21 de febrero de 2020
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FIN DE SEMANA

Abre su Puerta Grande número 17 en el coso madrileño

Diego Ventura conquista Las Ventas y corta tres orejas en su actuación en solitario

El rejoneador Diego Ventura ha abierto hoy su decimoséptima Puerta Grande en Madrid tras cortar un total de tres orejas en la tarde en la que se encerró con seis toros en solitario, en el quinto festejo de la Feria de Otoño.

Una tarde que hasta el cuarto toro se marchaba por los derroteros de la decepción hasta que en el quinto el hispanoluso, que concitó a más de 20.000 almas en la Monumental madrileña, logró la primera oreja de la función.

Pero lo grande llegó en el sexto, el único toro bueno de la corrida al que Ventura realizó una faena en la que volvió a poner la plaza boca abajo con un par a dos manos sin cabezada sobre Dólar.

De la decepción a la apoteosis

El primero de herederos de Ángel Sánchez y Sanchez, Guadalquivir no tenía fuelle desde los inicios, pero Diego Ventura hizo lo que mejor sabe hacer y administró bien la distancia para dar unos rejonazos de categoría.

Con el segundo, Lambrusco, un Miura, el rejoneador tuvo que poner mucho de su actitud para gestionar bien su embestida. Realizó el tercio de banderillas de forma muy equilibrada y sostenida. Nuevamente recibe una ovación con este toro de compleja condición.

Con el tercer toro el tercio de banderillas de nuevo fue lo mejor de la actuación, pero su poca fortuna con el rejón de muerte le privó del triunfo.

El cuarto de la tarde, de Ángel Sánchez, salió con poca bravura y casta desde los inicios. Tuvo que poner mucho de su parte el rejoneador y unirse a Juan Manuel Munera para completar un tercio de banderillas en mano a mano. Esta vez hubo torero por encima de toro y la poca clase del astado hizo que el triunfo se esfumase.

Todo empezó a mejorar con el quinto. realizó un gran tercio de banderillas, una gran faena redonda y unido al favor del público, que supo reconocer su actuación consiguió la primera oreja de la tarde.

Lo mejor quedó para el final. Salió por todas con su caballo Sueño y en tres lances asombrosos, uno de ellos clavando en terreno imposible, contra las tablas y luego en un par a dos manos sin cabezal puso la plaza a hervir. No importó el medio rejón de muerte en los bajos. Las dos orejas ya estaban sentenciadas y la puerta grande.

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