21 de noviembre de 2019
|
Buscar
FIN DE SEMANA

Iniciamos hoy una serie donde contaremos con datos exclusivos y reveladores la vida del exalcalde de Marbella y expresidente del Atlético de Madrid

Lo que no se verá en HBO: Los orígenes y la vida junto a La Guadalupe del rebelde Jesús Gil y Gil (I)

Jesús Gil y GIl con su madre 'La Guadalupe'.
Jesús Gil y GIl con su madre 'La Guadalupe'.
Repasamos la vida de Jesús Gil y Gil a través de la investigación realizada en su día por el director de elcierredigital.com, Juan Luis Galiacho, que fue plasmada en sus dos libros de gran éxito comercial. El primero, titulado 'Jesús Gil y Gil, el gran comediante', fue la única denuncia reveladora de los polémicos métodos utilizados por el que luego sería alcalde de Marbella. Durante siete capítulos desmenuzaremos con datos exclusivos y datos reveladores lo que no se verá en la serie de HBO.

Guadalupe Gil Hernando, la madre de Jesús Gil, era una mujer de fuerte carácter, indómita, desafiante, hija de labradores del pueblo soriano de Castillejo del Robledo, localidad enclavada en un triángulo geográfico cuyos vértices lo componen las provincias de Soria, Burgos y Segovia.

Dos años antes de dar a luz a Gregorio Jesús, Guadalupe se casaba en un matrimonio de conveniencia con Gerardo Gil Elvira. Gerardo era un hombre de acomodada posición económica, ya que sus negocios de construcción de carreteras por toda la comarca soriana habían hecho de él un buen pretendiente. El padre del futuro alcalde de Marbella era considerado como uno de los habitantes más adinerados de Burgo de Osma.

‘La Guadalupe’ como era conocida, vio en este hombre todo lo que ella pretendía: dinero y ambición. A ello se unían los enormes deseos de la de Castillejo por salir del aislamiento que ofrece la diaria vida en una pequeña localidad castellana. No le importaba que Gerardo fuera un viudo con tres hijas. Ni que entre la primogénita de su marido y ella sólo mediaran tres años de diferencia.

“Jesús es hijo mío, y por eso es lo que es. Confieso que me casé por dinero. Tenía unas enormes ganas de salir de Castillejo. A mi marido no le quería. Nunca estuve enamorada de él. La culpa también fue de mi madre, que me indujo a esta boda porque Gerardo tenía mucho dinero. Además, yo no podía aportar ninguna dote al matrimonio, pues todas las ‘perras’ de mi familia había ido a parar a un hermano mío que se metió a fraile. Siempre quise a otro hombre del pueblo, pro me interesaba el dinero y me daba igual que mi marido fuera gato o perro”, contaba ‘la Guadalupe’ en 1993.

Burgo de Osma (Soria) años 40. 

El matrimonio se estableció en la localidad de origen de Gerardo Gil, Burgo de Osma. Allí nacieron los tres hijos del matrimonio. Primero Gregorio Jesús, después Gerardo a los diecisiete meses, y finalmente, al cabo de dos años, Severiano.

Tras un tiempo de bonanza económica para la pareja, el padre del que fuera alcalde de Marbella. Hombre poco avezado en el manejo de las finanzas, sufre una fuerte crisis en su patrimonio que le conduce a la ruina. Los amigos empiezan a desaparecer, e incluso su familia le da de lado y procede a embargarle por una suma de ridícula cuantía, cinco mil pesetas.

El padre de Jesús Gil entró en una terrible depresión. A Guadalupe se le rompen sus iniciales esquemas prematrimoniales, y se ve inmersa en una situación no deseada por quien anheló la gloria económica y el poder.

Es en ese momento de ruina total cuando Guadalupe Gil saca a relucir su fuerte carácter y, en una decisión trascendente, asume la responsabilidad de hacerse cargo de su marido y de sus tres hijos. Con apenas cuatro años el futuro mandamás rojiblanco vivía ya su primera quiebra financiera.

La muerte del padre

Gerardo Gil Elvira, apenado por su situación económica y familiar, fallece de muerte natural en 1938, en pleno apogeo de la Guerra Civil. Tras el fallecimiento del padre del Gil, su madre, con 27 años de edad, se hace cargo de una situación dantesca tanto personalmente como en el ámbito nacional. Las tensiones vividas en España para esos tres terribles años de contienda favorecieron el estraperlo, dada la escasez de materias primas y alimentos.

Con tres carros repletos de trigo, Guadalupe comerciaba entre Burgo de Osma y Soria. Al principio comenzó con este cereal, pero más tarde transportaba todo tipo de cosas. Incluso el carro que le sobraba lo alquilaba para cualquier menester. Otro de sus negocios consistía en mandar a sus dependientes a cargar sal a las salinas de Paredes, y leña al pueblecito de Ballubas para después de vendérsela a los comercios de Burgo de Osma.

El Burgos de los años 40 donde  estudió Jesús Gil. 

Tras estos trapicheos a pequeña escala, Guadalupe Gil volvió a retomar la antigua ocupación de su fallecido marido: la construcción de carreteras. En 1942, y tras una especular recuperación económica, la madre de Gil vuelve a contraer matrimonio, esta vez con Epifanio Alonso, un hombre de Berlanga del Duero (Soria), hijo de un empresario de ultramarinos, coloniales y tejidos, venido a menos. Epifanio tenía una gran talla física, aunque en palabras de Guadalupe, “apenas tenía personalidad. Al igual que a mi anterior, nunca le llegué a querer”.

En 1943, Guadalupe y Epifanio tuvieron su único hijo en común, Javier Alfonso Gil, que sería profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid. Al poco tiempo de nacer su hermanastro, Gregorio Jesús Gil es enviado, con diez años, a estudiar el bachillerato a un centro de gran arraigo en la zona, el colegio de los claretianos en Aranda de Duero (Burgos).

Los años escolares

Gil y sus hermanos estuvieron internos durante siete años en los claretianos, lo que obligó a que Guadalupe tuviera que afrontar un gasto extra muy importante. La ilusión de la madre de Gil de que sus hijos dispusieran de la mejor formación académica conllevó no sólo el pago de la matrícula, sino un enorme sacrificio material, al tenerles que proveer de mantas, sábanas, e incluso los colchones de las literas del internado.

Gregorio Jesús Gil fue un estudiante poco aplicado, por lo que tuvo problemas con sus maestros claretianos. La relación más íntima la tuvo con el padre Paco, prefecto de disciplina, que se dedicaban a organizar fiestas, actividades cinematográficas, y a dirigir la sección deportiva del centro. El padre Paco fue el causante de que Gil hiciera sus primeros y únicos pinitos en el mundo del balompié, al incorporarlo, dado su gran corpulencia, al equipo de fútbol del colegio, que con relativa frecuencia se enfrentaba a la Gimnástica Arandina.

El padre Paco, al que Jesús llamaba ‘la Gilda’, se vio obligado en numerosas ocasiones a castigarle los domingos sin ir al cine, debido a sus continuas rebeldías. Sin embargo, fue su hermano Gerardo quien peores formas tuvo con los claretianos, por lo que contínuamente era castigado. A diferencia del pequeño Severiano, callado y servicial, que logró hacer amistad con los curas.

Gil ya despuntaba, por aquella época, como uno de los cabecillas de los grupos del colegio. Su poder de persuasión y ejercicio de la autoridad era tan grande que llegó a anular la voluntad de sus hermanos, sumisos por completo a los dictados de su hermano mayor.

Gil llegó a aprobar el bachillerato con más pena que gloria. Sus hermanos lo hicieron también años más tarde sin ninguna brillantez. A Gil, estudiar no era lo que más le agradaba y, si hubiera sido por él, con dicha titulación se le habrían acabado las penurias académicas. Pero de nuevo la voluntad inquebrantable de su madre vino a cruzarse en la vida de Gregorio Jesús Gil. ‘La Guadalupe’ quería a toda costa que sus hijos fueran hombres con entidad y proyección social.

 “Irás a Valladolid y te examinarás de reválida para poder estudiar una carrera universitaria”, le hizo saber la madre al plantearse su futuro. “Si a cambio no me das dinero, no bajo a Valladolid”, contestó condicionalmente Gil, intentando chantajearla. Al final, gracias a la mediación de su padrastro Epifanio, su madre dio la cantidad pedida a un Gregorio Jesús Gil que empezaba a no claudicar frente a cualquier cosa que negociase. Gil marchó a Valladolid y aprobó con sufrimiento la reválida.

En 1950, con diecisiete años y con su título de bachillerato en el bolsillo, Gregorio Jesús Gil parte hacia Madrid con la intención de compaginar el estudio en el Facultad de Veterinaria con algún trabajillo que le permitiera comenzar a poseer un patrimonio propio.

Su primer año en la capital de España no pudo resultar más penoso en lo académico. Abandona Veterinaria sin aprobar ninguna asignatura. “A mí esto de los burros me da un asco nauseabundo. ¡Si cada vez que voy a las prácticas vomito!”, se justificó Jesús Gil a su madre. Gil, para contentar a a su madre, se matriculó, tras el bacarra de Veterinaria, en Ciencias Económicas, aunque los resultados no superaron a los anteriores. "Hijo mío, déjate de mujeres y aprieta los codos", machacaba constantemente Guadalupe.

Los consejos maternales caían en saco roto. Jesús Gil no daba una a derechas con sus estudios. Su decisión no se hizo esperar: "No voy a estar con esto de los libros como una puta por rastrojo, y además sin un duro", le dijo a su madre en una declaración irrevocable. Su proyección académica llegaba a su fin sin superar ni una sola asignatura universitaria.

Desde ese día su ambición se centró únicamente en el mundo de los negocios como desvelará elcierredigital.com en su segunda entrega.

 

COMPARTIR: