21 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

Una planta de tratamiento de residuos en Madrid se queja de que no reciben restos tecnológicos ante la pasividad de las autoridades

La UE se salta el Pacto de Basilea y exporta más 350.000 toneladas de residuos a países pobres

Basurero electrónico en el tercer mundo.
Basurero electrónico en el tercer mundo.
Los principales países de la Unión Europea se han sumado al carro de exportar residuos tecnológicos a estados en vías de desarrollo. Una forma de eliminar materias que lleva años poniendo en práctica Estados Unidos. Un escándalo que las asociaciones ecologistas han denunciado ante los perjuicios que ocasionan para los países receptores. Y mientras una planta de tratamiento en Madrid se queja de no recibir estos residuos tecnológicos ante la pasividad de las autoridades.

La cara más oscura del uso de nuevas tecnologías es el destino final de los distintos dispositivos que cada vez envejecen antes. La contaminación y la acumulación de residuos tecnológicos son dos de los grandes problemas con los que se encuentran los países del primer mundo. La Unión Europea para quitarse el problema de encima ha optado por seguir los pasos de Estados Unidos: exportar los residuos a países del tercer mundo y en vías de desarrollo. Naciones que necesitan dinero y que están dispuestas a degradar parte de su medioambiente a cambio de ingresos monetarios.

Según la organización de vigilancia ambiental Basel Action Netwoek (BAN), los países de la Unión Europea exportan en torno a 352.474 toneladas al año de residuos electrónicos. Para saber estos datos con certeza, se pusieron en circulación dispositivos con GPS con el fin de conocer el destino final de residuos que salían de diez países de la Unión Europea.

En España fue la fundación EQUO quien se encargó de poner en circulación 45 dispositivos GPS en residuos (314 ordenadores, impresoras y monitores de pantalla) en puntos limpios de distintas ciudades españolas. Uno de ellos acabó en Nigeria.

A nivel europeo, un seis por ciento de los equipos fueron exportados de manera ilegal a países como Ghana, Hong Kong, Nigeria, Pakistán, Tanzania, Tailandia y Ucrania, todos ellos fuera de la UE. El flujo de los residuos electrónicos desde Europa es claramente del norte hacia el sur y del este hacia el oeste. Los 45 dispositivos en España, por ejemplo, se pusieron en lugares de recogida oficiales durante el mes de mayo de 2017 en Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia y Sevilla.

De estos, tres se dejaron en la calle para comprobar también la gestión informal de los dispositivos. Dos de los tres fueron desmantelados en menos de 24 horas. De los 42 dispositivos depositados en zonas de recogida oficiales: seis no se han movido aún del punto de recogida en el año y medio que ha pasado; dos acabaron siendo desmantelados al aire libre sin reunir las condiciones mínimas;  y, uno, depositado en el punto limpio Ecoparque Picassent, en Valencia, acabó finalmente en Nigeria.

En estos países fuera de la UE, los residuos se someten a operaciones de reciclado peligrosas. Todas ellas por debajo del estándar que involucraba la exposición de los trabajadores y la contaminación del entorno, con métodos de extracción, quema, fusión o extracción de ácido químico utilizados para extraer cobre, oro, acero y aluminio.

Si bien algunos de los equipos fueron reparados para su uso posterior. Pero, incluso, en estos casos, las partes tóxicas que no pudieron reutilizarse, ya que contienen sustancias como mercurio, plomo y retardantes de llama, se descartaron y quemaron en vertederos.

Un negocio millonario

Detrás de todo esto también se oculta un gran negocio millonario dominado por oscuros intereses. Son empresas privadas las que se encargan, previo pago de su importe, de librar a los países europeos de estos residuos y, a su vez, hacer de intermediarios con los países en vías de desarrollo que se encargan de albergar la molesta mercancía.

En España la situación ha sido denunciada por diversas asociaciones, pero chocan con la situación de alegalidad que rodea a determinadas partes de este peculiar proceso de eliminación de residuos. En Madrid hay una planta para tratar esos residuos en la localidad de Campo Real. Se llama RECYTEL y sus dirigentes se han quejado amargamente de que nos les llegan residuos suficientes, ante la pasividad de las autoridades nacionales e internacionales. De esta forma, se está incumpliendo el principio de proximidad y suficiencia que exige la UE.

El informe realizado por Basel Action Netwoek (BAN) recomienda a la Unión Europea un mayor esfuerzo para cumplir con sus obligaciones y con el Convenio de Basilea con el fin de acabar con estas exportaciones. Pero actualmente la comunidad internacional está haciendo la ‘vista gorda’ ante un negocio especulativo y dominado por intereses más bien oscuros. La cara B de las nuevas tecnologías

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