02 de marzo de 2024
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FIN DE SEMANA

Este mando de la benemérita, que pasó de Guipúzcoa a Bilbao, relata a 'El Cierre Digital' cómo vivió el terrorismo de ETA y su situación actual

Tomás Navarro, coronel retirado de la Guardia Civil en País Vasco (II): "Viví años terribles de muertes"

El Cierre Digital en Tomás Navarro Oliver, coronel retirado de la Guardia Civil en País Vasco durante los años del auge de ETA.
Tomás Navarro Oliver, coronel retirado de la Guardia Civil en País Vasco durante los años del auge de ETA.
José Ignacio Herce Álvarez, vicepresidente de la Asociación Plataforma de Apoyo a las Victimas del Terrorismo (APAVT), ofrece a 'elcierredigital.com' el testimonio del coronel de la Guardia Civil Tomás Navarro Oliver. Destinado a País Vasco en la época en la que el terrorismo de ETA se encontraba en auge, el coronel cuenta en esta segunda entrega de la entrevista cómo vivió la época de los atentados de ETA a sus compañeros y cómo ve la situación actual de la banda terrorista.

El Coronel Tomás Navarro Oliver, hoy retirado y convertido en agricultor ecológico, como se denomina a sí mismo —cultiva una maravilla de aceite de acebuche bajo la marca Oleum Deus—, continúa contando su experiencia como Guardia Civil en País Vasco durante los años 70, donde fue destinado (concretamente a Guipúzcoa) en pleno auge de ETA en esta segunda parte de la entrevista, realizada por José Ignacio Herce Álvarez.

- ¿Cómo era el día a día para un Guardia Civil?

- El de mis guardias era una vigilancia permanente porque no se podía dejar de atender la delincuencia, los robos... Y ese servicio público nos hacia muy vulnerables a los atentados. Teníamos que aunar la vigilancia con la autoprotección, nunca estabas libre de que te colocaran una carga en cualquier pretil de carretera, pero había que estar en la calle.

- ¿En ese día a día se sentían respaldados por la sociedad?

- Allí existía una sociedad impermeable. El “maketo” [personas que venían de otras partes de España a País Vasco] difícilmente accedía a la sociedad “pura” vasca. Pero los “maketos” sí nos veían como defensores suyos, pensaban que bajo nuestro paraguas ellos podrían vivir en libertad... pero se demostró que no era así. La Guardia Civil estaba acorralada, no podía vigilar a esos ciudadanos que nos daban su amistad y confianza, ya que en algunos casos demostrar amistad o cercanía con la Guardia Civil podía suponer una bala en la nuca. Eso hizo que también nos vayan abandonando y que la vida se nos haga cada vez más difícil, teniendo que crear hasta nuestros propios economatos para no comprometer al tendero que nos atiende...

- ¿Sobre cada uno de ustedes se podía decir que existía una condena a muerte? ¿Eran conscientes de ello?

- Por supuesto, pero había que seguir saliendo a cumplir con nuestras obligaciones con la sociedad vasca.

- ¿Cómo se vive esa situación, sobre todo pensando en los que le rodean?

- La presión es mas fuerte en los mandos. Los jóvenes tenientes teníamos que mantener y elevar permanentemente la moral de nuestros guardias, porque el guardia nunca puede ver que su jefe pierde moral. Todo el día tenías que estar dando ejemplo de alegría, ayudar a los chicos, crear espacios de libertad donde no la había, y todo ello mientras ibas viendo cómo se iba produciendo un aislamiento y una consolidación de las posiciones mas ultras del radicalismo frente a nosotros. En suma, la consolidación del racismo y la soberbia.

El coronel Tomás Navarro y José Ignacio Herce Álvarez, vicepresidente de la Asociación Plataforma de Apoyo a las Victimas del Terrorismo (APAVT).

- ¿Cuándo ve la muerte cerca por primera vez?

- El 3 de mayo de 1976 el cabo Antonio Frutos sube en un coche camuflado a quitar una ikurriña [bandera oficial de País Vasco] que puede tener un explosivo, y yo voy detrás en un coche verde oficial. Entonces, revienta un mortero de explosivos que machaca absolutamente el 850 del cabo. Siempre tendré sobre mi cabeza el interrogante de "¿Por qué no fui yo?". Lo lógico habría sido atentar contra un coche verde que suele corresponder a un oficial...

- Coronel, recuerdo que en una ocasión me contó una experiencia terrible que vivió en aquella época al ir al cine...

- Cierto. Cuando voy a salir al cine me pasan una llamada a la Comandancia en la que me dicen que si voy al cine no volveré vivo... Me paso quince minutos pensando, pero el guardia de la puerta me ha oído y sabe lo que me han dicho por lo que yo no me puedo quedar en el despacho, tengo que ir como sea. Aviso a mi amiga de lo que hay y de que cinco minutos antes de que acabe la película me voy a salir. Y salí con la pistola montada en el bolsillo porque no tenía mas remedio. Tenía que dar ejemplo a mis guardias con un acto de valentía que quizá fuera irreflexivo, pero necesario para la moral de mi gente.

- ¿Cómo fue ese paseo desde el cine a la comandancia?

- Pues fue un paseo lleno de tensión y tembloroso, pero no quería acelerar el paso para que no pareciera que tenia prisa por llegar. Y acordándome de mi madre y de lo bien que estaría en esos momentos en mi pueblo.

- Más de una vez debió tener en frente a alguno de estos asesinos. ¿Qué se siente?

- Primero la irritación propia de la persona que eres, pero a la vez las limitaciones que tenemos como garantes de los derechos de los ciudadanos. Recuerdo la detención de Francisco Aldarondo Badiola “Ondarru”, que salió herido en un pie de una refriega con nosotros y en un primer momento pide perdón, dice que se rinde, que se muere... pero cuando ve que hay testigos comienza de decir que él es un patriota y manifiesta un odio brutal hacia nosotros, ante lo cual le pregunto: "¿Cómo puede ser que hace un rato lloraras e incluso te hayas hecho tus necesidades pensando en que te íbamos a matar porque no había testigos?". Y le dije: “Nosotros no te íbamos a matar ni con testigos ni sin ellos, porque nosotros tenemos un código de honor". Más tarde volvería a matar y moriría a manos de la Guardia Civil.

- ¿Qué momento fue más duro para ustedes en esa lucha contra el terrorismo etarra?

- La gran puntilla a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se produce en 1977, cuando viene el comisario de policía de Zumárraga a decirme: "¡Van a soltar a todos los asesinos, les van a dar dos millones de pesetas a cada uno y los van a extrañar!". A los dos meses estaban todos aquí. Fue un paripé mentiroso. La amnistía de Adolfo Suarez dejó bastantes cruces en los cementerios.

La Guardia Civil con los perros de defensa del cuartel de Villarreal de Urrechua.

- ¿Nunca sintió deseos de abandonar el norte?

- No, yo solo me voy del norte al sentirnos desautorizados en nuestra lucha, al descabezar a nuestros jefes, al sentirnos una piedra en la estrategia que la UCD que Suárez y Gutiérrez Mellado llevaban a cabo. Cada vez que uno de los nuestros caía era un disgusto para Madrid. Había que enterrar al muerto a escondidas y si era posible hacerlo desaparecer... Fueron los llamados años de plomo. Me fui tres años después de ese día con el que comenzábamos la entrevista por recomendación de los mandos, pero volví de forma voluntaria dos años más tarde, esta vez en Bilbao, donde viví unos años terribles de muertes y atentados.

- ¿Qué se hizo mal?

- La carencia total de estrategia propia de un gobierno descabezado. A finales de 1976 cogimos un librito a algunos comandos de ETA que se llamaba Hacia una estrategia revolucionaria vasca, en el que se planteaba la consecución de algo parecido a un estado autonómico, y lo planteaban a quince años vista. Se comunicó a Madrid, junto con informes sobre las enseñanzas de las ikastolas [escuelas donde enseñaban euskera], los homenajes a los muertos etarras convirtiéndoles en héroes y demás cosas que influían sobre la juventud vasca, pero Madrid siempre lo vio como algo inoportuno e impertinente por nuestra parte porque había una necesidad imperiosa de negociar rápidamente. Tengo un recuerdo a este respecto cuando Marcelino Oreja Aguirre llega a casa de su madre acompañado de miembros del PNV y le dice que viene acompañado de unos amigos, a lo que ella le contestó: “Los conozco a todos, faltaba que me trajeras a los asesinos de tu padre que era mi marido, Marcelino...”. Y es que en esa época estaban en negociar y arreglarse.

- Pasado el tiempo ¿cómo ve aquella época y qué siente en estos momentos cuando alguno de los que tuvo la desgracia de tener que sufrir ostenta cargos públicos e incluso son socios de gobierno?

-  Aquellos jóvenes tenientes creíamos en la libertad, quienes no creían en ella ni les interesaba era a los marxistas-leninistas y a los que después "recogían las nueces". Lo de ahora lo veo dentro del contexto del actual gobierno, que a mi entender es una traición pura. Por primera vez en la historia el terrorismo ha salido rentable en Europa. Ha cesado el terrorismo pero a cambio se les ha dado “la finca”.

- ¿Verdaderamente ETA está muerta?

- En absoluto. ETA es la heredera de la finca de la que hablábamos antes... Otegui es un hombre de ETA y nunca le he visto de rodillas pidiendo perdón.

El coronel Tomás Navarro.

- Ante esto, ¿cree que todo aquel sufrimiento, dolor… ha sido inútil?

- Tenemos la esperanza de que no. La esperanza no se puede perder. No podemos aceptar que un grupo nos domine, aunque va a tardar todavía. Piensa que en 1977 ETA ya estuvo contra las cuerdas, absolutamente acorralada cuando Suárez y Gutiérrez Mellado imponen aquella estrategia de Martín Villa —que Dios les perdone el daño que hicieron—. Más tarde con el gobierno de Aznar, ETA estaba absolutamente acabada, pero con Zapatero les llega el balón de oxígeno que necesitaban mediante las negociaciones que siempre mantuvo con Eguiguren. La verdadera realidad de esta España traidora la tenemos cuando la madre de Pagaza le dice a Patxi López, entonces candidato a lehendakari: “Dirás y harás cosas que nos helaran la sangre, Patxi”, refiriéndose al llamado entonces proceso de paz.

- Y surge la pregunta: ¿por qué siempre cuando ETA ha estado a punto de ser derrotada alguien le ha dado oxígeno?

- Lo cierto es que nadie ha conseguido explicarse por qué Zapatero resucitó a ETA, con un caso Faisán que fue para nosotros un acto de traición clarísimo. Después Rajoy, con la libertad de Bolinaga, fue otra prueba de lealtad del PP al pacto con ETA... Y todo esto no se justifica solo con el partido que recoge la nueces sacudido el árbol. El PNV, que no tiene tanto poder como para eso... Son cosas que se escapan a mi posibilidad de análisis.

- Coronel, una pregunta que no puedo dejar de hacerle. ¿Cuál es su opinión sobre el 11- M?

- ¿Mi opinión....? Habíamos cogido al comando de ETA de Cuenca que venia con explosivos a la estación, tenían las conexiones... Y yo en ningún momento he dudado, con la información que tengo, que no es completa, que están implicados los servicios secretos marroquíes a los que no les convenía el previsible gobierno.

- Desde ese retiro entre sus acebuches y dedicado al cultivo de ese maravilloso aceite, ¿qué le queda?, ¿rencor, odio, tristeza...?

- Primero un sentido de solidaridad y cariño hacia todas las víctimas, luego un reconocimiento a todos aquellos hombres duros que sabían que iban a por ellos pero que nunca se rindieron y que hicieron bueno aquello que decía mi jefe de comandancia en San Sebastián, el Teniente Coronel Tejero —que fue quien llevó la lucha en 1976 contra ETA—: “Un español de Guipúzcoa es dos veces español”.  A tu pregunta: rencor no, pena sí. Una enorme pena de una sociedad en la que el racismo se ha impuesto.

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