07 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Los retos a partir de ahora y hasta diciembre se centrarán en la industria de la automoción, el turismo y la agroalimentación

El Brexit que se acaba de iniciar obliga al sector turístico español a reconsiderar todas sus propuestas para este año 2020

Turistas británicos en España.
Turistas británicos en España.
La entrada en vigor del Brexit, salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, que se producirá de manera paulatina hasta diciembre de 2020, ha generado dudas en la economía española, que sufrirá las consecuencias en los sectores de automoción, turismo y agroalimentación, donde España es proveedora de Reino Unido en gran medida.

España exporta 5.600 millones de euros a los británicos en el sector de Automoción, el 80 por ciento en vehículos y el otro 20 por ciento en componentes. En la industria Agroalimentaria nuestra balanza es de 4.000 millones de euros en exportaciones. Pero donde se espera el varapalo más importante para la economía española es en los ingresos por Turismo, ya que Reino Unido es nuestro principal cliente en este sector.

Hasta diciembre de 2018 habrían visitado España 18,5 millones de británicos, según la Estadística de Movimientos Turísticos en Fronteras, lo que ya suponía un descenso de un 1,6 por ciento menos respecto del año anterior. Aún así la importancia económica es inmensa. Los británicos no solo suponen alrededor del 22% de los turistas extranjeros que visitan España, también son uno de los colectivos que más gastan en sus visitas a nuestro país: 17.423 millones de euros en 2017, superando muy por encima al 11,3 millones de franceses que visitan España, nuestro segundo país cliente. Ya el pasado verano de 2019 España perdió 164.000 turistas británicos.

Con esta posición de liderazgo, el impacto del Brexit puede ser muy perjudicial, más cuando en el escenario más pesimista algunas empresas hoteleras plantean la posibilidad de perder un 20% de los turistas británicos, más de 3,5 millones al año. Esta cifra es imposible de sustituir en su totalidad, aunque se hicieran esfuerzos por atraer viajeros de otros países. A pesar de ello, las empresas hoteleras españolas, en muchos casos líderes a nivel mundial, han desarrollado y continúan actualizando planes de contingencia.

Una playa española llena de turistas.

El objetivo es paliar un posible descenso de turistas y de ingresos, especialmente si el impacto del Brexit se dilata en el tiempo. Y es que, además de la sombra del Brexit, la recuperación de países competidores del Mediterráneo como Turquía y Egipto o nuevos destinos con importante crecimiento como Cabo Verde, amenazan la captación de turismo. Además, lo que más preocupa es el riesgo a medio plazo que a corto plazo.

Problema para aerolíneas y en el tránsito de viajeros

Aunque el Reino Unido no forma parte del espacio Schengen, solo por el mero hecho de  ser miembro de la Unión Europea permite que el tráfico de viajeros en aeropuertos o puertos marítimos sea ágil. Una salida poco ordenada alargaría los trámites que multiplicado por los miles de viajeros que llegan a diario supondría una traba importante. 

Manifestantes antiBrexit.

Este no es el impacto que importe más a las compañías turísticas, ya que más temprano que tarde habría que adaptarse, pero en un entorno tan competitivo como es actualmente el turismo, colas o mala imagen de británicos esperando en un aeropuerto podría desplazar turistas a otro destino.

Más grave sería que no hubiera un acuerdo para que las aerolíneas del Reino Unido puedan operar en los países de la Unión Europa. Es difícil que ocurra, pero entra dentro de lo posible. El impacto sería importante ya que además de las aerolíneas de bandera (Grupo IAG al que pertenece Iberia) son muchas las compañías low cost que traen miles de viajeros a todos los puntos turísticos de España. Lo más plausible es que aunque el Brexit se alargue, se firme un acuerdo que permita que sigan operando con normalidad.

Caída de turismo por los efectos de una recesión

Pero lo que especialmente preocupa es que el Brexit tenga un impacto en la economía de Reino Unido, que cause una recesión que limite el poder adquisitivo. El resultado sería menos viajeros, menos días de estancia y una caída en el gasto en nuestro país.

Además, si a consecuencia del Brexit la divisa británica cae, el impacto sobre la economía británica podría ser el mayor en los últimos 70 años. El Banco de Inglaterra ha pronosticado que en un escenario de ruptura desordenada la economía británica la economía podría llegar a contraerse hasta un 8%. Esta contracción superaría la registrada en la crisis financiera de hace una década -cuando el desplome más agudo de la actividad alcanzó el 6%- y supondría la mayor recesión en el país desde la II Guerra Mundial.

Este es el peor escenario, el que podría castigar los viajes al exterior y que costaría hasta cerca de 10 millones de viajeros entre este año y el 2024. En esta posibilidad de caída brusca de viajeros, ser competitivos para seguir atrayendo turistas tantos del Reino Unido, como de otros mercados, será incluso más importante.

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