25 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

Las modernas técnicas de la UCO señalan con firmeza a "Bowie", ahora casado y con dos hijos, y reabren el caso 15 años después

La verdadera historia del asesinato de Sheila Barrero y las nuevas pruebas contra su exnovio Borja Vidal

Sheila Barrero, la joven asesinada.
Sheila Barrero, la joven asesinada.
Sheila Barrero tenía 22 años cuando fue asesinada en enero de 2004. La ciencia forense no pudo entonces determinar la culpabilidad de su exnovio Borja, a quien apuntaban los indicios y los investigadores de la Guardia Civil. Pero las nuevas tecnologías pueden ahora llegar más lejos y probar la implicación de quien nunca llegó a ser acusado formalmente por falta de pruebas, aunque fue investigado por homicidio durante casi cuatro años.

Era un frío 25 de enero de 2004 cuando Sheila Barrero, de 22 años, fue asesinada. A las ocho de la mañana de aquel día su hermano Elías salió a buscarla ante el retraso en llegar a casa, haciendo el recorrido inverso que hacía Sheila cuando se encontró su vehículo, un Peugeot 206, retirado de la carretera, en el aparcamiento de un merendero en el puerto de Cerredo, a medio camino entre el pueblo leonés de Villablino, donde trabajaba, y la localidad de Degaña, el domicilio familiar en Asturias, a unos 10 kilómetros.

Borja, en una imagen de la televisión.

Cuando encontró el cuerpo sin vida de su hermana dentro del coche, llamó a la Guardia Civil. La joven había fallecido de un disparo en la cabeza, efectuado desde dentro del mismo vehículo. No hubo robo ni violación, sólo un disparo a bocajarro desde el asiento trasero. Parece increíble ahora, pero en la primera inspección ocular los agentes creyeron que la joven había muerto de un traumatismo porque el orificio del disparo era tan pequeño, un calibre 12, que no se apreció hasta la autopsia posterior. Por eso tardaron más de 24 horas en hacer pruebas de restos de pólvora a sus amigos más cercanos y parientes, como manda el protocolo.

La familia de Sheila ha reclamado Justicia desde hace 15 años.

Se sabe que Sheila cerró el pub aquel día de enero a las 7 de la mañana y entonces se fue a tomar algo con unos amigos a otro local del pueblo. Luego, sobre las ocho de la mañana se fueron todos a casa, delante de Sheila en la carretera iban en otro coche Bibi y Sela, que se quedaron antes, en el pueblo de Cabo Alles, donde vivían. Su amigo Sela vio que la chica tenía un faro roto y le mandó un mensaje a  Sheila para avisarla: "Llámame cuando llegues". Pero en la cima del puerto alguien le hizo parar.

Pasaron treinta horas

Habian pasado más de treinta horas del descubrimiento del cadáver de Sheila cuando la Guardia Civil citó a seis jóvenes de Villablino para someterlos a la búsqueda de restos de pólvora en sus manos. Todos tenían alguna relación con Sheila, diplomada en Turismo y camarera en un conocido pub del pueblo, el Joe Team. La joven era la menor de cuatro hermanos, guapa, divertida y responsable y con cierta fama de “rompecorazones” por su gran atractivo. 

La joven Sheila, asesinada en 2004.

Tres personas, incluido un joven de 19 años llamado Borja Vidal, alias Bowie como lo conocían en su pandilla, y con quien Sheila había mantenido una relación sentimental hasta un mes antes, presentaron restos de pólvora en las manos. Es decir, tres amigos, conocidos o exnovios de Sheila habían disparado poco antes del crimen, algo no demasiado extraño en una zona de caza donde los jóvenes acostumbran a tener licencia para armas.

Pero la pistola era de pequeño calibre, una 12 milímetros, por eso el asesino tuvo que situarse en el asiento de atrás, muy cerca, y disparar en la nuca. La bala atravesó el cráneo, rebotó contra la luna delantera y cayó dentro del coche. De ahí la Guardia Civil sacó también restos de pólvora.

Los padres de Borja aseguraron que aquella noche el joven durmió en casa. Tampoco acudió aquel día al Joe Team donde trabajaba Sheila. Sin embargo, dos nuevos testigos aseguran ahora que los padres de Borja no estuvieron aquel fin de semana en su casa, así que dificilmente podrían saber si el joven estuvo aquella noche o no en casa.

No es la única prueba. Hace 15 años se encontró una bufanda en el asiento trasero del coche y sobre la bufanda una fibra azul, similar al tejido de una chaqueta de Borja. Este pequeño hilo ahora puede ser analizado y saber cuando se compró la chaqueta y hasta con qué detergente fue lavada, pero hace 15 años todo esto era imposible de saber.

Borja Vidal, el día que fue detenido por la Guardia Civil, hace 15 años.

El primer informe del departamento de Criminalística de la Guardia Civil, fechado en julio de 2004, explicaba que en el caso de Borja –que reconoció haber mantenido una breve relación con la joven– “nos encontramos con seguridad ante residuos procedentes de la detonación del fulminante”. La mano derecha del joven tenía, según el mismo documento, “partículas a base de plomo, antimonio y bario, además de estaño cuyo origen es específico de la detonación de un fulminante como el analizado”. Aquello señaló muy claramente al exnovio, desde entonces único sospechoso para los investigadores.

Los otros dos jóvenes no tenían restos de estaño en las manos, así que quedaron fuera de toda sospecha. El propio Borja manifestó públicamente poco después que sabía que iba a dar positivo en esa prueba: “Estuve cazando en Leitariegos con mi tío el día 17 de enero”, declaró y añadió: “No sé por qué coinciden mis restos con los de la bala. Yo no hice eso, tengo la conciencia tranquila”.

Cuando la Guardia Civil lo detuvo aquel verano, en la playa de GIjón, mantuvo la coherencia en sus declaraciones y durmió plácidamente en el calabozo toda la noche, tuvieron que soltarlo por falta de pruebas. Lo que Borja -mal estudiante y buen jugador de fútbol- no sabía es que la munición de caza no lleva estaño en su composición y que ahora, en 2019, ya puede determinarse si esos mismos restos coinciden al cien por ciento con las muestras obtenidas sobre el cadáver. Años después Borja se casó, se hizo electricista y tuvo dos hijos.

Elías Barrero y Julia Fernández, padres de Sheila.

Para los agentes de la UCO de la Guardia Civil todas las pruebas seguían señalando a Borja Vidal, pero el caso quedó cerrado en falso, sin un culpable porque no se pudo demostrar la implicación del exnovio de Sheila. Ahora, la tecnología ha dado la posibilidad al servicio de Criminalística de la Guardia Civil de realizar nuevas pruebas y éstas vuelven a señalar a Borja. La familia Barrero vuelve a creer en la Justicia, 15 años después de sufrimiento.

Entre estas pruebas hay una fundamental para reabrir el caso, una nueva espectometría realizada con láser y microscopio electrónico puede descubrir ahora si los restos de pólvora hallados en el cuerpo de la joven, en su nuca, coinciden en su totalidad con los restos hallados en la mano derecha de Borja Vidal hace 15 años, sin riesgo de equivocarse.

¿Qué ocurrió entonces para no poder acusarlo? Pues que Criminalística de la Guardia Civil realizó un segundo informe definitivo, donde rezaba que "las 33-34 horas transcurridas hasta la exploración son tiempo suficiente para descartar que fueron las inicialmente depositadas como consecuencia de una exposición inicial directa a la nube de residuos. Habría que pensar más en una transferencia desde otras superficies". Es decir, que el acusado podría tener esos restos del contacto con otra munición que hubiera en su casa y no necesariamente de disparar un arma. Aquel dato, junto a que Borja demostró estar en contacto casi diario con balas en su casa, hizo dudar al juez que acabó archivando la causa por falta de pruebas en 2008.

Un móvil sentimental

Sin embargo, la Guardia Civil siempre insistió en el móvil sentimental y Borja, alias Bowie, declaró que conoció a Sheila en julio de 2003 en el pub donde trabajaba, aunque no iniciaron una relación hasta octubre. Según dijo a los investigadores "nos veíamos los sábados por la noche y nos dábamos besos en el bar". Según él la relación nunca fue a más y rompieron en noviembre porque "a mis tías nos les gustaba nada su familia. Mi madre también decía que tenía que dejarla". Una de las tías de Borja salía con un joven llamado Teófilo que la dejó para salir con Sheila. La ruptura no fue amable y Sheila intentó volver en varias ocasiones con Borja, según la familia del joven.

Desde entonces Borja Vidal tuvo problemas, en mayo de 2004 su pandilla fue acusada por una menor de haber recibido dinero a cambio de mantener relaciones sexuales. Luego tuvo que ir al psicólogo para tratarse un cuadro de ansiedad seguido de una depresión, que él achacó a haber suspendido en seis ocasiones el examen teórico de conducir. La Guardia Civil comprobó que en realidad solo había suspendido dos veces y había sido hacía más de un año. Aquello lo convirtió en más sospechoso todavía y en verano fue detenido.

Su actual abogado, Pedro González, mantiene que el joven vivió entonces un calvario y ahora vive de nuevo otro y que contra su cliente "no ha habido nunca medidas cautelares, porque ha estado en libertad siempre y no se ha encontrado nada nuevo que lo que había en 2008 cuando el caso fue archivado". Después de aquellos primeros meses, Borja anunció que iba a dejar Villablino, pero se casó, tuvo hijos y sigue residiendo allí.

Su novia volvía al pueblo

Pero a comienzos de 2004 Borja tenía otros problemas diferentes, en concreto otra "novia" en Cataluña que regresaba a Villablino en Navidad, así que el joven cortó con Sheila en diciembre, tal y como demostraron los registros telefónicos y de mensajes entre ambos que estudió la Guardia Civil, a pesar de que él siempre mantuvo que dejó la relación en noviembre.

En este merendero apareció el coche de Sheila.

Pero 15 años después, una nueva prueba puede dar al traste con la tranquilidad de Borja Vidal, porque la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, gracias a los avances técnicos ha dado un giro a la investigación, ya que ahora vuelven a señalar a este joven como sospechoso gracias a una nueva técnica basada en el análisis microscópico de las pruebas conservadas durante 15 años, que a pesar del tiempo transcurrido se han mantenido preservadas. El caso fue reabierto en 2015, pero ha permanecido bajo secreto de sumario hasta ahora.

Críticas a la Fiscalía

Ante las críticas previas recibidas por algunos medios de comunicación sobre el apoyo prestado o no a la reapertura de la investigación, la Fiscalía General de Asturias tuvo que salir al paso y emitir un comunicado, explicando lo obvio, "en estos momentos continuamos en fase de instrucción, fase que no ha rematado, y será el Juez quien, tomando las decisiones adecuadas decidirá si se practican o no más diligencias o se da por finalizada la instrucción " y añaden que "será en ese momento cuando el fiscal encargado, estudiando la causa, la resolución dictada y, sobre todo, las últimas pruebas practicadas, mostrará su conformidad con la misma o no, pudiendo presentar el oportuno recurso". 

El juzgado de Cangas de Narcea que instruyó entonces el caso tiene ahora de nuevo la palabra. La familia sigue reclamando Justicia. La UCO de la Guardia Civil sigue trabajando.

 

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