24 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

La mezzosoprano romana triunfa con La Cenicienta de G. Rossini en el Auditorio Nacional ante un público enardecido que abarrotó la sala

Apoteosis de la soprano Cecilia Bartoli en su recital en el Auditorio de Madrid

El Auditorio Nacional de Música se convirtió por un día en ese Teatro Real de las grandes noches, hoy en día eclipsado por las estrambóticas puestas en escena, donde la música y la voz volvió a ser la esencia de la ópera.

Ante un ambiente propio de las grandes galas operísticas, el todo Madrid se ha dado cita en el coliseo de Príncipe de Vergara para asistir a la representación de la opera rossiniana La Cenerentola, en versión semi escenificada a cargo de Claudia Blersch.  La mezzosoprano Cecilia Bartoli ha encabezado el reparto de esta noche, acompañada por el tenor uruguayo Edgardo Rocha y el bajo-barítono zaragozano Carlos Chausson, todos ellos bajo la batuta del milanés Gianluca Capuano dirigiendo la Orquesta y Coros de Les Musiciens du Prince-Montecarlo.

Cecilia Bartoli

Bartoli debutaba en Madrid con una ópera completa, pues había ofrecido numerosos recitales pero nunca había conseguido cerrar una representación operística entera. La expectación era total, debido a que la diva romana es muy querida por el publico madrileño que venia demandando esta oportunidad. Su Angelina es excepcional, llena de intención dramática y personalidad angelical . Su voz flexible, extensa y de fácil agudo se caracteriza por la igualdad tímbrica en los registros,  exhibiendo su fortaleza en el canto “d,agilitá”, apoyada en un solido fiato sin pérdida de color vocal, respetando todas las notas escrupulosamente. Todo ello con esa característica tan peculiar de conectar inmediatamente con el público desde su primera aparición. La apoteosis llegó en el aria “Non piu mesta” final del segundo acto, con el público enardecido aclamando de pie a la artista. Inolvidable

Un abarrotado Auditorio Nacional se rindió a la interpretación.

Edgardo Rocha, joven tenor uruguayo, en el papel de Don Ramiro, posee una voz de tenor lírico ligero, modulada y limpia, potente, de brillante emisión  en la zona aguda y sobreaguda aunque de timbre algo pálido en la zona central. Quizás echamos de menos algo más de soltura escénica, máxime al lado de los monstruos con los que compartió elenco.

Soberbio el Don Magnifico de Carlos Chausson. El bajo aragonés es garantía de calidad en estas óperas bufas, su interpretación vocal y escénica es redonda, espontánea y libre de corsets, prueba innegable de su intachable trayectoria profesional.

El resto del elenco estuvo también a muy alto nivel, como el Dandini de Alessandro Corbelli , con un magnífico sentido de la escena . Martina Jankova y Rosa Bove (Clorinda y Tisbe), resultaron creíbles y acertadas toda la noche. Como punto más débil, la actuación del bajo boliviano José Coca como Alidoro, de escaso instrumento vocal.

Noche gloriosa en el Auditorio Nacional

El maestro Capuano, al frente de la orquesta y coro monegasco de Les Musiciens du Prince, respetó mucho a los cantantes y desarrolló perfectamente el celebre arte  de la stretta rossiniana, esa progresiva aceleración musical donde los cantantes van primero de puntillas pero ganando potencia y rapidez en cada compás, hasta terminar estallando en un juego rítmico desenfrenado y encantador de la orquestación.

Música y voz se unieron en una noche gloriosa en Madrid

En definitiva, noche gloriosa en el Auditorio Nacional, donde la música y la voz volvieron a reinar como esencia de la ópera y donde se nos permitió disfrutar de Rossini, ese prodigioso hombre de juventud eterna, interpretado por una Cecilia Bartoli que, a sus 52 años, sigue reinando en el Olimpo de la lírica.

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