienes fueron testigos de tan excepcionales acontecimientos. No puede dudarse ni hay razón alguna para hacerlo, de la veracidad del relato de los apóstoles y de los primeros cristianos y del legado histórico que la biblia recoge, así como otras fuentes, de aquellos testimonios y escritos.

Especial valor tiene sin duda la labor evangélica y epistolar de Pablo de Tarso, quien pasó de ser un acérrimo perseguidor y látigo de los primeros cristianos a convertirse en el principal difusor de la fe luego de la aparición de Jesús resucitado de la que fue testigo camino de Damasco. Hacia el año 57 San Pablo escribe a los Corintios: «Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los doce» (1 Co 15,3-5).

Pablo de Tarso y su ceguera temporal tras la aparición de Jesús resucitado que significó su conversión.

Los teólogos, religiosos y analistas han concluido con el paso de los tiempos que la idea de que en aquel tiempo se hubiera podido tramar el robo del cuerpo de Jesús de Nazareth para luego inventarse la leyenda de que había resucitado para probar que era el Mesías, es sencillamente imposible. El día de Pentecostés es otro acontecimiento que refrenda la veracidad de los hechos, según refieren los Hechos de los Apóstoles, Pedro afirma que «Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte», y en consecuencia concluye: «Sepa con seguridad toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis» (Hch 2,36).

Es bastante obvio que los Apóstoles fueron protagonistas de un fenómeno que jamás hubieran podido imaginar y para el que una fuerza espiritual superior los preparaba. Debían vencer su perplejidad y su temor a las burlas y las represalias de esos primeros tiempos de persecución.

Desde entonces hasta hoy, la esencia del mensaje principal de Jesucristo permanece y el objetivo se logró, si bien en el camino ha quedado una huella muy alejada de la prédica de Jesús, en cuyo nombre se han cometido auténticas barbaridades, se ha dividido a la iglesia y se ha dado pie a afrentas de todo tipo contra la fe: desde el enriquecimiento ilícito a la corrupción, y desde la guerra injustificada a los casos de pederastia. En todo caso, son obras del hombre que en nada deben distorsionar el mensaje original que la resurrección de Cristo envió al mundo, que permanece en nuestros días y que se conmemora en Semana Santa por los miles de millones de cristianos en el planeta.

Las pruebas del más allá

La fe cristiana y las pruebas documentales de la biblia y otros textos apócrifos no es la única evidencia de que la muerte física es una especie de frontera y no el final definitivo. Existe al respecto ya una amplia bibliografía que puede consultarse. Sin acudir ni siquiera a la biblioteca, la proliferación de producciones documentales también nos muestran testimonios de gran valor, uno de ellos podemos encontrarlo en el documental conducido por el famoso actor Morgan Freeman bajo el título de La Historia de Dios que puede verse a través de la plataforma Netflix. Ya desde el primer capítulo encontramos un estremecedor relato de un operario que permaneció ahogado durante 15 minutos debajo del agua tras caer de un barco. La luz, la sensación de paz, la presencia de los principales baluartes de su fe y una voz en la consciencia que lo devolvieron al mundo terrenal con la consigna de que todavía no había llegado su hora, es un denominador común en decenas de testimonios similares.

Uno de los libros de referencia sobre este fenómeno es el de Vida después de la Vida, una obra publicada en 1975 escrito por el psiquiatra Raymond Moody. Es un informe sobre un estudio cualitativo en el que Moody entrevistó a 150 personas que habían sufrido una experiencia cercana a la muerte. Las peculiaridades comunes de esas experiencias se resumen básicamente en una abrumadora sensación de paz y bienestar, incluida la ausencia de dolor, una sensación de estar situado fuera del cuerpo físico, sensación de flotar a la deriva o a través de la oscuridad, a veces descrita como un túnel, toma de conciencia de una luz dorada, encontrarse, y a veces comunicarse, como relataban algunos de los entrevistados con lo que ellos describían como un ser de luz, tener una rápida sucesión de imágenes visuales de su pasada y tener una agradable sensación de estar ante un mundo nuevo de extraordinaria belleza.

Otro libro que logró notoriedad fue el del neurocirujano estadounidense Eben Alexander, profesor de la Escuela de Medicina de Harvard y autor del bestseller titulado originalmente en inglés Proof of Heaven: A Neurosurgeon's Journey into the Afterlife (La prueba del cielo: el viaje de un neurocirujano a la vida después de la muerte), en el que describe su experiencia cercana a la muerte en 2008, y afirma que la ciencia puede y va a determinar que el cielo realmente existe.

Los imprescindibles libros de JJ Benítez y Raymond Moody.

“Estoy bien”

Una de las obras de referencia de la existencia del más allá es la del reconocido escritor e investigador español Juan José Benítez. La propia sinopsis del libro 'Estoy bien: el más allá nunca estuvo más cerca' anuncia el exhaustivo trabajo de investigación que a su vez se ha convertido en una recomendada lectura de consuelo para quienes pierden a sus seres queridos: “A lo largo de la historia, se ha especulado mucho sobre si hay vida en el más allá, si las personas que fallecen siguen estando presente entre los vivos. J.J Benítez lleva más de 40 años investigando sobre el tema. ‘Estoy bien’ recopila más de 160 casos fascinantes de apariciones de gente ya fallecida. Experiencias vividas por hombres y mujeres de diferentes clases sociales, edades, creencias religiosas y distintos niveles culturales”.

Es un fascinante trabajo del autor navarro documentado con fotos, mapas y archivos que abre una nueva puerta a la existencia del más allá y lo hace con un rigor inapelable. Benítez se tomó su tiempo en seleccionar de entre los centenares de testimonios recogidos en el transcurso de los años aquellos que más impacto tenían y sobre todo los que habían pasado el filtro de la segunda y hasta la tercera entrevista, un método empleado por muchos investigadores que consiste en repetir la entrevista tras un largo periodo de tiempo y comprobar si los detalles coinciden, lo cual es claro síntoma de veracidad, o si por el contrario varían en sus matices, lo cual puede dar pie a sospechar que la historia se ha inventado.

J.J. Benítez concedió muchas entrevistas en la promoción del libro, muchas de ellas pueden reproducirse directamente a través de YouTube, y desde luego no tienen desperdicio. Una de ellas fue a la agencia Efe y fue reproducida por diversos medios. En ella aseguraba con rotundidad que existe el más allá y que  “hay otra vida física a la que no hay que tenerle ningún miedo”.

El autor de la saga Caballo de Troya afirmaba que uno de los objetivos del libro es llevar esperanza a la gente y quitarle hierro y miedo a la muerte. Para ello echó mano de su archivo y de un trabajo de 45 años en el que había venido estudiando un millar de casos de personas que aseguraban haber tenido experiencias con muertos que se habían aparecido ante ellos de forma física y a los que aseguraban habían visto, escuchado, sentido e incluso, en algún caso, hasta palpado.

Benítez explicaba la razón del título del libro: “Casi todos repiten 'estoy bien', 'estoy feliz', 'no llores más' e irradian sensación de felicidad”. En el año 2000 él también describió su propia experiencia, cómo su padre muerto le había contado cómo es el más allá, si bien no recogió su propio testimonio en el libro, prefiriendo recoger los testimonios de terceros, un trabajo que comenzó en 1968 cuando un colega le contó la experiencia que había tenido años antes cuando luchaba en Rusia como voluntario de la División Azul: En pleno campo de batalla tuvo que llevar unos paquetes a una trinchera. Una granada explotó y le hirió en la cara, una situación que, según contó, le habría llevado a la muerte si no llega a ser porque en ese momento un compañero le llamó por su nombre, le dijo «tira por aquí» y anduvo delante de él hasta que llegaron a un lugar seguro en el que se despidió. Después se enteró de que este compañero, al que conocía perfectamente, había muerto tres meses antes.

Los resucitados realizan visitas fugaces, levitan, son transparentes, irradian luz propia y un estado maravilloso, según los testimonios reunidos. Testimonios que han pasado la prueba de la verdad, personas equilibradas siempre. “Son casos que demuestran que más allá de la muerte hay una vida física. Los resucitados que han hablado de ella solo han contado que es un lugar que no nos imaginamos. Puede haber dimensiones y planos desconocidos para la ciencia, a los que no hemos tenido acceso porque no tenemos la tecnología necesaria, de la misma manera que durante muchísimos años oficialmente no se supo nada de América, ni se llegó a la Luna. La ciencia lamentablemente no le preocupa la muerte. Yo creo además que, en este tipo de temas, si no entra la ciencia mejor porque ni puede dar explicaciones ni las quiere dar”, señalaba.

La ciencia y el alma que abandona el cuerpo

La ciencia, a pesar de las consideraciones de Benítez, sí ha hecho sus indagaciones en el terreno de la muerte. La creencia en el alma disociada del cuerpo es mucho más que una cuestión de fe. Las almas de las personas que han sufrido una muerte clínica abandonan su cuerpo y pueden observar escenas de lo que está pasando a su alrededor en el mundo real, así de concluyente fue la tesis de un grupo de investigadores científicos holandeses.

El grupo de médicos realizó un estudio con la recopilación de más de 70 casos de personas que relataron la experiencia que vivieron mientras se encontraban clínicamente muertas, y están seguros que la conciencia puede vivir fuera de nuestro cerebro, pero ese mundo no puede ser percibido a través de los sentidos, explicaban.

El estudio cita el ejemplo de un paciente que se encontraba clínicamente muerto durante 20 minutos luego de una delicada cirugía cardíaca, y que inesperadamente regresó a la vida. Su resurrección por sí sola ya era increíble, pero más increíble fueron las escenas que el paciente vio mientras estaba muerto: "Describió una luz brillante al final del túnel y la forma cómo salió de su cuerpo. Pero más allá de eso, vio a los doctores conversando e indicó el lugar y la forma exacta cómo estaban parados. Además describió con exactitud las notas médicas que la enfermera escribía en el ordenador", explicaron los autores del estudio, quien remataban tajantemente diciendo que para poder dar esos datos, el paciente forzosamente debía haber estado fuera de su cuerpo, porque de lo contrario no podría describir las escenas reales de la sala operaciones.

La ciencia, cada vez más cerca de probar la vida del alma después de la muerte.

Otros testimonios interesantes son los del doctor Stuart Hameroff, emérito en el Departamento de Anestesiología y Psicología así como Directivo del Centro de los Estudios de Conciencia de la Universidad de Arizona, en la ciudad de Tucson, Estados Unidos, y el de su colega, Sir Roger Penrose, físico matemático en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido.

Ambos trabajaron desde 1996 en una teoría cuántica de la conciencia, que establece que nuestras almas están contenidas en estructuras llamadas microtúbulos, que viven en nuestras células cerebrales. Hameroff y Penrose proponen que los microtúbulos, las unidades más pequeñas del citoesqueleto, actúan como canales para la transferencia de información cuántica responsable de la consciencia.

El Daily Mail lo publicó en un reportaje. En una experiencia cercana a la muerte, por ejemplo, los microtúbulos pierden su estado cuántico, pero la información dentro de ellos no se destruye. Es decir, que en términos comprensibles, el alma no muere, sino que vuelve al universo.

El Dr. Stuart Hameroff y Sir Roger Penrose.

El Dr. Hameroff explicó ampliamente su teoría en otro documental narrado por Morgan Freeman, llamado “Through the wormhole” (A través del agujero de gusano), que fue emitido por el canal Science de Estados Unidos. Declaró que cuando “el corazón deja de latir, la sangre deja de fluir, los microtúbulos pierden su estado cuántico. La información cuántica en los microtúbulos no se destruye; no puede ser destruida; simplemente se distribuye y se disipa por el universo. Si el paciente es resucitado, esta información cuántica puede volver a los microtúbulos y el paciente dice “Tuve una experiencia cercana a la muerte”. Si el paciente muere, “sería posible que esta información cuántica exista fuera del cuerpo indefinidamente, como un alma”.

¿Es esa la explicación científica del mensaje de Jesucristo? La cita bíblica retumba con fuerza en el corazón de los creyentes: “Yo soy la Resurrección y la Vida -le dijo Jesús-; el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá para siempre, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás”, es otra de las traducciones del evangelio de San Juan, capítulo 11, versículo 19 en adelante.

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