01 de agosto de 2021
|
Buscar
EDICIÓN VERANO

Lo que es odioso es tener memoria, no las comparaciones

La novillada no cumplió sus expectativas: Recuerdos de los mismos protagonistas en otras tardes

La memoria es la que es odiosa. En los toros, en la política y a veces hasta en la vida familiar. Porque las comparaciones son fruto de la memoria, hijas naturales de la capacidad de evocación de lo vivido (con sus tintes subjetivos y su inconsciente elaboración en tantas ocasiones), y de la capacidad de contemplación de lo actual. Y así, cuando tenemos experiencias sobre algo ya pasado, más o menos reciente, y lo rememoramos para emparejarlo con algo que estamos viviendo, surge la comparación. Y no siempre es bueno para la vivencia actual, porque tendemos a engrandecer las vivencias positivas pasadas y a olvidar y borrar de nuestra memoria lo tedioso, aburrido, indigno, malo, negativo, molesto, fastidioso… 

Pues bien, la comparación de lo de hoy, con experiencias recientes no es odiosa; es que nos divertimos mucho con una buena novillada de Fuente Ymbro hace temporada y media y con un par de jovencísimos diestros apenas hace unos meses, y hoy ha sido otra cosa… Aquella novillada de Fuente Ymbro que abrió la temporada de Las Ventas en 2017 fue superior, casta a raudales, acometividad, alguno con bravura, con juego todos, novillos que se venían a más y que querían comerse el mundo. Tanto es así que al final del festejo, costumbre que también se va perdiendo, hicimos salir al mayoral a saludar desde el ruedo en premio al precioso regalo que habíamos recibido los aficionados. Y hoy los pupilos de don Ricardo Gallardo… pues no se han comportado de igual manera. Salvemos, eso sí, a segundo y tercero, novillos encastados, que fueron a más, aunque sus peleas en los del castoreño nos supieran a poco, y los inicios del quinto. Todavía el primero embistió con suficiencia, aunque fue flojito al principio entre caídas motivadas por el mal trato; pero es que cuarto y quinto se vinieron abajo, y acabaron por tardear a los pocos muletazos. Y esperamos mucho más de una de las ganaderías más en forma de los últimos años. Una pena. 

Y como colofón, además, un último inválido, a mi juicio muy inoportunamente cambiado por la presidencia, no porque no blandeara, que lo hizo, sino porque lo que había enchiquerado no mejoraba el panorama… Como se acabaría por demostrar con un primer sobrero de El Cotillo, peor que el sustituido, y un segundo de Hato Blanco, que nada dijo en su sosería descastada. A veces hay que aguantarse las ganas de que devuelvan un toro…

La novillada no cumplió sus expectativas

El otro grato recuerdo cercano procedía del pasado san Isidro y de la feria de la Comunidad, del primero de mayo, en que pudimos ver a un par de jóvenes diestros madrileños, Francisco de Manuel y Pablo Mora. El primero, auténticamente interesante, prometedor, con formas y maneras clásicas, y un buen hacer inesperado para sus pocos años. ¡Vana ilusión! Quizá la reciente cornada le haya provocado no estar en completa forma para este festejo, quizá le pese la temporada, quizá.  Pero el diestro de esta tarde apenas ha sido una sombra del que contemplamos con gratificante esperanza, en esas dos ocasiones precedentes en esta misma plaza. Aunque, no teman, tampoco ha defraudado por completo.

Juanito no supo sacar partido a sus astados

El portugués Juanito era el más antiguo de los novilleros de esta tarde, y también llevaba dos actuaciones en este coso durante la presente temporada. Su primer antagonista (Escribiente, 496 kilos, negro listón, manso pero embestidor) hubiese tenido muchas más opciones si no hubiera sido por dos sucesos claves durante la lidia. El primero, una vara inicial exagerada en su castigo; el segundo unos trallazos en el tanteo inexcusables, que le hicieron caerse hasta tres veces. Esas brusquedades fueron determinantes, hasta el punto de que con otro trato el novillo hubiese lucido mucho más, en vez de caerse una y otra vez y rebañar al finalizar los lances. Pese a todo fue algo a más, al final se mantuvo en pie, y el torero fue a menos, descolocado y acortando terrenos en las postrimerías. Por lo menos hubo una serie con la zurda, en redondo, y no lo llevó siempre por las afueras. Un pinchazo y una entera desprendida, entrando muy bien, dejaron al animal para las mulas.

En el cuarto (Juerguista, 533 en la romana, negro, gordo, manso y a menos) tuvo que vérselas con uno de los peores del encierro. Mal lidiado (el novillo entró al caballo que hacía puerta y no hicieron por sacarlo), sin demasiados hálitos vitales tampoco, tuvo un comienzo prometedor en la muleta, pero apenas duró dos tandas y media. El joven diestro, desde fuera y para allá, lo pasó en esos satisfactorios inicios, sin sacarle verdaderamente el partido necesario, y luego se entretuvo, ente bostezos del personal, en populismos y encimismos finales. Sólo se colocó en su sitio e hizo alardes cuando el toro anunciaba el tránsito al otro mundo. Viaje que propicio el portugués, tras unas bernardinas, algo chapuceras por enseñar la tela por el lado contrario, de un pinchazo sin pasar, por arriba.

Faenas insulsas de Pablo Mora

Pablo Mora es otro novillero madrileño de Moralzarzal, que ya había pisado el albero venteño en tres ocasiones esta temporada, cortando una oreja el primero de mayo, y resultando triunfador en las novilladas nocturnas. Buen bagaje, sin duda, que hoy tampoco hemos visto por ningún lado. ¿Será que les pesa tanto la temporada? Era el segundo, Jarrero de nombre, 504 kilos, negro, pobre de cabeza –lo que no es criticable si en el cartel figuraba, que no lo sé, de desecho y defectuoso-, un novillo manso, que se complicó en el último tercio, y que fue a más al final. Faena sin sal del madrileño, siempre colocado al hilo del pitón y abusando de pico en los cites, aunque sin despedirlo hacia el más allá, eso sí.

 

Faena de Pablo Mora / Foto 1

A base de tanto extremo muleteril, y de enseñarle tantas veces el cuerpo –por citarlo con la muleta retrasada-, el bicho acabó entendiendo que era pertinente ir al bulto, se coló y se volvió incierto, comiéndose al pobre chico. ¡Menos mal que los toros de lidia son herbívoros! No hubo ya más que hacer, se dobló el matador con movimiento y lo despachó de media arriba, que, tras el arreón del animalito, aprovecharon los de plata para marearlo y derribarlo, ¡fantástico!

En el quinto (Jurista, 507 en la báscula, negro bragado y meano, girón, calcetero y axiblanco), tampoco dejó la buena impresión de las ocasiones precedentes. El bicho, además, manso y sin gracia, también decidió irse apagando, pese a un comienzo esperanzador, porque tomaba un par de muletazos introductorios con buen son, un tercero con algún sentimiento y tardeaba en lo sucesivo. La verdad es que el novillo se arrancaba mejor cuando veía al diestro colocado y en su sitio, pero… Retorcido en ocasiones y desde fuera, al menos le ligó alguna tanda al comienzo de la faena, un par de circulares desde la espalda al final y un buen pase de pecho. Dejó una estocada desprendida, con desarme, se echó el de Fuente Ymbro, y aquí paz y después gloria. Palmas y pitos para él tras el arrastre del novillo, y una injustificada ovación a éste (creo que por aquello de palpar el apéndice nasal al diestro).

Francisco de Manuel, de más a menos

Francisco de Manuel dio una vuelta al ruedo en su primer novillo, tras una insuficiente petición apendicular. En vez de gritar, silbar o vociferar, ¡caramba!, ¡saquen más pañuelos u ondeen la blanca ficha del programa! Este tercero, Favorito de apodo, 512 kilos, negro listón, apenas cumplidor en varas, pero con casta y embestidor, fue muy bien picado por Juan José Leiro. ¡Loor a los buenos varilargueros!, sobre todo por lo que escasean. Pareó muy bien el matador, aguantando el que el novillo se le viniera como un tren expreso (o el AVE de hogaño), y clavando en la cara o sobre un pitón en las tres ocasiones. Me gustó mucho el par al sesgo que abriría el tercio… ¡que se repita! Buen tanteo a los medios, y luego, con suavidad, sin brusquedades, con temple exquisito y buenas maneras… pues vaya, poca cosa más. Todo lo pasó en paralelo, sin llevárselo a la espalda, sin cargar la suerte como antes, sin colocarse más que al hilo en un puñado de ocasiones.

 

Francisco de Manuel ofreció un buen tanteo a los medios / Plaza 1

Para mí, además, los medios no eran su mejor terreno, porque el toro había mostrado algo su querencia a tablas, y el tercio hubiera sido un terreno más apropiado, Sea como fuere, la cosa se fue diluyendo, a pesar de la ligazón, para acabar en corto, ya con la tizona en las manos (la de verdad, no el simulacro de alumno), y antes de que se la embutiese en un metisaca raro por arriba y una gran estocada por los rubios, digna de premio si no fuera por la pérdida de la franela. El toro se aguantó con casta la muerte, aunque desplazándose hacia mal sitio, y el diestro terminaría por dar una vuelta al ruedo. Lo del sexto tris tiene poca historia. Comprendo que el que te cambien dos veces de novillo, con la bisoñez y lo que pesa la plaza de Madrid, tiene que ser acomplejante. Pero es que el de Hato Blanco (Desgreñado en la tablilla, de 489 kilos y capa negra) en sus sosas embestidas no se comía a nadie, moviéndose con poca clase a media altura, pero repitiendo a la voz de su amo. Uno y otro pulularon sin interés –más firme el matador-, y la cosa acabó de otro metisaca raro, trasero y tendido, verdaderamente horrible, y una buena entera, algo contraria. Silencios.

FICHA DE LA SEGUNDA DE LA FERIA DE OTOÑO

La gente salió del coso hablando de fútbol, que es la mejor manera de describir la tarde y “Los grandes sucesos de la vida taurómaca de Lagartijo”, título de un libro de “P.P.T.”, que hoy no rememorábamos.

Madrid, 29 de septiembre de 2018. Segundo festejo de la feria de Otoño. Media plaza (17.133  espectadores según la empresa). 5 novillos de Fuente Ymbro y un sobrero de Hato Blanco (6º). Los titulares bien presentados, alguno escaso de cabeza, mansos en varas en general, a menos cuarto y quinto, pero con casta segundo y tercero. El de Hato Blanco, manso, soso y pastueño. Juanito, saludos y silencio. Pablo Mora, silencio y palmas y pitos. Francisco de Manuel, vuelta y silencio.

 

Rafael Cabrera

COMPARTIR: