30 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA

Nacido en un pequeño pueblo leonés, el magnate textil ha dado el salto ahora al sector gasístico con la adquisición del 5% de la multinacional Enagás

Los orígenes desconocidos de Amancio Ortega: Así construyó de la nada su emporio

Amancio Ortega.
Amancio Ortega.
El imperio de Amancio Ortega sigue extendiendo sus tentáculos. Tras varias operaciones de compra millonarias en el sector inmobiliario durante este último año, ahora el empresario leonés ha dado el salto al sector gasístico con la adquisición del 5 por ciento de la multinacional Enagás. Este es sólo otro negocio más, el último, de un hombre hecho a sí mismo que ha triunfado con la creación de Inditex pero que ha sabido diversificar sus inversiones.

El magante textil Amacio Ortega ha desembolsado 281,6 millones de euros para comprar 13 millones de acciones de la compañía energética Enagás. Lo ha hecho a través de una de sus principales sociedades de cartera, Pontegadea, encargada de la inversión.  H suscrito así la mitad de la ampliación de 500 millones de euros lanzada este miercoles y se convierte así en el máximo accionista de la firma gasística junto a la Sepi.

Esta ampliación de capital llevada a cabo, y que ha suscrito Ortega, eleva a su vez la participación de la multinacional española, propietaria de las redes de gas de transporte y las regasificadoras nacionales, en la estadounidense Tallgras Energy donde pasa del 12,6 % al 30 %. Este no es más que el último movimiento de un auténtico hombre hecho a sí mismo.

Una vida iniciada en la Guerra Civil española 

Amancio Ortega nació en Busdongo de Arbás, un pueblecito del concejo leonés de Villamanín. Y lo hizo un 28 de marzo de 1936, apenas cuatro meses antes del inicio de la Guerra Civil española. Su padre, Amancio Ortega Rodríguez era peón de mantenimiento de ferrocarril lo que obligaba a la familia, dado sus continuos cambios de destino, a ir de un lado a otro sin rumbo fijo.

Así, poco después de nacer el niño, se trasladaron a Tolosa (Navarra) y luego, ya en 1943, se situaron en La Coruña. Allí, Amancio se crió como un gallego más y comenzó a trabajar en el negocio de la confección. Con sólo 14 años ingresó como chico de los recados en una conocida camisería local llamada “Gala” y posteriormente pasó, junto con sus hermanos Antonio y Josefa, a la mercería “La Maja”.

El primogénito de la familia Ortega, Antonio, el mejor amigo y el socio más fiel que nunca ha tenido Amancio, gozaba por parte de los dueños de este establecimiento de una predilección especial entre todos los empleados. Su carácter extrovertido y apacible convenció al matrimonio Castro Quintás para convertirlo en uno de los viajantes de la casa gallega. Supo establecer los contactos oportunos en el mundo empresarial y cultivó las relaciones sociales. Por su parte, Pepita, como se conoce familiarmente a Josefa, entró después que sus hermanos en “La Maja”, aunque nunca trabajó en la tienda, sino en el almacén que acababan de abrir los propietarios en la plaza de Santa Catalina.

Pero poco a poco el que prosperó en el negocio fue Amancio, que rápidamente ascendió de recadero a dependiente, aprendiendo allí, junto a su primera mujer, Rosalía Mera, todos los manejos y hasta el último secreto del mundo de la confección y de la distribución comercial.

Rosalía Mera, primera mujer de Amancio Ortega. 

Amancio y Rosalía situaron su primera vivienda en un piso que adquirieron en el barrio de Monte Alto, en la calle Forcarey número 25, de A Coruña, previo pago de 150.000 pesetas, gracias a un préstamo de una caja de ahorros.

Muy pronto Ortega se dio cuenta de que trabajando para otros nunca se haría rico. Comprendió que el valor añadido se quedaba en el camino y decidió abandonar “La Maja” y abrir su propio negocio para fabricar y vender a precios bajos los cucos y las batas de boatiné. Rosalía abandonaría de inmediato la tienda para participar en la creación de este nuevo negocio textil.

Así, junto a su cuñada Primitiva Renedo Oliveros, la mujer de Antonio Ortega, fueron las primeras que cosieron los cucos para abrigar a los bebés y elaboraron las famosas batas de boatiné. En aquellos tiempos no todas las viviendas disponían de una excelente calefacción, por lo que las batas gorditas para estar en casa venían muy bien a la gran masa de la población. Fueron ellas los verdaderos artífices del éxito, las que emprendieron la nueva aventura empresarial.

Camino del éxito

En menos de un año Amancio Ortega decidió dar otro paso hacia delante. Inició ya su camino hacia el éxito. Cambió el taller de la calle San Rosendo por un local bajo en el número 61 de la calle Noya, en pleno barrio coruñés de Os Mallos. Allí, en el nuevo negocio dedicado principalmente a la lencería, también la plantilla de personal era escasa y estaba formada fundamentalmente por sus hermanos Antonio y Josefa, por su madre Josefa Gaona, su cuñada Primitiva Renedo Oliveros y su mujer, Rosalía Mera.

Más tarde, ya empezaron a trabajar hasta treinta empleados en una fábrica para mayoristas que diseñaba una bata que se comercializaba con la marca “Goa”, que tomó para su nombre las iniciales del empresario en sentido inverso. Para ello en 1963 constituyó la sociedad Goa Confecciones, el germen de Zara España S.A.

Sin embargo, llegó un momento en el que Amancio Ortega decide abandonar su trabajo en la tienda y comenzar a vender por toda España sus batas de boatiné. Dicen sus entonces vecinos, que era un hombre pegado a una maleta. Rosalía y Amancio ya habían cambiado su modesto domicilio para trasladarse a vivir al Paseo de Ronda, puerta con puerta con toda la familia Ortega. El hermano de Amancio vivía en el séptimo y los padres en el décimo. Y ellos ocupaban dos pisos de las últimas plantas.

En ese periodo, desde 1963 hasta 1975, el negocio de batas y camisones experimenta un crecimiento sostenido. Y como esta primera aventura empresarial tuvo éxito, el matrimonio Ortega se anima a embarcarse en otro proyecto mucho mayor.

Nacimiento de Zara

Fue así, sin dejar de ser fabricantes, como se convirtieron también en distribuidores y en vendedores. Asi surgió como una necesidad la marca de Zara, que abrió en mayo de 1975 su primera tienda en A Coruña, en pleno Ensanche, en la calle Juan Flórez, números 64-66. Allí se vendían los jerseys a 500 pesetas. Hoy Zara es un nombre mundialmente reconocido gracias al Registro de Patentes y Marcas que le vetó el nombre que inicialmente habían elegido: Zorba.

Amancio Ortega con su segunda mujer Flora Pérez. 

Su éxito, bajo el anonimato, fue creciendo y sus cuentas corrientes se fueron engordando. En 1979 había ya seis tiendas Zara en A Coruña, Vigo, Lugo y Ourense. El proceso de expansión fue in crescendo.

Fue en junio de 1985 cuando el matrimonio de Rosalía y Amancio deciden dar otro salto creando Inditex (Industria de Diseño Textil SA), empresa cabecera del grupo, con el fin de aglutinar las distintas actividades mercantiles derivadas del negocio de distribución de moda.

Tras el fuerte proceso de crecimiento en España en la década de los ochenta, el grupo adquirió velocidad de crucero y solo tres años después de su creación, los Ortega abren ya su primera tienda fuera de España, en Oporto (Portugal), iniciando así un recorrido cuyo éxito es un caso de estudio a nivel mundial.

El imperio Ortega empezó a abarcar, entre otras, cinco importantes cadenas de moda: tres de creación propia (Zara, Pull & Bear y Bershska), y dos adquiridas a empresas españolas, Massimo Dutti (1985), y Stradivarius, (1999).

Un matrimonio que naufraga

Pero mientras que el negocio de los Ortega marchaba a buen ritmo, su matrimonio, en contraste, naufraga a la misma velocidad. El nacimiento el 1 de mayo de 1971 del segundo hijo de la pareja, Marcos, con una discapacidad psíquica (parálisis cerebral) distancia mucho al matrimonio. Este nacimiento y sus problemas añadidos hacen que Rosalía se aleje del trabajo y de la empresa familiar. Fue en 1986 cuando se produjo su separación matrimonial.

La otra hija del matrimonio, Sandra Ortega Mera, que estudió en un instituto público, aunque en su infancia pasara por el colegio de monjas Las Esclavas de A Coruña, se vinculó desde entonces a su madre y con el tiempo deja incluso de trabajar con su padre en la empresa textil. Es psicóloga y actualmente es la encargada  de la Fundación Paideia, que creo Rosalía Mera para ayudar a las personas con problemas como su hijo. Hoy, Sandra afirma que le dedica muchas horas a esta Fundación. 

Pero mucho antes de su divorcio con Rosalía, a la que le correspondió una gran fortuna millonaria en el reparto de ruptura matrimonial, Amancio Ortega inició una relación sentimental con Flora Pérez Marcote, en sus inicios trabajadora de Inditex.

Tras 19 años de convivencia juntos, Flora y Amancio se casaron finalmente en el año 2002 en el Pazo de Anceis, una vez que el grupo textil salió a bolsa (mayo 2001) y todo estaba ya aclarado y en orden con su primera mujer. La ceremonia civil fue celebrada casi en la intimidad y la ofició el alcalde del pueblo de Cambre, Antonio Varela Saavedra.

Ortega conoció a su actual mujer cuando trabajaba como dependienta en el establecimiento que la firma Zara tenía en la calle coruñesa de Torrerio. Flora era la encargada de esta tienda, la predilecta de Amancio. Su relación con Flora fue paralela con el inicio del declive de su matrimonio. En un último intento por salvarlo, Flori, como es conocida, fue trasladada a la tienda de Zara en Vigo, situada en la calle Roda, donde también ejerció como encargada.

Dicen que toda esta operación de “destierro” fue ideada por la hermana mayor de Amancio, Josefa, siempre gran amiga de Rosalía. Pero ni por esas la situación se arregló. Amancio Ortega abandonó finalmente el domicilio familiar y se instaló en solitario en un edificio situado en la céntrica plaza coruñesa de Orense, en los números 7-8. Incluso, a veces, llegó a dormir en una habitación que se había preparado en la fábrica.

Sandra Ortega, hija mayor de Amancio Ortega. 

Tuvieron que pasar algunos años, en los que todavía estaba casado oficialmente con Rosalía Mera Goyeneche, para que el empresario textil comenzara a convivir ya con Flora Pérez Marcote.

Dicen de ella sus conocidos que es una señora sencilla, no muy dada a la ostentación. Que es alegre, viva y que no se le escapa detalle alguno que pueda perjudicarle. Que tras su matrimonio, Flora no tuvo duda alguna en entrar en el consejo de Inditex. Que lo hizo en representación de Gartler, la sociedad patrimonial de Ortega que controlaba el 59,29 por ciento del grupo textil.

Otras inversiones

Además de esta última inversión en el sector del gas y la energía, Amancio Ortega ha apostado siempre fuerte por el sector del ladrillo.Y lo ha hecho a través de una docena de filiales.

De las sociedades de Ortega en este sector, la más importante es Pontegadea Inmobiliaria, con un capital de 36 millones de euros, donde su segunda mujer figura como vicepresidenta. Fundada en enero de 2002, esta sociedad ha invertido más de 700 millones de euros en inmuebles en los últimos años. Su principal zona de expansión internacional, además de Portugal, es México.

Además, los Ortega han invertido más de 1.000 millones en hoteles, edificios de oficinas y locales comerciales.  Llegaron a introducirse también en el capital de la inmobiliaria Astroc, presidida por el controvertido empresario valenciano Enrique Bañuelos, cuya fortuna asciende a unos 8.000 millones de euros, lo que le ha llevado a ocupar una posición destacada entre los más ricos del mundo, según la revista Forbes.

Amancio y su mujer invirtieron inicialmente 156 millones de euros en Astroc. Pero también a comienzos de 2007, y a través de Pontegadea, los Ortega se aliaron con otros veinte socios más, entre ellos, un grupo de reconocidas cajas de ahorro españolas, para invertir mil millones en la promoción de viviendas en los países del Este (Polonia, Hungria, Chequia, Bulgaria y Rumanía). La nueva firma de inversión, denominada Azora Europa, estaba presidida por una mujer, Concha Osácar, una veterana en el sector inmobiliario. Concha fue vicepresidenta y consejera delegada de SCH Activos Inmobiliarios. Y en el 2004 creó la promotora Lazora, que llegó a ser la primera promotora española de vivienda protegida en alquiler.

Un emporio a gran escala

El fundador de Zara y su segunda mujer han ido creando un imperio paralelo con los fondos que genera Inditex. Entre estas participaciones, destacan las que ha tenido en NH Hoteles, Agbar y Banco Pastor. Pero, con todo esto, su posesión más preciada sigue siendo el gran porcentaje mayoritario del grupo de moda (cerca de 400 millones de acciones de la compañía), cuyo valor supera los 25.000 millones en Bolsa.

Durante el ejercicio de 2005, Ortega se puso un sueldo de 600.000 euros como presidente de Inditex, el mismo que se fijó años posteriores. Pero para Ortega su sueldo no es nada al lado de los cerca de 300 millones de euros en dividendo que le daba en términos anuales su compañía.

Marta Ortega Pérez. 

Un imperio que ha sido materia de estudio en todas las escuelas de negocio internacionales. Su integración vertical, el uso de la tienda como herramienta de marketing, la ausencia casi absoluta de publicidad, la denominada estrategia de la mancha de aceite para abrirse paso en nuevos mercados, el permanente contacto entre sus centros de diseño y las tiendas de todo el mundo, juntoa a la gran capacidad de respuesta ante los gustos del mercado o el  completo aparato logístico han sido objeto de elogios recurrentes.

Sin embargo, Amancio Ortega ha intentado siempre pasar lo más inadvertido posible. Tardó años en dar a conocer su fotografía. Y pese a todo el entramado de sociedades que conforman los negocios de Amacio Ortega, sólo es, al menos, accionista directo de tres empresas: Gartler, Inversiones Menlle y Pontegadea Inversiones (antes llamada Licidia).

Su sociedad Pontegadea Inversiones, con la que ha entrado ahora en Enagás, posee también el 100% de Ponte Gadea, el holding donde se engloban la mayoría de las filiales del imperio paralelo de Amancio Ortega. Así, Ponte Gadea controla dos sociedades de inversión de capital variable (Sicav), unos vehículos de inversiones fiscalmente privilegiados en los que el empresario coruñés depositó la mayor parte de los fondos recaudados con la salida a Bolsa de Inditex. Una siempre la ha gestionado el BBVA, y otra, el Santander.

Ambas tienen nombres de caballo, que obedecen a la gran pasión hípica de su hija Marta Ortega Pérez, fruto de su relación con Flora Pérez Marcote. Se llaman Alazán Inversiones 2001 y Keblar de Inversiones. Son dos de las Sincav más grandes de España. Ambas cuentan con un capital conjunto superior a los 1.100 millones de euros. La cartera de Alazán y Keblar está básicamente compuesta por títulos de renta fija y, sobre todo, de renta variable extranjera. Ambas tienen participaciones significativas en Bolsa, entre las que siempre destacan el Santander, Endesa, Mapfre, Cintra, Ferrovial, Iberdrola o BBVA, entre muchos otros .

Hoy un emporio multimillonario creado desde la nada. La revista Forbes señala que el patrimonio de Amancio Ortega es actualmente de 63.000 millones de euros,  siendo el español más rico de la lista y el sexto del mundo. 

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