25 de febrero de 2021
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FIN DE SEMANA

Nicolas Richer, uno de los mayores especialistas en esta ciudad de la Antigua Griega, realiza un formidable análisis crítico

Historia de Esparta, ciudad de las artes, las armas y las leyes: La realidad frente a los mitos

La imagen que se ha transmitido de Esparta siempre ha estado muy posicionada en los extremos. Por un lado, como antítesis de Atenas y de los valores que esta representaba. Si Atenas era sinónimo de democracia y desarrollo de las artes, Esparta lo era de oligarquía y barbarie. Pero también Esparta destacaba por su valeroso ejército, centrándose de nuevo solo en algunos episodios heroicos, como la batalla de las Termópilas y trivializando otros episodios esenciales en su historia.

De entre las decenas de polis que se desarrollaron en la Grecia continental o en las islas del Jónico, Atenas y Esparta siempre han ocupado un lugar destacado. A veces aliadas y muchas más enfrentadas, este antagonismo llegó a su máxima expresión en la Guerras del Peloponeso que finalizaron con la victoria espartana.

Pero en esta derrota de Atenas se puede aplicar el dicho de “venció, pero no convenció”. No solo porque el dominio de la Liga del Peloponeso, que controlaba Esparta, fue efímero, y pronto otras polis como Megara o Esparta no solo surgieron como importantes rivales que incluso acabaron imponiéndose, sino porque principalmente la visión de la “perversa” Esparta acabó imponiéndose frente a otra, muchas veces demasiado amable, de Atenas.

Nicolas Richer va mucho más allá de los aspectos militares de Esparta desarrollando una historia completa y amena

Pero también la historia de Esparta adolece de otro problema, la mitificación de su ejército, lo que ha llevado a que se centren en demasía en los aspectos militares olvidando el resto. El fenómeno de la película “300” centrado en el aspecto heroico de los espartanos es un claro ejemplo de como se ha trivializado la visión sobre Esparta.

Génesis y decadencia de Esparta

En este contexto el magnífico libro de Nicolas Richer, Esparta, ciudad de las artes, las armas y las leyes, editado por Edaf, rompe esos tópicos con un análisis amplio de todos los aspectos, no solo el militar, que rodearon la apasionante historia de esta urbe griega.

El autor, uno de los mayores especialistas en Esparta, disecciona con precisión su historia de forma transversal, presentándonos no solo los principales hechos cronológicos desde su génesis, auge y decadencia de la principal polis del Peloponeso, sino todos los aspectos sociales y culturales que la rodean.

En este sentido su propio nacimiento, lleno de mitos, es esencial para comprender como una minoría, que decía ser descendientes del mismísimo Heracles (Hércules), dominó los valles de Laconia formando el conglomerado de poblaciones sobre el que construyó Esparta. Unos orígenes en el que más allá del mito Dorio muestran esencialmente su capacidad de domeñar una geografía agreste y dura y de apoderarse y dominar las más ricas tierras Mesenias y sus habitantes.

Este carácter bélico es cierto que influyó enormemente en otros aspectos de la vida de los espartanos, como fue principalmente la educación espartana, la agogé, pero también hubo tiempo para las artes. Esparta es la tierra donde de los poetas Tirteo y  Alcmán, por ejemplo. Este último, un lidio de Sardes que se cree llegó a Esparta como esclavo, marcó tanto a los Espartanos que la época en la que vivió, tras la primera guerra Mesenia, y en la que las artes se impusieron a las armas lleva su nombre.

Esparta además supo crear un régimen político particular, con instituciones propias, desde su asamblea, la Apella, o el poderoso consejo de ancianos o Gerousia, coronadas en la cúspide por sus dos reyes. Un sistema peculiar, nada democrático, pero que supo sobrevivir durante siglos. Todos estos aspectos y muchos más los analiza con precisión Nicolas Richer en un libro magistral que debe estar en las estanterías de cualquier amante de la historia de Grecia y del mundo clásico.

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