20 de septiembre de 2019
|
Buscar
FIN DE SEMANA

“La fiesta de los toros tiene futuro. Siempre habrá locos maravillosos”, decía el célebre Antonio Chenel, Antoñete.

La fiesta desde el prisma del aficionado: Felipe Díaz Murillo, exdirector de la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda de Madrid

Felipe Díaz Murillo y José Ignacio Herce en el Novotel Madrid Center durante la entrevista.
Felipe Díaz Murillo y José Ignacio Herce en el Novotel Madrid Center durante la entrevista. / elcierredigital.com
Iniciamos nuestra serie de charlas taurinas en la sección “Cosas De Toros” rindiendo un homenaje al que quizás sea el mayor pilar de nuestra fiesta, el aficionado. Sin él, la fiesta no podría existir, el aficionado la mantiene, la sostiene y le da la vida.

Pocos conocen tan bien la figura del aficionado taurino como D. Felipe Díaz Murillo, exdirector de la Es­cue­la de Tauromaquia Marcial Lalanda de Madrid, Presidente de la Tertulia Amigos del Conde de Colombi, miembro  de la Peña Taurina los Cabales y de diferentes peñas y asociaciones taurinas, pero, sobre todo, un gran aficionado.

Nos  acompaña también Carmen Sáez de Retana Lladó, asesora de esta sección, gran aficionada y recientemente galardonada con el premio Escalera del Éxito otorgada por la  Fundacion Escalera del Exito.

 ¿Cómo es el aficionado taurino?

Yo siempre digo que la fiesta de los toros gusta a gentes de toda condición, desde gente sencilla hasta universitarios pasando por grandes personajes de nuestra historia y por algo será…es una auténtica vocación que se tiene o no, resulta demasiado simplista pensar como dicen los animalistas que somos aficionados porque somos crueles y porque lo que nos gusta es matar bichos solo para divertirnos... Hay mucha gente que dedicamos nuestro tiempo y casi nuestra vida a esta afición porque la sentimos y la vivimos como el arte que es.

"Distingo entre el aficionado taurino y el aficionado a la fiesta de los toros".

Defíneme según tu criterio que es y cómo debe ser el aficionado taurino.

Cuando hablamos de aficionados taurinos, yo siempre distingo entre el aficionado taurino y el aficionado a la fiesta de los toros. Al que le gusta la fiesta de los toros, en cuanto asiste a cuatro o cinco corridas para mí ya es un aficionado y seria el que llamaríamos espectador y el aficionado taurino es el que se preocupa de la situación de la fiesta en cada momento determinado, por esto es por lo que se constituyen en peñas, asociaciones y órganos corporativos desde donde sean capaces de defender la fiesta de los toros.

¿Se tiene que cumplir alguna condición especial para ser un  “buen” aficionado?

No hace falta ninguna condición especial, creo que las personas que estamos en este mundillo, lo hacemos por amor a la fiesta y por consiguiente no hace falta una especial dedicación o capacidad para hacerlo, lo que hay que hacer es sentirla. Los que nos consideramos aficionados a los toros entendemos que la fiesta no es solo el espectáculo taurino, es todo un conjunto, es la tauromaquia y el aficionado taurino de verdad es el que se ocupa de su mantenimiento y mejora, en la manera de posible claro. Es esa “vocación” la base para ser un buen aficionado y con ella se nace o no.

¿Hay “categorías” de aficionados?

Por supuesto, todas las asociaciones taurinas coincidimos en que lo fundamental en la fiesta de los toros es que se coordinen los elementos de la misma, pero, dentro de esta generalidad, podemos distinguir a los llamados “toristas” (peña del 7 en las Ventas, por ejemplo) que imponen que el toro tenga unas características específicas de fuerza, bravura, trapío, etc., sin las cuales todo lo que se haga a un animal no vale de nada y, de hecho, no entran ni a juzgar la faena. Luego tendríamos a “los toreristas”, que a su vez también tienen sus subdivisiones, a los que solo les gusta el arte, duende, temple del torero (Paula, Curro Romero y actualmente un Morante) y a los que les gusta la “emoción” que trasmite el torero al jugarse la vida, caso de Roca Rey que basa el dominio del toro a base del valor. Lógicamente si se conjuga arte y valor, es el acabose (ríe).  

¿Qué evolución has observado en la figura del aficionado durante tu larga trayectoria como tal?

El aficionado “de toda la vida” no ha evolucionado especialmente quizá porque la afición es atemporal, el problema es que cada vez hay menos nuevas generaciones y por tanto los que quedamos que ya estamos entrados en años, tenemos una cierta tendencia a pensar que todo lo pasado fue mejor, sobre todo porque se parte de una premisa que es la de que el toro de la época de Joselito, Belmonte o Manolete no es el de hoy.

"Lo que no perdonan los aficionados es la sensación de pobreza en cuanto al riesgo".

¿Cómo ha evolucionado la fiesta a los ojos de un buen aficionado como tú?

El toro ha evolucionado mucho más que el torero, antes salían pocos toros bravos y el toreo que se practicaba era un toreo sobre pies, a la defensiva porque el toro no se prestaba a otra cosa y las faenas, artísticamente hablando, eran peores que las de ahora. De hecho, Belmonte, por ejemplo, fue un revolucionario porque consiguió acortar las distancias del toro. El torero de entonces trataba de esquivar el toro, dejarlo lidiado y prepararlo para la muerte, ahora se ha conseguido un toro mucho más bravo, pero con menos fuerza y fiereza por lo que se ha creado una sensación de haber disminuido el riesgo. En cuanto al torero al revés que antes, ahora lo fundamental es prepararlo para la muleta, hacer una buena   faena y luego proceder a matarlo. Ahora prima mucho más la estética que antes. Se han reducido las faenas a la muleta, casi ya no prima ni el jugarse la vida.

¿Qué porcentaje de aficionados asisten hoy día a una plaza de toros?

Un 10 o 20% nada más, y eso en San Isidro……

Que es lo que no perdona un buen aficionado.

Habría que distinguir lo que no perdona y lo que no debería de perdonar (ríe). Hoy en día lo que no perdona, con carácter general, público y aficionados es la sensación de pobreza en cuanto al riesgo, la perdida de la emoción. Seamos sinceros, en cuantas de la cantidad de corridas a las que asistimos no te aburres…… antes el público no se paraba ni a comer pipas para no perderse el lance por el riesgo que corría la vida del torero.

Y ¿eso porque no se corrige?

Pues muy sencillo, este es un espectáculo que se basa en que el público pase por taquilla, y para que la afición pase por la taquilla tienen que sonar los grandes nombres, y los grandes nombres exigen dos o tres ganaderías más “cómodas”. Si se ponen ganaderías como Victorino, Pepe Escolar o cualquiera de las ganaderías llamadas duras, al final las torean los toreros de abajo del escalafón y el problema es que esas corridas no llenan plazas, la gente va a ver torear, no lidiar.  En resumen, es  un problema puramente comercial que veremos ahora en San Isidro.

 ¿A su juicio que torero de los que ha conocido representaría la esencia del toreo?

(Piensa) Yo soy no de “uno o de otro…”, tengo amplitud de mente, me caben varios toreros en la cabeza. Yo hay veces que voy a la plaza sin conocer el cartel, a la espera de encontrarme algo bueno porque siempre veo algo, y si es bueno mejor (ríe).

Hoy día técnicamente hablando, tengo debilidad por El Juli, que salió de la escuela que yo dirigía y que lleva años tirando de la tauromaquia, aunque fue figura prácticamente desde el primer año. Y por supuesto Roca Rey que lleva apenas tres años en esto y ya ha hecho una carrera meteórica, toreando cada día mejor.

Dicho esto, para mí los grandes revolucionarios del toreo ha sido Joselito, Belmonte, Manolete, Paco Ojeda que acorto aún más las distancias y luego El Cordobés, dentro de su estilo. Habría muchos más por supuesto como Ordoñez, El Viti…

¿Y qué ganadería?

El encaste Domecq es el que saca los mejores productos y el que permite las faenas que hemos dicho que le gustan a la gente.

Una figura que a su juicio no haya sido reconocida.

Sin duda, Rafael Ortega. Nunca he visto torear al natural a nadie como él.

Una ganadería que tampoco lo haya sido.

A mi parece que se están perdiendo dos encastes que han sido maravillosos toda la vida, el de Santa Coloma y el de Núñez. Pero sobre todo Santa Coloma que ha sido la madre de otra muchas.

Una faena que haya quedado en su memoria

El conjunto de la corrida de un dos de mayo en Las Ventas en que Jose Miguel Arroyo “Joselito”, mato seis toros en solitario, cortando cuatro orejas. Fue una lección de tauromaquia con el capote, con la muleta y con la espada.

Ese toro que jamás olvidara.

Un toro de Baltasar Iván llamado “bastoncito” que se lidió en Las Ventas y que había sido previamente desechado y que posteriormente fue repescado. Le cortaron las dos orejas, hizo una faena extraordinaria y le dieron la vuelta al ruedo.

"Domecq es el que saca los mejores productos y el que permite las faenas que hemos dicho que le gustan a la gente".

¿Cuál es la función de las peñas taurinas?

La función asociativa, que engloba a todos los aficionados y permite un grado de influencia que de manera individual no se tendría. En Francia las peñas tienen hasta el poder de veto en las corridas. Pero aquí no se les da participación en la cuestión decisoria de la organización del espectáculo.  Quizá la solución sería una plataforma unitaria, pero surge un problema, el protagonismo. Las federaciones de peñas no representan nada y las dos que existen están enfrentadas a muerte.

¿Visto todo lo anterior, cuales son hoy día los males de la fiesta?

Hay externos e internos, los externos sobre todo el animalismo, muy afianzado y subvencionado, y los pliegos de condiciones de adjudicación que se han politizado por el propietario, que generalmente es la administración. Entre los internos, la excesiva comodidad de los toreros, no es comprensible que Jose Tomas, por ejemplo, toree una sola corrida al año, cuando está en condiciones de tirar del carro, los ganaderos porque teniendo un negocio deficitario sobre todo para los erales y añojos de las novilladas que se mantienen por figurar, y por último el aficionado, que es capaz de admitir una faena de una ganadería dura y no alabar la faena de los desconocidos que la han toreado. Habría que juzgar al torero en función del toro, pero ya no hay lidia como tal.

Vamos a solucionarlos en dos minutos, ¿qué haría usted para revitalizar la fiesta?

Aumentar las novilladas en los pueblos y reducir las de las grandes plazas, organizando un calendario de novilleros. Las grandes plazas son para examinarse, no para que se les dé la oportunidad como ocurre actualmente.

Reduciría el número de espectáculos que no cubren ni los mínimos espectadores y establecería un sistema de precios en función quien toree, no se puede cobrar igual por ver a una figura que a un novillero como sería el caso de Las Ventas, precio barato, pero sin calidad. Hay que dejar libertad a la empresa de manejar sus precios.

Y terminar con las obras de adecentamiento de la mayor parte de las plazas.  La mayoría están anticuadas, obsoletas y mal adaptadas…

¿Hay relevo en la afición a la tauromaquia?

Cada día hay menos jóvenes que se ocupen del tema. No tienes nada más que ver cuándo vas a una plaza, donde suele haber una “grada joven”, como está prácticamente vacía. Los jóvenes son una minoría con respecto al conjunto de aficionados. Ya no existe el alquiler de los colchones como en aquellas épocas pasadas… Eso sí, son muy integristas.

Usted es un buen conocedor de ellas, ¿cree que las escuelas taurinas están haciendo una buena labor?

Las escuelas valen fundamentalmente para ayudar al que quiere ser torero a poder serlo. Nunca faltara algún chico que quiera ser torero y sin las escuelas ahora quizá ya no tendría la oportunidad de llegar serlo. Sacar figuras es otra cosa, hay muchos chicos en las diferentes escuelas de España, tan solo la de Las Ventas tiene más de 100 alumnos, pero de ellos no más de un 1% llegara a ser figura.

¿Qué tenemos que envidiar a la afición francesa?                                                     

Que han sabido organizar un espectáculo dando participación a la afición, allí se hace lo que la afición quiere. Por ejemplo, allí la afición se está ocupando sobre todo del toro y sacan los toros que quieren los aficionados. La afición manda en las plazas, por ejemplo, ahora se están ocupando de la suerte de varas, mientras que en España se aplaude por no picar... El espectador se ha hecho aficionado, aquí el que llena las plazas no es el aficionado, es el espectador.

Nuestro agradecimiento a NOVOTEL MADRID CENTER y a su coordinadora de comunicación Lucía Salcedo por su esmerada atención y facilidades para poder realizar este entrevista.

COMPARTIR: