24 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

Pescados, mariscos y carnes en perfecta sintonía

Restaurante Pez Fuego, la esencia más mediterránea de Gerardo

La antigua discoteca “Verdi” es ahora un nuevo espacio gastronómico redecorado con un aire mitad vintage y mitad art deco, en el que conviven las brasas con los pescados, mariscos y las mejores carnes

El Barril, El Telégrafo, Teitu, Casa Gerardo, La Playa ... Les suena ¿verdad? Son algunos de los restaurantes de Gerardo Oter, propietario de la mayor cadena de restaurantes de la capital.

Este incansable empresario nacido en la localidad alcarreña de Luzaga, abandonó su pueblo con diecisiete años para instalarse en Madrid donde fundó el grupo Oter hace más de 45 años, después de haberse formado en la famosa Marisquería Corinto de la calle Preciados, donde como encargado entró en el mundo tan fascinante de los pescados y mariscos.

Hoy en día, en sus restaurantes se atiende a 400.000 clientes al año, contando con una plantilla de casi 500 empleados a los que sigue dirigiendo personalmente junto a su hijo David.

Otra de las ramas de este grupo son los locales de ocio nocturno, donde destaca la discoteca “Colonial Club” en la estación de Príncipe Pío y el famosísimo “Club Gallarre” en el Paseo de la Castellana. Un tercer local, la discoteca “Verdi”, ha sido transformada en un nuevo proyecto empresarial: el restaurante Pez Fuego, donde las brasas son protagonistas.

Y es que el nombre no puede resultar más definitorio de las características de este local, donde al más puro estilo mediterráneo, conviven las brasas con los pescados, mariscos y carnes en una perfecta sinfonía, que pareciendo sencilla aquí se eleva de categoría.

El local

Nada más entrar nos encontramos con el ADN de la casa, un mostrador de cristal de pescados mariscos y carnes junto a la gran parrilla de carbón de encina.

Mostrador de ctistal con pescados y mariscos

El local que ha mantenido la estructura de la antigua discoteca, con varios ambientes distribuidos por la sala y a diferentes alturas, posee una gran amplitud. Ha sido redecorado con un aire mitad vintage y mitad art deco, bien iluminado para proteger la calidez del espacio.

Se puede comer en la barra frente a las parrillas o bien disfrutar de su carta en el gran comedor interior o en salones privados, situados en la planta baja del restaurante.

Calidad en la materia prima y elaboraciones sencillas

La esencia de Gerardo y de su grupo preside la oferta: gran calidad de materias primas y elaboraciones sencillas, con una buena bodega y un servicio sin pretensiones.

Comenzamos nuestro recorrido con unas irregulares croquetas de bacalao, cuya bechamel necesitaba para comer cuchillo y tenedor. Sería recomendable afinar urgentemente este aperitivo o sustituirlo por otro.

La carta no ofrece medias raciones, asunto que consideramos no menor hoy en día, sobre todo con una carta que presenta muchas posibilidades a precios correctos. Por ello solicitamos al jefe de sala está posibilidad, a lo que accedió amablemente.

Comenzamos con un magnifico tartar de salmón rojo de Alaska con apio, pepino y Gin Hendricks sobre aguacate, que llegó a la mesa perfecto de temperatura, intenso sabor y con un punto de dulzura que nos encantó.

Tartar de salmón rojo

Continuamos con rabas de calamar en fritura con huevo campero, tiernas y muy bien elaboradas. Realmente deliciosas.

Para finalizar con los entrantes optamos por la ensaladilla rusa de bonito del norte, que nos pareció correcta sin más, dada la insipidez de la mayonesa, aunque el bonito que la acompañaba merecía la pena por sí sólo.

Ensaladilla rusa con bonito del norte

Pescado a la brasa, el protagonista de la casa

Y por fin llegó el momento de medirnos con los protagonistas de la casa, el pescado y la brasa. Para ello teníamos primero que elegir la pieza a la que íbamos a enviar a ese lecho rojizo y crepitante que esperaba a la entrada del restaurante.

La elección era difícil; para escoger teníamos chipirones de anzuelo, cogote de merluza, rape de tripa negra, lenguado de estero, lubina, besugo, bogavante y por supuesto “el rey del pescado”, el rodaballo.

Rodaballo, calidad y perfecta elaboración

Pensamos que este último era la mejor opción para esa batalla, donde se miden las calidades del parrillero y el producto. Preparado al estilo Getaria, la dificultad sube un grado porque la comparación con el templo del rodaballo en España, que es el restaurante “Elkano”, es inevitable. Les vamos a contar una cosa: decir que el rodaballo de Pez Fuego se acerca al que prepara Aitor Arregui en su local Guipuzcoano sería excesivo y casi imposible, pero les aseguro que la calidad de la pieza que degustamos y el profundo conocimiento de la elaboración de este pescado que demostró el parrillero, no es habitual encontrarlo en estas tierras madrileñas; tiempo en las brasas, distancia justa para dejar la piel crujiente y la carne gelatinosa, acompañado con el perfecto aderezo: la famosa agua de Lourdes (aceite, ajo, guindilla y vinagre).

Esto es el restaurante Pez Fuego y esta es la esencia de este grupo.

Esto es mucho, pero siempre hemos pensado que podría ser más. Que podrían rematar sus restaurantes, por ejemplo, con un servicio más profesionalizado, aunque sea un poco más caro. Tener camareros que no sepan cuáles son los modos de servir vino, que no sepan que tienen que terminar de preparar el plato delante del comensal o que no avisan que un postre va a tardar más de un cuarto de hora en elaborarse, afectan de manera muy significativa a la imagen del local y han de obligar a que el jefe de sala este más pendiente de estas situaciones.

El restaurante tiene otros puntos fuertes y débiles

Comencemos con los puntos fuertes. La bodega cuenta con una buena selección de aperitivos entre vermuts, cócteles y olorosos, que te adentran en el paisaje de los vinos españoles con profusión e inteligencia. Elegimos, para acompañar nuestros platos, un magnífico vino muy poco común en los restaurantes de Madrid, Viadero Albillo, de Bodegas Valduero, el único blanco de la ribera del Duero. De uva 100% Albillo, es un vino frutal y muy equilibrado en boca gracias a su ligera acidez.

El postre fue el punto más debil, al menos en esta ocasión

El punto débil, al menos en esta oportunidad, resultó ser el postre. Un soufflé Alaska realmente desafortunado, donde ni apreciamos el bizcocho ni el helado, al estar cubierto por un merengue impropio de un repostero. Signifiquemos igualmente que el jefe de sala (Raúl Elías) lo retiró de la mesa y también de la cuenta.

En definitiva, Pez Fuego es un buen restaurante, tiene muchas posibilidades y estamos seguros que con rodaje puede alcanzar un gran nivel ya que reúne lo más importante, producto y conocimiento, pasión y empeño de la familia Oter, en un local acogedor y bien situado. Ahora toca trabajar para, puliendo esos detalles que siempre quedan pendientes, llegar a conseguir que Madrid tenga por fin un gran restaurante de pescado a la brasa con la esencia de Gerardo.

 

(precio medio 50 euros)

 

RESTAURANTE PEZ FUEGO

Calle Orense, 68

Telf: 91.571.82.65

Abierto todos los días de 12:30 a 01:00 horas

Admite reservas y tiene servicio de aparcacoches

www.pezfuego.es

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