06 de junio de 2020
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FIN DE SEMANA

El príncipe georgiano, ya fallecido,casado con Marieta Salas fue la persona de confianza del Rey Emérito y su corte mallorquina durante tres décadas

Zourab Tchokotua: El fiel confidente que guardaba los secretos de Juan Carlos I y Marta Gayà

Zourab Tchokotua/ Bernardo Paz.
Zourab Tchokotua/ Bernardo Paz.
Marta Gayá, la eterna amante en la sombra del Rey Emerito Juan Carlos I, vuelve a la actualidad. La investigación de la Fiscalía suiza señala que el Rey donó a esta decoradora mallorquina dos millones de euros entre 2011 y 2012. Utilizó para ello la misma cuenta de la Fundación Lucum con la que transfirió 65 millones de euros a Corinna Larsen. Marta contó siempre con un valedor a su favor, un fiel confidente en sus encuentros reales: el príncipe Zourab Tchokotua, ya fallecido.

Zourab Tchokotua fue la persona que presentó a Marta Gayà al rey Juan Carlos en Mallorca en la década de los ochenta. La entonces joven y treintañera mallorquina se acababa de divorciar del ingeniero malagueño Juan Mena que trabajaba para su padre, después de cuatro años de matrimonio. Fue cuando Marta empezó a frecuentar con relativa asiduidad la boite del Club de Mar, en el Paseo Marítimo de Palma, donde trabajó durante un año como relaciones públicas a las órdenes del conocido hombre de la noche Pepe Oliver.

Así Marta Gayà (nacida en 1949) llegó a la corte del príncipe georgiano Zourab Tchokotua y de su mujer, Marieta Salas Zaforteza, una rica y conocida arístócrata de la isla, criadora de caballos con propiedades en Estados Unidos, de la que acabó separándose años más tarde. En ese grupo poderos en la noche de palma también estaban integrados el por entonces playboy Juan Marqués, el arquitecto Luis García-Ruiz, el empresario de alemán Rudy Bay y su mujer, Marta Girod, cuñada del expresidente del Real Madrid, Ramón Mendoza.

Una noche a comienzos de los ochenta, Tchokotua le comentó a Pepe Oliver que tenía un amigo que quería conocer a Marta Gayà. Esa persona era Juan Carlos de Borbón, con quien el noble georgiano había compartido pupitre en el internado de los Marianistas de Friburgo (Suiza) durante su época escolar.

Amigos desde la infancia

Tchokotoua fue uno de los grandes apoyos de don Juan Carlos, al que llamaba Juanito, cuando a los ocho años de edad, en 1946, su padre decidió internarlo en Suiza, en un severo internado de Friburgo. El padre de Tchokotoua, el aristócrata Niki Tchokotoua, huyó de Georgia cuando aún era la Unión Soviética hacia Estados Unidos donde se casó en San Francisco con una americana, Carol Marmon, heredera de los famosos coches Marmon, Con ella tuvo seis hijos, siendo el primogénito Zourab.

En 1954, la familia decidió trasladar su residencia a Suiza. Niki Tchokotoua ejercía el puesto de embajador itinerante y Gran Bailo de la Soberana Orden de Malta, lo obligaba a viajar continuamente. Fue en esa época, en Lausana, donde vivía la familia, y cuando Zourab empezó a estudiar economía en su universidad. Allí coincidía a menudo con el entonces príncipe Juan Carlos que visitaba a su abuela, que residía en Lausana.

Pero Zu, como se le conocía, era inquieto y quería conocer más lugares de Europa, en concreto a Mallorca. Allí se desplazó en 1965 y comenzó un noviazgo con Marieta Salas Zaforteza, nacida en 1945 en Palma, hija única de un excargo franquista, Pedro Salas, que fue incluso gobernador y presidente de la Diputación de Mallorca. Fue éste quien logró la cesión desde su influencia de la residencia de Marivent, antigua mansión del magnate griego Saridakis, a la casa real española como palacio de verano.

Marieta y Zu, con 37 años, se casaron en el verano de 1974 con todos los honores en la catedral de Palma. Como testigos del príncipe georgiano figuraban millonarios, como el alemán Gunter Sachs, el conocido magnate de los centros comerciales, o Robert de Balkany, el heredero al trono de Italia.

Nada más terminar la ceremonia, la pareja, según contó Marieta Salas en Vanity Fair, "fuimos a ver a Juan Carlos y a Sofía a Marivent. El rey, que entonces aún era príncipe, era muy amigo de mi marido. Nos dieron unos regalitos, nos tomamos una copita y nos fuimos. Muy simpático”. El matrimonio tuvo en 1976 a su único hijo y heredero, el Dj internacional Igor Tchkotoua.

Dentro del coche el Rey Juan Carlos, de pie Tchokotua y Richard Cross con camisa azul en Mallorca./ Bernardo Paz.

Marieta es actualmente una de las anfitrionas de importantes personalidades como el anterior embajador estadounidense en España, James Costos, o la exprimera dama estadounidense Michelle Obama, a quienes incluso llegó a alquilar su casa de Mallorca para sus vacaciones.

Pero Marieta Salas es también amiga íntima de Marta Gayà, con quien ha viajado frecuentemente fuera de España. Una amistad forjada por las largas estancias de la mallorquina, en época de crisis sentimentales con el Rey Emérito, en la mansión suiza del entonces matrimonio Tchokotua en Gastaad. 

La amistad entre el Rey y el "príncipe" georgiano se mantuvo desde la infancia y por eso Tchokotoua recaló en Mallorca en los años 70, precedido por su fama de amigo de Juan Carlos de Borbón. En la isla penetró con su constructora Portofornells, con la que llegó a emprender grandes proyectos, pero que no siempre funcionaron. Fue una de sus múltiples urbanizaciones la que llevó definitivamente al banquillo. Tras este escándalo decidió irse con los negocios a otra parte. Eligió Marruecos, un territorio proclive al Rey Juan Carlos. Allí también cultivó amistad con otro íntimo del monarca español, el Rey Mohamed VI.

Sus últimos días de vida los pasó en Rabat, retirado de su Mallorca, pero protegido de todo tipo de rumores e investigaciones. Allí, como ya había hecho en Mallorca muchos años antes, alguien lo bautizó como “amigo del Rey”. Fue en la capital alauita cuando  en julio de 2019 le sorprendió la muerte con 82 años. Pero por deseo expreso, el empresario fue trasladado a Suiza para ser enterrado en la cuna de su infancia, junto a sus mútiples secretos acumulados que se llevó a la tumba.

El protector de Marta Gayà 

Fue en el verano de 1990 cuando Tchokotua se convirtió de nuevo en protagonista al ser el hilo conductor de un gesto inusual,que llamó la atención de todos los presentes e, incluso, de los servicios secretos españoles. Se celebraba una cena en el Club de Mar en honor a Karim Aga Khan y a Alberto de Mónaco con motivo del Rally del Mediterráneo para maxiyates. Una gala presidida por los Reyes. Tchokotua, su mujer Marieta, el escritor José Luis de Vilallonga y Marta Gayá llegaron a los postres.

En vez de mostrarse contrariado con la presencia de Marta Gayà, don Juan Carlos se levantó de su mesa presidencial para saludar efusivamente al grupo. Aquel caluroso saludo desató toda clase de comentarios y el rechazo de la sorprendida reina doña Sofía.

No era de extrañar esta compañía en grupo. Marta siempre estuvo protegida por el príncipe georgiano, que daba refugio permanente a la pareja en su mansión de Suiza. De la misma forma que el escritor Vilallonga les prestaba su piso de París.

Su amistad llegó a que en un momento muy duro para la vida de Marta Gayà, tras presenciar in situ la muerte en un terrible accidente de tráfico de sus fieles amigos, el empresario aleman Rudy Bay y Marta Girod, el Rey no dudó en dejar sus obligaciones como monarca y acudir junto a ella a Suiza, donde Marta se había recluido con un estado de gran ansiedad en la finca del príncipe georgiano Zourab Tchokotua, el gran confidente de don Juan Carlos durante todos esos años. 

Marta Gayà.

El Rey quería estar al lado de la decoradora, que había sufrido un shock tras vivir in situ la muerte accidental de su amigos del alma. Y se desplazó a Suiza dejando todo y abandonando, incluso, precipitademente la cena familiar en el Club Financiero Génova de Madrid, donde toda la familia real celebraba el cumpleaños de Don Juan de Borbón.

Esto ocasionó una gran tormenta política. Hizo estallar la mecha, ya que nadie firmaba oficialmente el relevo de Francisco Fernández Ordoñez, entonces Ministro de Justicia. El político padecía un cáncer en fase terminal y todo el mundo se preguntaba por qué el presidente del Gobierno, Felipe González, no lo relevaba. 

A partir de ese momento, la prensa comenzó a investigar el destino del monarca. El Mundo habló del viaje a Suiza y recordó que unos meses antes, el historiador Juan Balansó habló en clave sobre el proyecto del Rey de escribir sus memorias con José Luis de Vilallonga achacándolo a alguna “gaya dama”. Sin duda, quien fue más allá, fue Jaime Campmany, el director de la revista Época. La publicación llevó a su portada una foto de Marta y tituló La dama del rumor. Una investigación firmada por el hoy director de elcierredigital.comJuan Luis Galiacho, que levantó ampollas en los círculos políticos y económicos de entonces.

Problemas con sus negocios

Pero no todo fue de color rosa para el confidente de Juan Carlos de Borbón. Algunos tropiezos judiciales ensombrecieron la fama de Tchokotua. En concreto, el llamado escándalo de Los Almendros, acontecido a finales de los 70, que acabó con una declaración de insolvencia por parte del príncipe y le hizo adoptar durante unos años un discreto segundo plano en la Transición Española.

Tchokotoua estuvo implicado en el escándalo de esta urbanización de lujo, que hizo que en 1978 un juez solicitase su ingreso en prisión por estafa. Finalmente, se libró de la cárcel y se declaró insolvente para no pagar a los afectados.

Zourab Tchokotua./ Bernardo Paz.

A pesar de su título, Zourab nunca pudo acreditar con certeza su origen regio. A Tchokotua sus amigos, incluido el Rey Juan Carlos, le llamaban Zu. Adoraba los coches de lujo y organizaba fiestas memorables en la isla. Fue junto a su suegro Pedro Salas el principal mediador para que el gobierno de las Islas Baleares cediera el Palacio de Marivent a la Familia Real y pudiesen pasar allí sus vacaciones.

Su suegro Pedro Salas era presidente de la Diputación mallorquina y empresario de gran éxito en las islas. Gracias a eso Zourab pudo hacer dinero en los 70 y los 80 gracias a sus operaciones inmobiliarias, como también por sus continuas inversiones en el sector del petróleo.

El príncipe georgiano era célebre por su magnetismo personal. Gracias a ello tejió en torno al Rey Juan Carlos una red de amistades que más tarde se conocerían como "La Corte de Mallorca". Es decir, amistades próximas al monarca español que “tocaban” sectores sensibles, que en algún caso los llevaría al banquillo de los acusados. Otro escándalo referido al empresario georgiano fue la concesión de créditos ilegales en Thailandia.

Su estrella fue decayendo a medida que sus negocios iban fracasando y se veía envuelto en oscuras operaciones. Su amistad de juventud con el rey Juan Carlos  llegó hasta el final. Nadie le niega una lealtad a prueba de bombas. Zu se apartó de Mallorca, a mediados de los noventa tras el escándalo público del Rey con Marta Gayá. Regresó a su Suiza querida y murió en Rabat, donde hizo sus últimos negocios y pinitos. Los secretos  se los llevó a la tumba, como fiel confidente regio.

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