17 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA

El cantante, ahora tertuliano, mantuvo un idilio con el actor austriaco, de quien Bosé estaba enamorado como ha contado en sus memorias

La disputa entre Miguel Bosé y Enrique del Pozo por el amor de Helmut Berger

Miguel Bosé, Helmut Berger y Enrique del Pozo.
Miguel Bosé, Helmut Berger y Enrique del Pozo.
En las escandalosas memorias de Miguel Bosé, ' El hijo del Capitán Trueno', el cantante confiesa que el actor Helmut Berger fue el primer amor de su vida. Sin embargo, no fue él sino Enrique del Pozo el que se hizo con su atención. El cantante, ahora tertuliano, conoció al austriaco en la mansión que Miguel Bosé tiene en Somosaguas, y allí se acostaron en dos ocasiones. Pero este no fue el único novio que Del Pozo le arrebató a Bosé.

Tras la publicación de El hijo del Capitán Trueno, las escandalosas memorias de Miguel Bosé (65), los beneficios y contratiempos colaterales no se han hecho esperar. Nuevos fenómenos atmosféricos están al acecho. El huracán Enrique del Pozo (64) ha levantado la primera historia sexual del cantante con el actor Helmut Berger (77), considerado en aquella época como el hombre más bello del mundo. En la mansión de Somosaguas, Miguel y su fiel protectora, ‘mamma Lucia’, competían por el cuerpo del protagonista de La caída de los dioses (1969) que ya tenía una relación con su director Luchino Visconti, conde de Lonate Pozzolo, quien además fue el descubridor de Lucía cuando con 16 años trabajaba en una pastelería milanesa.

Enrique del Pozo. 

Con lo que no contaban ninguno de los dos es que el ‘enemigo’ de los Bosé se encontraba dentro de la mansión. El atractivo y jovencísimo Enrique del Pozo conquistó a Helmut, que no dudó en acostarse en dos ocasiones con el artista. El intérprete austríaco bebía los vientos de aquel chiquillo con quien hizo el amor en el bungalow de invitados que los Bosé tenían en Somosaguas. Como el intérprete de ‘Amante bandido’ se olía algo, no tardó en invitarle amablemente a que se fuera de su propiedad. Tiempo después, Berger y del Pozo retomaron su pasión ardiente en Roma.

Pero no fue el único amor robado. Bosé sentía pasión por el también actor Luis Suárez, protagonista de Cañas y barro (1978) y La Barraca (1979), con quien llegó a hacer un trío junto a Berger en la casa madrileña de Flora Carabella, esposa de ese tótem sagrado llamado Marcello Mastroianni. “Sí, yo debía tener unos 17 o 18 años”, responde Enrique a la pregunta sobre su affaire con Luis, uno de los hombres más guapos del cine y de la televisión. “Me encantaba su masculinidad, su simpatía, su cuerpo y su belleza”, apostilla Enrique.

Luis Suárez en 'Cañas y barro'.

Desde que empezó a colaborar en Viva la vida, Enrique del Pozo se ha ido abriendo en canal como nunca antes lo había hecho. En el plató dio la exclusiva de su relación con Rubén Sánchez Montesinos (40), el primer atleta culturista gay en confesarlo públicamente, y poco a poco, entre la espontaneidad y el agradecimiento ha ido poniendo semillitas que van floreciendo semana a semana, como la sorpresa que nos deparará en unos días porque aún tiene unos cuantos ases en la manga.

A Bosé también le quitó a Suárez, aunque este ya se había quedado prendado de Enrique cuando le cogía de la mano y le acariciaba la pierna por debajo de la mesa donde también cenaban Massiel (74), el relaciones públicas Jean-Louis Mathieu y el hijo del torero. En un momento dado, Suárez le pasó una nota con su número de teléfono.

Miguel Bosé y Enrique del Pozo. 

“Sí, es cierto. Salimos a fumar y le dije, ‘Oye, ¿tú no estás con Miguel?’. Y me paró los pies. Me contestó: ‘Perdona, el que me interesas eres tú, y no solo para un polvo. Me gustaría algo más serio”. Enrique tenía 18 añitos y lo que quería era conjugar la libertad, pero no por ello perderse la oportunidad de sentirse deseado por aquel bellezón made in Spain con quien volvió a hacer el amor en casa de los Mastroianni en Madrid cuyo rasgo distintivo eran las paredes totalmente fundidas en negro. Ni Flora ni Marcello se encontraban en la morada. Como ocurre en algunos relatos, el actor italiano se había ido a tomar un café. Pero volvió. Y no les pilló con las manos en la masa.

Almodóvar, Enrique del Pozo y Miguel Bosé. 

Enrique ha vivido, ha disfrutado, ha gozado y, lo mejor de todo, ha sido consciente de ello. Mientras Helmut y Luis aplacaban su fogosidad, Fellini o la Carrà encendían la mecha de su creatividad. No tardaría en trazar su propio camino de baldosines dorados que le llevaron al universo onírico de Cineccittà que en los años cincuenta convirtió a Roma en ‘Hollywood sobre el Tíber’. Se fraguaron muchas amistades, entre ellas, con Ursula Andress (85) y Claudia Cardinale (83), con quien está previsto que a principios de 2022 ruede una película junto a Jeremy Irons.

Enrique hace honor a su apellido. No tiene fondo. Sobre todo, en cuestiones amatorias. Después de que Bibiana Fernández y el modelo Tomás de los Santos lo dejaran, este se convirtió en pareja del modisto Jesús del Pozo -no son parientes- que estaba en pleno auge artístico. De repente, Tomás, a quien llamaban el Ryan O’Neal español por su cabello del color de la miel, sus ojos acristalados y un sex appeal sin desenfreno, cayó en los brazos de Enrique, convertido en una especie de Robin Hood del amor.

Diseñador y artista no se hablaron durante años. Jesús tenía la espinita bien clavada. Pero un encuentro fortuito en un aeropuerto forzó una reconciliación: “Nos dimos un beso y nos abrazamos”. Aquella historia fue la comidilla en el mundo de la moda. Y llegó el futbolista internacional del que Enrique se enamoró hasta las trancas, pero ese es otro relato. El pozo no tiene fondo y seguirá así in sécula seculórum.

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