22 de marzo de 2019
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FIN DE SEMANA

La digitalización y el cierre de sucursales de las entidades financieras españolas se ceba con la población de mayor edad y con las zonas rurales

Más de un millón y medio de personas tiene que desplazarse al menos 20 kilómetros para poder acceder a un banco

Sucursal cerrada de CaixaBank
Sucursal cerrada de CaixaBank
El cierre de sucursales se acelera. Aunque es en las grandes ciudades, en las que había una mayor sobredimensión, donde más oficinas se pierden, la realidad es que los más perjudicados son los ciudadanos de pueblos de menos de 5.000 habitantes en un proceso que continuará en los próximos años

El ERE anunciado por CaixaBank que afectará a más de un 7% de su plantilla es solo un paso más de la llamada “consolidación del sistema financiero español” que ha supuesto un cierre de oficinas bancarias en todo el territorio nacional desde el inicio de la crisis económica y financiera en 2008.

Esta evolución se atribuye a la necesidad del sector bancario de ajustar su capacidad instalada y de reducir los costes tras la gran expansión experimentada en años anteriores. Con el estallido de la crisis, la reducción del número de entidades financieras ha sido el factor fundamental a la hora de explicar el cierre de oficinas bancarias, pero en los últimos años las entidades financieras ya fusionadas han continuado cerrando sucursales con el objetivo de ganar eficiencia. El problema es que detrás de los números hay personas.

Si analizamos el cierre de oficinas en el siguiente gráfico y tabla, el mayor ajuste numérico se ha realizado en las grandes ciudades y poblaciones que han pasado de tener el 76,5% de las sucursales a bajar al 71,6%.

 

Pero el mayor drama esta en las zonas rurales porque cualquier pérdida de sucursal en poblaciones donde la bancarización era ya débil, es un drama. Así, en poblaciones de entre 100 y 500 habitantes han perdido el 24% de sus sucursales, entre 500 y 1.000 habitantes el 30% y entre 1.000 y 1.500 habitantes el 27%.

Este cierre, especialmente intenso en Cataluña, seguido por Castilla y León, ha llevado a que si en 2008 eran unas 850.000 personas las que no tenían acceso a un banco, una década después esta cifra se dispare hasta superar el millón y medio de personas, un 47% más. De la población excluida, el 44% reside en pueblos de menos de 500 habitantes y en muchos casos, para ir al banco tienen que desplazarse a distancias que incluso superan los 20 kilómetros.

La “falsa” sustitución por cajeros automáticos y la brecha digital

Una de las respuestas de la banca es que esta caída de sucursales está en el aparente aumento de cajeros. Esta mayor apuesta por los cajeros no deja de ser reciente (la subida comenzó en 2015 y no está consolidada, como se ha visto en la pequeña caída del tercer trimestre de 2018) y concentrada en las grandes ciudades, y aun creciendo en estos últimos años hay un 16,6% menos de cajeros que hace una década. El proceso de cierre ha llevado a que algunas sucursales ganen dimensión y crezca el número de cajeros para atender operaciones a los clientes. Y es que este es el segundo gran drama del cierre de oficinas bancarias, el problema que tiene las personas mayores para realizar operaciones que se le imponen que hagan por cajero, como el mero hecho de sacar dinero.

 

La digitalización de la banca, lo que venden como una gran ventaja para el cliente por poder acceder a operaciones financieras desde todo tipo de canales, no lo es para los mas mayores. Según datos de una investigación de la Fundación Vodafone sobre el uso de las tecnologías de la información por parte de ese colectivo, sólo el 7% de los mayores de 70 años en España usan internet, mientras que por encima de los 80, el porcentaje cae hasta el 2%. De hecho, la brecha se hace amplia en edades incluso menores. Mientras que en el grupo de personas de 16 a 55 años el 79% utiliza internet, el porcentaje de usuarios se reduce significativamente con la edad. Así, en el segmento de entre 56 y 70 años los niveles de acceso bajan al 29%.

Esta es la otra cara de la banca, la de un sector que gana miles de millones, pero deja desamparados a personas mayores y la población rural.   

 

A partir de este lunes Elcierredigital.com entrevista a Laureano Oubiña, extraficante gallego que contará su vida después de permanecer 33 años en la cárcel. 

 

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