27 de enero de 2021
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FIN DE SEMANA

Gómez del Pilar brilla ante los deslucidos “pabloromeros”

Rubén Pinar: sangre, sudor y gesto en la corrida de la Hispanidad

Cogida a Rubén Pinar
Cogida a Rubén Pinar
La corrida de toros es una liturgia, un rito en el que se exalta la vida humana frente a las adversidades, a la naturaleza indómita, fiera y salvaje –encarnada en el toro de lidia-, al dolor y a la muerte. Ese rito, hoy, un día más, no deja de cobrarse un tributo de sangre, de esfuerzo, de dolor, de tanto en cuanto, que justifica y humaniza un espectáculo que de otra forma podría ser considerado como brutal.

Si el toro fuese ese animal pacífico, colaborador, simplón y sin peligro evidente que pretenden animalistas o los taurinos, la burla, el daño infringido en las suertes, la propia muerte del animal en el ruedo podría considerarse bárbara e inhumana. Pero no; el toro justifica la lid con su carácter altivo, fiero, indómito, tantas veces arisco y peligroso, al que se enfrenta un débil ser humano, sólo con un simple trapo y sus cualidades superiores de valor, inteligencia, dominio de la técnica. Afrontándolo de forma ética, convierte la lidia de este poderoso animal en una liturgia cargada de simbolismo en pro de la vida y del ser humano, como cúspide de la creación, o de la evolución, según prefieran.

Hoy esa liturgia se cobró su tributo de sangre en un diestro que, como Rubén Pinar, sobreponiéndose al dolor, a la limitación física –que no anímica-, fue capaz de un gesto que le eleva por encima del común de los mortales; gesto heroico el de aguantar, sin una sola duda, con hombría, sin teatro alguno, la seria gravedad de una cornada de dos trayectorias, para lidiar y aun estoquear a su duro, durísimo oponente. No hubo cojeos de dolor, no hubo nada de cara a la galería, que sin duda lo habría valorado, no hubo sino la ética del deber cumplido, y la asunción de todos esos valores que conlleva este arte ancestral.

Hoy en día en el que el cuento, el teatro, es tan común en tantos deportes (que no en todos, a Dios gracias), en la política, en las manifestaciones independentistas o podemitas, casi en nuestro discurrir diario, cuando uno ve gestos así vuelve a creer en la humanidad. La cornada que le infirió el primero de la tarde, de forma seca en primera instancia y campaneándolo después, no pareció de la gravedad que luego adquirió a la vista del parte médico. Y fue Pinar el que la empequeñeció, el que la disimuló, hasta el punto de que el público apenas le premió haciéndole saludar al finalizar el toro. Si, desde el principio, le hubiese echado algo de más, no de cuento, sino de sinceridad, las buenas gentes, esas que aman la vida de sus semejantes –y no como aquellos antis que nos odian y nos desean la muerte- habrían dado mucho más valor a lo acontecido durante esa faena de muleta. ¡Bravo por el torero y por el hombre! Esta es la verdadera heroicidad de los que se visten de luces.

Corrida decepcionante

La corrida de los antiguos “pabloromeros” fue decepcionante en su conjunto, si bien con muchos, con tantos, matices, que creo nadie se aburrió hoy en el coso de la Venta del Espíritu Santo. Porque dentro de una mansedumbre generalizada, y con la excepción del tercero que aun dio algún juego en la muleta (palmas en el arrastre, el único que no llevó pitos), hubo alguno que fue de lejos al caballo, bravuconeó ante el peto (que ya saben que es mansear haciendo cosas como de bravo), fueron peligrosos varios, y aun sacaron genio –no me atrevo a decir casta, dado el juego en los precedentes tercios- a la hora de la muerte, vendiendo muy cara su piel cárdena. Los hubo, también, de aviesa condición, que esperaban el momento para complicarle la vida al diestro, o los que buscaron las tablas, sin ambages, y desde su salida, para escapar del coso como fuera. Dos o tres intentaron saltar la barrera, y el segundo lo consiguió, en el tercio de banderillas, lastimando y contusionando al banderillero José Antonio Prestel, que se retiró a la enfermería.

 

Uno de los astados de la corrida de la Hispanidad // Foto Andrew Moore

Corrida, repito, que, a su condición mansa, complicada, en ocasiones rajada, unió algunos toros de presencia impecable, preciosos de hechuras, y dos o tres muy en el tipo clásico de la casa. Lástima que la cara no sea siempre el espejo del alma.

La corrida comenzó con un emocionado minuto de silencio en recuerdo de las víctimas de la riada en Mallorca (una prueba más de la humanidad de la fiesta, que antaño dedicaba corridas y festivales a todo tipo de actos benéficos, y en el que los protagonistas tantas veces actuaban desinteresadamente), al que siguió la no menos emotiva ejecución del himno nacional español. Dignas de aplauso ambas iniciativas.

Cogida de Rubén Pinar

Abrió plaza un precioso “pabloromero” llamado Rosalero, cárdeno bragado y meano corrido, tocado de cuerna, 526 en la romana, pero manso y de poco fondo, complicado y a menos. Tras varios intentos de emular a Dick Fosbury ante las tablas, desistiría de ello tras que le dieran lo suyo en varas (¡que mal picada toda la corrida!, con excepción del sexto…). El toro pegaba el tornillazo correspondiente tras los lances, levantando la cara al final de cada pase de muleta, y Pinar, que lo andaba pasando de uno en uno, sufrió -en el inicio del trasteo- un desarme tras del que vino la cogida.

Rubén Pinar continuó su faena tras la terrible cogida // Foto Andrew Moore

Sin un gesto, con el corbatín de un compañero anudado en el muslo, volvió a la cara del toro, intentando sacarle algo de jugo en tres tandas más, pero sin conseguir meter al toro y al público en el canasto. Un pinchazo caído y una estocada baja y delantera necesitarían después de cuatro descabellos hasta que el malaje del bicho dobló definitivamente. Salió a saludar –y hasta ahí esperó- antes de dirigirse a la enfermería por su pie, sin un solo aspaviento. ¡Cosa de hombres, sin duda!

Javier Cortés no tuvo su día

Javier Cortés, por tanto, que le seguía en el orden de lidia, hubo de matar los dos suyos y el que quedó de Pinar. Pero no tuvo su tarde, y mucho menos, con los toros que le tocaron en suerte. El segundo, de mote Huracán, era otro cárdeno más oscuro, de 574 kilos, también de puntas levantadas, pero manso y mular. Fue este Huracán, un veleta levantisco que buscaba por dónde soplaba el aire para marcharse de la plaza, desde el principio, pasando por banderillas y hasta el final. Bicho rajado, al que Cortés debió castigar con la franela mucho más, en vez de intentar los sempiternos derechazos y naturales ante la nada más absoluta. Lo persiguió al fin por media plaza antes de dejarle dos feos pinchazos sin ninguna fe, y, ya en toriles, una entera baja al más rancio estilo cinegético. ¡¡¡El toro murió de forma espectacular!!! ¡A buenas horas! Su segundo, y cuarto de la tarde, fue el remiendo de José Luis Pereda, un animal, Restaurador de apodo, de 550 kilos, castaño como castaña fue su comparecencia, feo, fuera de tipo, escurrido de atrás, manso, bastante flojo y sosote como él solo.

Javier Cortés no tuvo una buena tarde en Madrid // Foto Andrew Moore

Entre pérdidas de manos, calamocheo, derrotes en los pases por falta de energías vitales, y caras a media altura, pasó el último trance vital sin que Cortés conectase con nadie que no fuera la funeraria. Media contraria y dos descabellos dejaron al buey para las mulas. Y, finalmente, ante el sexto, otro “pabloromero” llamado Avefría, de 598 en la báscula, cárdeno, guapo y en el tipo tradicional de la casa, se las vio con otro pájaro de mal agüero, manso y boyar de condición. Y vuelta a intentar derechazos y naturales, que ya sabemos que los saben dar –no sé si con gusto exquisito, pero sí con la rutinaria condición estahanovista- cuando lo que el toro pedía era que se doblara con él y lo parase. Andaba el bicho pajareando, gazapón y entrando al paso, sin terminar los lances, parándose a veces, cayéndose otras, y el diestro de Getafe sin querer ver lo necesario que era castigarle por bajo y dejarse de las consabidas probaturas inútiles. Después de cuatro tandas, al final intentó doblarse, sin conseguirlo de veras, y le dejó una estocada arriba, con ulterior desarme, más cuatro descabellos.

Por cierto, que bien picó este sexto Juan Francisco Peña, cogiéndolo antes de que llegara al caballo, midiendo el castigo justo, y picando en su sitio, al fin del morrillo.

Juan Francisco Peña picó excelentemente en el sexto  // Foto Andrew Moore

Un meritorio Gómez del Pilar

 El mejor librado de la terna fue Noé Gómez del Pilar, que nos gustó en su primero –y tercero vespertino-. Era éste un toro llamado Camisita por mal nombre, de 544 kilos, cárdeno claro –arromerado, decíamos antes- tocado de pitones y bien puesto de cabeza, manso en varas y aunque incierto, el que dio mejor juego de los de Partido de Resina. Se fue el matador a recibirlo a porta gayola, lo consiguió (no así en el quinto, que se le paró de salida), y le dio algún que otro delantal bueno en terrenos del tres. Luego lo dejaría, pinturero, con un recorte para la segunda vara, luciéndolo al dejarlo de lejos. Bien. Y con la muleta conseguiría darle dos buenas series, en redondo, mediado el trasteo, con algún buen pase de pecho y bellos trincherazos al inicio y final del muleteo. Una faena más que aseada, que se decía antes. Y eso que el bicho se revolvía (acabó desarmando en uno de ellos), miraba e iba con la cara alta. Pero el diestro madrileño anduvo muy firme, y tras unas manoletinas con sustos (por ceñirse el toro), le dejó una estocada levemente desprendida, después de un pinchazo por arriba y un aviso. Se adornó a la hora de la muerte y aunque hubo leve petición, no era suficiente y el usía le negó la oreja. Dio una vuelta al ruedo justa. ¡El toro se aguantó la muerte, amorcillado, una barbaridad!

 

Los errores de Gómez del Pilar le dejaron sin premio // Foto Andrew Moore

El quinto -corrió turno para que Cortés no matase dos seguidos- fue Azulino, 592 en la tablilla, cárdeno oscuro y en tipo, otro manso y rajado animal que, sin embargo, fue bravucón en varas, empujando y haciendo como si… pero no. Aunque no le funcionase la porta gayola pretendida, sí es verdad que Gómez del Pilar le dio alguna verónica apreciable, con cierto gusto, antes de que el toro se las viese con los del castoreño. Y sin embargo, y a pesar de que comenzó doblándose por bajo, no supo o pudo dominar al mulo, que tranquilamente fue recorriendo el ruedo, dando una vuelta en sentido inverso a la del diestro en el toro anterior. Un tremendo error el de Noé, porque tendría que haberlo sujetado, a base de castigo, en el terreno escogido en vez de perseguirlo, porque el bicho se le iba, levantando la cara, tras de cada lance. Incapaz de retenerlo, dada la vuelta completa y llegado de nuevo al siete, le endilgó media atravesada y caidísima, y costó rematarlo una barbaridad. El toro se levantó al no querer dejar que el puntillero le ajusticiase finalmente. Una pena; pero al menos nos dejó buen sabor de boca esa faena meritoria al tercero.

Fiesta de contrastes, sin duda; fiesta de vida, de inteligencia y de valor, fiesta de hombría, de sudor, de sangre y de gestos. Casi, casi, como la propia historia de España, aunque no viva en el presente su mejor momento. Día de la Hispanidad y fiesta nacional, todo en uno y uno en todo.

Parte médico de Rubén Pinar:

“Herida por asta de toro en tercio superior de cara interna muslo derecho de dos trayectorias. Una de 25 cm hacia arriba que contusiona en el isquion y otra hacia atrás de 20 cm que bordea el fémur, produciendo destrozos en los músculos adductores y contusiona paquete vasculo-nervioso. Es intervenido en la enfermería y trasladado al Hospital San Francisco de Asís, con cargo a La Fraternidad.

Pronóstico: Muy grave. Le impide continuar la lidia.

Firmado: Dr. García Leirado”

Parte médico del banderillero José Antonio Prestel:

Contusión en primer dedo de la mano izquierda y contusión en muslo derecho.

Pronóstico: Reservado. Le impide continuar la lidia.

Firmado: Dr. García Leirado”.

 

FICHA DE LA CORRIDA DE LA HISPANIDAD

Madrid, 12 de octubre de 2018. Corrida del día de la Hispanidad. Un tercio de entrada (9.236  espectadores según la empresa). 5 toros de Partido de Resina, bien presentados, aunque algo desiguales, mansos en general, con genio, complicados o rajados, y duros a la muerte. 1 toro de José Luis Pereda, mal presentado, manso, flojo y soso. Rubén Pinar, saludos en el único que mató. Javier Cortés, palmas, silencio y silencio. Gómez del Pilar, vuelta (aviso) y silencio (aviso).

 Rafael Cabrera

Con fotos de Andrew Moore

 

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