16 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

La Generalitat instala trampas en las zonas protegidas pero no toma medidas en el resto de áreas fluviales de la comunidad catalana

La invasión de especies crece en España: el coipo argentino elige Cataluña como hábitat

El coipo llegó a Europa para granjas de piel
El coipo llegó a Europa para granjas de piel
La recientes medidas adoptadas por el Ayuntamiento de Madrid para frenar la proliferación de cotorras Argentinas ha aparecido no solo en prensa nacional, sino internacional. En Argentina, la noticia del “sacrificio ético” y con aval de los ecologistas, no ha dejado indiferente a la prensa del país sudamericano que ha alertado sobre el exterminio de 12.000 ejemplares de la especie invasora. No obstante, los medios de este país también adelantaron la presencia de otra especie invasora, el coipo.

El coipo es un gran roedor, parecido a un castor o una nutria. De hecho, los primeros europeos en avistar a este animal lo describieron como una “nutria”. Estos animales han sido de gran beneficio para la industria peletera, además, su carne es comestible. Durante el siglo XX fue común que se estableciera en las granjas peleteras de Norteamérica y Francia, sin embargo, fue esta misma domesticación la que convirtió al coipo en una amenaza.

Varios ejemplares se distribuyeron en libertad por el sur de Francia. En la última década, comenzaron a registrarse poblaciones del roedor en Cataluña, algunos expertos en medio ambiente afirman que la especie ha llegado “para quedarse”.

Ejemplar de coipo.

Según explica Santiago Palazón, biólogo del servicio de fauna y flor del Departamento de Territorio y sostenibilidad de la Generalitat, el gobierno regional ha iniciado planes de captura de la especie en el Parque Natural dels Aiguamolls de L’Empordá. “Han sido instaladas varias trampas en el parque, pero fuera de estas áreas protegidas, se hace poco para controlar la población” explica Palazón en una entrevista para el medio argentino El Clarín.

Según explica el biólogo, este animal es una gran amenaza para los ecosistemas propios de las regiones del noreste de España, como para los cultivos. “Come mucha hierba, sobretodo en zonas anexas a los ríos como pueden ser los arrozales”, explica Palazón, que añade que “sus madrigueras pueden llegar a tener 10 metros de profundidad y pueden ocasionar hundimientos en los cultivos".

Desde el Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals, alertan de la amenaza de este animal que en algunas zonas de Francia se ha convertido en “una auténtica plaga”. Aunque la destrucción de su hábitat ha puesto al animal en peligro en su Argentina originaria, en Europa compite con especies como la rata de agua, poniendo en peligro la sostenibilidad del ecosistema fluvial.

Los biólogos alertan también de que este animal puede transmitir enfermedades a los humanos, entre ellas, la duela de hígado. La ausencia casi total de depredadores podría permitir la expansión de este animal a toda la comunidad.

A las pocas horas de vida, los coipos pueden nadar sin dificultad.

El coipo es una de las 1.330 especies exóticas detectadas en Cataluña. De esas especies, el 13% están catalogadas como invasoras, según la Generalitat. En los 70, varios ejemplares habían llegado a Cataluña procedentes de granjas en Francia. En aquella ocasión, las bajas temperaturas alcanzadas en invierno acabaron con estos animales que tienen poca capacidad de adaptación.

Además de Cataluña, también se registran poblaciones del animal argentino en el País Vasco y Navarra, siempre en cuencas de ríos.

En peligro en Argentina

Este animal, invasor en España, resulta muy vulnerable en América del Sur. En Argentina, de donde es originario ha sido catalogado de “vulnerable” por la destrucción de su hábitat natural. Además, la caza excesiva para utilizar su piel y carne, ambas de alto valor económico, ha puesto en riesgo la supervivencia del roedor.

El animal puede medir entre 68 centímetros y un metro de largo. Su peso puede estar entre los 6 y 10 kilogramos. Solo se reproducen durante la primavera y el verano, y sus crías son de adaptación rápida; a las pocas horas ya pueden nadar sin problemas.

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