22 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

La hija de Sánchez Dragó es finalista del Premio Planeta de Literatura con su primera novela 'Un mar violeta oscuro', una historia autobiográfica

Ayanta Barilli: "Me preocupaba que a mi padre le doliese el libro porque cuento parte de su vida"

La escritora Ayanta Barilli
La escritora Ayanta Barilli
Actriz reconvertida en locutora de éxito, Ayanta Barilli con su primera novela, "'Un mar violeta oscuro" se ha convertido en finalista del Premio Planeta de literatura. Hija de un primer espada de las letras, Fernando Sánchez Dragó, en esta novela autobiográfica, Ayanta reconstruye su pasado a través de las tres mujeres que le han precedido en su familia, para contar su historia que transita durante un siglo de historia.

Ayanta Barilli es uno de esos seres que transmiten serenidad desde el primer momento. Me recibe en su casa. Su refugio. El lugar donde ha conseguido aislarse de la vida actual y ser feliz. La educación y el tono dulce de su voz no es contradictorio con ser tajante y así se muestra cuando quiere. Jamás te notas violento cuando no quiere responder una pregunta. Nunca deja uno de sentirse cómodo. Al acabar la charla,  vienen ganas de sustituir a uno de sus dos gatos y quedarse un tiempo más en esa atmósfera.

Has escogido para tu primera novela una historia polifónica con cuatro voces. ¿No asusta eso un poco?

Fue una de las dificultades con las que me topé pero no podía hacerlo de otra manera, era la estructura que quería con esa mezcla de pasado y presente y que hubiera varios narradores. Además, cada una de ellas tenía que tener su propia voz.

Parece, además que cada una de eses mujeres representa un género: novela inglesa, realismo mágico a la italiana… ¿Esta hecho de forma voluntaria?

Desde luego. Quería que cada voz representase cuatro tipos de literatura para darle una entidad propia a cada mujer y que se notara el cambio de época con la variación del lenguaje, de los tonos… Por eso están las cartas o los diarios para que ellas se expresen con su propia voz. Fue algo muy decidido y trabajado en el estilo. Yo empecé a imaginar esta historia en mi cabeza mucho antes de escribirla y ya había en mí esa mezcla de voces. Era consciente de la dificultad porque eso te obliga a cambiar el registro y tener que trabajar esas visagras que hacen que cambien las partes sin que chirríe.

Da la sensación que tus profesiones de actriz y periodista te ha ayudado. La Ayanta actriz para construir los perosonajes y la Ayanta periodista cuando reconstruyes la parte del manicomio, que es terrible por lo cercana..

Desde luego y eso es porque no estamos hablando de un medievo. Hasta nuestro bisabuelos llega la memoria sentimental y eso hace que nos llegue mucho más. Incluso el relato familiar hace que se hereden esos hilos de simpatía. Y sí, en esa parte saqué mi lado de  periodista. Necesitaba entender cómo eran esos lugares y poder así contarlo. Respecto a la interpretación, nunca he desligado lo de ser actriz con el  trabajo de escritora. A la hora de construir un personaje te ayuda mucho. Tienen muchos puntos en común esos trabajos.

A vesce el libro tiene un punto como de estar escritor para poder ser leído en voz alta

Ese es otro punto, ten en cuenta que esta es una novela autobiográfica y que hay muchas partes que están reconstruidas. Muchos creen que todo lo que hay yo ya lo sabía, pero no es así. Hay una parte que está inventada y otra reconstruida. Me interesaba mucho hacer un trabajo sobre la tradición oral, lo que nos llega de nuestra propia historia familiar por tradición oral. Todos somos hijos de las historias que nos han predecido. Pero luego inevitablmente hay que hacer un trabajo para hacerlo literario.

La novela esta presidida por dos elementos: el silencio y la fabulación con la que se llenan los puntos oscuros que todas las familias tienen.  

Es que este trabajo está en eso. Tendemos a hacer una fabulación que es la que tú crees más tolerable. La verdad no es tan interesante como esa historia que se va conformando en capas como una montaña hasta que llega de una generación a otra. El cómo fabulas te describe mucho. Habla mucho de cada uno. Es muy interesante saber el porqué se hace esa fabulación. Mi abuela era una gran fabuladora como se ve la novela, pero durante años me llegó a resultar irritante, aunque luego me ha llegado a parecer un tesoro. Ha alimentado en mí esta manera de volverse a contar uno mismo.

Ayanta Barilli en el momento de saber que era finalista del Premio Planeta / Europa Press

Otra de las protagonistas, tu madte, hace una descripción magistral de tu padre, Fernando Sánchez Dragó

Sí, es así. Fíjate que ese podría haber sido otro libro entero. Mi madre escribió un diario sobre la etapa que pasó con mi padre, casi ocho años, están relatados con todo detalle. Me parece que es una descripción de mi padre en esa edad con su personalidad arrolladora. Lo retrata con mucho amor, mucha ironía… Me he reído mucho leyéndola y cuando uno consigue escribir así, demuestra mucha inteligencia y sensibilidad. Trasciende el relato cotidiano. Es casi escribir el manual cómo sobrevivir a Sánchez Dragó.

Tuvieron una gran historia de amor en paridad. Estar al nivel de mi padre es muy difícil y mi madre podía. Para mi padre todo esa historia que acaba con la desaparición de mi madre era una etapa muy dolorosa de recordar. Lo hizo en parte en El camino del corazón, su obra más sentida. 

"Mi padre y mi madre tuvieron una historia de amor en paridad y por eso el mejor retrato de él lo hizo ella. Está lleno de amor y de ironía"

 

Un mar violeta oscuro tiene puntos en común con la novela de tu padre Muertes Paralelas, que parten de una necesidad de los autores de entender lo que hubo antes que ellos, sus orígenes.

Es que la hisotria de mi padre es terrible. Empieza la obra intentando saber dónde estaba su padre enterrado. Jugando con otras posibles realidades. El resultado es difierente porque tenemos unos estilos muy diferentes pero bebo de esas fuentes como es lógico y me gusta. Lo menos positivo es el resultado. Son dos opciones y yo no quería escribir un ajuste de cuentas. Con ese aprovechar el impulso del enemigo. Es un viaje hacia la luz. Adoro los finales felices.

En tu primer libro Pacto de sangre cuentas que le preguntaste a tu padre que qué le gustaría que fueras de mayor y te dijo que escritora. Tarde pero acertó.

Me han interesado siempre muchas cosas. Realmente los padres tienen una percepción de los hijos mucho más certera que el propio hijo. Cuando a mí mi padre me decía que tenías que ser escritora me sonaba a chino porque yo en ese momento quería bailar y luego ser actriz pero luego me ha dado cuanta que la manera que tengo de acercarme a esos recuerdos es totalmente de escritora, lo veo todo de forma cenitar. Fue un clic. Donde empezó todo. Fue una patada en el culo de mi padre para que empezara a escribir.

¿Cómo ha reaccionado tu padre al libro?

No le dejé leer nada durante el proceso de escritura. Se lo envié una vez estuvo corregido. Para él era una etapa sensible. Al principio me interesaba más que no le doliera como padre y la segunda que le gustara como escritor. Necesitaba su bendición.

Ayanta y su padre, Fernando Sánchez Dragó / Europa Press

En tu carrera literaria vas a tener que luchar con dos etiqueta, la de la hija de Dragó que se pone a escribir y la del peso de ser finalista del Planeta con una primera novela. ¿Cómo se lleva eso?

Es que está todo eso pero no está. Es una capa superficial y me interesa poco. No es mi realidad cotidiana. No me afecta. Estoy encantada de este éxito, estoy feliz. Lo estoy disfrutando pero vivo muy ajena a la opinión de los demás. No me busco en internet, no leo ni los periódicos… Vivo aquí, en esta burbuja… Ese mundo de redes sociales me parece una pérdida de tiempo y energía y no me interesa. Nada más lejos de mi intención crear polémica. Ahora se está hablando más de mí, pero vivo ajena. Mi padre se expone mucho pero por familia materna heredé la idea de que hablar de política es de mala de educación.

¿Para el futuro te has planteado fusionar tus facetas de escritora y actriz con texto teatral?

Estoy pensando en escribir teatro pero para nada en interpretarlo. El teatro está sujeto a muchos vaivenes emocionales y yo ya no estoy para eso. Además son muy pocos los buenos proyectos que te pueden llegar. Dejé de ser actriz. Quise huir de esa exposición. Me generaba mucha claustrofobia. No me interesaban esas cosas. Pensé que lo mejor para huir era encerrarme en un estudio de radio. En aquella época no se emitían los programas de radio en imagen. Siempre me ha gustado trabajar con la voz y empecé haciendo una pequeña colaboración con Federico Jimenez Losantos y luego me fui a su emisora, Es Radio, y ahí sigo. Ahora solo quiero escribir y seguir con mi radio y con mi mundo ajena a todo, claro.

 

 

 

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